Línea Proletaria

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viernes, 12 de febrero de 2010

DOCUMENTO DE LA PLATAFORMA ANTIFASCISTA DE ZAMORA; Antifascismo: El peligro reformista y el camino a seguir


http://antifascistaszamora.blogspot.com
http://www.kaosenlared.net/noticia/documento-debate-antifascismo-peligro-reformista-camino-seguir

DOCUMENTO DE DEBATE


El antifascismo clásico, el del Frente Popular, nació en su día como una alianza interclasista en la que el proletariado dejó de lado sus intereses de clase para trabajar codo con codo con la burguesía “progresista” con el fin de acabar con el fascismo haciendo suya la máxima de democracia (en general) o fascismo, luchando en primera instancia por las “libertades” de la democracia burguesa. Sin entrar ahora a valorar los resultados de esa táctica que luego se transformó en estrategia paramultitud de organizaciones obreras, debemos situar el antifascismo actual en las condiciones actuales. Ahora la Revolución Proletaria no está en auge, no existe ninguna Internacional, salvo la del imperialismo, con calado entre las masas trabajadoras. Comunistas y anarquistas están a años luz de lo que fueron. Sin embargo las contradicciones en el seno de la burguesía siguen aumentando. Prueba de ello es la fascistización de la sociedad (que se debe también a cuestiones económicas) como respuestade las clases dominantes para resolver sus contradicciones internas, aun sin existir el peligro externo de revolución proletaria, lo cual evidencia la falsedad del argumento simplón y economicista de que el fascismo solo surge ante el peligro inminente de la Revolución Social.

La burguesía también ha cambiado. Su luna de miel con la democracia y las libertades acabó cuando el capitalismo se desarrolló y surgió el imperialismo como forma superior de desarrollo de este régimen productivo. Si antaño las organizaciones proletarias tuvieron que hacer piruetas ideológicas para justificar sus alianzas con sectores de la burguesía que objetivamente, por sus propios intereses de clase, estaban contra el fascismo, hoy día la unión táctica con elementos burgueses es desechada por todas las organizaciones antifascistas que quieran ser tomadas medianamente en serio por el resto de organizaciones. Solo los agentes descarados de la gran burguesía como los chicos de El Militante o los pseudofascistas de la UCE pueden en estos tiempos admitir unidad con el partido del GAL o cualquier otrafuerza parlamentaria del estado español (IU, ERC, BNG…). Pero el peligro de unidad con la burguesía no se limita solo a la unidad directa con sus partidos, grandes o pequeños, sino a la unidad en los hechos con la burguesía mediante el reformismo político que practican y predican sus correas de transmisión en el movimiento obrero



El antifascismo hoy, deber ser un Frente de unión de organizaciones de clase heterogéneas pero siendo común a todas ellas su carácter proletario, anticapitalista y revolucionario. Debe conformarse no como un Frente por Arriba al viejo estilo frentepopulista, sino como un frente único por la base, de todos los trabajadores que se sientan amenazados por el fascismo y el capital yque atienda a las realidades concretas de las organizaciones de cada localidad. Con esto de la realidad concreta nos referimos a que evidentemente en organizaciones que son enemigas de clase del proletariado ( IU o CCOO por ejemplo) pueden existir, y de hecho existen, elementos proletarios y honrados que a pesar de estar en organizaciones anti-obreras que forman parte del estado burgués, pueden y deben ser ganados para la causa del proletariado. Por eso no hay que ser dogmático en la eliminación directa de todos los sujetos de estas organizaciones. Como tampoco hay que ser dogmáticos en el sentido contrario, en el de albergar en nuestro seno a cualquier organización que de palabra rechace al fascismo pero que en los hechos salvaguarde al capital, origen verdadero del fascismo.

El antifascismo como lucha parcial del proletariado debe ser anticapitalista y poner siempre el acento en el carácter de clase del fascismo, que no es otro que el de instrumento de la burguesía. Supeditado a la lucha emancipatoria de la clase obrera, el movimiento antifascista debe formar parte del movimiento obrero revolucionario, entendido este como una suma de organizaciones, evitando así quedarse “compartimentado” y ajeno a las luchas del resto de frentes que conforman el movimiento obrero puesto que todas esas organizaciones sirven a una misma clase y no pueden “pisarse el terreno”. En este sentido entendemos como un error el que desde coordinadoras antifascistas se lancen programas mínimos que poco tienen que ver con las cuestiones directas de este frente (programas de luchas económicas de los trabajadores, de lucha por la vivienda digna…), que como todo frente tiene sus límites y no pueden ser rebasados so pena de caer en el antifascismo por el antifascismo, es decir la organización antifascista por encima de todo lo demás. Caer en el frentepopulismo, pensando que la unidadtáctica de militantes de diversas tendencias puede transformarse en una unidad estratégica y organizativa, sustituyendo a las organizaciones propias (El Partido para los comunistas, el sindicato para los anarconsindicalistas, los Consejos obreros para los autónomos…) por una Organización Antifascista que “lo abarque todo” es olvidarse de que este es un frente parcial y de que hay cuestiones que nos separan a los antifascistas, cuestiones de principio que no pueden ser solventadas por el antifascismo como tal.

El interclasismo (la unidad con grupos reformistas) debe ser combatido sin cuartel, porque nos lleva irremediablemente al reformismo, que reforma al sistema para salvaguardarlo en su conjunto. Se adopta el viejo discurso de oponer la democracia en general al fascismo, cuando la democracia en general significa hoy día democracia burguesa cuyo contenido de clase es el mismo que el del fascismo, dictadura capitalista contra el proletariado y las clases trabajadoras. Se cae también en el discurso fácil de represión= fascismo cultivando la idea entre los trabajadores de que puede existir una “democracia pura” en la que exista la división de clases y no haya represión entre ellas olvidando o escondiendo que toda democracia es una forma de Estado y todo Estado es un instrumento clasista para la represión.

Este culto al estado burgués y a su “democracia” que solo disfrutan las clases dominantes, se materializa en algunas consignas muy extendidas dentro de nuestro movimiento, tales como “depuración de las fuerzas del Estado”, como si estas fuerzas fuesen represoras y apaleasen a los obreros porque en su interior permanecen reconocidos fascistas ya fuesen del régimen anterior o del actual.Pero la realidad es que estas fuerzas estatales son represivas por sí mismas, son necesarias para mantener el régimen capitalista en el que la minoría apropiadora somete a la mayoría productora. Son base del Estado imperialista ya sea este proveniente del fascismo franquista o de la democracia republicana francesa. Predicar la depuración de estos cuerpos, su limpieza democrática dentro de la legalidad burguesa solo apuntala los prejuicios burgueses de nuestra clase entre la que debemos generar una conciencia revolucionaria y no una conciencia democrático burguesa, para eso el Estado ya tiene sus medios de propaganda y a organizaciones como Movimiento Contra la Intolerancia que legitiman el monopolio de la violencia por parte del Estado y niegan el derecho de los explotados a utilizar su violencia revolucionaria contra el orden social existente.

Por cuestiones semejantes es negativa la consigna “muy antifascista” de ilegalizar los partidos fascistas depositando las esperanzas de la clase obrera en el Estado como un “árbitro” de la lucha de clases. Además de engañar a la clase obrera sobre las tareas de toda forma de Estado, y en concreto del Estado burgués, esta consigna deslegitima al propio movimiento antifascista como un movimiento revolucionario y anticapitalista, porque lo deja como un mero “denunciante” ante el Estado. El antifascismo consecuente, el antifascismo de verdad, no puede valerse de los instrumentos legales de la burguesía para exterminar al fascismo, consecuencia del régimen burgués, sino que debe basar su fuerza política en la propia clase obrera. No se puede olvidar en este caso que además hacemos apología de la Ley de partidos, una ley que consideramos dentro del movimiento como fascista o de fascistización de la sociedad, ¿Cómo se puede ser consecuentemente antifascista y utilizar leyes de excepción que permiten el encarcelamiento y la tortura de cientos de militantes antifascistas, comunistas, independentistas y anarquistas?. ¿También vamos a hacer propaganda para que el Estado burgués aplique las leyes antiterroristas al fascismo? Eso solo supone justificar nuestras detenciones ya que el Estado es considerado como un ente objetivizado y nivelador de las disputas políticas en vez de cómo un sujeto que apoya a una sola clase, la de los capitalistas. Debemos ser claros, debemos luchar contra estas leyes de excepción que la clase capitalista usa contra la clase obrera.

Las consideraciones legalistas no pueden tener cabida en el antifascismo de clase. La “victoria” en el juicio de nuestro compañero Carlos sobre el que se considerase el “agravante ideológico” para condenar más años al asesino fascista debería ser analizado con más frialdad. Es totalmente justo y comprensible que la compañera Mavi quiera que el asesino de su hijo pase el mayor número de años en prisión. Nosotros también podemos aplaudir porque Josué vaya a pasarse en prisión muchos años. Pero no se puede ocultar, que esa prisión ha sido construida por la burguesía para mantener su régimen de expropiación. Por lo que tenemos que luchar y hacer propaganda es porque se den algún día las condiciones subjetivas para que el proletariado derribe esas prisiones y sea él mismo quien ejerza la justicia directa contra los carniceros imperialistas y sus secuaces fascistas. No se quiere negar la utilización de la justicia burguesa para velar por la integridad física de militantes revolucionarios (a sabiendas de que es esta justicia la primera interesada en eliminarnos política y físicamente)pero caer en el posibilismo y trabajar de “cara a lo tangible” solo apuntala lo que hoy día es tangible y ya tenemos en frente: el capitalismo y el fascismo. Conectando con esto, al realizar nuestra propaganda entre la clase obrera no podemos advertirle para que se organice de cara a los peligros venideros, a la catástrofe que se nos viene encima (grupos fascistas, recortes de derechos…) porque la catástrofe ya está aquí. Es el actual régimen imperialista contra el que hay que luchar sin esperar a que vengan “tiempos peores”.



En cuanto a la represión, es bueno denunciarla, de hecho la propaganda del antifascismo debe dar cuenta ante la clase obrera de cómo trata la burguesía a quienes nos oponemos a su régimen social. Pero es mucho más importante que la denuncia, el pertrecharse para eludir esta represión desde nuestro trabajo fuera de los instrumentos del Estado. Porque desde el trabajo legal, democrático, posibilista, no se evita la represión de la burguesía, más bien al contrario se va a su paso y se justifica el uso de ésta por parte del Estadocuando alguien decide saltarse su legalismo. Y se justifica esta represión no ante los medios de propaganda y el Estado (estos ya tienen su propia maquinaria de criminalización) sino ante los trabajadores que amansados y acostumbrados al legalismo burgués verán con miedo y no seguirán al movimiento cuando este tenga que rebasar los legalismos y usar su violencia revolucionaria, ya sea en un contexto de resistencia o de ofensiva. En este sentido creemos que son mucho más positivas para la concienciación a medio plazo del proletariado acciones como las de Lavapiés en marzo de 2008, siempre que sean precedidas y seguidas de una fuerte agitación y propaganda política entre los trabajadores, que las peticiones de ilegalizar marchas fascistas que se hacen a las subdelegaciones del gobierno de la provincia de turno. Y si no se puede actuar como los compañeros de Madrid en Lavapiés, se debe hacer todo cuanto esté a nuestro alcance para que eso se pueda llevar a cabo lo más pronto posible sin conformarnos con la intermediación del Estado en los problemas de la clase obrera. Lavapiés, Vallekas o Euskal Herria son ejemplos de cómo las masas organizadas expulsan a los fascistas de barrios y ciudades sin necesidad de recurrir a la legalidad burguesa. Así mediante su experiencia propia, los trabajadores de estas zonas ya saben que solo su implicación directa sirve para acabar con los grupos fascistas sin esperar ninguna ayuda del Estado capitalista.

Las peticiones o reivindicaciones del antifascismo si no se toma este como un frente más de lucha insertado en la lucha general de la guerra de clases, quedarán como producto espontáneo de las luchas inmediatas y parciales que no cuestionan las premisas de las condiciones en las que se desenvuelven, el estado burgués y la división clasista de la sociedad, reproduciendo esas mismas premisas que debemos combatir y eliminar. Se cae entonces en la reforma parcial del sistema que no es sino la legitimación del sistema en su conjunto, obstaculizando su destrucción pues las reformas apuntalan lo viejo, la sociedad de clases, y obstaculizan lo nuevo, la Revolución Social por la que todos los antifascistas revolucionarios luchamos.



En los últimos años se han dado grandes avances en el movimiento antifascista tanto a los niveles locales como a nivel estatal. Pero estos avances han sido en muchos casos fruto de la espontaneidad de la juventud trabajadora y de distintas organizaciones anticapitalistas, convirtiendo lo inmediato en lo principal y cayendo en consignas reformistas. Ahora que el movimiento antifascista de los últimos años empieza a asentarse y a alcanzar cierto grado de madurez política debemosacabar con todo vestigio de reformismo pequeño-burgués que exista en nuestro interior.

En lo organizativo los encuentros estatales han dado cierta homogeneidad al movimiento, coordinándose convocatorias, materiales de agit-prop, y lemas de manifestaciones a nivel estatal. Esto es positivo. Ahora toca dar un paso más en la conformación de nuestro movimiento como un frente proletario enmarcado en la lucha de clases contra la burguesía. Toda nuestra propaganda debe ir encaminada a esclarecer el carácter clasista del Estado y del reformismo para acabar con las ilusiones pequeño-burguesas de la clase proletaria. No se puede caracterizar al Estado como árbitro en la lucha de clases. Ya hemos visto como multitud de movimientos parciales eran reconvertidos y asumidos por el Estado burgués para vaciarlos de contenido revolucionario y convertirlos en otro puntal del régimen capitalista (el No a la Guerra, el feminismo, el ecologismo, la memoria histórica…)

¡Que el antifascismo no se convierta en la hoja de parra de la democracia burguesa!

¡Que a las masas trabajadorasno se les engañe con cantos pacifistas y reformistas, solo con su violencia revolucionaria podrán convertirse en dueñas de su destino!


El imperialismo sea cual sea su forma, es el enemigo de la clase obrera y de los pueblos oprimidos del mundo. Contra él tenemos que dedicar toda nuestra propaganda y nuestra organización debe desarrollarse en base a la destrucción del Estado imperialista. Decirle lo contrario a los trabajadores, es ponerse del lado enemigo.


Plataforma Antifascista de Zamora.

Febrero de 2010.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Entrevistas con el Colectivo Comunista 27 de Septiembre y el Movimiento Anti-Imperialista (2)

Estas entrevistas se realizaron en agosto de 2009, coincidiendo con una Charla-Debate que organizamos desde la JC Zamora en la que participaron los camaradas del MAI, del PCPE y del CC 27 Septiembre. La entrevista, no obstante, se realizó vía e-mail. Por cuestiones ajenas a la Juventud Comunista de Zamora desde el PCPE no se nos contestó. Tras meses y meses esperando, hemos decidido publicar las entrevistas con los camaradas que si tuvieron a bien contestar.

ENTREVISTA CON EL MOVIMIENTO ANTI-IMPERIALISTA
http://www.nodo50.org/mai

Crisis.
¿Creéis que la llamada “crisis” está siendo bien enfocada por los distintos destacamentos comunistas del Estado español?

Evidentemente, no.
En primer lugar, está aún pendiente en nuestro movimiento una reflexión seria y madura sobre la capacidad del sistema para neutralizar los efectos de las crisis a través de la acción del Estado, capacidad notoria que ha quedado patente en el último periodo, y sobre las consecuencias que este fenómeno –nada nuevo, por otra parte, y que ha suscitado polémicas entre los marxistas desde hace ya varias décadas– acarrea para los comunistas desde el punto de vista de la estrategia y la táctica revolucionarias.
Igualmente, el propio desarrollo del capitalismo como Capitalismo Monopolista de Estado ha terminado de desmentir, ya de forma irrefutable, la fábula del Estado como aparato neutral por encima de las clases. El apoyo incondicional que han prestado todos los Estados a sus respectivas grandes corporaciones y su implicación para cargar sobre las espaldas de los trabajadores los costes de la crisis, al mismo tiempo que tratan de evitar la conflictividad social –sobre todo, con la connivencia de los sindicatos –, así lo ratifican. Sin embargo, los comunistas todavía siguen apelando al Estado capitalista, proponiendo nacionalizaciones, disposiciones fiscales y sociales y demás medidas reformistas, con la ingenua esperanza de que algún tipo de gobierno legalmente establecido (“republicano”, “obrero”…) pueda utilizar el aparato estatal para llevarlas a cabo; sin embargo, los comunistas todavía siguen alimentando la esperanza de “conquistar los sindicatos” amarillos mayoritarios con el fin de incentivar y dar contenido “de clase” a la lucha de los trabajadores, como si aún se tratase de instrumentos de la clase proletaria, su “forma natural” de organización (vieja tesis de la Internacional Comunista totalmente trasnochada), y no de instancias del aparato del Estado burgués diseñadas para el encuadramiento de la clase obrera en función de los intereses de la producción y reproducción del sistema capitalista.
Cada vez es más evidente que en el capitalismo los ámbitos económico y político están entrelazados de manera creciente, y que el problema de la crisis es un problema de naturaleza política, no económica Sin embargo, los destacamentos comunistas hablan de “salir de la crisis”, de que la crisis “la paguen ellos”, refiriéndose a los capitalistas, diseñando con tal fin estrategias resistencialistas de acción dirigidas casi exclusivamente al terreno económico, principalmente hacia la esfera del trabajo y de la relación del obrero con el empleo.
El desenfoque del problema es, por tanto, absoluto, no sólo porque este tipo de discursos otorga cobertura a líneas políticas de corte sindicalista y reformista que se olvidan de los acuciantes problemas de la revolución, sino sobre todo por la ideología que subyace en ellos. Domina una intención oportunista, la idea de que la posibilidad de la experiencia de la lucha de clases para las masas se remite a episodios puntuales del ciclo económico capitalista. Por eso, se habla de organizar la resistencia y de “aprovechar la oportunidad” que presenta la crisis para construir movimiento obrero consciente. La ideología de la resistencia frente a los ataques del capital no comprende la lucha de clases como sustrato básico de la sociedad, sino como conflicto coyuntural e intermitente, y la actividad de la vanguardia no como iniciativa consciente y sistemática del sujeto revolucionario, sino como espera pasiva sometida a las episódicas oscilaciones objetivas de la economía capitalista. En términos filosóficos, domina la idea de que, en las contradicciones de clase, la unidad es lo principal y la lucha secundaria (tendencia a la conciliación). La resistencia puntuada o intermitente es, por tanto, el caldo de cultivo idóneo para construir tanto el movimiento de vanguardia como el movimiento de masas. Pero, en esta estrategia, el capital impone su ley, decide el momento, el lugar y el modo del enfrentamiento; la vanguardia sólo puede ofrecer soluciones de expectativa (de retaguardia), y el movimiento sólo puede construirse como de resistencia, nunca como movimiento revolucionario.
Esta ideología exagera el valor de la lucha económica como base de la conciencia y como forma primordial de toda otra forma de lucha de clases. El aspecto teórico pasa a segundo plano en la construcción de la conciencia y toda planificación política se somete a esa estrecha y directa vinculación entre lucha económica de las masas y acción política de la vanguardia, sin siquiera plantearse la dificultad de cómo dar continuidad a un movimiento fundado en el conflicto social episódico provocado por la coyuntura del ciclo capitalista, cuando las reivindicaciones que promueve están destinadas a extinguirse precisamente con la superación de la fase de crisis económica.
Se trata, en definitiva, de una ideología de la evolución social (no de la revolución), que entiende el desarrollo de los procesos sociales y políticos como cambio gradual: el ascenso de las formas de lucha desde la resistencia espontánea se correspondería con el ascenso de las formas de conciencia, desde el sindicalismo al comunismo. La conciencia en sí se transformará en conciencia para sí de la clase obrera. En resumen, estamos ante un plan espontaneísta de construcción política basado en la táctica-proceso, en el principio de que el movimiento es lo principal y el objetivo secundario. Todo programa de Reconstitución del Partido Comunista fundado en este plan daría como resultado un partido obrero liberal, un partido para la reforma y el parlamentarismo, no un partido revolucionario.
Esta forma de pensamiento no está a la altura de las exigencias teóricas que impone el capitalismo moderno, en plena fase imperialista de su desarrollo, en plena fase de crisis general como modo de producción. Y es que se trata de esto, precisamente, de que el capitalismo se halla en crisis permanente, por lo que la dialéctica coyuntura favorable-coyuntura desfavorable característica de los ciclos económicos ha quedado relegada, ya no juega el papel determinante de la época del capitalismo concurrencial; ahora constituye sólo un síntoma más que se inscribe dentro del marco general de ocaso del capitalismo. Cuando el imperialismo ha extendido el dominio de las relaciones sociales capitalistas a todos los confines, cuando el capitalismo se ha convertido en el modo de producción efectivamente dominante en todo el planeta, la crisis cíclica ya no es el referente principal. La crisis del sistema ya no se manifiesta como ruptura del ciclo económico, sino como permanente y constante depósito de estratos de explotación, opresión, miseria, marginación… Las contradicciones y los antagonismos del sistema están en su máximo apogeo, el ciclo se rompe continuamente, aquí y allá, en un país o en toda una región del globo, en una rama de la producción o en otra, con el pertinente efecto dominó que facilita el alto grado de socialización del trabajo propiciado por el capitalismo monopolista; la cadena imperialista se rompe o amenaza con romperse sucesivamente por uno o varios de sus eslabones; la acción de la vanguardia y del Partido no necesita esperar su oportunidad, porque las posibilidades son constantes.
Por todas estas razones, la crisis actual no debe provocarnos ansiedad política, mal del que adolecen la mayoría de los comunistas, que se guían todavía por un paradigma de tipo decimonónico. La crisis no debe desviarnos del plan correcto de Reconstitución del Partido Comunista, que es la primera y principal tarea de los comunistas. No existe otra actividad revolucionario aparte de este plan. Sólo con Partido Comunista reconstituido se podrán utilizar en el futuro las crisis para la revolución. Las únicas condiciones consisten en que se debe actuar siempre en el plano de la política como lo principal, subordinándose el aspecto reivindicativo e inmediato de las luchas parciales, desde la forma superior de conciencia de la clase (para sí), y a partir de un movimiento político independiente, tanto de la burguesía como de las formas inferiores de conciencia de la clase (en sí), con el fin de incorporar y elevar a estas últimas.


Unidad Comunista.
La Revolución Proletaria pasa por la unidad de todos los marxistas-leninistas del estado español. ¿Cómo debe realizarse esta unidad, mediante la unidad en torno a unos cuantos puntos o mediante la lucha de dos líneas para deslindar con el revisionismo?


En sentido estricto, el primer enunciado no está formulado correctamente, porque se sitúa dentro de los parámetros estratégicos de la unidad comunista como método de Reconstitución.
El problema no consiste en demostrar quién es “marxista-leninista” antes de la existencia del Partido Comunista; éste sería un problema espurio, o, si se quiere, es un problema planteado en el plano individual u organizacional, niveles que no se corresponden con la perspectiva correcta que exige adoptar este asunto del partido proletario de nuevo tipo. Quién es comunista antes de la existencia del Partido no merece la pena ser discutido. En lo individual y en lo organizativo, “ser comunista” sólo puede significar voluntad de serlo: algo tan subjetivo que no supera el aspecto coloquial del término, aspecto completamente secundario en este punto. En definitiva, no hay “comunistas” cuando no existe un programa ni una línea comunistas que puedan ser aplicados por los militantes y por los grupos autodenominados “marxistas-leninistas”, cuando no existe todavía el Partido.
La razón es que la cuestión de la Reconstitución del Partido Comunista es un problema de naturaleza objetiva, que responde a necesidades y requisitos independientes de nuestra voluntad, de nuestras necesidades e incluso de nuestras expectativas personales. Es por esto que quienes presentan al Partido Comunista como fruto de la unidad entre los comunistas, no sólo incurren en una redundante tautología (la “unidad” dice que la suma de comunistas da comunismo, pero este resultado ya estaba incluido en la premisa de que se parte. No se trata, pues, de una cuestión de calidad, sino de cantidad, lo cual no tiene relevancia desde el punto de vista ideológico y político; sólo la tiene en lo organizativo), sino, sobre todo, incurren en un error de principio, al pretender que el Partido Comunista puede ser producto de un acuerdo intersubjetivo, de un pacto entre partes, pacto que, por otro lado, únicamente puede fundarse sobre mínimos.
En esto consiste, precisamente, el segundo gran error de los partidarios de la unidad comunista: que no comprenden que el Partido Comunista sólo puede ser posible sobre máximos, es decir, sólo puede reconstituirse a partir del máximo desarrollo alcanzado por la lucha de clases proletaria, por la teoría y la práctica revolucionarias del proletariado. Y aquí entra a jugar su papel el primer elemento objetivo sobe el que es preciso trabajar: el Balance de la experiencia histórica de construcción del socialismo. El comunismo hoy está en crisis porque esta experiencia, como primer gran ciclo histórico de la Revolución Proletaria Mundial, ha concluido en derrota; lo cual implica, a su vez, que todas las corrientes comunistas que nacieron y se desarrollaron dentro de ese ciclo y a partir de sus premisas materiales deben ser sometidas a la crítica y autocrítica de ese Balance histórico, porque ninguna expresa, ni abarca, ni alcanza a explicar todos los resultados políticos e ideológicos de esa experiencia. Por consiguiente, no hay comunismo hoy sin Balance histórico del Ciclo de Octubre.
En cuanto al método, naturalmente, somos partidarios de la lucha de dos líneas, y en primer lugar de la lucha de dos líneas en torno al Balance. Después, o simultáneamente, las necesidades del movimiento de Reconstitución exigirán que la lucha de dos líneas alcance las cuestiones de línea política, de línea organizativa, etc. No habrá Partido Comunista sin ideología refundida, sin línea política o aparte de un movimiento organizado a la manera revolucionaria profundamente enraizado entre el proletariado.
Pero, para esto, la lucha de dos líneas no es suficiente. Aunque ésta constituye el aspecto principal, también se precisa una línea de masas. El objetivo principal de la lucha de dos líneas es el deslinde ideológico y político con el revisionismo y el oportunismo; pero también es preciso definir la base social sobre la que hay que actuar en cada momento para cumplir con las tareas de cada fase del proceso de Reconstitución. Y aquí es preciso insistir, en relación con lo señalado al principio de este punto, en que el terreno práctico sobre el que debe apoyarse el proceso excluye, ya de por sí, que su resultado esté preestablecido, es decir, que al final del proceso nos encontremos “unidos” quienes en un primer momento ya nos definíamos como “comunistas” o como “marxistas-leninistas”. Muchos de los futuros comunistas, miembros efectivos del verdadero Partido Comunista, hoy no lo son, no se consideran o no creen serlo. Y a la inversa: muchos “marxistas-leninistas” de hoy, mañana estarán en el campo enemigo. Esto es así necesariamente por la naturaleza del proceso mismo, por el deslinde ideológico-político y también porque la aplicación de línea de masas requerirá la incursión de la vanguardia en ámbitos o sectores sociales que hoy están alejados de nuestro movimiento. La lucha por la hegemonía ideológica en toda la sociedad (no sólo en el movimiento obrero) frente a la concepción del mundo burguesa así lo exigirá. Qué masas necesitamos en cada etapa del proceso y cuál será el plan para abordarlas: definir la línea de masas será crucial para la Reconstitución del Partido Comunista. Éste es el segundo gran problema objetivo al que se enfrenta la vanguardia actualmente.
Todos los imponderables de orden objetivo a que nos podamos referir se resumen o sintetizan, o, si se quiere, encuentran su causa última, en una circunstancia excepcional de largo alcance que determina y modifica comparativamente hablando todos los aspectos de la actividad de la vanguardia, a saber, el hecho inusitado y absolutamente original de que nos encontramos en una época histórica de transición entre dos ciclos revolucionarios. Jamás el movimiento revolucionario debió enfrentarse a una circunstancia de esta índole. Es la primera vez que nos encontramos ante situación tan inaudita, que plantea problemas y condiciones nuevas ante las que no disponemos de experiencia previa. La vanguardia debe saber encarar, con inteligencia y creatividad, las tareas que impone este escenario novedoso para alcanzar los mismos fines revolucionarios.


Parlamentarismo.
Vuestra organización pidió la abstención en las últimas elecciones europeas, ¿por qué? ¿Cuál ha de ser la importancia del parlamentarismo para el Partido Proletario Leninista de nuevo tipo?


En las pasadas elecciones europeas el MAI pidió el boicot, algo parecido a la “abstención activa” que propusieron otras organizaciones. Sin embargo, elegimos esta consigna porque se corresponde mejor con la tradición del movimiento comunista internacional, en particular, con la tradición del bolchevismo. Además, presupone o lleva implícito ya el espíritu “activo” que otros reclaman cuando adjetivan su llamamiento al abstencionismo electoral, y, sobre todo –y esto es lo fundamental–, presupone, igualmente, la existencia de un plan político verdaderamente alternativo, ajeno y diferente de la línea proelectoralista y filoparlamentaria de la mayoría de los abstencionistas de hoy, quienes, en realidad, no se presentan ni piden el voto porque todavía no tienen preparada ellos su propia plataforma electoral; pero, cuando la tengan, solicitarán con vehemencia el sufragio activo de las masas. Los partidarios de la conjunción republicano-comunista que hoy cultivan la “abstención activa”, mañana cultivarán el cretinismo parlamentario.
Por otro lado, boicoteamos las elecciones porque, en la actualidad, la lucha en este campo no es útil para la revolución. Hoy, para la vanguardia, el centro de la lucha de clases está situado en la lucha ideológica, en la lucha de dos líneas por la Reconstitución del Partido Comunista. Esta lucha implica a un sector de la clase lo suficientemente avanzado en lo teórico como para que pueda decirse que, par él, el parlamento no sólo está superado históricamente, sino también políticamente. El debate y la lucha por la Reconstitución del Partido no incluyen, pues, el parlamentarismo.
Por lo que se refiere al parlamentarismo en relación con la línea general de la revolución proletaria, ¿es o será útil el parlamento para el proletariado revolucionario en algún momento? O, dicho en términos leninianos, ¿necesitan las masas atravesar un periodo de actividad parlamentaria de la vanguardia para adquirir conciencia de la caducidad de las instituciones políticas burguesas? En general, no se puede responder negativamente a esta pregunta. Sin embargo, en nuestra opinión, la vanguardia debería también reflexionar sobre otro elemento relativamente novedoso, a saber, la creciente tendencia a la abstención electoral en las denominadas “democracias maduras”, y, en lugar de simplificar el análisis del fenómeno achacándolo al apoliticismo, como hacen algunos para justificar su legalismo y su reformismo impenitentes, preguntarse si esa desilusión de las masas respecto del parlamentarismo y de la política burguesa no es trabajo adelantado en la labor comunista de combatir las ilusiones parlamentarias y, por consiguiente, si no es mejor diseñar políticas de clase independientes y articular instrumentos de participación que puedan devolver a esas masas su interés por la política, en lugar de ofrecerles recauchutados programas políticos pequeño burgueses.
En cualquier caso, desde nuestro punto de vista, la actividad parlamentaria de la vanguardia siempre será secundaria y estará sometida al plan general de actividad revolucionaria. Y esto –al menos, teóricamente– sólo durante un periodo muy concreto de la fase de Reconstitución del Partido Comunista (es decir, sólo en un momento de la fase prepartido). En la construcción revolucionaria hay dos grandes fases: la Reconstitución del Partido Comunista y la lucha del Partido Comunista por conquistar todo el poder desde Guerra Popular. Para esta segunda, no vale el parlamento, sino únicamente la lucha armada de las masas construyendo nuevo poder. Así lo han demostrado las últimas experiencias históricas de la revolución proletaria, principalmente, la del Partido Comunista del Perú (entre 1980 y 1992) y la del Partido Comunista de Nepal (maoísta) (entre 1996 y 2006). En cuanto a la primera fase, quizá, y sólo quizá, se deba recurrir a la propaganda desde el parlamento burgués para conquistar a un sector de avanzada de la clase, implicado en la dirección de las luchas inmediatas de las masas, más renuente a desembarazarse de las ilusiones reformistas, que necesita experimentar directamente y en carne propia el tránsito desde sus expectativas políticas legalistas hacia las posiciones políticas revolucionarias.


Internacional.
A nivel mundial nos encontramos en un momento de repliegue revolucionario como jamás había conocido el proletariado. En vuestra opinión, ¿dónde se encuentra actualmente la vanguardia de la Revolución Proletaria Mundial?


El “repliegue revolucionario” o “repliegue general” es uno de los síntomas que indican que nos hallamos inmersos en un periodo de transición histórica entre dos ciclos revolucionarios. Para el MAI, forma parte de la vanguardia internacional todo aquél que ha tomado conciencia de esto y de sus consecuencias y adopta una posición política revolucionaria coherente con ello. Pero es preciso entender la idea de “repliegue” en términos diferentes a como la mayoría de los destacamentos comunistas la interpretan.
En la historia de nuestro movimiento ha habido muchos momentos de repliegue tras derrotas dolorosas. Sin embargo, las fuerzas que iniciaban la recuperación eran, en lo fundamental, las mismas que habían sufrido esas derrotas: un proletariado en ascenso político y organizativo, que crecía en número acompañando a un capitalismo en plena expansión, y que incorporaba las lecciones de su experiencia sin solución de continuidad. A la derrota de la Comuna de París le siguió el triunfo del marxismo en casi toda Europa; a la derrota de la socialdemocracia alemana, arruinada por el socialchovinismo, le siguió el triunfo de la revolución bolchevique, y a la derrota de la revolución en la URSS a manos del revisionismo moderno, continuó la revolución cultural en China Cada paso dado por la Revolución Proletaria Mundial se apoyaba sobre el sólido escalón elevado que prestaba la experiencia anterior: la revolución cultural fue posible gracias a la instauración y consolidación de la Dictadura del Proletariado, logro del proletariado soviético; esta conquista fue posible por la incorporación del marxismo al movimiento obrero, logro del proletariado alemán, y el triunfo del marxismo entre las masas fue facilitado por la experiencia práctico-revolucionaria del proletariado parisino.
Pero nada de esto tenemos ahora, ni los logros del proceso ni el mecanismo del proceso. Toda ha cambiado para la revolución. El encadenamiento progresivo de acontecimientos revolucionarios de calidad cada vez más elevada ha sido cancelado, y todo el basamento material y cultural que ese desenvolvimiento y profundización históricos de la revolución proletaria fue construyendo ha sido liquidado. Hoy, la posición política del proletariado ha dejado de ser referente principal en las luchas de clases y condicionante de la posición adoptada por las demás clases; hoy, ni siquiera tiene el proletariado una posición de clase independiente. La obra de construcción revolucionaria debe ser comenzada desde el principio, sin ningún soporte material dejado por otros sobre el que auparnos y sin otro apoyo espiritual que el legado de la experiencia histórica de nuestra clase. Esto es lo que caracteriza la época que vivimos como periodo de transición y éste es el sentido que nosotros damos a ese término.
De este modo, el punto de partida no puede ser otro que la construcción de toda esa experiencia como discurso ideológico que sirva de punto de partida y de inspiración del plan político que permita acercarnos al próximo ciclo revolucionario. En relación con el pensamiento proletario del primer ciclo, en sus distintas variantes y matices, se trata de una reconstitución o, si se quiere, de una refundición de la ideología proletaria. Sin embargo, aún antes de la culminación de esta obra de reconstitución ideológica y lejos de toda pretensión liberal o ecléctica, pueden extraerse ya de aquella experiencia elementos válidos de la línea política general proletaria con el fin de comenzar a ensamblar el armazón político sobre el que los comunistas pueden iniciar la definición y aplicación de su Plan de Reconstitución.
En este sentido, podemos decir que, a nuestro entender, el segundo criterio válido para designar a la vanguardia actual consiste en señalar a aquellos destacamentos que han comprendido, al menos, que los dos ejes fundamentales sobre los que puede y debe construirse la política proletaria son la Reconstitución de partidos comunistas y la Guerra popular como instrumentos estratégicos imprescindibles de la revolución proletaria. En este terreno, podemos hablar de destacamentos de vanguardia internacional cuando nos referimos a partidos que están aplicando sobre la práctica esa línea general, como, por ejemplo, los naxalitas indios, la fracción proseguir del Partido Comunista del Perú, la fracción de maoístas nepalíes que combaten al prachandismo, así como todos los comunistas que han tomado conciencia de la importancia de combatir esta nueva versión del revisionismo… Sin dejar de insistir en que todavía ninguno de estos destacamentos maoístas cumple con el primer criterio de definición de la vanguardia internacional que hemos expuesto.
En cualquier caso, para el MAI, en las labores para la Reconstitución de la Internacional Comunista que deben encomendarse los destacamentos comunistas de vanguardia, deben incluirse, como punto de partida, ambos criterios: Balance y Línea General correcta.


La Charla-debate.
Actos como el que ha organizado la Juventud Comunista de Zamora, ¿os parecen necesarios para la vanguardia proletaria o no son más que una pérdida de tiempo?


Sí, son absolutamente necesarios. En primer lugar, frente a los “practicistas”, que no comprenden la necesidad de la lucha de clases ideológica, en general, ni de la lucha de dos líneas, en particular. Es importante crear escenarios para el desarrollo de esta lucha y este tipo de actos contribuyen a ello. Además, en la medida que cumplen el objetivo de deslindar con el revisionismo y desenmascararlo, y que contribuyen a definir y propagar la verdadera y correcta línea proletaria, son beneficiosos porque actúan como contrapunto de esos otros “encuentros”, “charlas” y “debates” que sólo buscan la unidad a cualquier precio, la rebaja del programa comunista y la presentación ante las masas de plataformas electorales republicanas, intenciones éstas que inspiran la mayoría de los “encuentros” que hoy realizan los comunistas.
En segundo lugar, estos actos contribuyen a que la vanguardia conozca, comprenda y se familiarice con los pormenores de las contradicciones en que se haya hoy envuelto el movimiento comunista. Frente a quienes desean ocultar estas contradicciones reales y relegar las controversias teóricas y políticas entre los comunistas a segundo plano, este tipo de actos es una excelente forma “practica” por medio de la cual los comunistas honestos pueden aprender a distinguir, desde su propia experiencia, quiénes son los amigos y quiénes son los enemigos de la revolución.

Entrevistas con el Colectivo Comunista 27 de Septiembre y el Movimiento Anti-Imperialista (1)

Estas entrevistas se realizaron en agosto de 2009, coincidiendo con una Charla-Debate que organizamos desde la JC Zamora en la que participaron los camaradas del MAI, del PCPE y del CC 27 Septiembre. La entrevista, no obstante, se realizó vía e-mail. Por cuestiones ajenas a la Juventud Comunista de Zamora desde el PCPE no se nos contestó. Tras meses y meses esperando, hemos decidido publicar las entrevistas con los camaradas que si tuvieron a bien contestar.

ENTREVISTA CON EL COLECTIVO COMUNISTA 27 DE SEPTIEMBRE
http://www.nodo50.org/cc27s

Crisis
¿Creéis que la llamada “crisis” está siendo bien enfocada por los distintos destacamentos comunistas del Estado español?

No tenemos la información necesaria para contestar a esta cuestión de manera precisa, por lo que nuestro punto de vista sobre este asunto sólo puede ser parcial.
Nuestro colectivo, dado que es eso, sólo un colectivo (muy pequeño), poco podemos hacer que sea realmente significativo frente a la crisis. Ahora bien, podemos decir algo de los demás; de aquellos que se llaman partido.
En los pocos lugares en los que nos movemos, la labor del PCE (solo o a través de IU) o PCPE, deja mucho que desear. Sinceramente, creemos que no están a la altura de sus posibilidades y de las necesidades de la clase obrera y de otros sectores populares.


Unidad Comunista
La Revolución Proletaria pasa por la unidad de todos los marxista-leninistas del estado español, ¿Cómo debe realizarse esta unidad, mediante la unidad en torno a unos cuantos puntos o mediante la lucha de dos líneas para deslindar con el revisionismo?

No creemos que se vaya a dar la unidad de todos los que se dicen m-l. En cualquier caso, no hay que esperar a la unidad de todos ellos para que pueda caminarse en la dirección de la Revolución Proletaria. Es suficiente con que exista un partido lo suficientemente fuerte m-l que conduzca a la clase obrera a esa revolución, aunque haya otros grupos más pequeños que se denominen m-l. La existencia de un solo partido comunista en España u otro país, creemos que es algo que pasó a la historia.
La unidad se llevará a cabo, fundamentalmente, mediante de la lucha de dos líneas para deslindar con el revisionismo, pero habrá que llegar a acuerdos concretos en lo ideológico, en lo político y en lo organizativo. Al final deberá de haber una Línea Política, un Programa y unos Estatutos.

Parlamentarismo
Vuestra organización pidió el voto en blanco en las últimas elecciones europeas (suscribiéndose al comunicado de la Plataforma de Ciudadanos por la República) ¿por qué? ¿Cuál ha de ser la importancia del parlamentarismo para el Partido Proletario Leninista de nuevo tipo?

No se trata de “parlamentarismo” sino de la utilización de las instituciones burguesas.
Ante las elecciones europeas cabían varias opciones: abstenerse, pedir el voto para IU, para el PCPE, para Iniciativa Internacionalista u otras.
Llamar a abstenerse significaba llamar al apoliticismo, abstenerse de política, tal como quieren fascistas, anarquistas,…. Hace mucha falta que las masas participen en política.
Votar a IU quedaba descartado, dada la actuación represiva de Saura contra las manifestaciones antibolonia y las declaraciones de Meyer respecto a Iniciativa Internacionalista.
Votar al PCPE, tampoco. Una candidatura comunista, tal cuál (como si fuera la del PCE u otro) no es lo que necesita la clase obrera en estos momentos. El promover ese tipo de candidatura, en España, obstaculiza el camino de la necesaria unidad de la izquierda (no sólo la unidad de los comunistas) por una alternativa política popular, unitaria, democrática y republicana. Tampoco consideramos acertada la consigna de República Confederal que propugna el PCPE.
Votar a Iniciativa Internacionalista significaba promover el independentismo de las nacionalidades históricas y de las inventadas; algo negativo para la necesaria unidad de la clase obrera en toda España.
Sólo nos quedaba ver qué proponían otras organizaciones o colectivos. Vimos que la Plataforma de Ciudadanos por la República llamaba a votar en blanco así como el nuevo PCE (m-l), MUP-R y otros colectivos con los que coincidimos políticamente. Vimos sus motivos y nos pareció lo mejor unirnos a ellos, y así fue. Satisfechos.
La utilización de las instituciones burguesas por los comunistas es algo que siempre se ha dado y se dará. La cuestión es cuándo y cómo hay que hacerlo. La no participación en elecciones municipales, autonómicas, estatales, o similares, puede ser un grave error de los comunistas; del Partido Proletario Leninista.

Internacional
A nivel mundial nos encontramos en un momento de repliegue revolucionario como jamás había conocido el proletariado. En vuestra opinión ¿Dónde se encuentra actualmente la vanguardia de la Revolución Proletaria Mundial?

Dentro de todo lo que vemos por ahí, consideramos que esa vanguardia se encuentra en la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas (CIPOML).

La Charla-Debate
Actos como el que ha organizado la Juventud Comunista de Zamora, ¿os parecen necesarios para la vanguardia proletaria o no son más que una pérdida de tiempo?

Para poder contestar de la forma más certera posible a vuestra pregunta, tendríamos que saber qué es lo que os ha movido a organizar el acto; cuál es vuestro objetivo; la repercusión que pudiera tener. En principio, estamos seguros que vuestro acto ha tenido repercusión en el movimiento comunista español; varios partidos y organizaciones comunistas han fijado sus ojos en vosotros, expectantes.
Además de lo anterior, sobre todo, valoramos muy positivamente vuestra actitud; así como lo que vemos o intuimos de vuestra trayectoria.
El encuentro entre comunistas (organizaciones, partidos o comunistas sin partido) es imprescindible para lo que pudiéramos llamar “reconstitución del PC”. Vuestro acto es un paso positivo en ese sentido, aunque totalmente insuficiente. Es necesaria la máxima unidad de acción en el trabajo práctico, como comunistas, tanto entre las direcciones como en la base; lo cuál no se da ni creemos se va a dar a corto y medio plazo (estamos hablando de PCPE, PCE (m-l), UP, PCE,…)
Es necesario un desbroce en el movimiento comunista español. Que unas organizaciones se fortalezcan, que otras desaparezcan o que aparezcan otras nuevas más potentes. Este ha de ser el camino y no hay que tener miedo a desaparecer. Por poneros un ejemplo, el CC 27-S tiene vocación de desaparecer; lo lógico es que nos unamos a otros más grandes o con otros para formar algo más grande.
En definitiva, y a lo que vamos, vuestro acto favorece la unidad comunista y no es una pérdida de tiempo. Iniciativas como la vuestra, o parecidas, hacen mucha falta.

Saludos y hasta el sábado.

sábado, 2 de enero de 2010

Debate sobre la Unión Soviética. VII

CRÍTICA ENVIADA POR UN COMUNISTA DE SEVILLA A NUESTRA "RESPUESTA AL CAMARADA RED METAL"(publicada en este blog: http://espaciorojo.blogspot.com/2009/10/debate-sobre-la-union-sovietica-ii.html ) CON MOTIVO DEL DEBATE SOBRE LA UNIÓN SOVIÉTICA.

Decís al principio de vuestra respuesta -estoy totalmente de acuerdo- que“los bolcheviques PARTEN de una concepción correcta del Estado, pero esa concepción va degenerando con el tiempo (…) quien reinstaura el poder burgués en la URSS no es la generación que hizo la Revolución, sino la que se desarrolló ya bajo el poder de los Soviets”.
Abordando con el método científico de la dialéctica el análisis de la historia (sobre todo la de nuestra clase), es imposible no llegar a la conclusión de que la URSS, al igual que otros Estados de dictadura del proletariado, sufrió un proceso largo y sangrante en el que el proletariado fue desalojado del poder. La cuestión más importante no es con qué dirigente comenzó esto (la dicotomía trotskismo-estalinismo es cada día más absurda, tanto como la manía infantil del trotskismo de sostener de forma anticientífica que la URSS una noche se acuesta proletaria y socialista y al día siguiente se despierta burocrática y burguesa), sino qué condiciones hicieron posibles reinstaurar el poder de la burguesía en la URSS.

Hay una afirmación en vuestra respuesta que me parece un argumento fundamental para entender la evolución de los países donde el proletariado, junto con las capas explotadas no asalariadas, logró tomar el poder:

“El gran problema que se presenta a los bolcheviques es el atraso económico de Rusia, lo que obligó a que la Dictadura Proletaria se realizase en alianza con el campesinado pobre (asimilación del programa agrario eserista)”.

Esta cuestión, la del atraso económico de la Rusia de principios del siglo XX, ha sido una cuestión demasiado olvidada por muchos compañeros que han analizado la evolución del primer Estado proletario de la historia.

Evidentemente, los comunistas sabemos que el factor político e ideológico juega un papel determinante en el desarrollo de la conciencia de clase y de la preparación para la toma del poder. Pero también sabemos –o deberíamos saber- que no podemos saltarnos arbitrariamente pasos de la historia del desarrollo económico, que estamos sujetos en última instancia a las leyes objetivas del sistema que, aun después de derrocar a su clase dirigente, heredaremos. Y es que un país con el grado de atraso como el Imperio ruso, no podía sustraerse a la existencia de una inmensa pequeña producción (“la hidra pequeñoburguesa”, como la llamaba Lenin), de unas fuerzas productivas poco desarrolladas. Por eso Lenin dijo cosas tan certeras como estas:

“Para quien se detuviese a meditar sobre las premisas económicas de la revolución socialista en Europa, no podía sino resultar evidente que en Europa es incomparablemente más difícil iniciar la revolución, mientras que en Rusia es incomparablemente más fácil iniciarla, pero será más difícil continuarla” (V. I. Lenin: “Reunión del CEC de toda Rusia”, 29/06/1918. La negrita es mía).

Esta premisa histórica inevitable (vosotros, al referiros al “subdesarrollo social de Rusia”, habláis de “contratiempo para la Revolución”, para mí fue una tremenda dificultad objetiva acentuada por una mala comprensión de la teoría revolucionaria, por el lado, y la derrota de la revolución proletaria internacional, por otro) de la que partieron los bolcheviques para nada justifica los errores que después el Partido cometió en relación a la construcción socialista, pero desde luego explica en parte cuáles fueron las bases de ese fracaso que posteriormente se produciría. Con el aislamiento del resto del proletariado internacional y la presión y el acoso de las potencias imperialistas, como bien señaláis, se acentuó la brecha entre lo político y lo económico, cometiendo errores teóricos tan graves como igualar expropiación y socialismo, distorsionando los principios más elementales del comunismo al hablar de socialismo en un sistema de salariado.

Respecto al aislamiento internacional, algunos bolcheviques como Lenin entendieron a la perfección que los eslabones más débiles de la cadena imperialista podían comenzar con los asaltos proletarios, pero al mismo tiempo eran los que más dificultades tenían para iniciar el camino del socialismo. Por tanto, mientras no se desarrollaran las fuerzas productivas (en general, aquí ya se deja como secundario el terreno de lo político, de la participación real de las masas explotadas) no sería posible marchar por los raíles del socialismo; tampoco mientras el resto de los proletarios organizados internacionalmente no derribaran a sus propias burguesías.
En la misma “Reunión del CEC de toda Rusia”, Lenin expresó:

“Sabéis perfectamente, camaradas, que desde el comienzo de la Revolución de Octubre nos planteamos como principal objetivo poner fin a la guerra imperialista; pero jamás nos hemos hecho la ilusión de que con las fuerzas del proletariado y de las masas revolucionarias de un solo país –por más heroicas que sean, por más grandes que sean su organización y disciplina-, de que con las fuerzas del proletariado de un solo país, se pueda derrocar el imperialismo internacional: eso únicamente puede hacerse con el esfuerzo conjunto de los proletarios de todos los países” (la negrita es mía).

Estáis muy en lo cierto cuando decís que “aunque intervenga el Estado proletario en la economía aún puede mantenerse el capitalismo como relación social productiva”, verdad que es bastante poco comprendida aún por muchos compañeros. A este respecto hay una cita de Lenin que es de lo más esclarecedora:

“Socialismo significa la abolición de las clases. La dictadura del proletariado ha hecho cuanto estaba a su alcance para abolir las clases. Pero las clases no pueden abolirse de golpe. Y en la época de la dictadura del proletariado las clases subsisten y subsistirán. La dictadura dejará de ser necesaria cuando desaparezcan las clases. Pero éstas no desaparecerán sin la dictadura del proletariado.
Las clases subsisten, pero en la época de la dictadura del proletariado cada clase sufrió un cambio y también cambiaron las relaciones entre las clases. La lucha de clases no desaparece bajo la dictadura del proletariado; lo único que hace es asumir formas diferentes. (...)

La clase de los capitalistas y de los explotadores, los terratenientes y capitalistas no ha desaparecido ni puede desaparecer de golpe bajo la dictadura del proletariado. Los explotadores han sido aplastados, pero no destruidos (como categorías sociales). Aún tienen una base internacional, el capital internacional del cual son parte integrante...” (V.I. Lenin: "Economía y política en la época de la dictadura del proletariado" 7 de noviembre de 1919)

¿De qué socialismo cabía hablar entonces, en una fase que sería la primera de la sociedad comunista, sin una participación efectiva de los trabajadores, manteniendo la relación salarial y la división social del trabajo y negando o enmascarando las diferencias de clase existentes en la URSS? Por otra parte, ¿cómo fue posible que la burguesía volviera a alojarse en el poder del Estado, habiéndose producido de la manera menos violenta posible? Si el Estado fue tomado por la burguesía al final sin apenas resistencia organizada, ¿cuál fue entonces el papel que jugó la clase obrera en ese proceso de degeneración?

Termino con estas preguntas que creo que debemos responder entre todos, sin el más mínimo miedo a la verdad histórica y con el respeto absoluto por los que dieron la vida por emancipar a la humanidad de toda forma de explotación y opresión.

martes, 29 de diciembre de 2009

El comunismo y la crisis (II)

BREVE RESPUESTA DE LA JUVENTUD COMUNISTA DE ZAMORA AL ARTÍCULO "EL COMUNISMO Y LA CRISIS"

Tras estudiar el artículo “El comunismo y la crisis”, desde la Juventud Comunista de Zamora queremos mostrar nuestros puntos de acuerdo y discordancia con dicho artículo, aunque de manera general lo valoramos como positivo y correcto.
El camarada de Sevilla critica la actual táctica del movimiento comunista con respecto a la crisis. Y estamos de acuerdo con dicha crítica. Seguimos anclados en las viejas tácticas sindicalistas que desde hace décadas nos vienen pregonando y que según nuestros “comunistas” es desde donde hay que crear el movimiento obrero, para “acumular fuerzas”. Pero la crisis del capital ha puesto en su sitio a todos aquellos comunistas que depositaban sus esperanzas en el espontaneísmo de las masas a las que guiarían como vanguardia entrenada en el estrecho practicismo sindical. Además, producto de esta estrechez sindical que deja en segundo término lo ideológico, los programas “anti-crisis” no son muchos más alentadores. El inmediatismo y el dogmatismo derechista que creé que el concepto de masas no ha cambiado para los comunistas desde que Lenin escribiera “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, lleva a los comunistas a pedir cosas como que el estado nacionalice la banca y los sectores estratégicos, haciendo apología del Estado burgués y escondiendo ante la clase obrera el carácter de clase del Estado.
En este sentido, el de los grandes errores que estamos cometiendo, no podemos ser tan condescendientes como lo ha sido el autor de “El comunismo y la crisis” que deja a gusto del lector la respuesta a ¿existe la ingenuidad en política? Nosotros contestamos que no, que no existe la ingenuidad ni la inocencia en el ámbito de la lucha de clases. Lo que si existe es ignorancia procedente de una formación alejada del marxismo-leninismo que ha sido adaptado por los ideólogos de la aristocracia obrera, o dicho más claro, por la burguesía. Aquí no queremos parecer unos lumbreras. Es difícil deshacerse de la morralla revisionista que domina tanto lo organizativo como los numerosos “textos adaptados y guías para el estudio de los clásicos”. Pero al igual que es difícil, es un deber de todo comunista y la “excusa” de la ingenuidad o la ignorancia no dura eternamente.

“A nuestro juicio, una de las consecuencias más graves del agotamiento del ciclo que inauguró la Revolución Proletaria de 1917 ha sido la pérdida de hegemonía ideológica y política de la clase explotada, lo que en parte ha conducido a que los comunistas hayamos perdido la capacidad de predicción que antaño tuvieron los grandes militantes y teóricos del Movimiento Comunista Internacional.”

Poco más puede añadirse a este párrafo pues encierra en sí mismo las tareas que la situación impone a los comunistas en la actualidad. Ante tal situación debemos retomar el estudio del materialismo dialéctico e histórico, el análisis teórico desde la concepción proletaria del mundo y la lucha de dos líneas para que el comunismo recupere su hegemonía ideológica y política. Sin este trabajo todos los programas que se presenten ante el proletariado no rebasarán el marco de la reforma del régimen burgués, aunque las palabras revolución y socialismo se mantengan como retórica en el discurso, al estilo de las cantinelas del s. XXI promovidas por el teórico H. Dietrich.


“Lo que no compartimos en absoluto es que el trabajo fundamental de los comunistas esté centrado en crear artificialmente un movimiento obrero (porque éste, mal que les pese a los fantasiosos obreristas, no existe actualmente en el Estado español) que sólo puede ser creado por la misma clase trabajadora”

También estamos de acuerdo con este planteamiento. El comunista no puede sustituir al sindicalista. Al contrario, el sindicalista debe elevarse, transformarse en comunista revolucionario. La clase obrera es autosuficiente para crear organizaciones que luchen por sus intereses inmediatos. Lo que hace falta es que los comunistas transformen esas luchas inmediatas dándoles un contenido político que las fusionen con la estrategia revolucionaria, es decir, con la toma del poder por parte de la clase. Pero para ello primero ha de existir dicha estrategia y para forjar esta estrategia es necesaria la lucha de dos líneas, la recuperación de los principios del marxismo-leninismo como la mejor concepción de las relaciones sociales que ha logrado alcanzar el ser humano, depurándola de toda concepción ajena para poder reconstituir el Partido obrero de nuevo tipo que fusione la teoría y la práctica en praxis revolucionaria. Actualmente nuestra principal labor no está en los tajos, sino fuera de ellos. Debemos elaborar la teoría sin atender a las disquisiciones tácticistas, que han de estar supeditadas en todo momento a lo estratégico:
"No se trata de saber qué es lo que tal o cual proletario, ni aun el proletariado en bloque, se proponga momentáneamente como meta. De lo que se trata es de saber que es el proletariado y que misión histórica se le impone por imperio de su propio ser". Carlos Marx

jueves, 17 de diciembre de 2009

El comunismo y la crisis (I)

El comunismo y la crisis
(ARTÍCULO DE DEBATE PUBLICADO POR UN COMUNISTA SEVILLANO NO ADSCRITO A NINGUNA ORGANIZACIÓN. NOVIEMBRE DE 2009)

“Al hablar de la crisis económica es imprescindible poner de manifiesto la crisis política que la acompaña, por más que la encubran con la balsa de aceite de la normalidad, la desmovilización y el circo electoral permanente. Es la calma que precede a la tormenta, la falsa tranquilidad, la inercia de la rutina y, sobre todo, la absoluta ignorancia de las experiencias del pasado, el secuestro de la memoria histórica que nos anestesia” (Juan Manuel Olarieta Alberdi, militante del Socorro Rojo Internacional)

La realidad, ese espejo donde los seres humanos podemos vernos a nosotros mismos en movimiento, está refutando los planteamientos que algunos elementos autoproclamados defensores de la causa revolucionaria expusieron en relación a la crisis capitalista y las posibilidades de éxito del movimiento comunista.
A nivel internacional, ni el derrumbe del sistema capitalista se ha producido ni el comunismo como fuerza política organizada ha entrado en escena. Lo que sí existe indiscutiblemente es un agotamiento cada vez mayor del sistema capitalista y, al mismo tiempo, un incremento histórico de la miseria y la angustia de la mayoría de la población mundial.
Sin embargo, pretender elevar a dogma la ecuación crisis = revolución es desconocer por completo los mecanismos de adquisición de la conciencia revolucionaria, y lo que es peor, las labores fundamentales de los comunistas en momentos de crisis económica y repliegue político e ideológico del proletariado.
Porque lo que no parece tan evidente para algunos comunistas es que la lucha por conquistar el poder y fundar las bases de un nuevo orden social, no necesariamente pasa por un agravamiento de la crisis del sistema, ni tampoco por un ascenso en las luchas espontáneas de la clase obrera. Ni la crisis asegura la victoria de la clase obrera y su proyecto comunista, ni la lucha de clases en su fase espontánea allana inevitablemente el camino para la hegemonía política de la clase explotada.
El objetivo de este breve documento es doble. Por un lado queremos refutar las distintas posiciones que sostienen que el derrumbe del sistema capitalista está próximo, y por otro lado queremos mostrar cuál es a nuestro juicio la auténtica visión revolucionaria sobre los acontecimientos actuales y la defensa del proyecto transformador del proletariado.

El sistema y la crisis económica,
breve cuadro clínico del enfermo


La coyuntura actual se explica, en primer lugar, porque la masa de capital acumulado en el mundo ha llegado a cifrarse en magnitudes de valor hasta hace bien poco inimaginables, proceso al cual han contribuido sensiblemente los asalariados del antiguo “bloque” de países “socialistas” reconvertidos al capitalismo. Sabido es que, el crédito —bancario y bursátil—, es la más formidable palanca para (que ) la acumulación de capital (prosiga) más allá de sus propios límites naturales (fijados por la base material o económica del sistema), lo cual permite alejar el horizonte de las grandes crisis de superproducción (de capital), aunque no hace más que retardar, agravadas, las contradicciones que las provocan, trasladando su necesario e inevitable crack a un futuro de consecuencias políticas y humanas catastróficas, sin duda de proporciones gigantescas; tanto más, cuanto mayor sea el tiempo en que la burguesía consiga prolongar la acumulación (mediante el crédito) y mayor sea, por tanto, la magnitud de los capitales disponibles comprometidos en el momento inevitable del estallido. Esto (las consecuencias de prolongar contra natura la acumulación) es lo que está pasando ahora mismo, situación que combina la enorme masa de capital sobrante —a una tasa de ganancia vigente que no compensa su reinversión productiva— con los efectos políticos del lógico agravamiento de la competencia intercapitalista, todo ello en el marco de la clara tendencia del capitalismo norteamericano a perder su condición de primera potencia económica mundial, hasta hace pocos años indiscutida>>. (http://www.nodo50.org/gpm/11s/00.htm. Lo entre paréntesis agregado ahora)

La última gran crisis capitalista está dibujando un paisaje desolador por todo el globo de despidos, cierres en cadena de empresas, hambre, intensificación de las tensiones imperialistas, devastación de ecosistemas, desahucios de viviendas, descomposición de unas relaciones humanas cada vez más cosificadas e irracionalmente violentas, incremento de toda clase de patologías físicas y psíquicas, y un sinfín de lacras que están golpeando a gran parte de la humanidad.
Son muchas las explicaciones que desde la llamada izquierda se están dando sobre la crisis. Aunque no es nuestro propósito hacer un estudio pormenorizado de cada una de ellas, sí vemos prioritario deslindar campos entre las explicaciones que verdaderamente responden a un proyecto emancipador de la clase trabajadora, y las que consciente o inconscientemente (¿existe la ingenuidad en política?) tratan de marear la perdiz y de confundir los efectos con las causas.
Por todos es sabido que la crisis no es ningún fenómeno nuevo en el capitalismo. Desde principios del siglo XIX hasta principios del XXI se han sucedido unas 20 crisis de mayor y menor envergadura, todas ellas con una periodicidad de entre 5 y 12 años. Hay que partir por tanto de ese hecho: la crisis es históricamente recurrente en el capitalismo.
Las causas de las crisis del capital tienen una doble causa que no muchos están sabiendo o queriendo explicar. Estudiar la economía política puede estar al alcance de cualquier trabajador interesado en ello, pero requiere entender la complejidad y la interrelación de fenómenos diversos que surgen en el seno del sistema de producción.

La primera causa reside en la misma organización de la producción. El capital invierte en medios de producción y fuerza de trabajo para poder obtener una ganancia, la cual procede de la explotación de la fuerza de trabajo en combinación con el capital constante (maquinaria, materias primas, terrenos, etc.). Esta ganancia procede de la plusvalía, que es la cantidad no pagada al trabajador por el empresario. Si un trabajador recibe 5 €/h de salario y lo que produce tiene un valor de 8 €, esa diferencia de 3 €, producida pero no cobrada por el obrero, es la plusvalía (plusvalor o “valor de más”) que el patrón se embolsa para continuar con el ciclo de acumulación.
Pues bien, debido a que el objetivo del capital es aumentar cada vez más la productividad (más productos por la misma unidad de tiempo), y que esto se consigue fundamentalmente introduciendo innovaciones tecnológicas en el campo de la producción, esto trae como consecuencia fatal e inevitable una cantidad excesiva de trabajadores que se ven abocados al paro. El capital, sistema de grandes contradicciones, aumenta la productividad pero al mismo tiempo expulsa a los únicos elementos que pueden generarle valor añadido: los trabajadores. Esto trae como consecuencia una bajada progresiva de la tasa de ganancia, lo que se traduce a nivel general en desinversiones y por tanto en aumento del paro. Esto es lo que uno de los economistas más polémicos de la burguesía en España, Santiago Niño Becerra, quiere caracterizar tan claramente cuando dice que "hay una cantidad de factor trabajo que no es necesario" (http://www.eleconomista.es/espana/noticias/1344711/06/09/Nino-Becerra-augura-la-desaparicion-de-la-clase-media-tal-y-como-la-conocemos-con-la-recuperacion-seran-sustuidos-por-los-insiders.html).

La segunda causa anida en las dificultades que tiene el capital para vender sus mercancías. Ya hemos visto que el capital produce plusvalía para obtener una ganancia y acumular más capital. Pues bien, ya en la primera fase del ciclo de acumulación la producción se centra en la producción misma (el capital necesita producir cada vez más en cada vez menos tiempo), lo que no significa que se “olvide” del consumo, pero sí que el objetivo principal de la acumulación, y el origen de todo lo demás, sea la producción misma, lo que conlleva la sobreproducción de capital, de medios de producción y de bienes de consumo que abarrotan un mercado saturado de mercancías y con una demanda solvente en verdad desconocida y en franca disminución por el desempleo. Son las famosas crisis de sobreproducción.
En este sentido decimos que el capital encuentra dificultades para valorizarse, puesto que no se realiza al modo en que desearía. Además, una de las características del modo de producción capitalista es la desconexión sistemática entre lo que se produce y lo que luego se puede vender, de tal forma que cada empresario produce sin saber de qué manera lo van a hacer los demás, provocando excesos constantes de mercancías.
Recapitulando, tenemos por un lado que el capital invierte mucho más en maquinaria que en asalariados por imperativo del desarrollo tecnológico (menos trabajadores que generan menos plusvalía global), y por otro lado que la producción se desconecta del consumo (abarrotando el mercado de bienes productivos y de consumo que no se sabe si serán vendidos).
<>. [Ver en: K. Marx: “El Capital” Libro III Cap. 14-III)]http://www.nodo50.org/gpm/crisis/06.htm
El otro polo de la economía capitalista, el crediticio o financiero, agudiza las contradicciones existentes en el sistema productivo. Permite expandir las fuerzas productivas con el crédito, pero exacerba las dificultades de valorización del capital al volver a desconectar la producción con el consumo (créditos a diestro y siniestro, obligaciones que nadie, ni empresario ni trabajador, asegura poder rembolsar después). Sin embargo, es falso que la actual crisis capitalista sea una crisis genuinamente financiera. La banca ha sido el detonante pero en ningún caso su “exceso” (¿por qué para los socialdemócratas de nuevo pelaje está bien explotar trabajo ajeno y mal capitalizar interés a través de la usura?, ¿es que acaso hay capitalistas “buenos” y capitalistas “malos”?) ha provocado esta crisis. De hecho, históricamente las mayores masas de dinero se refugian en las finanzas cuando ya no es tan rentable hacerlo en la producción de bienes y servicios. La crisis financiera, como ya señaló Karl Marx, se convierte en un explosivo catalizador de la ya anteriormente existente crisis productiva.
“Las causas de la crisis serán motivo de análisis durante mucho tiempo. Actualmente los medios de comunicación, reflejo de la ideología dominante, están difundiendo la tesis de una crisis dentro del mundo financiero, propiciada por la mala gestión de unos banqueros muy egoístas y codiciosos que no han tenido en cuenta los riesgos que tomaban. Mantienen que dado que el sistema financiero estaba mal regulado es esto lo que ha producido una excesiva expansión financiera que ahora ha estallado.” http://seminaritaifa.org/pdf/Informe_06_ES.pdf
Ni la teoría “subconsumista” (que pretende hacer pasar por causa fundamental la escasez de demanda solvente) ni la teoría “productivista” (que concibe única y exclusivamente la crisis como “fallo” sistemático de la producción) profundizan en las verdaderas causas de la crisis. La primera porque olvida que la crisis proviene de la producción misma, además de que deja sin explicar por qué la crisis no es perpetua en el capitalismo teniendo en cuenta que siempre se produce más de lo que se puede vender; y la segunda porque no tiene en cuenta la relación dialéctica entre producción y consumo, porque no contempla que el capital no se puede valorizar si no se realiza y viceversa.

La capacidad de predicción del movimiento revolucionario y lo imprevisible de algunos acontecimientos sociales
"La recesión va a llevar a los ciudadanos a unos niveles de desesperación desconocidos. Habrá una crisis de empleo en toda Europa y una fuerte inestabilidad social” (Jean-Claude Juncker, Primer Ministro de Luxemburgo)

A nuestro juicio, una de las consecuencias más graves del agotamiento del ciclo que inauguró la Revolución Proletaria de 1917 ha sido la pérdida de hegemonía ideológica y política de la clase explotada, lo que en parte ha conducido a que los comunistas hayamos perdido la capacidad de predicción que antaño tuvieron los grandes militantes y teóricos del Movimiento Comunista Internacional.
Lo cierto es que, en términos generales y hasta donde nosotros sabemos, ninguna organización comunista es capaz de pronosticar a ciencia cierta los derroteros económicos, sociales y políticos que el actual sistema va a seguir, y por tanto de esto surge en gran parte la incapacidad para elaborar una estrategia y una táctica acertadas para, no solamente evitar en la medida de lo posible el embite del capital, sino sobre todo para plantear una alternativa revolucionaria y verdaderamente transformadora.
Nosotros pensamos que para entender la complejidad y gravedad de la situación actual es necesario un ejercicio profundo de análisis teórico, de aprovechamiento y actualización de lo mejor de la teoría histórica de los más destacados revolucionarios del mundo, aprovechando esta simiente preciosa para superar la derrota que actualmente sufre el movimiento revolucionario internacional. En definitiva, un balance colectivo que configure un Espacio Político de Reagrupamiento de minorías revolucionarias que desemboque en el nuevo y necesario Partido Comunista que unifique a todos los elementos dispersos.
Ahora bien, predecir la evolución del sistema no significa hacer futurología, el otro extremo erróneo que intentando superar la carencia orgánica actual del comunismo confunde el tocino con la velocidad. En este sentido la crisis está dejando en entredicho a todos aquellos que pronosticaban en el Estado español y en gran parte de Europa un ascenso en la combatividad de la clase obrera. Ni España está ardiendo por decenas de luchas de trabajadores y parados, ni siquiera se vislumbra un aumento de la conflictividad entre clases. Ningún dato, ningún análisis objetivo aseguran que la gran masa de trabajadores y desheredados vaya a levantarse en este país en un periodo corto de tiempo (tampoco, por supuesto, que no lo vayan a hacer a medio plazo).
Nosotros sostenemos que a nivel estatal, en general, la clase obrera se halla en una fase de repliegue y debilidad muy potentes, estado que por supuesto en cualquier momento, fruto de las luchas espontáneas, puede y deber cambiar para que una gran parte de la clase, gracias a la mentalidad que adquiere con sus luchas, sea verdaderamente permeable al proyecto comunista (sobre el asunto de la relación entre el Partido Comunista y las luchas de la clase obrera nos centraremos al final de este trabajo). Al igual que nos negamos a pensar que la clase obrera esté derrotada definitivamente (planteamiento defendido por los nuevos liquidacionistas del movimiento obrero), no tiene sentido para nosotros pronosticar la seguridad de que el proletariado vaya a resurgir en pocos meses como el Fénix de sus cenizas por la maldita crisis capitalista (planteamiento absolutamente determinista por su economicismo y su mecanicismo), por mucho que nos pudramos en la miseria más atroz. Los factores psicológico, moral e ideológico, con su insoportable simiente material de miseria, de nuevo van a ser determinantes para cambiar el curso de los acontecimientos, y es aquí donde los comunistas tenemos que estar a la altura de las circunstancias.

Lo único que la crisis asegura es una angustia progresiva para amplias capas de la clase trabajadora y, por supuesto, un “caldo de cultivo” mucho mayor que en periodos de relativa estabilidad económica.
Pero actualmente, dada la psicología de nuestra clase y la poca conciencia que en general exhibe (nos referimos lógicamente al Estado español), es tan probable esperar un levantamiento generalizado contra las imposiciones de la patronal como la extensión de razzias contra ese gran chivo expiatorio que la burguesía usa inteligentemente en las crisis más que nunca: los trabajadores inmigrantes.
Esta doble deriva no la podemos obviar, analizando siempre la correlación de fuerzas, estudiando la situación económica internacional y estatal, los acontecimientos políticos fundamentales y el ascenso o descenso de la conciencia de clase de los trabajadores. Sólo con este trabajo teórico-práctico (participando del debate con las minorías comunistas e, igualmente, tratando de crear discusiones en los espacios sindicales o territoriales donde los trabajadores con un mínimo de conciencia de clase confluyamos) podremos predecir a grandes rasgos la posible evolución de la sociedad de clases mundial y española.

¿Salir de la crisis?

“¡Crisis, crisis, crisis! En todos los lugares se habla de crisis; en la prensa burguesa, en la radio, en la TV, en los bares, en nuestros barrios, en el currelo y por supuesto en la prensa comunista. Se analizan causas y efectos de esta “nueva crisis” (como si el capitalismo no fuese una perenne crisis para las masas explotadas). Los análisis son generalmente buenos, el problema llega cuando intentamos dar una respuesta a nuestra clase que le permita salir de la crisis, aunque quizás el problema sea el que los comunistas hablemos, sin más, de “salir de la crisis” http://ujcezamora.blogspot.com/2009/08/las-tareas-actuales.html


Uno de los mayores tópicos lanzados por los nuevos oportunistas es el de que la crisis “la paguen los ricos, los que la han creado”. Bien, el primer planteamiento de “los que la han creado” ya está mal gestado, por la sencilla razón de que la crisis no ha sido creada por voluntad de la burguesía, sino por las leyes inevitables del sistema capitalista. Lo que la patronal ha hecho, hace y hará (hasta que sustituyamos el capitalismo por el socialismo) en relación a la crisis es comandar el barco, un barco decorado y diseñado a su justa medida.
Desmontar esta mentira dañina para el proletariado por parte de la ciencia revolucionaria del proletariado no es un ejercicio absurdo de disquisición ideológica, sino la constatación de la necesidad fundamental de entender el actual orden social para poder demolerlo y construir sobre sus cenizas el comunismo a escala mundial. (Hoy más que nunca compartimos la absoluta vigencia del planteamiento del revolucionario Lenin de que “no puede haber movimiento revolucionario sin teoría revolucionaria”.)
Por eso es tan importante afirmar que “los ricos” no han creado ninguna crisis (aunque es una obviedad que se aprovechan de ella y salen incluso más fortalecidos si la correlación de fuerzas entre clases se lo permite), porque las crisis son un fenómeno inherente al sistema capitalista, objetivamente inevitables independientemente de la política económica y de la voluntad de los capitalistas.
El segundo gran error de planteamiento de los nuevos oportunistas es el famoso lema de que la crisis “la paguen los ricos”. Es totalmente lógico que el grueso de los proletarios, sin una conciencia revolucionaria y sin su teoría comunista como guía para la acción, pida que la crisis sea pagada por la gran burguesía. Pero el deber ineludible de los comunistas es hacerles ir más allá, explicarles que la burguesía jamás ha pagado ni pagará ninguna crisis económica, por la sencilla razón de que es ella quien dirige la economía y toda la organización social. La única forma de que la burguesía pague “su” crisis es que la clase obrera en lucha se fusione con su Partido Comunista y se prepare en la teoría y en la práctica para derrocar a la burguesía del poder.

Esta posición, la de que los trabajadores no seamos nunca más los “paganos” de la crisis, defendida por toda clase de organizaciones del campo del oportunismo, de las nuevas tendencias economicistas segregadas por el agotamiento transitorio del Movimiento Comunista Internacional, puede ser bienintencionada si parte de honestos militantes proletarios que desconocen la naturaleza real del capitalismo y su decadencia actual, pero en cualquier caso no deja de ser nociva y debe ser superada progresivamente gracias al estudio del materialismo dialéctico, la ciencia social revolucionaria de los trabajadores.
“Este olvido en que se deja las grandes, las fundamentales consideraciones en aras de los intereses momentáneos del día, esto de perseguir éxitos pasajeros y de luchar por ellos sin fijarse en las consecuencias ulteriores, esto de sacrificar el porvenir del movimiento por su presente, podrá hacerse por motivos ‘honrados’, pero es y seguirá siendo oportunismo, y el oportunismo ‘honrado’ es quizá el más peligroso de todos…” (Engels)

Efectivamente, en el Estado español una de las grandes dificultades con que las minorías revolucionarias se están encontrando es la de ofrecer “alternativas inmediatas a la crisis” que puedan ser defendidas por los trabajadores. Pero es que justamente aquí está, en parte, el problema que atenaza el proyecto revolucionario de nuestra clase al seguidismo economicista. Vayamos por partes.
Sería un absurdo irreal negar o infravalorar la necesaria lucha espontánea de las masas trabajadoras por mejorar sus condiciones de subsistencia (los militantes comunistas y conscientes del proletariado, en mayor o menor medida, también sufrimos el deterioro de nuestras condiciones de vida y de trabajo, por lo que también es para nosotros un imperativo de supervivencia la lucha inmediata). Nosotros apoyamos totalmente la existencia, la difusión y la unión de estas luchas estén o no controladas por los sindicatos, las “putas de lujo” de la patronal. Lo que no compartimos en absoluto es que el trabajo fundamental de los comunistas esté centrado en crear artificialmente un movimiento obrero (porque éste, mal que les pese a los fantasiosos obreristas, no existe actualmente en el Estado español) que sólo puede ser creado por la misma clase trabajadora. Aún menos entendemos cómo se asume la lógica burguesa de “salir de la crisis”, como si no supiéramos que el sistema ha entrado en su fase más terminal e irreversible; como si creyéramos que lanzando consignas izquierdistas de “huelga general” (¿cómo va a haberla si antes no existe un incipiente movimiento obrero que madure con sus luchas?) se fuera a solucionar algo.

“Las crisis demuestran que los obreros no se pueden limitar a luchar para obtener de los capitalistas concesiones parciales… pues, cuando se produzca el crack, los capitalistas no sólo arrebatan a los trabajadores los derechos conquistados. Y así continuará sucediendo inevitablemente hasta que los ejércitos del proletariado socialista echen abajo el dominio del capital y de la propiedad privada” (Lenin)
Entonces ¿qué hacer? ¿”Esperar” mientras llega la insurrección sin intervenir en las minoritarias luchas obreras, dedicándonos exclusivamente a armarnos teórica y políticamente? ¿O por el contrario debemos luchar por influir en los elementos más avanzados de la clase obrera, para que a través de ellos podamos llegar a gran parte de la clase buscando en la práctica revolucionaria la unificación de los militantes comunistas?

La crisis y la reconstitución del
Movimiento Comunista Internacional

“Hoy, por el contrario, la simbiosis entre la política comunista y las masas no puede realizarse tan directamente, pues el estado de ánimo de estas últimas no es tan proclive a la agitación revolucionaria, antes al contrario, es de postración y calma y de un conservadurismo espantoso. La política comunista, en estas condiciones, debe trabajar de forma mediata, debe ir abriéndose paso, poco a poco, acercándose primero a los elementos más avanzados de las masas, para, después y a través de ellos, poder dirigirse al resto de la clase. Quienes creen que la constitución consiste sólo en un voluntarioso acto de organización y que, una vez cumplido éste, las masas tendrán abierto su corazón y su entendimiento a la dirección y a la política de la vanguardia comunista, están cometiendo el grave error de no comprender que de lo que se trata, realmente, es de activar el movimiento revolucionario que, décadas atrás, se daba casi por supuesto o que precedía o podía seguir a la acción de la vanguardia; están cometiendo el error de no ver que ese movimiento es producto y sólo puede serlo de una política de masas de la vanguardia (línea de masas) en su propio seno y que este movimiento sólo puede concebirse como PC, como condición previa a su transmisión al resto de la clase (Revolución Proletaria)” http://www.nodo50.org/mai/Documentos/PCR/TesisReconstitucion/Tesis7.htm

Todos los “masistas” que desconocen por completo la dialéctica de la crisis, la lucha de clases y la guerra por el comunismo, siguen sin entender que el movimiento espontáneo de la clase obrera no puede surgir artificialmente por el impulso de elementos comunistas necesariamente minoritarios. Partiendo de la irrefutable premisa de que a escala internacional el movimiento obrero y comunista se encuentra en una fase de absoluto repliegue, la actividad de los comunistas ha de acoplarse a esta correlación de fuerzas. La única manera de que las organizaciones y elementos comunistas no caigan en el oportunismo o en el sectarismo reside fundamentalmente en ser conscientes de la estrategia y la táctica revolucionarias en relación al momento actual. En el terreno de las condiciones subjetivas, no es lo mismo dirigirse al proletariado cuando éste cuestiona el orden social existente (aunque no haya aún alcanzado conciencia política) que cuando se encuentra en un estado de absoluta debilidad en que ni siquiera es capaz de defenderse de las embestidas del capital. En lo que respecta a las condiciones objetivas, tampoco será lo mismo la propaganda y agitación revolucionarias en un entorno de crisis brutal que en un periodo de relativa “paz social”.
Ciñéndonos al momento actual, en España (así como en gran parte de los países dominantes) las condiciones subjetivas de la clase trabajadora obligan a los comunistas a replantearse ciertas tácticas que la historia ha finiquitado, entre ellas el economicismo inmediatista. Si en las condiciones actuales la gran mayoría de los trabajadores ni siquiera podemos defendernos de los ataques de la patronal, siendo hasta incapaces de negociar convenios colectivos que mejoren mínimamente nuestras condiciones de trabajo (no estamos por tanto ni siquiera en una fase defensiva), ¿cómo podemos pretender que los proletarios en su gran mayoría sean receptivos al mensaje revolucionario? A nuestro juicio, la organización que, consciente o inconscientemente, pretenda rehuir esta realidad y trate de plasmar ilusorios “frentes” o “plataformas contra la crisis” estará supeditando la lucha política (la única que puede “sacarnos de la crisis”, es decir, que puede construir un orden social justo) a la lucha económica, obviando que la lucha de clases tiene sus tiempos propios, autónomos y discontinuos de la lucha revolucionaria, que es continua aunque dependa en última instancia del ritmo de la lucha de clases.
La realidad está demostrándonos que la táctica justa de los comunistas en la etapa actual pasa por dos frentes:
En primer lugar, en lo que respecta a las minorías comunistas debemos romper el sectarismo, teniendo como base la lucha contra el capitalismo y el oportunismo en todas sus variantes, potenciando un debate que posibilite la más que necesaria construcción de un único Partido Comunista que aglutine a todos los militantes revolucionarios. Siendo honestos, y sin ánimo de ofender a ningún militante de las diversas organizaciones comunistas del Estado, para esta tarea es crucial que ninguna organización ni ningún elemento no encuadrado se crea por encima de las demás, porque seguramente el fracaso actual del comunismo como movimiento debe ser asumido como una responsabilidad conjunta.
En segundo lugar, en relación a la clase obrera en su conjunto, tenemos que ser capaces de no renunciar ahora más que nunca a lo estratégico (la lucha por el comunismo, hoy más vigente que nunca), pero hemos de entender igualmente que este proceso requiere pasar por diversas etapas de maduración y crecimiento. En el terreno económico, hay que potenciar todas las formas posibles de solidaridad y unidad entre trabajadores, sobre todo trabando estrechos y profundos lazos con los elementos más avanzados de nuestra clase (es decir, los que más destacan en la lucha de clases contra la patronal en todas sus formas), para que una vez inyectada la teoría revolucionaria en estos compañeros, los comunistas podamos llegar a gran parte del proletariado a través de estos intérpretes. A nuestro modesto entender, más vale organizar grupos proletarios de discusión y acción en las distintas ciudades y pueblos donde se debata sobre la situación actual y la necesidad de un mundo radicalmente distinto, que tratar de presionar artificialmente sobre luchas sindicales en las que la lucha reivindicativa es cada vez más estrecha por la ofensiva patronal (¿cómo no trascender la lucha económica en un conflicto obrero en el que una empresa despide a cientos de obreros por haber reducido su cuota de mercado?). Evidentemente, en los conflictos obreros más contundentes tendremos que centrar todos nuestros esfuerzos propagandísticos, pero desde luego sin tratar de sustituir a la clase obrera en algo que sólo ella puede hacer: crear sus propios órganos de lucha de clases. Si la lucha contra el patrón surge de la conciencia de la necesidad de defenderse de los ataques de la burguesía, la lucha por el comunismo sólo puede surgir del estudio y la preparación conscientes de la lucha por conquistar el poder y sentar las bases de un nuevo orden social. Si “lo político” carece de fundamento sin “lo económico”, “lo económico” no garantiza el cambio social sin “lo político”. Esta es para el proletariado la auténtica dialéctica de la revolución.

Por tanto, no se trata de alejarse de las luchas reivindicativas de nuestra clase mientras “nos preparamos para la revolución”, sino de centrar los esfuerzos en los sectores más avanzados de la clase obrera (llegando como únicamente podemos hacerle “competencia” al ariete mediático de la burguesía, con la comunicación directa, mediante charlas, asambleas, grupos de trabajo y reunión, apoyando manifestaciones de protesta, etc.), de saber interpretar el ritmo de los tiempos en cuanto a la correlación de fuerzas.

A quien pueda parecerle que todo esto es “alejarse de la realidad”, “ser poco concretos” o caer en el “ideologicismo”, les responderemos que esta táctica es la única que puede asegurarnos el triunfo. No cabe duda de que para que los obreros entiendan la necesidad del comunismo, antes deben aprender a luchar por sus propios intereses. Pero igualmente es indiscutible que esta lucha por la supervivencia no se puede “exportar” por los comunistas a la clase, por mucho que se pretendan forzar los pistones de la historia. Quien desconozca esta premisa fundamental de la lucha revolucionaria, volverá a darse de bruces con la realidad. Sólo la fusión orgánica del movimiento obrero con el Partido Comunista podrá garantizar el triunfo de la revolución proletaria internacional.
Hoy, en pleno siglo XXI, “aprovechándonos” de la crisis y al mismo tiempo superándola, debemos ser capaces de transmitirles a las amplias masas explotadas que la maldita crisis esta va a depararnos un auténtico horror, que vamos a salir de ella en peores condiciones aún, y sobre todo que la actual fase imperialista nos va a llevar con total seguridad a la barbarie de una nueva guerra mundial, a la devastación más terrible de todos los ecosistemas planetarios y a una represión política sin precedentes en todos los Estados capitalistas, lo cual certifica que si la humanidad no cambia de curso en pocas décadas pereceremos como especie en el más irracional exterminio de toda la evolución de nuestra Tierra.

Documento elaborado por un comunista sevillano no adscrito a ninguna organización como contribución abierta al debate sobre las perspectivas del Movimiento Comunista Internacional. Noviembre, 2009. Correo de contacto: pinus_canariensis@yahoo.fr