Línea Proletaria

Línea Proletaria
NUEVA WEB POR LA RECONSTITUCIÓN DEL COMUNISMO. ¡DESARROLLEMOS LA LÍNEA PROLETARIA! ¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!

jueves, 3 de febrero de 2011

Espacio Rojo 19: Revolución y Cuestión nacional (4/5)

Descargar ER 19 en pdf

Revolucionarios y Reaccionarios

“[…]la tarea de la gran reforma socialista del futuro no será la nacionalización, es decir, separar a las masas según fronteras nacionales, sino por el contrario desbrozar el camino para una única cultura internacional y universal donde desaparezcan las distintas nacionalidades.”

Rosa Luxemburgo. “La cuestión nacional y la autonomía.”

Los nacionalistas que nos han acusado de reaccionarios han tenido la ocurrencia de citar al mismísimo Lenin para hacernos ver que desde la Juventud Comunista de Zamora defendemos el centralismo opresor. Nos sorprende para bien que estos nacionalistas hayan utilizado una cita de Lenin en vez de una de Sancho I o alguno de esos héroes que en el siglo X luchaban por la patria leonesa. Aunque lo más destacable de la cita leniniana es que para acusarnos de centralistas, acusación contra la JCZ para la cual nuestros particulares fiscales no han aportado más prueba que el guión entre Castilla y entre León, ellos se han tenido que destapar como nacionalistas burgueses, algo que dicho sea de paso está en consonancia con la posición subjetiva que han adoptado (reformismo) consecuente con los intereses sociales que representan, los de la pequeña burguesía leonesa:

“El error de la izquierda centralista reside en el hecho que por temor a hacer el juego al nacionalismo burgués de las naciones oprimidas ha beneficiado no solamente al nacionalismo burgués, sino también al nacionalismo ultrarreaccionario de la nación opresora” (Cita de V. I. Lenin que utilizó “Zurriellu” en la crítica a la Juventud Comunista)

Porque ¿quiénes son los reaccionarios? Los comunistas trabajamos por y para la Revolución Socialista. La Revolución Socialista tiene como punto cardinal la cuestión del Poder, es decir, la toma violenta del poder por parte del Proletariado Revolucionario para establecer su dictadura de clase, la Dictadura Proletaria, que es la única forma política que puede revestir el Socialismo como ha demostrado la práctica, ese criterio de la verdad. Las tareas de los comunistas por tanto pasan por organizarse en base a la destrucción de los organismos generados por la burguesía para mantener su dictadura de clase. En nuestro caso debemos organizarnos por y para la destrucción del Estado burgués español que es el marco político creado por la burguesía para oprimir a la clase obrera, generando para ello nuestros propios instrumentos de clase siendo indispensable la constitución del Partido Comunista, así como de todos aquellos que demande la marcha del movimiento revolucionario del proletariado . La base material de la Revolución Socialista en el estado español es el proletariado, indistintamente de su nacionalidad ya que el instrumento clasista que lo oprime es el mismo, el Estado burgués español y su posición objetiva en la sociedad también es la misma, ya sea proletario en Zamora, en Ponferrada o en Barakaldo. La destrucción de este Estado no consiste en crear nuevos estados burgueses como dice pretender, por ejemplo, Esquerra Republicana de Catalunya o el actual pacto firmado por la Izquierda Abertzale y Eusko Alkartasuna para la formación del Estado vasco, pues eso solo reproduciría el modelo social de la producción capitalista, que en el fondo es lo que pretenden todos los socialchovinistas que a pesar de su palabrería no ponen en cuestión al “Estado burgués” sino al “Estado español”. La destrucción de este Estado consiste en crear Nuevo Poder, en generar un poder de Nuevo Tipo basado en la “sustitución” de la dictadura burguesa por la dictadura del proletariado.

A nuestro modo de entender la creación de un único Frente Nacional interclasista en el cual converjan los intereses de la Pequeña burguesía radical antimonopolista y de la clase obrera es un debate que quedó zanjado ya y que se manifiesta en la actitud intransigente de los comunistas respecto a la preservación intacta de la independencia política del proletariado que con la flexibilidad táctica necesaria debe pelear solamente por llevar a cabo su programa político, es decir, el Socialismo.
Lo cierto es que no solo este tipo de leones iluminados han caído en este error sino que dirigentes de la talla de Rosa Luxemburgo creían de alguna forma que era posible la conciliación de la lucha por la liberación social de Polonia con los intereses de la burguesía no germanizada. Por 1908 la revolucionaria espartaquista escribía: “La autonomía nacional persigue los mismos objetivos que se encuentran en el programa político del proletariado polaco: acabar con el absolutismo y alcanzar una amplia libertad política en todo el país; pero esto es sólo una parte del programa que emana de las tendencias progresivas del desarrollo capitalista y de los intereses de clase del proletariado”. En su obra “La cuestión nacional y la autonomía” reproducía este razonamiento como una fase intermedia provechosa para los intereses del proletariado polaco valiéndose de un velado oportunismo respecto a la cuestión nacional, viendo de un modo práctico la conformación de un Estado polaco que pondría las bases necesarias para la preparación de la Revolución Socialista, el necesario paso previo para la liberación social de Polonia. Pero no sólo la camarada Luxemburgo incurría en este error, en el cual se subordinan los intereses del proletariado a los de la burguesía, sino que más adelante en el tiempo el dirigente etarra Txabi Etxebarrieta redactaba con motivo del Aberri Eguna de 1968 el siguiente documento respecto al Frente Nacional Vasco: “ETA ha desarrollado su estrategia revolucionaria a través de la idea del BATASUN (Batasun Eguna, Batzar del Pueblo, etc.) como paso primero cara a la formación de un Frente Vasco de Liberación Nacional. Este Frente Nacional lo ve ETA como la reunión, bajo un programa mínimo, de todas las capas populares vascas cara a la obtención de la liberación nacional. Ahora bien, como sólo interesa a las capas populares la liberación nacional desde el momento en que la alta burguesía vasca esté totalmente integrada con el capitalismo español e internacional el paso que demos hacia la liberación nacional es al mismo tiempo un paso hacia los intereses populares vascos, un paso, por tanto, hacia el socialismo vasco. De esta manera, la Liberación Nacional de Euskadi no es sino un paso previo y necesario para el establecimiento del socialismo vasco.” En este caso la vanguardia política y armada del Movimiento Nacional de Liberación Vasco, a la que en aquel momento se situaba ETA, incurría no solo en el error de subordinar los intereses del proletariado a los de la burguesía sino que le otorgaba el papel a la clase obrera vasca de constituirse en clase nacional, asumiendo la independencia de Euskadi como el paso necesario para la liberación social haciendo gala de un mecanicismo descabellado y que se ha erigido en el Estado español en un auténtico dogma de fe para las izquierdas periféricas bajo la consigna de “Independencia y Socialismo”. Es decir acumulación de fuerzas en torno a la cuestión independentista para decidir luego si el socialismo llega en forma de regalo revolucionario. Esta característica de la fase intermedia no es exclusiva de las llamadas izquierdas independentistas pues Partidos y organizaciones de izquierda de implantación estatal o de carácter español, salvo honrosas excepciones, la reproducen en torno al modelo republicano que vendría a resolver precisamente el problema nacional mediante una democratización de los mecanismo jurídico-institucionales del Estado e incluso sobre la independencia nacional española por la cual se da a entender que la patria se ve sometida a la dominación militar y económica del capital norteamericano.

Desde la óptica de un militante comunista la postura respecto a la cuestión que nos ocupa es esta: “(…) la clase obrera es la que menos puede hacer un fetiche del problema nacional, porque el desarrollo del capitalismo no despierta necesariamente a todas las naciones a una vida independiente. Pero, una vez surgidos los movimientos nacionales de masas, desentenderse de ellos, negarse a apoyar lo que en ellos hay de progresivo significa caer, en realidad, bajo la influencia de prejuicios nacionalistas, es decir: considerar a "su propia" nación como "nación ejemplar" (o, añadiremos nosotros, como nación dotada del privilegio exclusivo de organizarse en Estado)” Lenin, “El derecho de las naciones a la autodeterminación”. Así el dirigente bolchevique sintetizaba el pensamiento de Marx, legándonos lo que en sí significa el internacionalismo proletario uno de los principios irrenunciables e intocables del marxismo-leninismo. Nuestra organización lejos de ser pancastellana, negacionista o reaccionaria asume la posición que debe asumir todo aquel que se tenga por marxista y es la subordinación de la cuestión nacional a la cuestión obrera, aun reconociendo la importancia estratégica que tiene para nuestro movimiento en el Estado español.

Reconocemos sin ambages el sufrimiento que desde hace mucho tiempo está provocando en Euskal Herria la guerra de exterminio que el Estado burgués español ha desarrollado contra el MLNV. Sufrimiento del cual nunca nos hemos olvidado mostrando interna y públicamente nuestra solidaridad con el MLNV. Pero no por ello creemos que debamos asumir una posición política que como comunistas no nos corresponde, pues la solidaridad no puede en ningún momento chocar con los principios.
Nuestra ideología asume la cuestión democrática del derecho de Autodeterminación de las naciones que viven bajo el marco estatal, pero no nos cansaremos de señalar las desviaciones que muchos honestos y abnegados militantes de la izquierda radical (a los que desde estas páginas llamamos compañeros) y a las que están prestando sus fuerzas.

Y todo esto es lo que Lenin y el bolchevismo, con el que se suelen llenar la boca los socialchovinistas centrales y periféricos para justificar la reforma bajo el Estado burgués, supo comprender y lo que se realizó en Rusia durante la Gran Revolución Socialista de Octubre. Primero el proletariado y el campesinado de las distintas naciones que formaban el Estado ruso, destruyó el Estado burgués y luego las distintas naciones ejercieron su derecho a la autodeterminación, haciendo certera la premisa marxista de que en la era de la revolución proletaria todas las reivindicaciones democráticas deben estar subordinadas al derrocamiento del poder burgués.

No quiere decir esto que el derecho a la autodeterminación sea un derecho que solo pueda resolverse en el socialismo, error en el que cayó el “internacionalismo trotskista” puesto que el Socialismo no es la solución del problema nacional, sino su superación. Precisamente por ser este un derecho democrático-burgués, se presenta aquí para los comunistas una contradicción (internacionalismo-independentismo) que los bolcheviques solventaron acertadamente: El proletariado es, objetivamente, una clase internacional puesto que sus intereses son los mismos y no chocan entre sí por ser de distintas naciones algo que si les ocurre al resto de clases sociales por muy internacionalistas que se declaren. Esto significa que la clase obrera debe aspirar a su unidad política internacional en la medida en que es un ente económico y social universal que se reproduce en todas las naciones, que parte de unas condiciones objetivas comunes, la explotación asalariada, y que tiene unas aspiraciones comunes, la emancipación del trabajo. El internacionalismo no es entonces una unidad de diversas naciones que desde el voluntarismo deciden cooperar. El internacionalismo proletario es la superación dialéctica del agregado plurinacional al que lo relega la burguesía y parte de condiciones objetivas ligadas íntimamente a la condición universal del proletariado como clase social. Sin embargo ante la Revolución Proletaria se alzan los problemas de la vieja sociedad burguesa entre ellos el problema nacional. Y como el proletariado revolucionario basa su práctica en el materialismo dialéctico e histórico debe solucionar todos estos problemas. Los bolcheviques resolvieron la cuestión nacional conforme al internacionalismo proletario: unieron a los obreros de todas las naciones bajo el socialismo científico para destruir el Estado burgués y reconocieron a las naciones su derecho a la autodeterminación.

La táctica Revolucionaria para el Estado español ha de ser la misma, pues la incapacidad de la burguesía para solventar el problema nacional ha dejado esta cuestión en el aire en el período histórico de la Revolución Socialista la cual debe liquidar todos los problemas que la revolución democrático-burguesa dejó pendientes sin que, en el caso del Estado español, sea necesaria una etapa intermedia. En el Estado español los revolucionarios deben trabajar por unir a los proletarios de las distintas naciones para destruir al enemigo común, el Estado burgués.

Frente a esta línea revolucionaria está la línea socialchovinista, una línea reaccionaria. Rara vez se plantea la Revolución Socialista desde el ámbito nacional aunque ya no queda casi ningún “ala izquierda” de los movimientos nacionalistas que no haya introducido la palabra “socialismo” en su programa. Pero este “socialismo” poco tiene que ver con el marxismo y la dictadura del proletariado, es decir, un Socialismo que destruya lo viejo y construya lo nuevo. Es por el contrario un “socialismo” reaccionario que oculta la lucha de clases y habla constantemente del “conjunto del pueblo” o del “pueblo trabajador” para presentarse como redentor y único garante de las aspiraciones nacionales en vez de como liberador de la clase proletaria y solo así de toda la humanidad.

Se vuelve otra vez sobre la premisa de partida del movimiento nacional vista en la expresión “capitalismo pucelano”, reproducida y adaptada a los intereses de cada movimiento nacional y a través de la cual se da entender que el problema cardinal de la nación viene del exterior, de la opresión española o como en nuestro caso de la opresión “castellano-pucelana” y no de la reproducción de la explotación capitalista en su seno como una nación más dentro del sistema imperialista mundial, que además en este caso ocupa una posición de privilegio en dicho sistema. Se obvia que la burguesía nacional forma parte de la “alianza estatal española” y se le caracteriza como sujeto válido para la revolución nacional en alianza con la clase obrera nacional. Así el proletariado leonés (en el ejemplo) no es aliado del proletario castellano para acabar con el Estado burgués, sino que primero debe ser aliado del resto del pueblo leonés (léase burguesía) para acabar con la opresión “castellana” o “española”. Esta táctica de alianza de la clase obrera con la burguesía nacional para posteriormente luchar contra ella y hacer la Revolución social trae consigo sus errores. Uno de ellos es creer que porque las burguesías nacionales se separen (disgregación, que no destrucción, del Estado español) estas estarán más debilitadas y el proletariado “tendrá más fácil” hacer la revolución. Parece olvidar quien defiende esta postura que su burguesía nacional está más que preparada para dirigir su Estado-nación (la leonesa, la castellana, la vasca, la catalana…) y si no lo hace es porque la alianza “española” le permite una cuota de ganancia y de poder en el sistema imperialista internacional que no tiene asegurada por sí sola. Y el mejor ejemplo de lo que planteamos nosotros frente a este abstracto nacionalista e idealista del “divide y vencerás” lo tenemos en Catalunya.

¿Si mañana Catalunya formase un Estado-nación Joan Saura y sus Gossos d´Escuadra o Artur Mas y sus socis perderían las capacidades adquiridas durante siglos por la burguesía catalana para seguir ejerciendo su dictadura de clase contra el proletariado catalán? No, ya que las crisis que se generan por las contradicciones internas de la clase dominante ya sea sin romper su marco estatal, o incluso como podría pasar con la independencia de Catalunya o Euskal Herria, rompiendo el marco estatal español, no generan una situación de crisis general del capitalismo y el estado burgués que los lleve a derrumbarse. Esa crisis solo puede ser generada por el movimiento revolucionario organizado, es decir, por el Partido Comunista de cuya problemática se desentienden todos los nacionalistas, desentendiéndose por ello de la Revolución.

viernes, 28 de enero de 2011

Espacio Rojo 19: Revolución y Cuestión nacional (3/5)

Descargar ER 19 en pdf

Las burguesías nacionales en el Estado español

La nación es una categoría histórica de una determinada época, la del capitalismo ascensional. Esto quiere decir que las naciones surgen en el momento histórico en que empiezan a crecer y se desarrollan las relaciones económicas capitalistas que ven despertar a las naciones a la par que la burguesía logra instaurar su dictadura de clase en las distintas partes del mundo, desplazando al viejo Estado feudal. Esto ocurre principalmente en Europa puesto que aquí se inician las revoluciones burguesas. La Revolución democrático-burguesa asienta su programa sobre dos pilares fundamentales: En primer lugar la centralización del poder político, como oposición a la forma poliárquica medieval que repartía en varias manos la autoridad, con el fin de conformar un único mercado nacional que permita el librecambio (libre circulación de dinero) y la libre circulación de mercancías por un territorio determinado. Y en segundo término está la perentoria necesidad de una superestructura que se encargue de blindar ese nuevo orden económico y político y las fronteras creadas por la nueva unidad mercantil, desde la que se fomentan las estructuras militares y todo el aparato coercitivo que se encargará de defender los intereses de esa nueva clase dominante. Es aquí donde se conforman los primeros Estados burgueses.

A medida que el capitalismo se desarrolla, este alcanza su fase imperialista y las naciones como marcos económicos generados por las relaciones de producción capitalistas son rebasadas por ese mismo capitalismo. El capital pasa entonces de ser el “creador” de las naciones a ser el que genera las condiciones para su extinción, pues tiende a su unidad internacional generando relaciones de todo tipo entre las distintas naciones, que en su primera etapa revestían una aparente independencia entre sí, pero que constantemente y a medida que se desarrolla el capital tienden a su unión económica, de la que se derivan posteriormente todas las uniones superestructurales: las alianzas militares como la OTAN, las políticas como la UE, las de legitimación del sistema imperialista mundial como la ONU…
“La propiedad privada fundada en el trabajo del pequeño patrono, la libre competencia, la democracia, todas esas consignas por medio de las cuales los capitalistas y su prensa engañan a los obreros y a los campesinos, pertenecen a un pasado lejano. El capitalismo se ha transformado en un sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países "avanzados". Este "botín" se reparte entre dos o tres potencias rapaces de poderío mundial, armadas hasta los dientes (Estados Unidos, Inglaterra, Japón), que, por el reparto de su botín, arrastran a su guerra a todo el mundo.”
Lenin “El imperialismo fase superior del Capitalismo.” Prologo a la edición francesa y alemana.

El paradigma de la revolución burguesa plantea que todas las naciones se erigen en Estado-nación. Que todas las naciones necesitan para existir como tales un Estado hecho a su medida. Pero eso es tan solo teoría burguesa acerca del Estado. Teoría que observa el Estado como la organización de la sociedad civil y como organismo al servicio de toda la ciudadanía. Sin embargo el estado es ante todo el instrumento para la opresión de una clase sobre otra.

El Estado es expresión de la represión entre expropiadores y productores, de los intereses de las clases dominantes, de la división social del trabajo… y también de las correlaciones de fuerza y de las contradicciones existentes entre todas las clases sociales. Esto permite que en la práctica no todas las naciones tengan que seguir esa forma estatal teórica y abstracta planteada por los académicos burgueses del Estado-nación. Pues las naciones han despertado cuando lo ha hecho su burguesía, que cuando ha podido se ha constituido en Estado. Pero sucede que el desarrollo de la burguesía está ligado a la ley del desigual desarrollo de las fuerzas productivas y cuando algunas burguesías “han despertado” era ya “tarde” y su país o nación ya estaba bajo la tutela de otro Estado “nacional”. Siempre que ha podido la burguesía ha reunido un movimiento nacional para liberarse del yugo de otra burguesía. A veces lo ha conseguido. Y otras, tras muchas batallas ha desistido y ha acabado por integrarse en el Estado “nacional” convirtiéndolo en un Estado “plurinacional”.

El caso de la conformación del Estado español, en tanto que Estado-nación presenta una gran problemática política a la hora de afrontar la centralización del poder político que comienza con la unificación de los reinos existentes en la Península Ibérica en los siglos XV y XVI. Tras el final de la Reconquista y el aplastamiento militar del Reino de Navarra, se da comienzo al proyecto de creación de una nueva superestructura política y militar. La Monarquía Hispánica, que exceptuando el caso navarro había procedido a la asimilación de los reinos preexistentes, a la hora de unificar los mercados nacionales se encontrará con la oposición de la vieja nobleza de los territorios conformadores del nuevo Estado frente a las leyes dictadas por la corona que lesionarían gravemente los intereses económicos de la clases dominantes de aquella época.

La llamada España de los cinco reinos había sido enterrada para dar paso a un nuevo ciclo político en el cual comienzan a aparecer los elementos constitutivos de un Nuevo Estado, como la fundación del primer cuerpo policial de la modernidad creado para proteger la propiedad privada en el campo, la llamada Santa Hermandad, que no será disuelta hasta 1834 para dar paso a la creación de la Guardia Civil; o la unificación de la lengua castellana, gracias a los trabajos del intelectual andaluz Elio Antonio de Nebrija

A pesar de estos impulsos desde el punto de vista político, en el plano económico y social la Monarquía Hispánica, aun habiendo tomado a sangre y fuego muchos de los territorios peninsulares, mantendrá el régimen foral en las entidades de los antiguos reinos con los que se encontraba en conflicto, presentando así una extraña dualidad en la cual comienzan a desarrollarse las primeras formas de acumulación capitalista sin desterrar los restos del feudalismo que se seguirán manifestando hasta bien entrado el siglo XX. Es en esta extraña situación en la que el intento de centralización del poder político y de unificación del mercado nacional coexiste con la añeja foralidad de los territorios leoneses, vascongados o aragoneses y los privilegios de determinados estamentos como el Concejo de la Mesta, que a posteriori se convertirán en elementos desestabilizadores del orden político español.

El problema de la eliminación de los privilegios de los territorios se materializará en la Guerra de las Comunidades en Castilla (1520-1522) , la Guerra de Sucesión en los Paíssos Catalans (1701-1715) o las Guerras Carlistas en Hego Euskal Herria (1833–1840); (1846–1849);(1872–1876). Será a partir del final de la última derrota del movimiento carlista en 1874 y de la pérdida del Impero colonial cuando se reformulará la forma estatal intentando, a pesar de mantener la estructura centralista, una democratización de facto que le otorgue un papel determinante en la política estatal a esa nueva clase burguesa periférica emergente heredera de la cultura foralista, y que ocupará durante los siglos XIX y XX, escenificándose de manera franca durante la II República (1931-1936) y la Guerra Civil (1936-1939).

El caso español es la mejor demostración que en un mismo Estado pueden convivir distintas naciones sin que por ello tengan que estar enfrentadas, siempre que se mantenga intacta la capacidad para la extracción de plusvalía y la acumulación de capital por parte de la clase dominante de las nación opresora y de las naciones oprimidas. Así, las burguesías nacionales pueden generar fuertes vínculos internacionales dentro de un mismo marco político-estatal sin perder su condición de clases nacionales. Y así de común acuerdo estas burguesías explotan al proletariado de todas esas naciones que forman el Estado y se coaligan para explotar al resto de los pueblos del mundo dividiéndolo en países oprimidos y países opresores.

En el Estado español conviven distintas naciones a cuya cabeza están sus burguesías nacionales. Todas ellas se encuentran cómodamente situadas en el marco político, social y económico que les brinda el Estado español. Esto no significa que estas burguesías se conviertan en “españolas”. La burguesía representada por PNV-EAJ es vasca, pero participa del imperialismo español defendiendo en y desde ese marco estatal los intereses de la burguesía vasca que junto a la burguesía catalana, la española… ejercen su dictadura de clase contra todos los proletarios que vivimos bajo este Estado. Y lo que vale para los nacionalistas ultrarreacionarios del PNV, vale igualmente para esos descarados elementos neofascistas del Partido Popular vasco, del catalán o del de León: ¿Acaso la ultra María San Gil no es vasca? ¿Acaso la burguesía representada por el PP vasco no es una fracción más de la burguesía vasca integrada en el Estado plurinacional español?

El Estado español es un Estado plurinacional, una alianza internacional de burgueses cuyo objetivo como fracciones de un mismo imperialismo es someter a los pueblos del mundo y a la clase obrera. El marco estatal español permite a todas estas burguesías nacionales cumplir sus objetivos como clase nacional y por ello no necesitan un Estado-nación que defienda sus intereses porque no están oprimidos, son ellos los opresores. Y León no es la excepción. ¿Es que bajo el “capitalismo pucelano” la burguesía leonesa no puede alcanzar su desarrollo pleno como clase? ¿No comparte la burguesía leonesa su cuota de poder con la burguesía castellana en nuestra Comunidad Autónoma y con la gallega o la catalana en el conjunto del Estado español?

Evidentemente sí. Los burgueses de la CEOE de León, de Zamora o de Albacete son capitalistas que se reparten su cuota de poder junto a todos los burgueses del Estado español. Pero es mucho más sencillo y beneficioso para el nacionalismo ocultar la lucha de clases en nuestro territorio bajo una bandera nacional y común a todas las clases reflejando todos los males de esta tierra en el “centralismo castellanopucelano”, como si de un señor feudal que viniese a cobrar los diezmos a los campesinos de León se tratase, que hablar de la contradicción principal que se da bajo el imperialismo burgués: la contradicción entre el trabajo asalariado y el capital, entre el proletariado y la burguesía.

sábado, 22 de enero de 2011

Espacio Rojo 19: Revolución y Cuestión nacional (2/5)

Descargar ER 19 pdf
En abril del año pasado publicábamos el Espacio Rojo nº 17 acerca de la cuestión del campo en la Comunidad Autónoma de Castilla y León. Sobre esta problemática presentamos, igualmente, una ponencia en las II Jornadas Anticapitalistas de Zamora. Pero las críticas que se vertieron sobre nosotros, nada tuvieron que ver con el campesinado de nuestra tierra, sino que iban encaminadas a temas nacionales, pues según un grupo de nacionalistas cometíamos enormes sacrilegios al utilizar un guión entre la palabra Castilla y la palabra León y al no diferenciar claramente el campo castellano del campo leonés. Como si las problemáticas del pequeño productor agrario o ganadero en los Estados Imperialista de la UE no fuesen, en esencia, los mismos.

"Pancastellanos", "casteztales", "reaccionarios", "negacionistas"... fueron muchos los epítetos que nos dedicaron representantes virtuales del leonesismo. En la Juventud Comunista no somos de la opinión de que todas las opciones políticas sean respetables, eso se lo dejamos a los burgueses y su hipocresía. No obstante si respetamos a todos aquellos que desde una militancia antifascista y de izquierdas sienten apego por su tierra ya sean, en este caso, del País Leonés o de Castilla. Porque en nuestra ciudad hemos trabajado con ellos en numerosos movimientos sociales y porque seguramente seguiremos trabajando con ellos a pesar de las grandes diferencias que nos separan.

Pero esto no significa que los comunistas vayamos a rehusar el debate. Y menos cuando nacionalistas disfrazados de rojo se atreven a llamarnos reaccionarios con una triste argumentación que no pasa del ataque a un guión entre Castilla y entre León. Un guión que para los que ven la actualidad con anteojos de anticuario parece haberse transformado en la temible espada del mercenario Rodrigo Díaz de Vivar que vuelve por tierras zamoranas a someter al noble Reino de León. Y es que ante este tipo de provocaciones y para no evitar posicionarnos sobre este problema candente dentro del movimiento comunista, los nacionalistas merecen una respuesta. Pues el problema nacional amenaza desde hace un gran lapso de tiempo nuestra coherencia ideológica como marxistas-leninistas, convirtiendo a muchas de las organizaciones en vulgares materialistas estáticos, que le otorgan a la nación una posición preexistente a su base material, a lo que le sustenta y le da forma, el movimiento nacional.

Nuestro trabajo pretende arrojar un poco de luz sobre el actual estado en que se encuentra el debate sobre el problema de las nacionalidades en el Estado español desde una óptica revolucionaria y de clase, intransigente con todo aquello que pase por encima del internacionalismo proletario que a nuestro juicio debe ser la posición de los comunistas en torno a la cuestión nacional. Por estas razones hemos querido centrar nuestro ER nº 19 en la cuestión nacional.
Juventud Comunista de Zamora,

Enero de 2011.

..........................................................

Revolución y Cuestión Nacional

Hay a quienes les rechina eso de ser anticapitalista antes que zamoranista o leonesista. Para este tipo de elementos el sistema capitalista no es en sí mismo un problema. No diremos que nos sorprende, pues para estas gentes las clases sociales y sus luchas no son más que una anécdota que rodea al verdadero motor de la historia: la lucha entre feudos y reinos que sobrepasan la historia de los distintos modos de producción que ha conocido la humanidad y que perduran por los siglos de los siglos.

Es del todo normal que ante los ojos de estos nostálgicos del medievo metidos en política el enemigo sea el "centralismo y el capitalismo castellanopucelano". Pues pudiera parecer que estos términos son equivocados sin más y que no tienen un trasfondo político, pero precisamente son este tipo de términos el sustento ideológico de los nacionalismos del Estado español, ya que hasta los nacionalistas españoles de todo pelaje tiran del capitalismo norteamericano para explicar los males de la patria, siempre que el argumento antiyanki sirva para eximir de culpabilidad clasista a la burguesía imperialista patria.

De la argumentación "anti-pucelana" se desprende que en el Reino de León o Región, o País, o Nación o como lo quieran llamar (quizás deberían ponerse de acuerdo las distintas fracciones del leonesismo antes de darnos órdenes lingüísticas al estilo de la RAE), no existiesen clases sociales. El opresor está fuera, en Valladolid, y es el conjunto del "pueblo leonés" el que sufre esta opresión nacional independientemente de su posición respecto de los medios de producción. Pues la opresión castellana lleva al patrón de Toro, al de Villablino y al de Guijuelo a una posición de subordinación respecto del capital foráneo que le impide alcanzar sus aspiraciones como clase nacional dentro del marco del Estado español, y más en concreto de la Comunidad Autónoma Castellana y Leonesa. Así la lucha política se reduce al marco nacional o regional, pero no como lucha interna entre proletarios y burgueses, sino principalmente como lucha común hacia fuera en cuanto a que todo el "pueblo leonés" representa una comunidad de intereses contrapuesta al "centralismo pucelano" que deben combatir por igual las clases proletarias y burguesas que unidas forman este pueblo al oeste de la península ibérica.

Con esta premisa ya tenemos la base ideológica del leonesismo y de todo nacionalismo: nuestra nación está siendo saqueada y las principales contradicciones a solucionar son nacionales y no clasistas por lo que la lucha principal debe ser León contra Castilla y no Trabajo contra Capital.

Espacio Rojo 19: Revolución y Cuestión nacional (1/5)

PRESENTAMOS ESTE NÚMERO DE ESPACIO ROJO EN EL CUAL SE TRATA LA PROBLEMÁTICA DE LA CUESTIÓN NACIONAL. COMO INTRODUCCIÓN PUBLICAMOS UNOS COMENTARIOS CRÍTICOS CONTRA NUESTRO COLECTIVO.

ER 19 en kaosenlared

Estos comentarios se pueden ver en este mismo blog
Oeste Purpura:

¿Osea que el yugo capitalista no se puede aceptar, pero el yugo pancastallano si?

Vamos a ver, un poco de seriedad. El artículo comienza hablando del campo castellano (que como cualquiera pensaría parece que hablamos de los campos de Ourense, Badajóz, Almeria, o Vitoria). Luego resulta que de lo que se habla es del campo "castellano-leonés". Osea que se ve que el título niega la realidad leonesa. Finalmente, el verdugo y el malo es el capitalismo atróz, pero que nada tiene que ver con el sangrante centralismo pucelano e impulsor de las ideas pancastellanistas.

La izquierda zamorana no tiene porque sentirse leonesa, es más ni incluso castellana. Pero de ahí a negar por un lado la evidencia de un hecho cultural e histórico y por otro lado, una aterradora realidad económica de pobreza y despoblamiento del ámbito rural de la región leonesa.

Tal vez sea errado nuestro comentario, pero tal vez es hora de plantarse frente a este capitalismo pucelano, creador de CyL y manipulador de la historia de los pueblos leonés y castellano, y decir:

BASTA YA DE MENTIRAS
NOSOTROS LUCHAMOS POR ZAMORA Y SU REGION, Y NO PARA VALLADOLID Y SU AUTONOSUYA

El barquero leonés:


Zamora no es Castilla. Habláis de yugos en tono peyorativo, y sois vosotros los primeros que se los poneis a vuestra tierra. Estáis en contra del capitalismo, y os aliais con el capitalismo feroz castellanopucelano, negando la realidad de la Región Leonesa. Antes de reivindicar nada, lo primero que hay que hacer es ser coherente. ¡¡¡Autonomía y libertad para la Región Leonesa!!!

Zurriellu:


Los Pancastellanistas son españolistas disfrazaos, van de "casteztales" pero luego defienden y transigen con las "razones de estado" para contrarrestar los "separatismos periféricos" que pusieron como excusa los franquistas del Búnquer, que llevaron a crear una Comunidad Autónoma sin identidad nacional...

El pancastellanismo chovinista que niega la identidad del Pueblo Leonés es cómplice y artífice del españolismo de la Izquierda Española,como el PCE...

Dijo Lenin:
“El error de la izquierda centralista reside en el hecho que por temor a hacer el juego al nacionalismo burgués de las naciones oprimidas ha beneficiado no solamente al nacionalismo burgués, sino también al nacionalismo ultrarreaccionario de la nación opresora”

-Pues bien, el pancastellanismo al negar la realidad leonesa le hace juego a la burguesía cerealista nacional-catolicista de Valladolid (esos que se expresaron y se expresan por medio de los papeles "El Norte de Castilla"), y al mismo tiempo al Nacionalismo Español de UPD, PP y demás morraya...

Otra cosa que dejan patente los castellanistas es su carencia de identidad, al incluir al País Leonés y otras naciones como Cantabria o Murcia en su Proyecto nacional; usando como argumento la pérdida de autonomía y la aculturación de estos territorios...

Castilla es España y lo demás tierra Castellanizada!!!

Hablan de España como estado opresor y cárcel de pueblos: y lo es. Pero...
¿No sería un Estado Opresor su Ancha Castilla que niega la identidad y el autogobierno a naciones vecina y hermanas?

"Un pueblo que oprime a otro pueblo, jamás será realmente Libre"

AXEBRA AUTODETERMÍN YA SOCIALISMU

Zurriellu:

Respecto a lo del uso del término "Castellano-leonés", a mi juicio un blog que se llama Espacio Rojo no debiera ser más reaccionario y más negacionista que el articulado estatutario; que defiende la birregionalidad desde el preámbulo, y destierra el término Castellanolenés por el de Castellano y Leonés.

En tal caso deberíais de hablar de Campo Castellano y de Campo Leonés... además que los usos y produccionés son bien distintos en cada región e incluso por cada comarca...La problemática es distinta entre los campos cerealistas, que en las devesas o en las brañas ganaderas o las chousas fructícolas...

El campo Castellano-leonés no existe!!

jueves, 25 de noviembre de 2010

¡¡¡La vida es lucha!!!

(EDITORIAL DEL Nº 9 DE "NI UN PASO ATRÁS", PUBLICACIÓN ANTIFASCISTA DE ZAMORA)
Ver en Kaos

La vida está llena de ejemplos. Para lo bueno y para lo malo. Pero no entendamos “lo bueno” y “lo malo” como un problema moralista, no. Entendámoslo como una cuestión de interés social, es decir, como algo ligado a unos intereses sociales, a una clase social. Y puesto que pertenecemos a la clase obrera observémoslo conforme a los intereses políticos y sociales de nuestra clase. Porque si nos confinamos a los estrechos márgenes de la hipocresía burguesa que impregna la moral dominante en todas sus formas (la religiosa, la filosófica, la militar…) acabaremos teniendo por “algo malo” la expresión política de la rabia del explotado y por “algo bueno” la defensa policial de las propiedades del banquero. Y esto es así porque la moral dominante es la moral de la clase dominante. El conjunto de actitudes frente a la realidad que la burguesía pretende pasar por “buenas”, por “correctas”, por “aceptables”… son aquellas que le permiten mantener su posición social. “Ser pacífico”, “ser tolerante”, “ser ecologista” o “ser un trabajador eficiente” son modelos a seguir que propaga la moral y la propaganda burguesa para que el obrero asalariado se mantenga firme y libremente en la cadena de producción, más preocupado por cumplir los mandamientos sociales que le vienen impuestos que por romper las cadenas, también impuestas, que le atan al patrón y al Estado.

En la articulación social de estas normas de comportamiento hay varias constantes, pero por escandalosa, la constante de la hipocresía que destacábamos arriba merece especial mención: El trabajador debe ser pacífico y alejarse de la tentación de usar la lucha armada porque el Estado burgués y de derecho es el único legitimado para ejercer la violencia democrática y eliminar a quienes estime oportuno. El trabajador debe ser tolerante y dejar hacer al patrón su reforma laboral y al Papa sus viajes por el mundo porque la burguesía tiene su propio aparato jurídico-policial para decidir que se tolera y que no, ilegalizando organizaciones políticas y expulsando del país a las razas que no merezcan nuestra tolerancia. El trabajador debe ser ecologista y preocuparse por no ensuciar el mundo porque para eso ya están los monopolios del petróleo o la siderurgia que con sus chimeneas humeantes apuntan desafiantes, pero dentro de la legalidad, al cielo y las estrellas. Y por supuesto, el trabajador debe ser productivo, tragar polvo y sudor en su puesto de trabajo, del que debería estar agradecido, porque para vivir sin producir, para ser perezosos y cínicos, ya están los burócratas de las administraciones, los mercenarios de la pasma, los liberados sindicales y la admirada clase empresarial.

Imágenes y palabras

Una imagen vale más que mil palabras. Y la ciencia se ha encargado de demostrarlo, utilizando factores probabilísticos y estadísticos que estudian la cantidad de información que contienen imágenes y palabras. Pero en los tiempos que vivimos esto no tiene mucha importancia. Imágenes y palabras pertenecen a los capitalistas. Las combinan a su gusto en su prensa, en su televisión, en sus webs, en su cine y en su publicidad comercial. En pequeñas dosis o en grandes bombardeos desinformativos. Forman parte de la superestructura social, es decir, que se asientan sobre la estructura de la sociedad basada en la división social del trabajo y la explotación del trabajo ajeno y sirven por ello para su mantenimiento. Son el vehículo de la moral burguesa. Y en ellas suben a sus modelos, a sus ciudadanos tipo, a sus ejemplos “buenos” y “malos” para llevarlos hasta nuestro cerebro que está tan atado como lo está nuestro trabajo.

Ficción y realidad, son utilizadas por los burgueses para hacer pasar a sus figurillas como hombres y para presentarnos a hombres de verdad como figurillas. He aquí una de sus figurillas: el patriota, el hombre de Estado encarnado por Adolfo Suárez. Presentado como bueno buenísimo, como demócrata de toda la vida, como hombre que con su buen hacer y la ayuda de otros cuatro héroes patrios (Fraga, Carrillo, el Rey, Sr. X y poco más) trajo esta maravillosa democracia a España. Un ejemplo del buen “hombre” que siempre actúa en consonancia con los intereses del país, que suelen ser los del capitalismo dominante. Una figurilla, un paniguado de la burguesía monopolista española que formó desde los años 50 parte del entramado fascista del Estado español y que se quitó la camisa azul cuando las ansias de poder económico de los capitalistas nacionales reclamaron transitar de la dictadura corporativa a la parlamentaria.

Cambian las tornas. Miguel Hernández, poeta revolucionario. Militante comunista, portavoz de los oprimidos que dedicó sus mejores versos a la lucha por la destrucción del capitalismo. ¿En qué lo han convertido de cara al público? En un inocente escritor y demócrata republicano, en un utópico luchador, en un precursor de la actual dictadura burguesa. Y con este hombre han hecho lo que con todos los hombres y mujeres antifascistas de los años 30. Amoldarlos a lo políticamente correcto de nuestros días para extirpar lo que en ellos había de hombres y de mujeres: su lucha revolucionaria, su vida militante contra el capital, su fuerza y su odio contra el fascismo brutal, que era la política burguesa de la época. Hombres y mujeres rebajados a la categoría de figurillas para que formen parte del bastardo teatro de la sociedad existente en donde el que vive, y vive porque lucha para ser libre, es tildado de terrorista o de loco soñador que “ya crecerá”.

Otro ejemplo de figurilla que intentan pasar por hombre: el elemento egoísta e individual hasta rayar la cobardía. El ejemplo de ciudadano medio que nos ofrecen los burgueses de Hollywood. ¡Quien no ha visto la película de El Pianista! Se nos presenta a un polaco, que existió en la realidad, que ve estallar la IIGM desde la tranquilidad de su hogar en Varsovia hasta que es encarcelado en el Guetto. Logra escapar con ayuda y siempre escondido oye desde su refugio la lucha sin tregua entre los nazis y la resistencia polaca y partisana. Hay un momento en que parece que, cansado de todo, el Pianista va a empuñar un arma, pero no. Prefiere salvar el pellejo mientras otros luchan para que el sea libre en un futuro. El Pianista existió hasta que falleció en 2000. Podrá argumentar algún escrupuloso defensor de los DDHH, podrido por la moral burguesa, que el pobre pianista tenía miedo, que sus condiciones concretas, que bla bla bla. Ante esta figurilla, un hombre: Missak Manouchian. Armenio. Emigró a Francia después de que el imperio Turco exterminase a un millón de los suyos siendo él un niño. Ya en el país galo vivió la invasión alemana de la II GM. Missak podía haberse escondido, ya había vivido un genocidio y estaba a miles de km de su hogar. Pero Missak no era una figurilla. Era un revolucionario, un proletario militante del Partido Comunista que participó en la guerrilla urbana de París. Fue fusilado en 1944 por el ejército nazi. A sus espaldas más de 100 bajas causadas al enemigo, la mayoría altos cargos y oficiales de la Wehrmacht. Y como Missak, millones de trabajadores de todo el mundo que no se escondieron de la muerte sino que salieron a su paso para demostrar que estaban vivos, al igual que lo están hoy los insurgentes que combaten a los terroristas de la OTAN en Beirut o Bagdad.

Para nosotros vivir y ser un hombre o una mujer requiere un acto consciente del sujeto. Un proceso de auto-transformación constante, de revolucionarización de la existencia, del que observa las injusticias y decide prestar su vida a acabar con ellas. Aquí reside la vida, en luchar por ella. Y aquí reside la libertad. En tomar decisiones que rompen con la monotonía de la esclavitud asalariada, con la comodidad de la vida que nos ofrece la burguesía en la Metrópoli, y nos llevan a ser algo más que un DNI. Lo demás es existir, pero no vivir. Porque deambular por el mundo intentando que no nos salpiquen las penalidades, escondiéndonos de la historia cuando pasa por nuestra puerta, es individualismo y egoísmo. Y en ello no hay ninguna decisión libre por muy libre que se crea el que nunca ha pensado en conquistar la libertad y se limita a ser un consumidor de la última mierda puesta en el mercado por una discográfica o una empresa vinatera.

Para la clase obrera, La vida es Lucha.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Con el Sáhara, contra el imperialismo


(Octavilla de la Juventud Comunista de Zamora repartida en los últimos días)

En las últimas semanas se vienen sucediendo noticias cada vez más trágicas relacionadas con el pueblo saharaui y la represión a la que es sometido por parte del Estado marroquí.
La situación de este pueblo hermano y todas las agresiones y atentados pertrechados contra él tienen su origen en el sistema imperialista de relaciones internacionales.

En Marruecos el Estado está dirigido por la burguesía burocrática junto con la oligarquía financiera e industrial del país, aliados todos ellos de los imperialistas de la UE y la OTAN que delegaron su poder en estas facciones de la burguesía marroquí durante la descolonización del pasado siglo. Bajo la dictadura parlamentaria los burgueses marroquíes ven acrecentar sus beneficios mientras los obreros, que tienen aun menos libertades políticas que en la UE, son torturados y encarcelados como ha ocurrido ya con decenas de comunistas pertenecientes a la Unión Nacional de Estudiantes Marroquíes (Caso del “grupo Zahra” en 2008 o más recientemente de lxs camaradas Youssef El Hamdia e Ilham Hassnouni).

Por otra parte, en el Sáhara Occidental los colonialistas españoles cesaron su ocupación militar, presionados por sus socios de la OTAN, para ceder el testigo al Estado marroquí que desde mediados de los 70 controla política y militarmente la zona. El objetivo del bloque imperialista de la OTAN era mantener el control sobre todo este territorio tanto por su posición geoestratégica como por sus posibilidades económicas. Hoy empresas como Iberdrola extraen a muy buen precio energía del Sáhara. Ni que decir tiene que el pueblo saharaui jamás ha sido consultado por sus invasores sobre si desean ejercer su soberanía y ser un pueblo libre o prefieren seguir siendo sometidos y exterminados por las políticas genocidas de los imperialistas de turno.

Y es que a la burguesía internacional no le interesa lo que opina un pueblo encadenado. Pero a los obreros del mundo si nos interesa y además estamos dispuestos y decididos a combatir a los enemigos de la República Árabe Saharaui Democrática, pues son los mismos que los nuestros: los imperialistas de todo pelaje, los mercenarios del capital y los oportunistas que haciendo el juego a la burguesía reducen el problema saharaui a una mala “gestión gubernamental” ocultando que son el sistema capitalista y todos sus puntales, empezando por la ONU, los culpables de las desdichas de este pueblo africano. Por eso los que luchamos por la Autodeterminación del Sáhara, luchamos por el Socialismo como única garantía de solidaridad efectiva entre los pueblos.

Los militares marroquíes no se irán del Sáhara mientras los capitalistas manden en Marruecos. Las empresas españolas no dejaran de esquilmar los recursos de otros pueblos mientras la burguesía ejerza su dictadura de clase en el Estado español. Y pensar lo contrario sería utópico y reaccionario. Porque nosotros, al igual que nuestros camaradas de Marruecos y la RASD, comprendemos que el único futuro posible para los pueblos del mundo es el futuro rojo que será forjado por el proletariado revolucionario elevado a la categoría de clase dominante como paso indispensable para la Paz y la Libertad.

¡AUTODETERMINACIÓN PARA LOS PUEBLOS OPRIMIDOS!
¡VIVA EL SÁHARA LIBRE Y SOCIALISTA!

¡Organizarse por el Comunismo es organizarse por la libertad de los Pueblos del Mundo!

JUVENTUD COMUNISTA DE ZAMORA
ujce_zamora@yahoo.es
http://ujcezamora.blogspot.com

viernes, 24 de septiembre de 2010

Espacio Rojo nº 18: Sindicalismo y clase obrera

Descargar Espacio Rojo 18

Un poco de historia

Los sindicatos obreros nacieron en el siglo XIX a la par que el capitalismo se desarrollaba. Ante la explotación a que los sometía la burguesía, los trabajadores se asociaron para defender sus intereses económicos y mejorar sus condiciones de vida. Unos intereses que eran comunes a todos los obreros pues su posición objetiva en el régimen social productivo capitalista era, y sigue siendo, la misma: desposeídos de los medios de producción los trabajadores nos vemos obligados a vender nuestro trabajo para poder subsistir.

Los sindicatos, como primeras asociaciones de la clase obrera, significaron un gran paso adelante pues certificaron la constitución del proletariado como clase en sí, es decir, como clase consciente de sus características comunes que lo definían como sujeto social obligado por la división social del trabajo a producir para las clases propietarias.

Pero con el paso del tiempo, los sindicatos encontraron sus límites en su propia esencia. El proletariado revolucionario fue adquiriendo experiencia en su lucha de clase contra la burguesía y sus aliados, y tomó la conciencia de que para acabar con su situación de clase explotada no le valía con mejoras económicas, debía subvertir el orden social revolucionando el sistema productivo y para ello era necesario tomar el poder, destruyendo la máquina estatal burguesa y erigiendo un nuevo poder basado en los intereses de las masas trabajadoras.

En este momento, solo posible gracias a la aprehensión de las leyes objetivas que rigen el movimiento social y a las luchas de la clase proletaria, los sindicatos y los partidos social-reformistas, son rebasados por la experiencia del movimiento obrero y nacen los Partidos obreros revolucionarios. La constitución de estos Partidos supuso un salto cualitativo en la conciencia de la clase obrera que ya no solo se observaba como clase con intereses inmediatos –económicos- comunes, sino como clase independiente con un mismo fin histórico: acabar con la sociedad de clases. Estos organismos sociales, los partidos comunistas, lograron fundir en un todo indisoluble la conciencia para sí de la clase, el socialismo científico, con el movimiento obrero para destruir el Estado capitalista y construir sobre sus ruinas el Socialismo y el Comunismo.

Con el Partido obrero de nuevo tipo o Partido Comunista, el proletariado alcanzó su máxima conciencia para comprender que es objeto y sujeto de transformación social. Estos Partidos surgen en una determinada época en que se concentran la madurez ideológica y política de la clase obrera y la fase superior del capitalismo, el imperialismo, que es a la vez la época de su decadencia: los monopolios y los Estados lo controlan todo, se agudizan las contradicciones entre obreros y burgueses, entre las mismas clases dominantes, entre unos cuantos países “ricos” –opresores- y la mayoría de los países “pobres” –oprimidos-.

En este contexto, desde finales del s.XIX hasta nuestro días, las burguesías de los Estados imperialistas aumentan sus plusvalías en el mercado internacional gracias a su posición privilegiada respecto a las naciones empobrecidas que militar y/o económicamente dependen del imperialismo y sus organismos generados (OMC,ONU,FMI,BM,UE,OTAN…). Y así en los Estados imperialistas surge una capa de obreros privilegiados, de obreros que se benefician de la posición que ocupa “su” burguesía nacional en el sistema económico internacional, que tienden hacia un supuesto apoliticismo, que reniegan de los intereses de su clase social y se alían con su antagonista, con la burguesía, a la que sirven como propagandistas y correas de transmisión política dentro del movimiento obrero. Esta capa social es la llamada aristocracia obrera.


El Estado burgués y el sindicato moderno

El Estado es un instrumento de opresión de una clase sobre otra, un instrumento clasista al servicio de los dueños de los medios productivos cuyo objetivo primordial es garantizar la reproducción constante de la explotación asalariada. Socializador de la explotación para la mayoría y socializador de las ganancias para la minoría, esa que bajo el Estado burgués goza de democracia y ejerce su dictadura contra la clase trabajadora. Entre esta minoría privilegiada se encuentran actualmente los sindicatos cuya posición respecto de la “crisis” en particular y de la lucha de clases en general merece una explicación que sobrepase el tan manido argumento de reducir la problemática sindical a “unos cuantos dirigentes” que “se han vendido”.


Los sindicatos son en la actualidad las organizaciones de la aristocracia obrera. La posición social de los sindicatos en los Estados imperialistas no se debe a complicados engaños urdidos por la clase dirigente. No son unas cuantas ideas falsas bien contadas las que han hecho de los sindicatos un puntal del Estado burgués. Solo ateniendo a las relaciones de la aristocracia obrera con el resto de clases sociales se puede determinar su posición objetiva dentro del régimen capitalista.

La fase superior del capitalismo, su fase imperialista, es a la vez la fase en que las crisis de producción aumentan y el Estado burgués tiende a la descomposición, aunque esto es tan solo una tendencia histórica, una ley objetiva del desarrollo capitalista que necesita de lo principal, la actividad subjetiva para que pueda suponer algún cambio sustancial (revolucionario) en las relaciones productivas ya que si algo caracteriza al Estado burgués es su adaptabilidad a las reformas que no lo erosionan sino que lo fortalecen. Como decíamos, esta tendencia objetiva obliga a la burguesía a buscar constantemente nuevos aliados en la dirección de su Estado el cual tiene cada vez más y más competencias por el aumento y agudización de las contradicciones que genera el desarrollo del capital.

Entre estos “aliados” los sindicatos y partidos reformistas, como representantes de la aristocracia obrera, juegan un importante papel como cooperantes directos del poder y cuadros ideológicos de la burguesía dentro del movimiento obrero. Pero entre estos “nuevos” compañeros de viaje, también existen contradicciones las cuales explican el porqué de la combatividad o no del sindicalismo moderno en determinados momentos y lugares.

La aristocracia obrera está formada en los Estados imperialistas por una amplia capa de la clase obrera que participa del poder burgués, que se aprovecha de la posición de su burguesía en la división internacional del trabajo, es una capa social que, en definitiva, es la base material de los sindicatos modernos y los partidos reformistas pues estas organizaciones son producto de la existencia de esta capa social y no al revés. Y como toda clase o grupo, ésta tiene unos intereses determinados por los cuales lucha y se organiza como son la mejora de su posición económica y acceso a una mayor cuota de poder dentro del régimen político burgués. Y si estos intereses son dañados por sus socios capitalistas ellos luchan y se defienden. Porque cuanto mejor sea la posición económica de la clase obrera de un Estado imperialista más crecerán las filas de “obreros privilegiados” aumentando así la base material del reformismo y la correlación de fuerzas dentro del Estado imperialista basculará a favor de sus representantes de clase (sindicatos, partidos revisionistas…) a quienes la burguesía monopolista se verá en necesidad de darle más poder en forma de subvenciones, de escaños en los parlamentos, de puestos de dirección en empresas públicas, en Cajas de Ahorros…
De ahí que los sindicatos “defiendan” al trabajador y que el reformismo sea la “izquierda” de la dictadura burguesa abanderando las posturas más “sociales” dentro de los estrechos márgenes del Estado capitalista. Y de ahí que estos enemigos de la clase obrera hayan despertado ¡precisamente ahora! de un profundo sueño que más de 4 millones de parados no fueron capaces de quitarle. Pues los proletarios que viajan en cayuco o los obreros parados no son clientes del sindicato, pero sí lo son una parte de aquellos a los que van destinados estos “recortes sociales” promovidos por el gobierno ZP.Y ahora sí, ahora que la alta capa de la clase obrera también es atacada, sus representantes –los Toxo, los Méndez …- moderadamente nos convocan a toda clase de huelgas y movilizaciones, aunque eso sí tomando por bandera la Constitución del 78, aquella de la que emana la legalidad capitalista que impone al obrero nativo ser un esclavo asalariado y al obrero extranjero ser un paria encadenado.

De todo lo expuesto podemos entresacar que los Pactos de Moncloa, paradigma de la paz social en el Estado español, más que una traición significaron la (re)afirmación de la aristocracia obrera como “grupo” separado de los intereses del proletariado. Un “grupo” que accedió al Poder, que se integró hace décadas en el sistema imperialista y que se acomoda, según el momento, en los sillones que le ofrece la burguesía monopolista en sus parlamentos y en las mesas de negociación de convenios colectivos y expedientes de regulación, a través de los cuales el sindicato participa en la planificación económica que realiza el Estado monopolista.
Los sindicatos se han convertido en órganos de encuadramiento de masas, en perfectas correas de transmisión de la política burguesa dentro del movimiento obrero pues es ésta la característica principal de la aristocracia obrera como clase: su concreción orgánica y política en sindicato reaccionario, en partido institucional y en definitiva en reformismo social.


Organización obrera y Revolución

Hasta aquí hemos expuesto las limitaciones del sindicalismo tanto por su posición objetiva como organización dispuesta para las luchas económicas del proletariado como por su posición subjetiva en el contexto de los estados imperialistas en los que son un instrumento del reformismo burgués.


Pero entonces, ¿qué debemos hacer los trabajadores para combatir al capital?
Los trabajadores debemos organizar nuestras luchas económicas fuera de las estructuras burocráticas de los sindicatos reaccionarios -CCOO, UGT, USO, corporativistas…- y contra ellas. La unidad de clase, fundamental para conquistar nuestros objetivas políticos, solo puede sentarse sobre la base de la lucha intransigente contra los aliados de la burguesía, los sindicatos reaccionarios y los partidos de la reforma. Es fundamental que en cada lucha que se dé en cada centro de trabajo los enemigos de la clase obrera sean señalados y sus ideas de colaboración con la patronal y el Estado desenmascaradas como producto de la ideología dominante. La unidad del proletariado solo puede ser verdadera si se realiza empuñando la bandera del Comunismo como teoría revolucionaria que resume la práctica histórica de la lucha de clases del proletariado y que en otro tiempo fue elevada a concepción proletaria del mundo dirigiendo los procesos sociales que durante el último siglo se encaminaron a liberar a la humanidad de las cadenas del capitalismo y el terrorismo burgués.

La clase obrera no puede ser carne de cañón en las disputas de otras clases. Los obreros no tenemos que elegir entre aristocracia obrera o burguesía monopolista, debemos elegir el futuro de nuestra clase que pasa de forma ineludible por la destrucción del Capital y la construcción del Socialismo. No debemos seguir como un rebaño a los que un día muestran una sonrisa a los mineros y al siguiente se manifiestan junto a las asociaciones de pistoleros al servicio del Estado como el SUP y la AUGC.

En estos difíciles momentos para la clase obrera, la única forma en la que el proletariado puede ponerse a la altura como contrincante de su enemigo de clase exige de alguna forma derribar todas esas ideas preconcebidas que se nos han legado durante estos casi cien años de revolución proletaria. Es deber de los comunistas estudiar el marxismo-leninismo para poder comprender el actual momento histórico en el que se encuentra este movimiento obrero desideologizado e incapaz de hacer frente a los cada vez más furibundos ataques por parte del capital, lo que demuestra que los sindicatos si ya hace mucho tiempo habían sido sobrepasados por la organización obrera de Nuevo Tipo es decir el Partido Comunista, hoy además de perpetuar al obrero en su posición subalterna de depositario de la explotación y la miseria con su línea de acción se han convertido en uno de sus mayores enemigos y en el mejor aliado de la burguesía.

A este proceso de deshacernos de los lastres políticos legados por interpretaciones perversas e interesadas de la teoría, de la táctica y la estrategia le corresponde la formación sobre las bases sólidas e intransigentes del marxismo-leninismo la creación del movimiento consciente revolucionario que cree las condiciones políticas y sociales de crisis general del Estado imperialista, exacerbando sus contradicciones intrínsecas y solucionándolas mediante la toma del Poder por parte del proletariado organizado política y militarmente en torno al Partido Comunista.


JUVENTUD COMUNISTA ZAMORA, SEPTIEMBRE 2010

Ver Espacio Rojo en Kaosenlared