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lunes, 7 de abril de 2014

Nueva Praxis: "El sacrificio del nonato. Respuesta al PTD"

Presentación
En Marzo de 2013 los camaradas de las Juventudes Comunistas de Almería y Zamora hacían público un interesante -y desde nuestro punto de vista, acertado- documento titulado Reconstitución y movimiento juvenil. Un aporte al combate ideológico , con la intención de plasmar sus puntos de vista en torno a ciertas cuestiones fundamentales para el MCE y enriquecer las reflexiones que acompañarían a los procesos congresuales de las dos mayores organizaciones juveniles -en el aspecto cuantitativo- del campo comunista en el Estado español: los de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) y los Colectivos de Jóvenes Comunistas (CJC).
Hasta donde sabemos, el texto no obtuvo respuesta por parte de las susodichas organizaciones. No obstante, dado que en la radiografía que hacían los camaradas de Almería y Zamora del movimiento comunista juvenil se mentaba el abortado proceso de unidad entre los CJC y la extinta UJC-M, el PTD -partido heredero, precisamente, de la experiencia de la UJC-M- creyó conveniente elaborar su particular respuesta al documento antedicho.
Nuestro joven destacamento -que, por otro lado, ya tendrá tiempo de presentarse como es debido, formalmente- consideró oportuno entrar en el debate que ya estaba sobre la mesa por una serie de cuestiones: primero, como destacamento juvenil integrante del movimiento comunista que somos, las problemáticas tratadas nos afectaban directamente; segundo, dada la predisposición de cara al debate que presentan los camaradas del PTD -lo que se refleja, por ejemplo, en la acertada apuesta por  el  formato  de  cartas  públicas  para  este  tipo  de  confrontaciones  ideológicas-, creímos ésta una buena ocasión para expresar abiertamente nuestros puntos de vista, de  modo  que  el  conjunto  de  la  vanguardia  pudiera,  cuanto  menos,  conocerlos;  y, tercero, dado ese leve reposicionamiento de fuerzas que ya mentaban los camaradas de Almería y Zamora en su documento -y que, valga decir, ha seguido desarrollándose positivamente desde las fechas en las que ellos lo dijeran-, vimos útil sumar nuestras humildes fuerzas al polo del movimiento que apuesta decididamente por la Reconstitución ideológica y política del Comunismo, polo del que nos consideramos parte. Si el presente texto alcanza o no los objetivos que se proponía, le corresponde al conjunto de la vanguardia, y no a nosotros en exclusiva, determinarlo.
Por otro lado, ya explicados los motivos que nos llevaron a la redacción del presente documento, cabe alguna explicación adicional. Como podrá comprobarse, lo publicamos coordinadamente con el trabajo que los camaradas de JCA/JCZ aportan al desarrollo de este combate ideológico. Además, y hasta cierto punto, sendos textos de respuesta -el nuestro   y   el   de   los   camaradas   almerienses   y   zamoranos-   se   complementan mutuamente.
Esto no es casual, sino fruto de la coincidencia de posiciones ideológicas y de la

identificación de la necesidad de desarrollar sistemática y conscientemente la lucha de dos  líneas  en  toda  su  amplitud,  única  vía  que  permitirá  -teniendo  como  centro  el Balance del Ciclo de Octubre- la edificación de un referente de vanguardia verdaderamente revolucionario. 
El sacrificio del nonato. Respuesta al PTD
En aras de hacer este debate todo lo claro e inteligible posible, estructuraremos nuestra réplica en tres grandes apartados -teoría y conciencia revolucionarias, Reconstitución del Partido Comunista y Nuevo Poder- que coinciden con las cuestiones de mayor relevancia ideológica tratadas por el PTD en su texto y que, a su vez, nos permitirán ir hilando las contenidos de cada uno con el siguiente, en una disposición similar a la que presentan en la realidad.
Teoría y conciencia revolucionarias
Nuestros camaradas del PTD comienzan caracterizando las posiciones fundamentales de las Juventudes Comunistas de Almería y Zamora, que versan sobre las necesidades de la Reconstitución, como una desviación teoricista, lo que, para ellos, es resultado de la simple inversión del practicismo imperante en el MCE. Según dicen, esto quedaría reflejado, en su expresión más elocuente, en frases como esta:
“Pero resulta que la contradicción sobre la que camina la reconstitución del único organismo social que puede desarrollar “praxis revolucionaria” es hoy sobre la teoría revolucionaria y no sobre la forma en que se organizan las luchas económicas de las masas.” (1)
Y, para contraargumentar, comienzan cometiendo un error manifiesto. Para ellos, la teoría revolucionaria es la experiencia sintetizada de la práctica revolucionaria del proletariado internacional. No podemos estar de acuerdo, al menos completamente, con semejante afirmación. La práctica social del Ciclo de Octubre estuvo presidida por el proletariado revolucionario, pero en ningún caso se puede circunscribir a su actividad.
Por tanto, esta formulación obvia la práctica social de todas las clases ajenas al proletariado  -aunque  aquélla  esté,  efectivamente,  dirigida  por  la  ideología revolucionaria de este último- y, al aceptarla como válida, los camaradas del PTD dejan de lado, implícitamente, toda la experiencia revolucionaria en la que el campesinado haya jugado un papel motriz -quizá, por eso, se permitan el lujo de hablar de Nuevo Poder  sin  mentar  siquiera  la  Guerra  Popular-;  supone,  también,  la  irresponsable renuncia a aprender y extraer las lecciones pertinentes de toda actuación pretérita de las clases burguesas; amputa, en cierto sentido, la capacidad de desarrollo de la teoría al dar por supuestos -o, lo que sería peor, como innecesarios- los avances científicos de cada época; etcétera. El marxismo, por el contrario, ha de tener y tiene en cuenta toda la práctica social pasada -en nuestro caso, principalmente la que abarca el Ciclo de Octubre- para sintetizarla pasándola por el tamiz de la crítica revolucionaria. Quitarle ese caracter totalizador a nuestra cosmovisión es mutilarla y convertirla en otra vulgar teoría exclusivamente política o filosófica, lista para ser instrumentalizada o limitarla a guía para la acción en la reproducción del proletariado como clase subalterna y asalariada, en vez de ocupar el puesto de teoría de vanguardia en la transformación social que le corresponde. (2)
Continuando con su exposición, los camaradas incurren en nuevo error. Primero afirman  que  la lucha  de dos  líneas  ha de  estar  a la altura,  ha de  responder  a  las cuestiones prácticas candentes e inmediatas  del MCE. Hasta ahí podríamos estar de acuerdo. Pero, desgraciadamente, escasas líneas después y tras una vistosa cita de Mao, se contradicen fatalmente diciendo que el estudio y debate acerca de la construcción del socialismo no responde a las tareas inmediatas de la clase obrera del Estado español (ambas negritas son nuestras). Así, vemos como identifican, indiscriminadamente, al Movimiento Comunista con la clase obrera. Habríamos de plantearles a los camaradas algunas preguntas respecto a esto: ¿Bajo qué criterio establecéis esa correspondencia entre el MCE y clase obrera o, en otras palabras, entre el movimiento de la vanguardia y el movimiento de las masas de la clase? ¿No es esto un sinsentido si afirmais -a nuestro juicio con acierto- que no existe en el Estado español Partido Comunista? Si es menester reconstituir políticamente -reconstitución ideológica mediante- el Comunismo, es, precisamente, porque los polos contradictorios que conforman el proletariado se encuentran  escindidos,  porque  la  vanguardia  y  las  masas  no  tienen  esos  vínculos profundos, objetivos, que articulen ese organismo social que es el Partido de Nuevo Tipo. Pero estas sutilezas y ambigüedades no son, como veremos después, algo fortuito.
No obstante, abordemos algo más profusamente la cuestión de la lucha de dos líneas y las necesidades concretas, esta vez sí, del MCE. A pesar de los equívocos que hemos señalado, el PTD plantea en su texto que la tarea del proletariado  consciente es la creación de su Partido revolucionario. Bien. Mas, ¿cuáles son las necesidades concretas de  este  proceso?,  ¿cuáles  son  los  requerimientos  prácticos  que  presenta?  Dicen nuestros camaradas que el punto de partida no es la teoría revolucionaria ni las luchas espontáneas de la clase, sino las tareas prácticas revolucionarias inmediatas del proletariado  consciente  en  cada  momento  histórico.  Pero,  desgraciadamente,  no esbozan siquiera el esquema del momento histórico que vivimos, por lo que sus buenas intenciones se quedan en el papel y dejan al lector como estaba, deseando la revolución pero sin respuestas a los interrogantes que, indefectiblemente, nos abordan. 
Desde nuestro punto de vista, el momento histórico actual se caracteriza por el fin de todo un Ciclo revolucionario que se desarrolló a lo largo del s.XX, concretamente desde Octubre (1917) hasta la caída del Muro de Berlín (1989). Pero ¿qué supone este fin de Ciclo? Dadas las exigencias de la práctica revolucionaria internacional, la ideología proletaria se fue desgastando como consecuencia de las fricciones a las que la lucha de clases la sometía. Incorporó elementos ajenos que pasaron por revolucionarios, sus premisas ideológicas fueron agotándose al tener que afrontar problemáticas totalmente nuevas y, en definitiva, dejó vacíos ideológicos que rellenó el revisionismo y alrededor de  los  cuales  articuló  y  ganó  influencia  su  discurso  contrarrevolucionario.  En  una palabra: el marxismo perdió, momentánea pero generalmente, su posición de teoría de vanguardia, su capacidad de transformar, en sentido revolucionario, el mundo.
Entonces, ¿cómo repercute esto en el proletariado? Por un lado, disocia a la vanguardia de las masas -cosa que en Estado español ocurrió ya en la primera mitad del siglo  pasado-,  haciendo  imposible  toda  praxis  revolucionaria,  concepto  en  el  que creemos que los camaradas no han profundizado lo suficiente.(3) Por otro, y dada la amplitud de esta derrota coyuntural y sus profundísimas implicaciones ideológicas, priva al conjunto de la vanguardia de todo horizonte realmente revolucionario.
El PTD nos ofrece la vía rápida -o la vía suicida- para superar esta situación. Dicen:
“Solo mediante intentos de transformar el movimiento espontáneo de la clase obrera en movimiento revolucionario puede la vanguardia proletaria constatar los errores de su línea política de cara a su corrección.” (4)
Esta propuesta -que, por otro lado, no tiene nada de nueva, pues lleva fracasando décadas  y  décadas-  nos  revela  las  limitaciones  ideológicas  de  los  camaradas  y  el estrecho empirismo que profesan. Atrás dejaron aquellas vagas afirmaciones sobre la teoría como experiencia sintetizada: ahora nos ponen sobre la mesa, y sin escrúpulo alguno, la epistemología positivista como instrumento revolucionario.
Resulta, pues, que nuestros compañeros arrastran consigo todas las limitaciones que presentaba ese marxismo neonato y decimonónico que estaba profundamente influenciado por todos los recientes descubrimientos científicos -y su metodología- al ser sus portadores, usualmente, miembros del ala más progresista de la burguesía, que se veían naturalmente arrastrados por el ímpetu revolucionario de las masas proletarias.
Frente a esto, la Línea de Reconstitución plantea la lucha de dos líneas en torno al Balance del Ciclo de Octubre. En otras palabras, abogamos por la realización de una verdadera síntesis intelectual de la práctica social del pasado Ciclo sumergida profundamente  en la lucha de clases (L2L;  -conviene apuntar  que esta lucha en  lo ideológico, obviamente, continuará siendo imprescindible una vez el Partido sea reconstituido y durante todo el desarrollo del socialismo-) como método para deslindar los campos de la revolución y la reacción, desarrollar -reconstituir- la teoría en vista a las necesidades del nuevo Ciclo revolucionario que hemos de comenzar en un estadio cualitativamente  superior  al  anterior  y  construir  conscientemente,  y  resituar  el marxismo como ideología de vanguardia -revolucionaria- en los procesos de transformación social. Esto se concretiza, en un primer momento, con la hegemonía revolucionaria en la vanguardia teórica, lo que es sinónimo de la recuperación efectiva del horizonte del Comunismo.
En otro subapartado, cuyo contenido está íntimamente ligado con todo lo anterior, los compañeros del PTD nos hablan sobre su concepción acerca de la conciencia revolucionaria. Ésta, dicen, no podría limitarse al conocimiento teórico del Socialismo Científico, sino que tendría que complementarse con la adquisición de un instinto de clase proletario.
Apuntábamos algunos párrafos más arriba que su ambigua identificación entre MCE y clase obrera no era algo fortuito; nuestras sospechas se confirman ahora al ver lo que entienden por conciencia revolucionaria, pues dicen que ésta es inalcanzable sin ese instinto que según ellos se adquiere, cómo no, en el terreno de las luchas espontáneas de la clase.
Pero el marxismo ha resuelto este problema hace tiempo, y de modo diametralmente opuesto a como lo solventan nuestros camaradas. Y es que la conciencia espontánea de la clase, su conciencia en sí, tradeunionista, burguesa, es consustancial al proletariado desde que éste se conforma históricamente como clase, ya entrado el s.XIX. Por lo tanto, este planteamiento es absurdo: está claro que en el plano histórico-universal la conciencia de clase en sí precede y es precondición para el surgimiento de la conciencia de clase para sí; sin embargo, en el terreno político-concreto, la segunda surge fuera del movimiento de la primera, y por eso precisamente el Partido de Nuevo Tipo es la fusión de la teoría revolucionaria con el movimiento práctico de la clase. Para que no queden dudas al respecto: no existe ninguna clase de instinto revolucionario inherente al proletariado.
Éste se configura como clase social revolucionaria capaz de acabar con el mundo clasista y sus fundamentos -división social del trabajo y apropiación del trabajo ajeno- precisamente negándose como clase en sí. Dicho de otro modo, el proletariado revolucionario lidera el proceso de construcción del Comunismo dejando atrás sus intereses particulares en tanto que parte integrante del modo de producción capitalista, armonizando sus objetivos con los del resto de clases subalternas pero desde fuera y en oposición  al  viejo  mundo.  Y,  si  puede  hacer  esto,  es  precisamente  por  su  posición objetiva  en  este  sistema,  que  crea  y  no  deja de  desarrollar  un  antagonismo  social irreconciliable e irreformable entre una inmensa mayoría de productores y una ínfima minoría de apropiadores del trabajo ajeno, lo que se resume en la fórmula de la humanidad proletarizada que, a su vez, muestra muy gráficamente el carácter universal de nuestra clase.
Por otro lado, al divagar sobre esta cuestión, plasman su interpretación desnaturalizada del marxismo. Al separar la conciencia revolucionaria en un pensar y en un sentir, que se adquieren por vías diferentes, vuelven a subvertir lo que es en realidad el marxismo. Éste es, en tanto que cosmovisión revolucionaria, una unidad dialéctica que  comprende  los  aspectos  tanto  epistemológicos  como  ontológicos.  En  otras palabras, aúna la comprensión científica del mundo y la necesidad de su revolucionarización  consciente  en  un  todo  coherentemente  armonizado.  En  este sentido no cabe, como hacen los camaradas, separar y diferenciar orgánicamente los aspectos de interiorización de los principios del Socialismo Científico de los de transformación práctica en base a aquéllos. En su lugar -y de forma inconsciente- nos proponen, de nuevo, el marxismo como teoría u opción filosófica al servicio del movimiento espontáneo del proletariado, como instrumento para la reproducción de nuestra clase como clase dependiente y sin trascender el papel que este orden social nos tiene reservado. Por eso, frente al cientificismo burgués que limita el conocimiento de los procesos a la visualización/constatación de la experiencia concreta del laboratorio/campo de trabajo, situamos la cosmovisión integral del Socialismo Científico 
en términos de 'aprender transformando' el objeto, identificándose éste en todo momento con el sujeto y situando, por tanto, los aspectos del ser y la conciencia dentro de un mismo plano de unidad e interrelación contradictoria, teniendo en cuenta, también, que el proletariado es una clase universal, lo que nos permite -y nos obliga a- condensar teóricamente la experiencia pretérita del proletariado internacional. Del mismo modo, somos conscientes de que al no existir, a día de hoy, el organismo social revolucionario (el PC) nuestra capacidad de transformación práctica se ve limitada (la praxis   revolucionaria   requiere   de   aquél)   y   enfocada   inexorablemente   a   su reconstitución.
En fin, de poco sirven sus palabras al final del párrafo -el papel lo aguanta todo- abogando por la no supeditación de la teoría a la espontaneidad: el sacrificio llevaba hecho ya bastante tiempo.
Reconstitución del Partido Comunista
Pasamos ahora a abordar la cuestión del Partido Comunista.
Comienzan arguyendo que la vanguardia, al estar dispersa, ve mermada su capacidad de análisis. Concretan este planteamiento de la siguiente forma:
"Los distintos destacamentos comunistas existentes tienen una visión determinada por  su  más  que  estrecha  realidad  cotidiana,  lo  que  los  conduce  inevitablemente  a incurrir en grandes errores de unilateralidad en sus análisis de la realidad material, en la toma de conciencia de su situación y de cómo transformarla. Y esto inevitablemente ocurre en todo destacamento comunista del Estado español a día de hoy." (5)
Tal alegato nos parece, cuanto menos, aventurado. Y es que lo que hacen los camaradas del PTD es, sin mayor análisis, absolutizar su propia situación como destacamento, extendiéndola indiscriminadamente a todo el movimiento. Es cierto que, en parte, la situación del MCE es como describen, pero no por los motivos que aducen ellos ni del modo incondicional en que lo plantean. Porque, ¿quién se ensimisma en su estrecha realidad y práctica cotidiana?, ¿quién comete errores de unilateralidad en sus análisis de la realidad material por un insuficiente conocimiento de la misma? Precisamente es algo que los que apostamos por la Línea de Reconstitución venimos denunciando desde hace tiempo, pues es característico de todas las organizaciones comunistas  que  toman  lo  espontáneo  como  punto  de  partida  -por  mucho  que  lo nieguen de palabra, como es el caso del propio PTD-. Ese practicismo sistemático que no nos cansaremos de denunciar es premisa y resultado de las concepciones empiristas que reinan en la mayor parte del MCE; esos errores de unilateralidad nacen fundamentalmente de las carencias ideológicas que el polo reconstituyente ha señalado una  y  otra  vez.  Y  ahora  que  estas  cuestiones  se  hacen  cada  vez  más  obvias,  los camaradas del PTD apuestan por cubrirse las propias espaldas alegando, simplemente, que es normal, que a todo el mundo le pasa. Pues no, señores. Los problemas de la vanguardia  comunista  son  lo  suficientemente  serios  como  para  no  conformarse echando balones fuera; nuestra responsabilidad histórica exige un poco más de seriedad a la hora de evaluar nuestra práctica y nuestras deficiencias. En este sentido, los camaradas del PTD, al menos, demuestran ser mucho más honestos que buena parte de nuestro movimiento, al estar predispuestos de buen ánimo al debate. No obstante, como decimos, este tipo de generalizaciones no nos parecen serias. Principalmente, porque atentan contra el marxismo y reflejan un trasfondo ideológico positivista. Lo que subyace a esta tesis es la idea de que sólo la yuxtaposición cuantitativa de elementos de vanguardia con diferentes experiencias particulares puede engendrar posicionamientos ideológicos correctos; que la suma de pequeñas verdadas experimentales desembocará en la capacitación para -como dicen ellos- la creación del Partido Comunista.
Todo lo anterior no quiere decir que nosotros -nos referimos a los que defendemos y aplicamos la Línea de Reconstitución- no podamos caer -y, quizá, caigamos de hecho- en errores de unilateralidad o de cualquier otro tipo. Lo que queremos expresar es que, lo que señala ese extracto del texto del PTD es, precisamente, resultado directo de las posiciones que tanto ellos como la mayor parte del MCE sostienen y se niegan a cuestionar.
En contraposición a ese planteamiento positivista, el polo reconstituyente de nuestro movimiento pone sobre el tapete un Plan en verdadera coherencia con la dialéctica materialista, que parte de la ideología como único motor capaz de resolver conscientemente  las  contradicciones  que  separan  a  la vanguardia  comunista  de  las masas de  la clase o, en otro plano, como única vía posible para superar todos los obstáculos y prerrequesitos que impiden la conversión de la conciencia revolucionaria en genuina praxis revolucionaria.
Posteriormente manifiestan sus puntos de vista respecto al proceso de creación del PC. Queda resumido en esta frase:
"Aceptamos  que  el proceso de creación  de  este  partido no se  caracteriza  por  la unidad formal y la convergencia en la práctica de las luchas de resistencia de la clase, sino que esto último debe ir acompañado del estudio y el debate de la experiencia del movimiento comunista, así como de la organización de la lucha de dos líneas” (6)
Como vemos, para nuestros camaradas la reconstitución del Partido Comunista se limita a esa convergencia entre los destacamentos en los frentes de Resistencia (7), lo que acompañan (!) con el estudio y la confrontación ideológica. Pero el modo en que disponen los elementos en esta ecuación no es, tampoco, casual. De esta forma, queda patente que lo principal para ellos es la intervención en los movimientos espontáneos, lo que aderezan con una organizada lucha de dos líneas entre destacamentos.      
Inmediatamente después dicen considerar de igual importancia el aspecto teórico y el práctico,  así  como  manifiestan  su desacuerdo  con que  la resolución de  la cuestión ideológica sea la primera parte del Plan político (JCZ/JCA).
Ante eso, hemos de realizar nuevas puntualizaciones. Dada la caracterización que hemos hecho en el primer apartado del presente texto, referida al fin del Ciclo revolucionario y a sus consecuencias, conviene expresar la falsedad de la tesis según la cual, en el momento presente, la teoría y la práctica tengan una importancia pareja. Esto no quiere decir, de ninguna de las maneras, que aboguemos por la separación de la teoría y de la práctica. Al contrario, significa que, dado que toda contradicciión tiene un aspect principal, éste es, ahora, la teoría. En otras palabras: la tarea práctica que se le impone incondicionalmente a la  vanguardia marxista-leninista es la reconstitución de la ideología proletaria como punto de partida para la rearticulación del movimiento politico revolucionario. Como decíamos en aquel breve diagnóstico del momento histórico actual, el marxismo ha  perdido  su  posición  de  teoría  de  vanguardia.  Éste  es  el  aspecto  crucial,  el  eje alrededor del cual se articula la incapacidad de intervención política masiva y revolucionaria de los comunistas. Y no es posible resolverlo con más práctica ciega situada a la retaguardia de cada lucha espontánea. Los problemas de la vanguardia no los pueden resolver las masas: es capital comprender esto. Por eso, en la contradicción teoría/práctica  -o,  en  otro  plano,  la  constituida  por  ideología/política-  el  aspecto principal lo ocupa la teoría -la ideología-. Por eso nuestros camaradas de Almería y Zamora sitúan correctamente la resolución del problema ideológico -reconstitución ideológica- como premisa necesaria para la reconstitución política del Comunismo como movimiento revolucionario (Partido Comunista). Evidentemente, las cuestiones ideológicas siguen desarrollándose también -en lucha de dos líneas- tras este primer hito, pero la naturaleza de esas problemáticas serán completamente diferentes por el contexto en el que se inscriben. Nos parece que los camaradas del PTD no han reflexionado lo suficiente sobre esto, y por eso no perciben la centralidad de lo ideológico en esta etapa de la reconstitución.
Seguidamente, querríamos anotar algo sobre la cuestión de la práctica. Y es que resulta grotesca la terrible simplificación, la estrechísima concepción del término de que hace gala el conjunto del MCE y, también, particularmente, el PTD. Nos permitiremos aquí  trasladar  extensamente  un  célebre  párrafo  de  Lenin,  por  poco  que  nos  guste recurrir a citas:
"Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario. Jamás se insistirá bastante sobre esta idea en unos momentos en que a la prédica de moda del oportunismo se une la afición a las formas más estrechas de la actividad práctica. Y para la socialdemocracia rusa, la importancia de la teoría es mayor aún, debido a tres circunstancias que se olvidan con frecuencia. En primer lugar, nuestro partido sólo empieza a organizarse, sólo comienza a formar su fisonomía y dista mucho de haber ajustado sus cuentas con las otras tendencias del pensamiento revolucionario que amenazan con desviar el movimiento del camino justo. Por el contrario, precisamente los  últimos tiempos  se  han distinguido (como predijo  hace ya mucho Axelrod a los "economistas") por una reanimación de las tendencias revolucionarias no socialdemócratas.  En  estas  condiciones,  un  error  "sin  importancia"  a  primera  vista puede tener las más tristes consecuencias, y sólo gente miope puede considerar inoportunas o superfluas las discusiones fraccionales y la delimitación rigurosa de los matices. De la consolidación de tal o cual "matiz" puede depender el porvenir de la socialdemocracia rusa durante muchísimos años" (8)
No obstante, nuestra situación difiere de la socialdemocracia de 1902. Estamos en un momento aún anterior. Para los compañeros del PTD la situación en el Estado español es análoga a la de Rusia en 1895. Tal y como nosotros lo vemos, estaríamos en un momento precendente que, además, presenta particularidades totalmente nuevas en la historia del MCI.
Y es que nuestro movimiento no sólo está disperso ideológica, política y organizativamente en pequeños círculos o destacamentos, sino que, como ya hemos dicho múltiples veces a lo largo del texto -es fundamental comprender esta novedad histórica- es necesario, además, reconstituir la ideología. Ni Lenin ni ninguno de los clásicos tuvo que enfrentarse nunca a los obstáculos que presenta la rearticulación de un movimiento revolucionario tras todo un Ciclo que recorre cerca de tres cuartos de siglo, termina con una derrota general del proletariado y entroniza al revisionismo en la vanguardia teórica por la inoperancia coyuntural del marxismo revolucionario. Cuando asemejan la situación actual a la de Rusia en 1895 y sus Uniones de Lucha, obvian esta coyuntura de repliegue general que marca toda una época.
Además, centrándonos ahora en el plano político, el proletariado no está en la situación de entonces. Por las caracterísiticas propias del imperialismo y de este interregno intercíclico la clase está sumida en un profundo letargo que poco a poco va rompiendo. Pero aquí vemos de nuevo las limitaciones de esa práctica que defienden nuestros camaradas. Por lo superficial del análisis en que basan su actuar, acuden -física o testimonialmente- de forma inmediata a todo conflicto político que estalla en la vida social del Estado español esperando encontrar ahí, por fin, al proletariado, para fundir su socialismo -acientífico- con ese instinto de clase -en sí-. ¿Cuál es el resultado de todo esto? Quedar a la zaga, no ya del proletariado, sino, principalmente, de la aristocracia obrera y la pequeña burguesía.(9) Esto puede suceder por dos vías, directa o indirectamente. En el primero de los casos, suponiendo que allá donde acudan no se ventile nada de interés para el proletariado; en el segundo, suponiendo que intervengan en una lucha resistencial verdaderamente proletaria: al quedar a la zaga de ese movimiento quedarán también, antes o depués, tras la estela de tal o cual fracción burguesa, pues el proletariado en su movimiento espontáneo no puede evitar sucumbir, por lo general, ante los intereses de clases subalternas pertenecientes al bloque de poder -cuando no ante la misma oligarquía financiera-. Esto se puede constatar con toda claridad en las campañas democráticas que realiza el PTD, en su defensa de lo público y en su republicanismo (10), por poner solo tres ejemplos.
Sin embargo, esto poco tiene que ver con un verdadero proceso de reconstitución partidaria. Lo cierto es que el PTD se muestra incapaz de percibir la gradación de las contradicciones e impotente a la hora de diferenciar la principal de las secundarias. En este sentido, no alcanzan a ver que en la formación social del Estado español -así como en la absoluta mayoría de Estados capitalistas-, a día de hoy, la contradicción principal en la lucha de clases se mueve en el terreno de las facciones burguesas en pugna entre sí, y no, como otrora, entre la burguesía y el proletariado revolucionario.
No obstante, habiendo hablado ya lo suficiente de los requisitos ideológicos de este proceso, comentaremos someramente su plasmación política.
Lo que aún no ve la mayor parte de la vanguardia es que la práctica, ese concepto manoseado hasta lo obsceno, no se circunscribe a acudir a las amplias masas de la clase -o intentarlo- esperando una interacción inmediata con ellas. Como decía ya Lenin, el concepto de masas varía según el estado del movimiento revolucionario. Por ello, lo que es fundamental es definir cuáles son nuestras masas en cada  momento,  lo  que se determina en relación a su posición respecto de la vanguardia comunista, es decir, respecto de la conciencia revolucionaria. De tal definición surge la línea de masas que ha regir la actividad consciente de la vanguardia en cada momento. Y actualmente la reconstitución implica la acumulación de fuerzas en torno a la vanguardia. La acumulación de fuerzas de las amplias masas se materializa como Guerra Popular. Curiosamente, como hemos apuntado ya, nuestros camaradas del PTD hablan en su texto de Nuevo Poder pero no dicen ni una palabra de la estrategia militar que posibilite su edificación.
Pero  volviendo  al  momento  actual  y  a  la  línea  de  masas  adecuada,  hemos  de remarcar de nuevo que ésta tiene como eje la ideología. En otras palabras, el incipiente movimiento de vanguardia se articula, en lucha de dos líneas,  alrededor  de  las conquistas ideológicas que vamos arrancando de la realización del Balance. Cristaliza, asimismo, en el surgimiento y desarrollo de destacamentos de vanguardia cuya razón de ser, precisamente, es haber sido ganados -ideológicamente- para el Comunismo. Al mismo tiempo, lo que en un principio es un movimiento disperso se va estructurando con tareas y trabajos comunes y planificados que amplían la capacidad de incidencia de la vanguardia revolucionaria y ensanchan su radio de acción en relación a la vanguardia teórica no-marxista ajustando cuentas con ella, negando y asimilando -superando en todo el sentido dialéctico del término- sus doctrinas. La teoría marxista vuelve a estar a la altura de las necesidades históricas -se establece la Línea General de la Revolución Proletaria Mundial- y el Comunismo tórnase en horizonte plausible para el conjunto de la vanguardia -teórica-: se puede dar por reconstituida la ideología. En el transcurso de esta fase nos encontramos, es la defensiva política estratégica.
El equilibrio político estratégico se caracteriza por la aplicación de la Línea General a las condiciones concretas del Estado español. Queda establecida la Línea Política del Comunismo para nuestra realidad estatal internacional. Se termina de hegemonizar la vanguardia teórica en sentido revolucionario y se inicia el acercamiento a la vanguardia práctica, creando organismos que confronten con el oportunismo y el revisionimo en los frentes de resistencia.
En la última fase de la reconstitución, la ofensiva política estratégica, se vinculan las necesidades concretas de las masas con el objetivo estratégico de la Comunismo, lo que se traduce en Programa. Se desarrollan los organismos generados y las fracciones rojas. Llegado este proceso a cierto punto, se puede dar por reconstituido el Partido Comunista y se inician los preparativos de la Guerra Popular.
Como verá el lector, la Línea de Reconstitución(11) -expuesta aquí esquemáticamente-, que sintetiza adecuadamente las últimas y más elevadas experiencias de reconstitución partidaria -como la del PCP- poco tiene que ver con la nebulosa y vaga propuesta que nos ofrece el PTD. Esta organización pretende crear el Partido durante la discusión de un Programa -y mediante la confrontación ideológica que provocaría-, y la elaboración de éste desde la intervención en las luchas espontáneas del proletariado. Como resultado obvio de esta fórmula errónea tendríamos un Programa de mínimos democráticos como señuelo de cara a las masas, la perpetua escisión de éstas con la vanguardia y la sempiterna postración de la última ante la ideología burguesa. En definitiva, el proceso revolucionario queda liquidado antes incluso de dar el primer paso real en el oscuro sendero que nos proponen.
Para justificar esta táctica-proceso que se desarrolla sobre la marcha -a diferencia de la Línea de Reconstitución, que plantea una táctica-plan totalmente consciente y que avanza a iniciativa de la vanguardia- traen a colación diferentes relatos históricos que versan sobre las trayectorias de Marx, Engels y Lenin. Pero, entendemos que sin malicia ninguna, lo que nos presentan son más bien las historias particulares de grandes figuras del marxismo y no elementos universales de constitución partidaria. Ninguno de los clásicos fue portador del Comunismo desde el día de su nacimiento, todos ellos llegaron al y asimilaron -o, en el caso de Marx y Engels, fundaron- el Socialismo Científico mediante procesos individuales concretos. No se puede hacer tal ejercicio de prestidigitación (llegan incluso a justificar su practicismo alegando que Marx, antes de haber roto completamente con los hegelianos de izquierda, ya estaba involucrado en política).  ¡Esto  no  es  ni  puede  ser,  obviamente,  un  ejemplo  de  praxis  comunista, señores!; no se puede identificar el desarrollo político-personal de tal o cual individuo como vía incondicional y necesaria de construcción la vanguardia comunista en su conjunto. Aclaremos esto: seguramente -y como dicen ellos mismos a través de una cita de Ludo Martens, aunque dándole un sentido erróneo, pues el PTB no es ni ha sido un Partido  de  Nuevo  Tipo-  buena  parte  de  los  que  hoy  componemos  los  sectores interesados activamente en la reconstitución hemos pasado en algún momento por las luchas de resistencia de la clase -sindicato, movimiento estudiantil, etc.-. Pero nuestras historias individuales no se pueden identificar con el proceso general mediante el cual el Socialismo Científico se fusiona con las masas. Principalmente, porque los elementos de vanguardia  en  condiciones  de  desarrollar  un  incipiente  movimiento  comunista  van, antes o después, a la teoría y no esperan a que ésta les sea traída  desde fuera. Es importante  comprender esto pues, de lo contrario, y como muestra el caso de los camaradas del PTD, se pasa del materialismo histórico al idealismo histórico de corte teleológico. Como mostraba Lenin:
“Esto no quiere decir, naturalmente, que los obreros no participen en esa elaboración. Pero no participan como obreros, sino como teóricos del socialismo, como los Proudhon y los Weitling; dicho con otras palabras, sólo participan en el momento y en la medida en que logran, en grado mayor o menor, dominar la ciencia de su siglo y hacerla avanzar.”(12)
Además, conviene recordar que el contexto en el que se desenvolvieron Marx y Engels era todavía el de acumulación de fuerzas del proletariado en el plano económico. Es la época del partido obrero de viejo cuño y del sindicato. La revolución proletaria, aunque estaba planteada teoréticamente en sus lineamientos fundamentales, no era todavía  una  posibilidad  material  inminente.  Incluso  la  Comuna  de  París,  efímera  y relativa excepción, confirma esto al haber acontecido sin la influencia masiva de las ideas marxistas y de forma relativamente espontánea, pues el poder, prácticamente, cayó en manos del  proletariado  en vez de haber sido edificado por éste de forma consciente en contraposición al de la burguesía. Asimismo, el contexto en que viven Lenin y los Bolcheviques dista del nuestro. Precisamente él desarrolla los fundamentos teóricos -y los pone en práctica- del Partido de Nuevo Tipo. Pero la efervescencia del proletariado ruso -e internacional- de principios del s.XX nada tiene que ver con la situación actual de derrota y reflujo del movimiento obrero. Del mismo modo, los requerimientos para la constitución del Partido en ese marco histórico son menos exigentes, en cierto sentido. Lo que ya se ha desprendido del Balance del Ciclo de Octubre es que el paradigma revolucionario establecido en una época determinada -y relativamente válido sólo para la misma-, se vuelve inoperante con el desarrollo de la lucha de clases por los límites históricos obvios que presenta.
En cambio, una experiencia mucho más cercana -aunque, claro está, no extrapolable mecánicamente-   a   nuestro   contexto   es,   como   apuntábamos   antes,   la   de   la reconstitución del Partido Comunista del Perú (conocido como Sendero Luminoso). Como nuestros camaradas del PTD conciben la teoría como práctica sintetizada del (¡y sólo del!) proletariado, quizá obvien lo vivido en Perú precisamente por haber sido articulado de forma  principal  en torno  a las masas  campesinas  como fuerza motriz de la Guerra Popular.
Esperamos sinceramente que los camaradas del PTD reflexionen, a tenor de todo lo expuesto hasta aquí, sobre las implicaciones políticas e ideológicas de una práctica basada en el inmediatismo ciego y en la insuficiente asimilación de los principios del Socialismo Científico.
Nuevo Poder
Continuando con nuestra exposición pasamos ahora a tratar la cuestión del Nuevo Poder. Los camaradas del PTD, como es de esperar, conciben aquél en el sentido espontaneísta y resistencial que envuelve todos sus postulados, dejando entrever la clásica lógica insurreccional que domina en todo el MCE. Trasladamos aquí el párrafo en que resumen el modo en el que entienden el Nuevo Poder:
“Pero consideramos también que la incorporación de las masas al Nuevo Poder sólo puede impulsarlas la vanguardia revolucionaria interviniendo, introduciendo el elemento consciente desde lo existente y desde las luchas parciales y espontáneas por reformas, por  la  mejora  de  sus  condiciones  de  vida  a  pesar  de  ser  dentro  del  marco  del capitalismo. Se trata de la introducción del elemento consciente empleando como catalizador a esas luchas por reformas que se dan en los diferentes frentes (estudiantil, obrero, anti-imperialista, feminista, democrático, republicano, antifascista…). De la conexión con las inquietudes espontáneas y estrechas de las masas, obreras y populares, y de la elevación de su nivel de conciencia; se las encaminará hacia la conformación de las partes que compongan el Nuevo Poder. En este sentido, el trabajo de fusión del socialismo científico con el movimiento obrero para conformarlas tiene mucho camino que recorrer, adecuándose la táctica en cada momento en virtud a las posibilidades de desarrollo de ese Nuevo Poder. A día de hoy, está pendiente la vinculación con las masas en los frentes por las reformas y el trabajo dentro de los mismos con el objetivo descrito. Sin vinculación con las masas no hay elevación de su nivel de conciencia; sin elevación del nivel de conciencia no hay desarrollo del Nuevo Poder; sin desarrollo del Nuevo Poder  no  hay  contradicción  entre  el  viejo  poder  y  el  nuevo,  no  hay  estallido revolucionario para imponer el nuevo poder sobre los escombros del viejo poder burgués.” (13)
Como vemos, y en clara continuidad con todo lo anterior, su comprensión del Nuevo Poder no es sólo limitada, sino también ajena a cualquier postulado leninista. Antes que nada, hemos de señalar que en todo el apartado que dedican al Nuevo Poder, no hacen mención alguna de su vinculación con el Partido Comunista y la Guerra Popular. En sus labios, pareciera que el Nuevo Poder puede surgir independientemente de ambos.
En su esquema, la vanguardia revolucionaria -y no el PC- incorpora a la masas al Nuevo Poder en el transcurso de su intervención en el movimiento espontáneo del proletariado. Según dicen, el elemento consciente se insufla usando como catalizador las luchas por reformas. Una vez más sacrifican la ideología revolucionaria en favor de la espontaneidad y le arrancan todo contenido revolucionario. Al contrario de lo que ellos plantean, el único organismo social capaz de revolucionar las aspiraciones inmediatas del proletariado es el Partido Comunista porque es ya la vinculación objetiva del Socialismo Científico con las masas. Éste (el PC)  crea un movimiento revolucionario independiente ideológica y políticamente mediante el cual puede, esta vez sí, incorporar a las amplias masas de la clase al proceso revolucionario. Pero no a través de la propaganda y la intervención en la retaguardia de estos movimientos espontáneos, como nos proponen, sino usando la Guerra Popular y, precisamente, contra esas organizaciones que pugnan por reformas.
Como guinda de este amargo pastel colocan el estallido revolucionario, la anunciada y cuasi bíblica insurrección final en la que tienen fe casi todos los destacamentos del MCE. Este despropósito nace de las concepciones evolucionistas que como hemos visto a lo largo del texto profesan sin reparo alguno, lo que desemboca en este fatalismo histórico propio de una particular visión de la dialéctica hegeliana o de un decimonónico materialismo vulgar. Tal y como ellos ven el problema (el del PC, el del Nuevo Poder, el de la Revolución en conjunto...) todo se resume en una suma plana y simple de hechos positivos que terminan resolviéndose por la propia marcha de los acontecimientos. Nada nos dicen sobre la resolución consciente de contradicciones como elemento fundamental de todo proceso social revolucionario. Como decían los padres de nuestra cosmovisión:
"Para nosotros, el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que ha de sujetarse  la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual."(14)
Valga decir, entonces, que la revolución no es el acto final que culmina una maduración pacífica del Nuevo Poder. La revolución es, opuestamente, el proceso total y consciente de edificación del Comunismo que arroya todas las relaciones económicas, políticas e ideológicas de opresión y explotación. Y, en ese proceso, el Nuevo Poder constituye la materialización y puesta en práctica de la dictadura de clase ejercida por las masas proletarias alrededor del Partido como eje vertebrador.
Así, vemos como para el PTD el Nuevo Poder es exactamente lo mismo que el FOPS del PCPE -aunque, otra vez más, lo nieguen de plabra- o el FUP del PCOE: una estructura de reivindicación económica que no puede subvertir el orden social dado porque parte de él y no dispone de los instrumentos necesarios (pues ha renunciado a ellos desde un primer momento) para destruirlo.
En conclusión, podemos decir que no hay Nuevo Poder sin Guerra Popular; no hay Guerra Popular sin Ejécito Rojo -punto sobre el que no hemos entrado en este texto pero del que tampoco se puede, deningún modo, prescindir-; no hay Ejército Rojo sin Partido de Nuevo Tipo reconstituido; y, finalmente, no hay Partido reconstituido sin ideología reconstituida a través del Balance en lucha de dos líneas.
*****
Los camaradas del PTD, a pesar de esa buena voluntad de la que no dudamos, están lejos de poder ofrecer al proletariado una opción distinta o siquiera levemente menos mala -si existiera esto- de la que plantean el grueso de los destacamentos que forman el MCE. Esto es así porque parten, como aquellos, de las mismas premisas ideológicas caducas que se establecieron en el curso del clausurado Ciclo revolucionario de Octubre. Aunque muestran una predisposición de cara al debate que es de agradecer, su práctica política está peligrosa y objetivamente en la extrema derecha del MCE. Les invitamos honestamente a replantearse ese paradigma que han asimilado  acríticamente  y  a evaluar con mayor rigor la historia del MCI y todo el Ciclo pasado, así como su práctica actual, en aras de comprender mejor las necesidades reales que presenta la articulación de un movimiento verdaderamente revolucionario en el Estado español en nuestros días.
Nueva Praxis, Marzo de 2014
NOTAS:
(1) JCA y JCZ, Reconstitución y movimiento juvenil. Aporte al combate ideológico, página 7. 
(2) Esta matización no es, de ningún modo, gratuita. Lo que hacen los camaradas del PTD es, en última instancia, reducir la lucha de clases a la pugna entre el obrero y el patrón. Y, como veremos a lo largo del texto, esta concepción errónea domina todos sus postulados: para el el PTD, la revolución no deja de ser la simple extensión, sin mediación dialéctica  ni solución de continuidad alguna, de la lucha del proletariado como clase en sí. Contrariamente, el marxismo estudia las relaciones del proletariado con todas las clases sociales y fracciones de clase, y propugna la creación de un movimiento  nuevo e independiente que, en colisión frontal con el viejo mundo, sus estructuras, instituciones, etc., edifique una nueva sociedad. Lo que implica, a su vez, que el proletariado revolucionario se niega a sí mismo como clase con intereses  particulares,  todo  lo  contrario  de  la  apuesta  que  realizan  nuestros camaradas.
(3) Decimos esto porque plantean que nuestros quehaceres son  las tareas prácticas revolucionarias inmediatas del proletariado consciente en cada momento histórico (?). Tal formulación, además de harto nebulosa e incluso, podríamos decir, vacua, deja ver la incomprensión del PTD respecto a la naturaleza de la praxis revolucionaria. Ésta presenta como condición previa la existencia del PC, por lo que  plantear  la  necesidad  de  práctica  revolucionaria  para  la  constitución  del  instrumento  que posibilite esa misma práctica revolucionaria es un completo sinsentido. Como caracterizan los camaradas del PCR en la Nueva Orientación, nos encontramos en la fase burguesa de la revolución, es decir, en la etapa de rearticulación del movimiento independiente del proletariado revolucionario.
 
(4) Respuesta  del  PTD  al  documento  “Reconstitución  y  movimiento  juvenil.  Aporte  al  combate ideológico.”, de las JJCC de Almería y Zamora.
 
(5) Ibídem
 
(6) Ibidem
 
(7) Para muestra, un botón: tras haber redactado esta respuesta y poco antes de proceder a su publicación, el PTD  anunció  que se fusionaría en una sola organización con los exCJC Castilla La Mancha y los renegados de UP.
 (8) V.I. Lenin ¿Qué hacer?
(9) De hecho, y confirmando la justeza de nuestros análisis, el PTD hizo público este Marzo que se presentaría  a  las  primarias  de  la  iniciativa  Podemos,  cuya  cara  visible  es  el  pequeñoburgués oportunista -y chauvinista- de moda en las tertulias del capital, Pablo Iglesias.
(10) Precisamente, mientras ultimamos la redacción de esta misiva, el PTD ha sacado un artículo llamado La república democrática y el socialismo. En él no hacen más que confirmar nuestros análisis y demostrar que, prácticamente, renegaron hace mucho del marxismo. Se enfangan -¡como los que ejecutan esa violencia vanguardista que denuncian!- en sempiternas formas de transición hacia, precisamente, la etapa de transición que es el socialismo. Pero que juzgue el lector, pues aquí ya hemos tratado de desmontar los presupuestos ideológicos en los que el PTD basa toda su práctica reaccionaria.
(11) Para ampliar recomendamos la lectura de El debate cautivo, texto del MAI que polemiza con el PCE(r), donde se expone este punto más profusa y precisamente.
(12) Ibídem
(13) Respuesta del PTD al documento “Reconstitución  y  movimiento  juvenil.  Aporte al combate ideológico.”, de las JJCC de Almería y Zamora.
(14) Marx y Engels, La ideología alemana

miércoles, 26 de marzo de 2014

(RP) La lucha de resistencia y la labor revolucionaria

Tras seis años de aguda crisis económica, el resultado de la política de reformas está a la vista de todos, tan nítida como cruda es la realidad: Las masas no se encuentran más cercanas a la revolución, sino defendiendo sus intereses inmediatos. La práctica cómo criterio de la verdad, debe de servirnos para comprender una realidad que llevamos tiempo defendiendo: las masas por muy castigadas que estén no van a revolucionar su consciencia en ausencia de referente revolucionario, ni la crisis económica por muy dura que sea va a permitir la reconstitución del Partido Comunista, tarea que debe de dirigir la vanguardia de manera consciente, y no dejarla sujeta a los vaivenes de los movimientos espontáneos. El sindicalismo (cómo todo movimiento de resistencia) no puede generar revolución, al serelemento reproductor de la conciencia inmediata, no busca la superación del capitalismo, sino mantener y mejorar la forma de existencia en el seno del mismo. Hemos de reseñar sobre dicha lucha espontánea que de ningún modo pretendemos menospreciarla, puesto que es completamente normal y justo que las masas luchen  por su pan. No obstante los que nos consideramos marxistas, debemos situar dichos movimientos espontáneos en el lugar que ocupan objetivamente, teniendo presentes que la consciencia revolucionaria sólo puede introducirse en el movimiento obrero desde fuera del mismo, tal y como nos demuestra Lenin en el ¿Qué hacer?

            Haciendo un breve repaso a los últimos tiempos, podemos observar cómo se ha ido dando una crisis de representatividad, fruto del desplazamiento de parte de un importante sector compuesto por aquellos asalariados más privilegiados, la aristocracia obrera. Dicho desplazamiento se ha ido dando a todos  los niveles, por un lado vía privatizaciones pero también a nivel político e ideológico, debilitando algunos de los mecanismos de los que se servían para negociar sus intereses con el resto de la clase dominante, principalmente la negociación colectiva, pero también fortaleciendo la opinión pública contra los sindicatos mayoritarios. La proletarización de una capa nada desdeñable de éste sector es sin duda la base de la mayoría de movimientos que se vienen sucediendo de un tiempo hacia aquí. Ni el revisionismo ni el oportunismo (de socialdemócratas a anarcosindicalistas) han podido siquiera posicionarse cómo dirigentes de las luchas inmediatas de las masas y mucho menos elevarlas, cuestión que se hizo patente en el primer y a la vez mayor -tanto en número cómo en profundidad- movimiento social de los últimos tiempo, el 15-M. Una parte significativa del campo revisionista planteaba dirigirlas "desde los bordes" al centro de trabajo, es decir: convertir luchas políticas en luchas económicas, probablemente llevados por la nostalgia de un sindicalismo "de clase y combativo" que intentan reconstruir para dar cobertura a la aristocracia obrera radicalizada a la vez que con ello esperan rellenar el espacio dejado por el desplazamiento del sindicalismo dominante, pero todo ello llevado con el mayor desprecio, puesto que no podían permitirse que unos indignados interclasistas arruinaran campañas electorales. Posteriormente tras el inevitable desgaste de una lucha espontánea las masas en sus movimientos pasaron a un corporativismo de tipo gremial, más estrecho, sin quedar ya rastro de esa crítica contra distintos aparatos estatales y ya si, de la mano de los sindicatos mayoritarios y con mayor presencia de nuestros revisionistas esta vez bajo la forma de marchas de colores, cuyos  objetivos eran similares.

            Así, sin grandes sobresaltos para el bloque dominante y tras tres huelgas generales, más parecidas a un teatro, para limitar la progresiva pérdida de presencia de CCOO y UGT llegamos a la última intentona de generar movilización, con la marcha de la dignidad, creadas por todo tipo de formaciones, desde la "izquierda" parlamentaria y extraparlamentaria hasta el sindicalismo "alternativo", a lo que se suman organizaciones consecuencia del 15-M como la PAH. Además algunos grupos más “radicales” que critican las “formas” del 22M, pero coinciden en su contenido, también aparecen aquí. Lo que nos indica que más allá de nobles intentos de rebasar los límites del sector  integrado en el régimen, estas marchas no hacen más que encuadrar a la "ciudadanía" dentro del programa reformista de la aristocracia obrera . 

            La solución a la desesperada situación de millones de personas, no pasa por intentar mejorar la situación dentro de un sistema que ya nada puede ofrecer de progresista, que de hecho en su reestructuración se ve obligado a expulsar a parte de aquel sector acomodado de los obreros y que tan buenos servicios les ha hecho amortiguando la lucha de clases a base de reproducir la ideología dominante. La solución sólo puede basarse en la ruptura radical del sistema, implantándose la dictadura revolucionaria del proletariado encaminada al comunismo, para lo cual es necesaria la independencia política e ideológica de nuestra clase, desterrando al basurero de la historia a los cantos de sirena reformistas, que no tienen nada que ofrecer salvo la perpetua explotación del hombre por el hombre, a pesar de que lo hagan en el nombre de la revolución.

            Sin embargo y pesar de que se dan las condiciones objetivas para desencadenar la guerra revolucionaria, no existen las condiciones subjetivas. El “comunismo” existente hoy en día cómo ideología se reduce a reformismo en su gran mayoría y como movimiento político a un mar de siglas que intentan infructuosamente ligarse con las grandes masas y celebrando cada poco tiempo actos de “unidad comunista” que no llevan a ninguna parte salvo a la posterior desintegración en la mayoría de ocasiones. Esta desorientación y desintegración de nuestro movimientoviene determinada por la incapacidad del marxismo actual de dar respuestas, fruto de su transformación en revisionismo. La prioridad hoy por hoy consiste precisamente en la aplicación del propio marxismo al marxismo, estudiando, analizando y contraponiendo las diferentes posiciones en base a la experiencia revolucionaria inaugurada por la Revolución de Octubre y que colapsó en la última década del pasado siglo, rescatando todos aquellos elementos válidos y comprendiendo las limitaciones que sufrió la ideología y que nos llevó hasta el momento de postramiento actual. Se trata a fin de cuentas de poner la ideología a la altura de las circunstancias, a un nivel más elevado y desarrollado en base a la lucha ideológica consciente entre la vanguardia de forma que el marxismo revolucionario pueda ir hegemonizando a la misma para así poder iniciar un nuevo ciclo revolucionario con mayor garantía de éxito, al fusionarse con las grandes masas, no a base de medidas reformistas, sino superándolas al dar respuesta de manera revolucionaria a la situación de explotación de nuestra clase.


Revolución Proletaria

Marzo de 2014

Texto preparado para las movilizaciones del 22 M

(JCA/JCZ) En torno al día de la Mujer Trabajadora

El 8 de Marzo y el reformismo


Estos últimos años han venido marcados por una incesante ola de medidas que se corresponden con la intención de adaptar el plano social a las nuevas necesidades económicas del bloque dominante. Si el capital evoluciona constantemente tomando nuevas formas, la base socio-política en la que se apoya también se ve removida, sucediéndose así con cada ciclo económico una nueva redefinición del régimen, modificándose las alianzas políticas de clase que se desarrollan por arriba. Para ellonuestra clase dominante materializa en reformas esa necesaria reestructuración del sistema capitalista que vemos a nivel de la Unión Europea así como a nivel estatal. En estas circunstancias la clase obrera, como poseedora de la fuerza de trabajo, soporta los cambios producidos por dichas medidas con el fin de adaptar su trabajo al nuevo estado del capital.
Con este panorama político, nos encontramos con otro nuevo día de la Mujer Trabajadora que esta vez viene acompañado de una reforma de la Ley del Aborto. Si bien podríamos pensar que ésta forma parte de esa reestructuración económica, como hemos podido escuchar a algunos representantes de la clase dominante, más bien nos viene dado como aditivo de regalo en este pudin de ataques a los derechos conquistados por el proletariado. Objetivamente parece que su fin único es alegrar a un sector social que simboliza unos valores morales y religiosos que tuvieron un gran espacio político dentro de la historia del Estado español y que hoy en día aún en parte conservan. Desde una parte de la ultraderecha hasta algunos de nuestros demócratas ven esta medida con el mayor brillo ético en sus ojos. Sin embargo una vez más es la clase obrera la que tendrá que soportar nuevas cadenas que produce la burguesía y que bien apretada es la que guardará la tranquilidad moralista de la conciencia del sector más reaccionario de la clase dominante permitiendo a algunos de ellos la entrada a los cielos.
Junto a esta execrable reforma gubernamental, este 8 de Marzo llega además con la reciente publicación de un concienzudo estudio sobre la situación de la mujer realizado nada menos que a instancias de las denostadas instituciones del gran capital financiero europeo. Desde el feminista Lobby de Mujeres Europeas, asociación burguesa que parasita las parasitarias instituciones burguesas, hasta el último parlamentario de la democracia española, todos parecen haber tomado conciencia de la situación de agravio que sufre la mujer y como grandes reformadores que son proponen una multiplicidad de normas que acaban reduciéndose a esto: campañas de educación a medio-largo plazo para cambiar las mentes de hombres y mujeres. Y mientras tanto más policías para paliar temporalmente el vendaval de una violencia sistemática contra la mujer (que no sistematizada por alguna especie de organización de varones) que la sociedad de clases hace aparecer en todos los ámbitos y cuya raíz última se encuentra en la división social del trabajo y en la familia burguesa como institución o célula de reproducción de esa división social que reproduce la opresión y la violencia social en el ámbito doméstico, no sólo entre los cónyuges y entre la descendencia.
Por supuesto, ni explotadores ni explotadoras ponen en la picota las relaciones sociales sobre las que se sostiene su régimen y en las que tiene causa la opresión de la mujer. A lo más, laboran por la igualdad de género para que hombres y mujeres participen en una lista electoral, en un consejo de administración… o vistan uniforme en un desfile militar o en alguna sala de torturas. Igualdad de género para explotar y para oprimir a mujeres y hombres de una clase más baja que la suya. Pero es lógico que los representantes oficiales de la sociedad burguesa se limiten al estricto marco democrático que el capitalismo puede ofrecer.
Al lado de estos encontramos al revisionismo y al oportunismo, aquellas correas de transmisión de la burguesía en el seno de la clase obrera. Uno de los signos característicos del oportunismo, que lo define y que lo ata al capitalismo es su indisimulada lucha reformista: a cada estrago que el capitalismo genera en su desarrollo normal y democrático entre las más amplias masas, el oportunismo se nos aparece con una sucesión de reformas, las cuales pueden tener como finalidad literaria la “revolución”, pero a la cual no tienen ninguna posibilidad de llegar, ya que la historia de la Revolución Socialista nunca ha encontrado los mecanismos sociales (por más que las ingenuas e idealistas voluntades del oportunismo lo repitan) que liguen un proceso de reformas del Estado burgués con la construcción de un sistema antagónico al mismo, basado en la constitución de la dictadura del proletariado por parte de las mismas masas oprimidas armadas conscientemente, pues el capitalismo no va a desaparecer por saturación o acumulación de fuerzas reformistas que misteriosamente se convertirán en “revolucionarias”.
En lo que a la opresión de la mujer se refiere, el revisionismo aparece con su visión sesgada, y por ello inoperante para transformar la realidad. El revisionismo confunde la Revolución Socialista con el sindicalismo laboral, por lo que para integrar en su “programa revolucionario” (es decir, de reformas en el ámbito laboral) la cuestión de la mujer pretende que una sucesión de consignas, sin poner en tela de juicio el sistema capitalista, consigan la igualdad: igualdad de salario, visibilidad del trabajo doméstico, etc. Cuestiones dicho sea de paso que el marxismo siempre ha tratado, por más que la última oleada feminista, en plena pérdida general del marxismo como referente teórico de los sectores más avanzados de la clase obrera, haya provocado entre buena parte del “marxismo-leninismo” su conversión a una suerte de teoría que se define como economía feminista, que da al traste con la base teórica del marxismo y, en consecuencia, aboca a quienes lo defienden al reformismo más vergonzante y, por tanto, al apuntalamiento de la opresión que sufre la mujer. Por ejemplo, cuando se hace propaganda sobre la “visibilidad” del trabajo doméstico, mayoritariamente desarrollado por la mujer trabajadora, se está planteando que dentro de los parámetros del capitalismo se puede resolver la contradicción antagónica entre la existencia de la familia como institución de clase y el desarrollo de las fuerzas productivas que tienden a hacer partícipes directos de la producción (fuera del plano doméstico, pues el trabajo doméstico también participa de la producción social en tanto sirve para sostener la fuerza de trabajo) a todos los componentes de la sociedad, en ese proceso que hoy se llama comúnmente “incorporación de la mujer al mundo laboral” pero que ni mucho menos es un proceso nuevo, pues es una tendencia histórica propia del capitalismo que, con flujos y reflujos, se inicia en la etapa ascensional del capitalismo, cuando el sistema fabril y las relaciones de clase capitalistas se generalizan en la sociedad rompiendo los viejos lazos del antiguo régimen. Lo que provoca esa irresoluble crisis de la familia como “sistema cerrado” que se “socializa” pero que aún mantiene los viejos lazos propios de su centralidad como institución social reproductora de la fuerza de trabajo, que el propio sistema capitalista que lo destruye necesita mantener. Y con elmismo salario a igual trabajo sucede algo similar. Si bien es lícito y lógico que la clase obrera desde su conciencia en sí, en las luchas por su salario fomente la igualdad salarial, lo cierto es que el capital no paga nunca el trabajo que se desempeña, sino la fuerza de trabajo, en concreto, los medios de subsistencia con que la fuerza de trabajo pueda reproducirse. Así sucede que el salario es algo más que una “retribución individual” y está sujeto a múltiples factores sociales y generales de la lucha de clases (cuya articulación social se plasma superficialmente como una “opción” discriminatoria basada en prejuicios morales ajenos al sistema productivo) que han hecho que la mujer proletaria quede atada a una posición subalterna de la que no puede liberarse equiparando salarios pues tal fin es imposible desde el punto de vista capitalista. Que organizaciones “comunistas” abanderen esta utópica consigna sindical, en vez de explicar la imposibilidad de la igualdad en los parámetros de la democracia burguesa, no hace sino engañar a la clase obrera, y en especial a las mujeres proletarias pues las llama a perseguir un fin imposible dentro de los límites del capitalismo.
El revisionismo, mayoritario en el movimiento comunista, plantea frente al feminismo no el marxismo, sino un feminismo “de clase y combativo” que no es más que la versión sindical del feminismo más reaccionario, que se encuentra plenamente integrado en las instituciones del capital. Sucede lo mismo, precisamente, que con el sindicalismo, al que el revisionismo no opone la revolución, sino una versión supuestamente “radical”, de “clase y combativa” que no representa más que una posición más ambiciosa a la hora de negociar con la patronal el precio de la fuerza de trabajo, que la que sostiene el sindicalismo oficial. Dicho sea de paso, los sindicatos como CCOO y UGT no representan una “traición” a la clase obrera, sino que son la expresión concreta de la integración de toda una fracción de la clase asalariada, la aristocracia obrera, dentro del sistema.
El sindicalismo por radical y bienintencionado que pueda ser no puede emancipar a la clase obrera, como el feminismo no puede liberar a la mujer. Ambas prácticas reproducen la sociedad de clases sobre la que se edifica su opresión y necesitan pues para ser elevadas cualitativamente la reconstitución del comunismo como movimiento revolucionario que va construyendo lo nuevo destruyendo esas dinámicas del capital. Cabe entonces retrotraernos a la esencia del régimen social capitalista para dar un paso hacia adelante en la lucha por la liberación social y contra toda tentativa de reforma, que no hace sino modificar una parte para apuntar el conjunto. Lo que implica además desembarazarnos de cualquier “critica moral” (impregnada por las ideas dominantes) para realizar una crítica desde el punto de vista revolucionario.

La esencia de clase de la opresión de la mujer y la Revolución Socialista

Más allá de las diferencias tácticas que tienen los diversos feminismos, su corpus teórico es semejante: El centro de la sociedad se encontraría en la división entre hombres y mujeres, en la constitución delpatriarcado como elemento que marca la realidad social en connivencia con el capitalismo, si bien hasta esta altura de señalar al capital sólo llega el feminismo de “clase y combativo”. Al argumento sobre que el patriarcado (que como marxistas solo podemos entenderlo como formulación social objetiva que imbrica la especial situación de opresión que ha sufrido la mujer en los distintos sistemas de clase) no es unaseparata (agregable o no al resto de las contradicciones sociales como si fuese una “alianza consciente” de la “clase capitalista” y los “varones”), sino que es producto de las relaciones capitalistas contesta de manera forzada que la mujer ya vivía en la penumbra antes que existiera el capitalismo. Y si bien es cierto, el argumento queda falto de recorrido y se hace pareja de lo que contesta, por ejemplo, el pacifista pequeño burgués cuando se le señala que el capitalismo es la guerra. El problema es que esta separación de ambos elementos (y tanto da la opresión de la mujer, como el militarismo, el racismo, etc.) resulta de una visualización anti-dialéctica que presenta la opresión de la mujer como complemento externo del régimen de clase, en este caso, del capitalismo.
¿Qué representa entonces el capitalismo? El capitalismo es el modo de producción que continúa al feudalismo, al igual que este nació del esclavismo. Son todos sistemas de clase, cuya principal característica común es la división social del trabajo de la cual se obtienen indefectiblemente dos clases antagónicas: la de los productores y la de los dueños de los medios de producción. Lo que difiere entre estos sistemas son los métodos (que encuentran su necesidad histórica en el mismo desarrollo social) con que cuenta la clase dominante para apropiarse del trabajo ajeno para extraer plustrabajo de la clase oprimida: en el esclavismo y el feudalismo son distintos modos de coerción político-jurídica los que sirven al amo o al señor para ser dueños de lo que otros producen. En el capitalismo es “simplemente” la coerción económica, las necesidades que el estómago impone a una clase que sólo cuenta con su fuerza de trabajo para subsistir de día en día.
Ello quiere decir que todos estos modos históricos de producción están atravesados por unas problemáticas comunes que derivan de unas contradicciones que se repiten pero en modo distinto, contradicciones entre producción y distribución, entre poseedores y desposeídos, entre clases sociales cuya lucha es el motor de la historia. A raíz de la explotación de trabajo ajeno, y no al revés, podemos explicar coherentemente la guerra, el racismo, la opresión de la mujer, acontecimientos que toman formas distintas en cada fase histórica pero, como decimos, encuentran su comunidad material y real en la división en clases que, actualmente, toma la forma histórica de capitalismo.
Salirse de los parámetros objetivos de la lucha de clases para explicar un fenómeno histórico social es enfangarse en la ideología dominante. Si tuviésemos que señalar el periodo histórico en el que la mujer empieza a ocupar una posición subalterna en la sociedad, tendríamos que acudir al surgimiento de la división social del trabajo, base de toda forma de sociedad de clases y de Estado. Es en ese período en que decae elcomunismo primitivo y es sustituido por formas pre-estatales donde la división del trabajo en la sociedad empezará a implicar jerarquía social, surgiendo la propiedad privada, el Estado y la familia como célula nuclear de reproducción social, todo sobre las bases del excedente surgido por los cambios operados en el modo de producción que harían que la humanidad pasase del estadio social del comunismo primitivo a la era de la esclavitud, inaugurando así la era de la sociedad de clases.
Por tanto, la opresión de la mujer no es ahistórica, ni tiene que ver con algún trasfondo natural e innato que lleve al varón a situarse por encima del género contrario, como en demasiadas ocasiones señala el feminismo, cuyo alimento teórico no se encuentra en la realidad material sino en los esquemas de génerodescritos por la clase dominante. La opresión de la mujer es transversal a los distintos sistema de clases, pero no ajeno a ellos. Por lo que sólo levantando conscientemente una nueva sociedad, podrá la mujer encontrar su liberación.
Como apunte para el debate, no deja de ser reseñable que en plena ofensiva ideológica y política de la reacción, el feminismo, como hasta hace poco el nacionalismo pequeño burgués, desplace cada vez más al marxismo entre las filas del denominado movimiento “comunista”. El marxismo, como poco desde mediados del siglo XX, desarmado como cosmovisión proletaria de la realidad (salvo en algunas excepciones temporales que lograron desarrollar la experiencia revolucionaria del proletariado durante la segunda mitad del siglo XX) deja el paso a interpretaciones pequeño burguesas de todo tipo. Esto en política se ve con la ruptura del movimiento político del proletariado como un todo y se traduce en la vuelta definitiva a un movimiento basado en la conciencia en sí de la clase, aunque no tal como se había dado anteriormente sino adecuándose ahora a los intereses de clase de la aristocracia obrera. Estalla así el movimiento feminista moderno, desgajado de la Revolución y circunscrito a la reforma parcial del capitalismo. El nuevo feminismo burgués va a integrar ahora nuevos elementos que no habían estado presentes en la era del sufragismo, producto del desarrollo de esa tendencia, aún más aguda en las sociedades imperialistas, que pone en primer plano la crisis sistemática de la familia, junto al sistema en su conjunto, como núcleo reproductivo de la sociedad y agudiza esas contradicciones en torno al género, la sexualidad, etc.
Por supuesto, el marxismo del anterior ciclo revolucionario no pudo tener en cuenta, por sus limitaciones históricas, algunos aspectos relacionados con esto (hay que resaltar que el distanciamiento del Movimiento Comunista Internacional durante el s. XX con respecto a estas cuestiones forma parte de la deriva general del MCI hacia su bancarrota) cuestiones todas ellas que en la reconstitución de las armas teóricas de la clase obrera merecerán, como todos aquellos elementos que suponen desarrollo social, ser reincorporadas al movimiento obrero revolucionario, aunque en una escala cualitativamente superior, que abata todo lo que de reformista y reaccionario contengan. No obstante frente a lo que proponen las distintas versiones del feminismo existente, sobre todo aquellas que se agarran a algo tan ajeno a la liberación de las masas como lapropaganda por el hecho en su versión más ridícula, la mayoría de experiencias que en estos campos ofrece la historia de la Revolución Proletaria y el Movimiento Comunista, siguen estando varios pasos por delante. Desde la obra teórica-filosófica de los clásicos del marxismo, en cuya génesis ocupa un lugar importante la emancipación de la mujer, hasta las prácticas promovidas en los primeros compases de la Revolución Socialista de Octubre por el Komsomol, todo ello que requiere del estudio y análisis específico por parte del movimientos revolucionario y la juventud proletaria, hay que recuperarlo cara a la construcción del movimiento que enfrente el próximo ciclo revolucionario, dejando a un lado los esquemas pequeño burgueses que hoy ocultan la esencia del régimen capitalista y sus instituciones de clase. 

“Cuanto más fuerte sea el movimiento revolucionario de los trabajadores, cuanto más altos ponga los objetivos, más completamente se absorberá en él el movimiento femenino y más fácil le resultará, en el período de la dictadura del proletariado, soltar el nudo gordiano del problema de la mujer ante el que ha fracasado tan lastimosamente la sociedad burguesa. Cuanto más nos acercamos al triunfo de la clase trabajadora y del sistema comunista, más claro se dibuja el futuro de la mujer. Ahora depende de las mismas mujeres, del grado de su conciencia política y de su actividad revolucionaria si el momento de su liberación definitiva se encuentra en un futuro próximo” Alexandra Kollontai

Juventud Comunista de Almería
Juventud Comunista de Zamora
8 de Marzo de 2014

lunes, 21 de octubre de 2013

La clase obrera y las reformas educativas

El estado actual que atraviesa la Educación, se explica a través de una serie de lógicas concretas que dominan y determinan nuestra sociedad. Llevamos tiempo escuchando como una multitud de reformas educativas van a ser implantadas en nuestros colegios y universidades, con el fin de prestarnos una mejor “calidad de la enseñanza” y un conocimiento más “competitivo y progresivo”, que ayude a la “transformación del actual sistema productivo”. Ya estemos hablando de la “LOMCE” o de la “Estrategia Universidad 2015”, la estrategia de quienes gestionan el Estado burgués es clara, ante la crisis, hay que reestructurar el modo de producción capitalista, y dicha reestructuración se materializa en los denominados “recortes”. Así podemos ver como esta nueva reforma educativa integra unos cambios determinados para que el alumno, generalmente de ascendencia obrera, salga prematuramente al mercado de trabajo con una baja cualificación, lo que le asegura un futuro laboral aún más precario, que pueda encajar bien en las nuevas demandas del mercado.
Con este panorama, podríamos posicionarnos sin más en contra de la mercantilización de la enseñanza pública, o manifestar nuestra indignación por la privatización de dicha institución. Sin embargo los trabajadores conscientes tendemos a realizar nuestros análisis desde la raíz, y la educación no se libra. Para ello tenemos que retrotraernos y preguntarnos qué es lo que socialmente sostiene al sistema educativo.
La educación tiene la principal característica de tener un interés práctico, que es dotarnos de los conocimientos necesarios para desarrollar las labores y los trabajos. Por tanto podemos decir que educación y trabajo se encuentran íntimamente ligados, aunque parece que algunos acaban de descubrir “de repente” que el sistema educacional está mercantilizado. De este modo la educación que tenemos es, objetivamente, un producto de las relaciones capitalistas que rigen nuestra sociedad. De esto que el sistema educativo existente sea un “derecho fundamental y universal”, que alcanza hasta el momento en que el hijo del obrero puede acceder al mercado de trabajo. 
La educación en España se basa en la “coalición”, entre colegios públicos y privados, una alianza política (en tanto que forma parte del pacto constitucional del que se dotó el capital). Aquí la apuesta de la derecha es clara, una enseñanza privada y religiosa, en centros privados vinculados a entramados políticos empresariales, tales como el Opus Dei. De donde los alumnos, solo los que puedan permitírselo (los hijos de la clase dominante), podrán terminar con unas buenas calificaciones a bases de grandes pagos y obtendrán buenas salidas hacia empresas asociadas. La educación pública, la podremos definir entonces como un “bien estatal”, que como hemos señalado, nos ofrece un nivel de instrucción para ganar competitividad en aras de un mejor futuro laboral. Aquí lo que viene denominándose izquierda observa el modelo idóneo para la educación de las masas. El Estado burgués, el cual ellos también gestionan, ha de estar con sus lógicas sobre nosotros desde la infancia. De modo que la educación es una inversión en capital variable, el alumnado como futuro proletariado, se dispone a revalorizarse.
La relación entre lo público y lo privado, en el marco capitalista, es una relación entre quien gestiona una parte de la economía y el beneficio que puedan obtener. La educación, al formar parte de esta economía, se reorganiza con las reformas para que una parte de la clase dominante obtenga un gran beneficio a expensas de su propio Estado. Siguiendo el mismo objetivo que la nacionalización de las pérdidas de la banca. Por ejemplo, podemos ver como en las universidades públicas, el consejo social está compuesto por los representantes de las grandes empresas estatales, que con la nueva regulación tendrán todo el poder tanto de gestión como de administración en estas instituciones, sacando todo el posible beneficio bajo sus mandatos. Cuando la economía y los capitalistas están mal, el Estado acude a socorrerlos, en aquellos sectores económicos en que el capital se sostiene “por sí mismo” el Estado actúa de forma complementaria (como en los centros educativos privados, que reciben cuantiosas subvenciones estatales). 
La clase capitalista, al ser la clase que detenta el poder tanto económico como político, es la que monopoliza el sentido de toda la actividad humana, sus lógicas empapan a todo el conjunto social y desde luego la educación que nos imponen actúa como correa de transmisión de su ideología, ese conjunto de lógicas que representan unos intereses de clase. La educación no puede existir en abstracto, alejado del modo de producción, como un ente libre y puro, mientras que el capitalismo exista, por tanto quienes gestionan la economía deben intentar  mantener y reproducir su orden ideológico y social. De este modo es como se transfiere toda esta realidad al sistema académico, y lo podemos apreciar desde la figura del examen (como método resultadista-mercantil para poder progresar en el sistema) hasta la del director del centro (la cual, dicho sea de paso, con la reforma de gobierno tendrá un carácter aún más reaccionario).
La respuesta social que está teniendo esta situación de miseria que afecta a la educación, se reduce a unos límites sindicalistas. Se suceden manifestaciones, concentraciones y huelgas que a lo sumo no luchan más que por intentar recuperar esa “educación pública y de calidad” que supuestamente nos pertenece a todos como ciudadanos. Actualmente tenemos el gran ejemplo de los compañeros, profesores y estudiantes, que iniciaron una huelga indefinida en Baleares. Si bien esta huelga es una lucha justa en tanto que intenta oponerse a las reformas que van a empeorar las condiciones de la clase obrera, también posee unos límites, ya que se reivindica que no empeore una situación, que de por sí nos mantienen atados al capital. Estas son las lindes que pueden tener las luchas si se actúan dentro del marco político sindical. Abogar, sin más, por la educación pública, significa defender los intereses de clase de quienes nos dominan, representados fielmente, sin engaños, en el arco de la democracia parlamentaria capitalista. Por ello, consignas como “Wert dimisión”, son nocivas para la clase obrera pues desvían la atención al poner todo el peso del conflicto en una única persona, negando que sea el conjunto del sistema capitalista el que sienta las condiciones para este nuevo ataque a la clase obrera, y por tanto permitiendo que los proletarios sigamos bajo el yugo de la burguesía.
Y este no es el único ejemplo. También hay quien se empeña en hacernos creer que existe un “instituto obrero”. Aquí tenemos que señalar que los revolucionarios estamos por el “instituto obrero” si lo concebimos como organismos que ha de construir el proletariado revolucionario en el proceso de reconstitución del movimiento comunista. Sin embargo el instituto al que se refieren estas consignas oportunistas, en las que entran desde anarquistas hasta revisionistas de todo tipo, no es más que aquella institución del Estado que está situado en los distritos y barrios obreros. A estos oportunistas también se les puede oír reclamar una “Educación popular”, como si pudiera darse una educación “para todos”. No puede existir un movimiento revolucionario, como algunos creen, que defienda lo público, ya porque en “buenas manos” sirva para el pueblo. Es decir, que mientras exista el Estado burgués, gestionado por cualquier parte de esa bóveda parlamentaria, se sienten en el ala derecha, en el ala izquierda o en el centro, el Estado seguirá siendo el instrumento que utiliza el capital para imponer sus intereses de clase.
Los comunistas enmarcamos al sistema educativo actual bajo las condiciones de la dictadura capitalista. Señalamos que aquella “educación popular” solo puede constituirse para servir a los explotados si estos instauran su régimen social, a través de la Dictadura del Proletariado, única y verdadera garantía de democracia para el pueblo. Si le damos a este tema una perspectiva histórica veremos que si un amplio sector de la población puede estar hoy día escolarizado, fue por el resultado, no de la benevolencia y piedad que haya podido tener la clase capitalista, si no que fue gracias al movimiento obrero revolucionario, que pudo permitir que la educación llegase a los pueblos y barrios olvidados, bien entrado el siglo XX. Unas pocas migajas que la clase dominante se vio forzada a lanzar ante la ofensiva revolucionaria de los trabajadores de todo el Mundo.
Actuar con los medios que nos permite el sindicalismo no es sino estar luchando por un conjunto de reformas que apuntalan el sistema económico en su conjunto. Y es esta línea política, que reproduce los intereses de la burguesía, la que le niega a la clase obrera su condición como clase revolucionaria, sometiéndola a una idealización perenne de sus paupérrimas condiciones de vida. Para hacer bascular cualquier parcela de la realidad del lado de la Revolución es necesaria la transformación del conjunto de la sociedad desde sus bases quedando obsoleta la formula reformista o la forma de ver la educación por sí sola como un sostén de una nueva sociedad, como nos sugieren muchos revisionistas.

Unir conscientemente educación y producción, y construir un sistema productivo antagónico al capital, donde no exista propiedad privada en los medios de producción siendo eliminada la división social, es la única manera en la que se permitirá tener la educación y el trabajo en manos del conjunto de la sociedad, donde se encuentren la labor educativa y el trabajo asociados sin que medie entre ellos la explotación del trabajo asalariado. Para ello necesitamos un movimiento que siente sus bases en la reconstitución de los medios políticos revolucionarios de lucha de la clase obrera, esto es, el movimiento comunista. Solo así haremos que el fin de la explotación pueda configurarse como un movimiento práctico, como actividad práctica humana que instaure unas bases sociales nuevas para hacer también una nueva educación. Alzar la hoz y el martillo, es alzar el futuro de la humanidad, que solo va a poder encontrar su liberación por este único camino, que pasa por la reconstitución del Partido Comunista.

Juventud Comunista de Almeria
Juventud Comunista de Zamora

Octubre 2013



miércoles, 25 de septiembre de 2013

Sobre la actual situación del Movimiento Comunista

La crisis en el Movimiento Comunista

                El movimiento comunista, tanto en nuestro Estado como a nivel internacional, se encuentra en una situación de derrota desde la caída del bloque soviético, esto es tan evidente ahora, como hace más de una década, a pesar de que el revisionismo de todo pelaje, asegura que en situaciones de crisis económica, el comunismo podrá ponerse una vez más a la ofensiva contra el capital.
            Este axioma revisionista, descansa sobre la creencia de que el movimiento revolucionario es resultado de una agudización de las luchas parciales de las masas, que en algún momento sufrirá un cambio cualitativo que genere una crisis política. Sin embargo la práctica social nos devuelve a la realidad, al observar que por muchas Huelgas Generales o luchas inmediatas de cualquier tipo que se den, el capitalismo sigue igual de consolidado como residual es nuestro movimiento.
            En este estado de confusión en el que se encuentra la vanguardia, la única meta visible para la mayoría de ésta, es el seguir yendo a rebufo del movimiento espontáneo, con la esperanza cuasi-mística de que las masas reaccionen e identifiquen a su salvador del infierno de la explotación y le sigan como los borregos siguen al pastor. No obstante las masas son bastante más capaces de defender sus intereses económicos de lo que a muchos les parece y desde luego para dicho objetivo inmediato no es necesario que, tal y como se pretende, los comunistas pasen a ser sindicalistas profesionales, en vez de revolucionarios profesionales, como algunos insistimos que debería ser, en base a la propia experiencia histórica.
Reconstituyamos el futuro

                En estos momentos es de vital importancia recordar uno de los pilares que nos legó el marxismo, aquello de que “sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario”. Y es que tras décadas de hegemonía revisionista, el marxismo del que somos depositarios no puede más que estar adulterado y alejado de aquella cosmología que un día sí estuvo puesta al día. La crisis de nuestro movimiento es fruto del fracaso de una época anterior. De esto se deduce la necesidad imperante de acometer un balance completo en el seno de la vanguardia en clave de Lucha de Dos Líneas sobre la experiencia acumulada que cargamos sobre las espaldas, pero que no somos capaces de comprender ni por lo tanto asimilar. Este balance debe de ser resuelto honestamente, sin apriorismos y de su desenlace dependerá la próxima oleada revolucionaria de la clase obrera.
 El analizar correctamente la experiencia histórica anterior, debe de servirnos para detectar los elementos que son de aplicación universal, así como comprender las fallas que permitieron desterrar nuestro movimiento a la situación paupérrima actual, solo de este modo podremos acometer un futuro emancipador con garantías reales de éxito. En definitiva, se trata de sintetizar la práctica social en teoría revolucionaria, lo cual es una necesidad práctica y no una cuestión libresca como muchos sindicalistas-comunistas insinúan.
            Esta propuesta de reconstitución de la teoría, no se trata de una completa novedad, salvo por sus dimensiones, que abarcan un largo recorrido histórico comenzando por la revolución de octubre y las premisas que lo hicieron posible, hasta llegar al final de dicho ciclo, con la caída del bloque social-imperialista soviético. Tiempo atrás Marx y Engels ya habían realizado balance crítico de la Comuna de París, lo cual sirvió para poner los cimientos del futuro estado socialista. Así mismo, Lenin supo sintetizar acertadamente la experiencia previa a la par que luchar contra las posiciones oportunistas, gracias a lo cual se desarrolló la teoría del Partido Comunista y se implementó en la práctica con la Revolución de Octubre. Del mismo modo sin la existencia de esto difícilmente conoceríamos la Guerra Popular desarrollada en China y que hasta hoy nos lega actividad en diversos puntos como la India.
            Esta es una enseñanza de vital importancia para el futuro revolucionario de nuestra clase, puesto que nos muestra cómo sólo a partir del decidido análisis de la experiencia práctica en clave de lucha ideológica contra el revisionismo, el marxismo puede volver a renacer como cosmovisión revolucionaria de nuevo tipo capaz de fusionarse, esta vez sí, con las masas, formando un Movimiento Revolucionario con capacidad emancipadora y garantía de éxito.

Juventud Comunista de Almería
Juventud Comunista de Zamora


Septiembre de 2013

viernes, 6 de septiembre de 2013

Crónica sobre el Taller de Estudios Marxistas de este verano

En el último taller de estudios marxistas que realizamos durante los días 24, 25 y 26 del pasado mes de julio hemos podido abordar más profundamente las cuestiones que gravitan en torno a la formación, organización y función del Partido Comunista. Para ello, seguimos la estela que habíamos marcado con la anterior lectura del “¿Qué hacer?” de V.I. Lenin, donde éste hacía un balance de la experiencia de la socialdemocracia rusa, dividiéndola en tres períodos y aportaba las bases para la constitución del partido bolchevique (del Partido Comunista de nuevo tipo), además de unas nociones fundamentales acerca de las labores de organización.

Ahora, con una mayor perspectiva y formación, podemos decir que ha sido fundamental su lectura, pues Lenin ya exponía las dos concepciones antagónicas del partido, de las cuales solo una es aceptada como válida por nuestra organización, entender el partido comunista como la fusión de las masas proletarias con su vanguardia revolucionaria y no como una organización de dirigentes (tradicional manera sesgada en que nuestro movimiento ha entendido el partido comunista).

Como comprendemos que actualmente el Partido Comunista en el sentido leninista no existe, nos zambullimos de lleno en la lectura de los siguientes textos:

-Tesis de reconstitución del partido comunista. Partido Comunista Revolucionario.
-Carta a un camarada sobre nuestras tareas de organización. V.I. Lenin.
-Un paso adelante, dos pasos atrás: artículo primero de los estatutos. V.I. Lenin.

Tras una lectura detallada y un estudio crítico por parte de cada camarada, nos dispusimos a debatir las cuestiones clave de cada uno de los textos, los cuales están íntimamente relacionados en cuanto al contenido, pues en todos ellos se abordan las tareas fundamentales que debe llevar a cabo la vanguardia revolucionaria, para constituirse como tal. Esto nos llevaría a lo que concluiríamos posteriormente; que la tarea histórica que actualmente nos corresponde a los comunistas, es principalmente la formación a través de la lucha de dos líneas para la reconstitución del Partido Comunista de nuevo tipo, con el fin de que este recupere su función de instrumento clave para iniciar la guerra revolucionaria contra la burguesía. Es decir, acabar con el tercer período. Período que se ajusta a la siguiente definición:

 “Lo que caracteriza a este período no es el desprecio olímpico de la práctica por algún admirador de “lo absoluto”, sino precisamente la unión de un practicismo mezquino con la más completa despreocupación por la teoría” ¿Qué hacer? V.I. Lenin.

Para facilitar el estudio común, seguimos un orden cronológico que nos permitió comprender que las tareas del ayer, son en esencia las que nos corresponden a día de hoy, y solo en esencia, pues si algo hemos sacado en claro de los textos ya citados, además de las cuestiones organizativas, es que es de suma importancia un estudio crítico de nuestra experiencia histórica y una formación a través de la crítica y la autocrítica por parte de la vanguardia. Elemento que entendemos cómo se explicita en la siguiente cita:

“Quienes comprenden la necesidad de dotar a la clase de su ideología revolucionaria, quienes se organizan para estudiarla y asumirla y, a la vez, pasan a aplicarla, en la medida que van conociéndola, entre las masas” Vanguardia y masas. Tesis de reconstitución del partido comunista. PCR

Sobre las cuestiones organizativas, se deduce que suelen estar en congruencia con la forma en que se entiende el partido, como así podemos observar en el “Artículo primero de los estatutos”, donde se aborda la cuestión sobre quien es miembro del partido:

“Toda pequeña discrepancia puede adquirir enorme importancia, si sirve de punto de partida para un viraje hacia ciertos conceptos equivocados. […] Porque es precisamente lo que ha servido de punto de viraje hacia las elucubraciones oportunistas y hacia la fraseología anarquista de la minoría. Un paso adelante, dos pasos atrás.” V.I. Lenin.
Como conclusión, exponer nuestro rechazo a repetir las viejas formas una y otra vez, pues esto solo obstaculiza el verdadero trabajo revolucionario; es decir, aprender de la experiencia de lo viejo, para superarlo con algo nuevo que permita un avance real del movimiento marxista revolucionario y por tanto, un paso adelante hacia la revolución proletaria mundial.

Por lo tanto, los comunistas que vivimos en esta época, debemos asumir como primera tarea política de la Revolución: la reconstitución del Partido Comunista.
“La vanguardia, entonces, se organiza para cumplir esas tareas políticas, de lo que se deduce que lo principal no es la organización, sino la política”. Tesis de reconstitución del partido comunista. (Vanguardia y masas). PCR

Juventud Comunista de Zamora

Septiembre 2013