Línea Proletaria

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sábado, 6 de marzo de 2010

Carta a la militancia de la UJCE y al conjunto de organizaciones comunistas del Estado español (2)

FRENTES DE MASAS E INDEPENDENCIA POLÍTICA

Si hay algo que demasiadas veces se ha venido repitiendo dentro de la historia de nuestro movimiento ha sido la incapacidad de llegar a concebir que a cada periodo histórico le corresponden unas determinadas condiciones objetivas y subjetivas que determinan cual debe ser la táctica y la estrategia a seguir para llegar a conformar un escenario político y social que lleve a la conquista del poder por parte del proletariado. Este tipo de deficiencia se manifiesta hoy, en el enfoque que las organizaciones comunistas tienen de los frentes de masas, sin llegar a discernir muy bien, cuales son los frentes y cuales son las masas. La repetición mecánica de los esquemas propios de otros procesos revolucionarios, no sólo se manifiestan en el decimonónico concepto de asumirlos cómo un todo lineal y se pretenda, siguiendo esa estela, hacer una revolución de febrero y a la espera de la formación de una Asamblea Constituyente de todas las fuerzas políticas en el Estado español cómo paso previo a la conformación del gobierno proletario.

Hoy las tareas principales del movimiento comunista pasan, no por la lucha en los frentes de masas, sino por el paso previo que pasa por definir, cómo vanguardia revolucionaria de la clase obrera( es decir el sujeto revolucionario), cual es el objeto de la revolución haciendo un exhaustivo análisis del actual escenario en que se encuentra la lucha de clases en el Estado español para conocer verdaderamente cual es la actual correlación de fuerzas y por lo tanto que tareas se nos imponen para conseguir llegar a desprender el poso alienante que impone el sistema capitalista a las masas. Desgraciadamente la inercia histórica del movimiento se ha revelado como un auténtico lastre a la hora de enfocar nuestra política hacia el exterior. De forma obstinada hemos repetido los mismos errores, inmolando a nuestros propios cuadros, ya que sólo de esta forma puede definirse la política de masas que hasta el momento ha llevado a cabo la UJCE, sin que haya servido de nada la caída de la URSS, de la China comunista, de las democracias populares y lo que es más grave, por tratarse de nuestro círculo más próximo, la deriva revisionista de los Partidos Comunistas oficiales de la Europa occidental, que han terminado por convertirse en una correa de transmisión de la burguesía, dado que muchos de los que ocupan las cúpulas de estos partidos forman parte de los que siempre se han destacado por ser el principal enemigo del proletariado, la aristocracia obrera cuya caracterización principal es la línea política reformista que implementan dentro del movimiento obrero. Sobre estos elementos, que limitan su labor a la práctica y sienten total desprecio por la ideología y los que trabajan por ella mediante la lucha de dos líneas (a los que acusan de dogmáticos) ya advertía Lenin en 1902:

“La política tradeunionista de la clase obrera es precisamente la política burguesa de la clase obrera. ¡Y la formulación que esta “vanguardia” hace de su tarea no es otra que la formulación de política tradeunionista! Así, pues, que se llamen cuanto quieran socialdemócratas. ¡Yo no soy un niño, no voy a enfadarme por una etiqueta! Pero que no se dejen llevar por esos nefastos dogmáticos ortodoxos, ¡que dejen la “libertad de crítica” a los que arrastran inconscientemente a la socialdemocracia al cauce tradeunionista!”(1*)

¿Deben los revolucionarios participar en los sindicatos reaccionarios?

Bajo este epígrafe Lenin definía en su obra “La enfermedad infantil del “izquierdismo” en el comunismo”, cómo la flexibilidad táctica respecto al trabajo de los comunistas cómo vanguardia debía traducirse en el trabajo de éstos en las organizaciones donde se encontraba el proletariado, no para tomar y copar los puestos directivos de los sindicatos sino para oponer a las posiciones de conciliación de la aristocracia obrera la lucha intransigente de las masas proletarias para con ésta.

"Pero la lucha contra la "aristocracia obrera" la sostenemos en nombre de las masas obreras y para ponerles de nuestra parte, la lucha contra los jefes oportunistas y socialchovinistas, la sostenemos para ganarnos a la clase obrera. Sería necio olvidar esta verdad elementalísima y más que evidente. Y tal es, precisamente, la necedad que cometen los comunistas alemanes " de izquierda", los cuales deducen del carácter reaccionario y contrarrevolucionario de los cabecillas de los sindicatos, la conclusión de que es preciso¡¡salir de los sindicatos!! ¡¡ renunciar al trabajo en ellos!!..".
(2*)

Aunque este libro de Lenin y la mayoría de sus párrafos han sido víctimas de interpretaciones perversas con la insana intención de que cada una de las familias comunistas pudiese justificar de forma infame su deriva reformista y sus concesiones al cretinismo parlamentario, la verdad es que la obra sintetiza de forma clara cual es el camino a seguir respecto al tema que ocupa este apartado del presente documento. Aunque no sólo se refleja en la cita de Lenin sino que para darle forma a este ejercicio de demagogia se pueden utilizar el principio de autoridad relativo a lo que este o aquel marxista dixit, sin que se ponga en el contexto adecuado, " No actuar en el seno de los sindicatos reaccionarios significa abandonar a las masas obreras insuficientemente desarrolladas o atrasadas a la influencia de los líderes reaccionarios, de los agentes de la burguesía, de los obreros aristócratas u "obreros aburguesados". (3*) Esto no es más que una demostración de dogmatismo furibundo que sólo puede ser contraproducente a efectos de definir cuales pueden ser nuestra actuación dentro de las organizaciones en que se encuentran las masas. A la utilización de esta obra de Lenin nosotros oponemos otra de sus partes en la que se manifiesta todo lo contrario a todo aquello que las organizaciones comunistas del Estado Español hacen:

“La tarea inmediata de la vanguardia consciente del movimiento obrero internacional, es decir, de los partidos, grupos y tendencias comunistas, consiste en saber llevar a las amplias masas (hoy todavía, en su mayor parte, soñolientas, apáticas, rutinarias, inertes, adormecidas) a esta nueva posición suya, o, mejor dicho, en saber dirigir no sólo el propio partido, sino también a estas masas, en la marcha encaminada a ocupar esa nueva posición. Si la primera tarea histórica (atraer a la vanguardia consciente del proletariado al Poder soviético y a la dictadura de la clase obrera) no podía ser resuelta sin una victoria ideológica y política completa sobre el oportunismo y el socialchovinismo, la segunda tarea que resulta ahora de actualidad y que consiste en saber llevar a las masas a esa nueva posición capaz de asegurar el triunfo de la vanguardia en la revolución, esta segunda tarea no puede ser resuelta sin liquidar el doctrinarismo de izquierda, sin enmendar por completo sus errores, sin desembarazarse de ellos.” (4*)

Esa referencia al oportunismo y al socialchovinismo debe de aplicarse hoy a todos aquellos que dentro del movimiento obrero hoy representan la oposición a la revolución y el apuntalamiento del sistema capitalista, esto es los sindicatos cómo ente abstracto y su concepción como depositarios de unas masas que tenemos que ganar para la causa comunista y que exige como paso previo quitarles la careta de heraldos de la clase obrera para mostrar su verdadera cara de defensores de los privilegios.

Lejos de justificar la entrega de los militantes de vanguardia a las garras del economicismo y el oportunismo mas vil, Lenin lo que plantea es la utilización de éstos cómo correa de transmisión, entiéndase, para que esas masas menos avanzadas sean las que mantengan en marcha el motor de la revolución proletaria y no cómo demasiadas veces suele ocurrir y ocurre, que la oración se vuelve por pasiva y los supuestos cuadros de vanguardia terminan convirtiéndose en meros sindicalistas en el peor sentido del término. Por lo tanto cuando Lenin plantea esta cuestión en “La enfermedad infantil” está haciendo referencia a esto: el trabajo de los comunistas en estos órganos de encuadramiento de masas solo puede tener como fin la agitación y la propaganda en contra de la propia esencia de los mismos.

La lucha sindical y el espíritu del sindicato se corresponden con un estadio concreto de la lucha de clases, enclavado en la primera mitad del siglo XIX, que sirve para que los trabajadores defiendan sus intereses inmediatos de clase y en torno a cuestiones puramente económicas: reducción de jornada, mejoramiento de salarios, etc. Este órgano de encuadramiento obrero empieza a quedar desfasado cuando se comienzan a formar los primeros partidos que se denominan socialistas, formados desde una óptica de independencia política y que ya no sólo quieren que los trabajadores se defiendan de las agresiones del capital sino que, a pesar de que esta aseveración tiene muchas aristas, plantean la conquista del poder político por parte de la clase obrera. El sindicato se convierte por tanto en una estructura supeditada al viejo partido socialdemócrata y por lo tanto pasa a ocupar un lugar subalterno a la hora de enfocar el proceso político, que con el tiempo y la agudización de las pugnas ínter imperialistas harían situarse a estas organizaciones en el sitio de la reforma social cómo aliado de la burguesía y mejor garante de sus intereses de clase.

Conciencia sindicalista y conciencia revolucionaria

Por lo tanto la actual situación en el Estado español y de las dos variables antes mencionadas, el actual estado de la lucha de clase y de la correlación de fuerzas, nos llevan a plantear que el sindicato sólo puede ser un frente cómo muchos otros que provocan las contradicciones del sistema capitalista. La verdadera transformación dialéctica que exige abandonar la lucha por la reformas para enfrentar, como mencionaba Lenin en el “¿Qué hacer?” por “la libertad y el socialismo”, debe hacerse desde el elemento consciente que supone una organización comunista y revolucionaria, es decir, desde el abandono de la posición de sujeto pasivo que le impone el sindicato al obrero, al que perpetua en su situación de explotado y desposeído de cualquier tipo de futuro, dado que acentúa la conciencia en sí, , para transformarla en conciencia de clase para sí, como máxima expresión y arma de combate de la clase obrera para enfrentarse a su misión histórica de acabar con la sociedad de clases.

“La conciencia política de la clase obrera no se le puede aportar al obrero más que desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha económica, desde fuera de la esfera de las relaciones entre obreros y patronos. La única esfera en que se puede encontrar estos conocimientos es la esfera de las relaciones de todas las clases y capas con el Estado y el gobierno, la esfera de las relaciones de todas las clases entre sí. Por eso a la pregunta: “¿qué hacer para aportar a los obreros conocimientos políticos?”, no se puede dar únicamente la respuesta con la que se contentan, en la mayoría de los casos, los militantes dedicados al trabajo práctico, sin hablar ya de los que se inclinan hacia el “economicismo”, a saber: “Hay que ir a los obreros”. Para aportar a los obreros conocimientos políticos, los socialdemócratas deben ir a todas las clases de la población, deben enviar a todas partes destacamentos de su ejército.”(5*)

El obrero, como tal, sólo es la manifestación económica puramente material de la opresión capitalista. Aunque la contradicción capital-trabajo sea la principal y por decirlo de alguna forma, la más tangible de éstas, no debemos olvidarnos que el sistema y la ideología burguesa dominante se manifiesta en una gran variedad de formas, no sólo en la propiedad privada de los medios de producción y en la apropiación de la plusvalía.

La actual función de los sindicatos (reaccionarios, amarillos o como queramos denominarlos) cumple una función muy específica en el actual estado de las cosas, habiéndose convertido éstos, en un verdadero problema para los trabajadores. Tanto UGT como CCOO representan todo aquello contra lo que los comunistas luchamos o deberíamos luchar por destruir, pues son los principales opositores a que los trabajadores puedan de alguna forma adquirir conciencia de quienes son sus verdaderos enemigos. Y no sólo esto, sino que de forma tácita los sindicatos han actuado como eslabón de enganche con la burguesía a través de actuaciones, ya no solo como las mas cotidianas dentro de los tajos, sino prestando su apoyo a proyectos que pretenden favorecer la construcción del actual polo imperialista continental pidiendo el voto favorable para la constitución de la Unión Europea, o mejor dicho de los Estado Unidos Reaccionarios de Europa.

Memorables son las actuaciones de los sindicatos amarillos en los grandes conflictos laborales como el de Sintel, en el que se demostró que los obreros actuaron de forma autónoma, al margen de los sindicatos y que el frente sindical es una lucha espontánea para la cual los trabajadores no necesitan ningún tipo de dirección, dado que ellos mismo se bastan para organizarse en la lucha por sus intereses económicos inmediatos, una lucha a la cual nos hemos “rebajado” los comunistas olvidando la lucha de clases en su conjunto . Esto nos demuestra que en el actual momento pretender organizar las luchas espontáneas de las masas trabajadoras respecto de sus intereses económicos es un completo error, dado que pretender hacerlo denota que somos miopes para comprobar que ellos mismos están en condiciones de desenvolverse en este tipo de luchas. Los ejemplos son claros. En los últimos cincuenta años hemos visto pasar ante nosotros un largo rosario de luchas llevadas a cabo por los obreros de forma autónoma sin injerencias de ningún tipo. Desde los sucesos del 3 de Marzo de 1976 en Gasteiz, a la oposición del cierre de los astilleros Euskalduna en Bilbao en los años ochenta. Las luchas en la naval de Xixón, de los trabajadores de Sintel o Delphi y todas las luchas cotidianas que a diario se dan en contra de los nuevos ataques que sufren los obreros por parte de un Capital que ha encontrado con la “derrota” del comunismo una vía expedita para hacer y deshacer a sus anchas. En este estadio de desarrollo del capitalismo, en el cual el capital financiero pesa mas que el capital industrial, fenómenos como la denominada deslocalización son su justo correlato, por lo que el desarrollo de esta lucha parcial, que se corresponde con el capitalismo embrionario del siglo XIX, debe ser sustituida por la lucha que consiga elevar a las masas que se encuentran encuadradas en cualquiera de los sindicatos de la geografía estatal hacia posiciones de transformación social, aunque claro está que para esto se consiga se necesita el elemento determinante que hoy no existe, el Partido proletario de nuevo tipo.

Lenin escribe la enfermedad infantil en plena época de expansión de la revolución de Octubre, es decir con la presencia de un referente revolucionario y por lo tanto en el desarrollo de un estadio de la conciencia revolucionaria que había prendido en las masas explotadas de tal forma que los conatos revolucionarios se extendían por toda la geografía europea y mundial haciendo que la burguesía temblase en cada huelga que era declarada por cualquier sindicato. Hoy no tenemos nada de esto, y esta razón nos imposibilita cualquier tarea a corto medio plazo para poder conquistar a aquellas masas menos avanzadas y que se encuentran encuadradas dentro de los sindicatos.

En el próximo Congreso de la UJCE se pone como una de las tareas principales algo que suena demasiado raro en la forma de expresarlo pero que nos da la razón: se habla de la “recuperación de la conciencia de clase”. A pesar de lo enrevesado del término, esto viene a demostrar que sin conciencia entendida como la capacidad que permite al ser humano aprehender las contradicciones objetivas que existen en el mundo, y su plasmación política y organizativa, es decir el Partido de nuevo tipo, no puede haber ningún tipo de aproximación a las masas alienadas que se encuentran dentro de los sindicatos. El momento actual por el contrario exige intentar atraer a otro tipo de masas que se encuentran en un grado más elevado de conciencia y como tales se han desprendido de todos los lastres pequeñoburgueses que imponen las luchas parciales y los métodos primitivos de trabajo.

En los últimos tiempos hemos podido comprobar cómo se han abierto con el repunte del movimiento antifascista las condiciones para la creación de un movimiento juvenil combativo y que en sus principios parecía tener un carácter antagonista. El desarrollo de los actuales acontecimientos le ha ido empujando hacia el reformismo, dado que se partía del espontaneísmo y de la base de que la contradicción principal está entre fascismo y democracia y no entre capitalismo y comunismo. Pero a pesar de todo ello la creación de espacios autónomos como los Centros Sociales Okupados han posibilitado de alguna forma algo que venía siendo muy necesario, la autogestión cultural de la clase obrera que en otros tiempos, y a otro nivel cualitativo, representaron las Universidades Obreras y en nuestro país las Casas del Pueblo desaparecidas tras la Guerra y la larga noche de la dictadura militar fascista.

Por lo tanto las tareas que nos exige el actual momento político pasa no por recuperar la conciencia de clase, sino por conseguir que la conciencia alcance su grado máximo y se plasme de forma política en una organización proletaria de nuevo tipo bajo los principios intransigentes del marxismo-leninismo para que a partir de la cúspide podamos ir descendiendo hacia los obreros para ganarlos para la causa proletaria, porque aunque muchos ya no lo crean tenemos un mundo que ganar.


NOTAS

(1*)Lenin. “¿Qué hacer?” Capítulo III, Política Tradeunionista y Política Socialdemócrata, Ed. Progreso, Moscú pg.84.

(2*) Lenin. " La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo" Capítulo VI. Colección “Jóvenes Clásicos” (Editado por la UJCE) pg. 42

(3*) Carta de Engels a Marx en 1858 acerca de los obreros ingleses.

(4*) Lenin. “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”

(5*) Lenin. “¿Qué Hacer?” Capítulo III, Política Tradeunionista y Política Socialdemócrata, Ed.
Progreso, Moscú pg. 79

jueves, 4 de marzo de 2010

Carta a la militancia de la UJCE y al conjunto de organizaciones comunistas del Estado español (1)


DOCUMENTO ELABORADO POR LA JUVENTUD COMUNISTA DE ZAMORA EN TORNO A CUESTIONES CARDINALES DEL MOVIMIENTO COMUNISTA DEL ESTADO ESPAÑOL: El Partido de Nuevo Tipo, los frentes de masas, el parlamentarismo y el socialismo del siglo XXI.
El documento puede descargarse entero en pdf desde KAOSENLARED

INTRODUCCIÓN

La Unión de Juventudes Comunistas de España ha iniciado un nuevo proceso congresual a principios de este año. Se inicia así un proceso de debate en el seno de nuestra organización que por sus estatutos se declara marxista-leninista. La crítica y la autocrítica son esencias inherentes a toda organización revolucionaria del proletariado.Esta crítica o debate es la plasmación de la dialéctica en el seno de la organización y sussoluciones buscan superar las limitaciones internas de la organización para poder dar un paso hacia adelante en la conformación de los cuadros comunistas y de la relación de estos con el resto de la clase.
Dada la situación actual del Movimiento Comunista creemos que los debates no pueden circunscribirse a unas siglas o a una sola organización. El debate ha de ser claro y abierto. Entendemos que esto no choca con la disciplina interna de ninguna organización teniendo en cuenta el proceso de debate abierto en la organización a la que pertenecemos como militantes de la Juventud Comunista de Zamora. Solo en este sentido puede explicarse esta Carta Abierta que presentamos a los camaradas de la UJCE y del resto de organizaciones comunistas del Estado español. Nuestro único objetivo es implementar el debate y desde nuestras posibilidades arrojar algo de luz al oscuro momento que pasa nuestro movimiento y que lleva durando ya demasiado
tiempo para regocijo de las clases dominantes. El motivo de este documento es intentar ponerle fín. “… También es cierto que todo movimiento nuevo, cuando empieza a formular su teoría y política, parte de apoyarse en el movimiento precedente, aunque se encuentre en contradicción directa con el mismo. Comienza adaptándose a las formas que tiene masa mano y hablando el idioma utilizado hasta entonces. A su tiempo, el nuevo grano sale de la vieja vaina.” Rosa Luxemburgo, Reforma o Revolución

La historia del proletariado, es la historia de la lucha de clases tanto contra la burguesía como dentro de su propio movimiento. Marx y Engels dedicaron sus vidas al estudio y a plasmar en sus obras la concepción proletaria del mundo, esa Weltanschaaung a la que primero se llamó marxismo y siguiendo el desarrollo de nuestra clase se transformó en marxismo-leninismo. Esta es un arma poderosa, que Lenin y los bolcheviques también empuñaron para barrer todo lo que de negativo existía en el movimiento obrero ruso. Y así ha seguido ocurriendo, con mejores o peores resultados para la línea revolucionaria, hasta nuestros días.

Ahora nos toca el “trabajo interno”, la lucha de dos líneas dentro del movimiento comunista para aplastar al revisionismo y al reformismo y desenmascararlo como lo que es, una correa de transmisión de la burguesía monopolista dentro del movimiento obrero. Como se dice, en una clase magistral de dialéctica, en la película “La batalla de Argel” antes de luchar contra los franceses tenemos que limpiar la casbah. En nuestro caso para atacar al estado imperialista y destruirlo pues ese es nuestro objetivo de clase, primero tenemos que poner a punto para el combate al proletariado y esa puesta a punto se iniciaría cuando el Partido Obrero de Nuevo Tipo esté reconstituido en el Estado español. A esa reconstitución debemos dirigir nuestra labor como comunistas pues esta es una tarea que nos viene impuesta por la situación del sujeto social llamado a destruir el orden social existente, sujeto que hoy día carece de las organizaciones que en otro tiempo si tuvo y que le permitieron hacer tambalear a todo el régimen de la esclavitud asalariada.

Esta Carta de debate se centra de forma resumida en la cuestión del Partido de
Nuevo Tipo, del Partido Comunista y de su táctica.

Tan solo un par de apuntes más como introducción a la Carta: En todos los textos teóricos elaborados por las organizaciones que se denominan comunistas se toman citas
de los “clásicos” del marxismo-leninismo. Eso es algo bueno, pues deja entrever que sesabe de lo que se está hablando (esto lo hemos comprobado en la práctica, pues algunos camaradas en el culmen de su sapiencia comunista nos han espetado esta frase: “sin movimiento práctico no hay teoría, y viceversa”) y cuando alguien ya escrito anteriormente sobre un tema y lo ha hecho de forma magistral no es necesario reescribir lo que ya se dijo. Por tanto vemos necesario el recurso a la experiencia histórica para tratar los temas actuales. Pero en esta Carta en la medida de lo posible hemos intentado recurrir el menor número de veces posible a citar a los clásicos pues en muchas ocasiones estas citas son utilizadas de forma dogmática y descontextualizada y se utilizan de forma tergiversada para justificar el oportunismo y el abandono de las posturas revolucionarias. Kautsky tenía todo un recetario de citas de Marx. Carrillo, esa rata de cloaca al servicio del imperialismo que pasa sus últimos años escupiendo sobre los verdaderos héroes de la clase obrera, también tenía en sus años de glorias setenteras todo un recetario de citas de Lenin para justificar su traición al leninismo.
Y ese es el gran problema de las citas y las obras del marxismo, que sacadas de contexto cualquier línea política puede ser justificada.

Por otro lado los comunistas debemos ser radicales en nuestra crítica y empuñarla “caiga quien caiga”. No podemos ser autocomplacientes pensando que el de al lado es el que está equivocado y por tanto es él el que tiene que cambiar. Los dirigentes de muchas organizaciones, acomodados en sus puestos, sin grandes quebraderos de cabeza y bien enquistados ya en el mecanicismo y la rutina de las luchas inmediatas ven como una pérdida de tiempo todo debate ideológico. Si de verdad son autocríticos deberían ver que su trabajo entre las masas no es que esté siendo brillante precisamente. A estos “compañeros y compañeras” les invitamos a que no pierdan el tiempo leyendo, seguro que tienen mucho trabajo arengando a las masas y no queremos que por nuestra culpa pierdan un solo segundo de su valioso tiempo (Valioso porque son muchos los obreros de los países oprimidos que tienen que ser explotados por nuestra burguesía para alimentar a las correas de transmisión de éstas dentro del movimiento obrero)

“Es deber de los comunistas no silenciar las debilidades de su movimiento, sinocriticarlas abiertamente para desembarazarse de ellas lo antes posible y de lamanera más radical” Vladimir Illich Ulianov, Lenin

http://www.kaosenlared.net/noticia/carta-militancia-ujce-conjunto-organizaciones-comunistas-estado-espano

viernes, 12 de febrero de 2010

DOCUMENTO DE LA PLATAFORMA ANTIFASCISTA DE ZAMORA; Antifascismo: El peligro reformista y el camino a seguir


http://antifascistaszamora.blogspot.com
http://www.kaosenlared.net/noticia/documento-debate-antifascismo-peligro-reformista-camino-seguir

DOCUMENTO DE DEBATE


El antifascismo clásico, el del Frente Popular, nació en su día como una alianza interclasista en la que el proletariado dejó de lado sus intereses de clase para trabajar codo con codo con la burguesía “progresista” con el fin de acabar con el fascismo haciendo suya la máxima de democracia (en general) o fascismo, luchando en primera instancia por las “libertades” de la democracia burguesa. Sin entrar ahora a valorar los resultados de esa táctica que luego se transformó en estrategia paramultitud de organizaciones obreras, debemos situar el antifascismo actual en las condiciones actuales. Ahora la Revolución Proletaria no está en auge, no existe ninguna Internacional, salvo la del imperialismo, con calado entre las masas trabajadoras. Comunistas y anarquistas están a años luz de lo que fueron. Sin embargo las contradicciones en el seno de la burguesía siguen aumentando. Prueba de ello es la fascistización de la sociedad (que se debe también a cuestiones económicas) como respuestade las clases dominantes para resolver sus contradicciones internas, aun sin existir el peligro externo de revolución proletaria, lo cual evidencia la falsedad del argumento simplón y economicista de que el fascismo solo surge ante el peligro inminente de la Revolución Social.

La burguesía también ha cambiado. Su luna de miel con la democracia y las libertades acabó cuando el capitalismo se desarrolló y surgió el imperialismo como forma superior de desarrollo de este régimen productivo. Si antaño las organizaciones proletarias tuvieron que hacer piruetas ideológicas para justificar sus alianzas con sectores de la burguesía que objetivamente, por sus propios intereses de clase, estaban contra el fascismo, hoy día la unión táctica con elementos burgueses es desechada por todas las organizaciones antifascistas que quieran ser tomadas medianamente en serio por el resto de organizaciones. Solo los agentes descarados de la gran burguesía como los chicos de El Militante o los pseudofascistas de la UCE pueden en estos tiempos admitir unidad con el partido del GAL o cualquier otrafuerza parlamentaria del estado español (IU, ERC, BNG…). Pero el peligro de unidad con la burguesía no se limita solo a la unidad directa con sus partidos, grandes o pequeños, sino a la unidad en los hechos con la burguesía mediante el reformismo político que practican y predican sus correas de transmisión en el movimiento obrero



El antifascismo hoy, deber ser un Frente de unión de organizaciones de clase heterogéneas pero siendo común a todas ellas su carácter proletario, anticapitalista y revolucionario. Debe conformarse no como un Frente por Arriba al viejo estilo frentepopulista, sino como un frente único por la base, de todos los trabajadores que se sientan amenazados por el fascismo y el capital yque atienda a las realidades concretas de las organizaciones de cada localidad. Con esto de la realidad concreta nos referimos a que evidentemente en organizaciones que son enemigas de clase del proletariado ( IU o CCOO por ejemplo) pueden existir, y de hecho existen, elementos proletarios y honrados que a pesar de estar en organizaciones anti-obreras que forman parte del estado burgués, pueden y deben ser ganados para la causa del proletariado. Por eso no hay que ser dogmático en la eliminación directa de todos los sujetos de estas organizaciones. Como tampoco hay que ser dogmáticos en el sentido contrario, en el de albergar en nuestro seno a cualquier organización que de palabra rechace al fascismo pero que en los hechos salvaguarde al capital, origen verdadero del fascismo.

El antifascismo como lucha parcial del proletariado debe ser anticapitalista y poner siempre el acento en el carácter de clase del fascismo, que no es otro que el de instrumento de la burguesía. Supeditado a la lucha emancipatoria de la clase obrera, el movimiento antifascista debe formar parte del movimiento obrero revolucionario, entendido este como una suma de organizaciones, evitando así quedarse “compartimentado” y ajeno a las luchas del resto de frentes que conforman el movimiento obrero puesto que todas esas organizaciones sirven a una misma clase y no pueden “pisarse el terreno”. En este sentido entendemos como un error el que desde coordinadoras antifascistas se lancen programas mínimos que poco tienen que ver con las cuestiones directas de este frente (programas de luchas económicas de los trabajadores, de lucha por la vivienda digna…), que como todo frente tiene sus límites y no pueden ser rebasados so pena de caer en el antifascismo por el antifascismo, es decir la organización antifascista por encima de todo lo demás. Caer en el frentepopulismo, pensando que la unidadtáctica de militantes de diversas tendencias puede transformarse en una unidad estratégica y organizativa, sustituyendo a las organizaciones propias (El Partido para los comunistas, el sindicato para los anarconsindicalistas, los Consejos obreros para los autónomos…) por una Organización Antifascista que “lo abarque todo” es olvidarse de que este es un frente parcial y de que hay cuestiones que nos separan a los antifascistas, cuestiones de principio que no pueden ser solventadas por el antifascismo como tal.

El interclasismo (la unidad con grupos reformistas) debe ser combatido sin cuartel, porque nos lleva irremediablemente al reformismo, que reforma al sistema para salvaguardarlo en su conjunto. Se adopta el viejo discurso de oponer la democracia en general al fascismo, cuando la democracia en general significa hoy día democracia burguesa cuyo contenido de clase es el mismo que el del fascismo, dictadura capitalista contra el proletariado y las clases trabajadoras. Se cae también en el discurso fácil de represión= fascismo cultivando la idea entre los trabajadores de que puede existir una “democracia pura” en la que exista la división de clases y no haya represión entre ellas olvidando o escondiendo que toda democracia es una forma de Estado y todo Estado es un instrumento clasista para la represión.

Este culto al estado burgués y a su “democracia” que solo disfrutan las clases dominantes, se materializa en algunas consignas muy extendidas dentro de nuestro movimiento, tales como “depuración de las fuerzas del Estado”, como si estas fuerzas fuesen represoras y apaleasen a los obreros porque en su interior permanecen reconocidos fascistas ya fuesen del régimen anterior o del actual.Pero la realidad es que estas fuerzas estatales son represivas por sí mismas, son necesarias para mantener el régimen capitalista en el que la minoría apropiadora somete a la mayoría productora. Son base del Estado imperialista ya sea este proveniente del fascismo franquista o de la democracia republicana francesa. Predicar la depuración de estos cuerpos, su limpieza democrática dentro de la legalidad burguesa solo apuntala los prejuicios burgueses de nuestra clase entre la que debemos generar una conciencia revolucionaria y no una conciencia democrático burguesa, para eso el Estado ya tiene sus medios de propaganda y a organizaciones como Movimiento Contra la Intolerancia que legitiman el monopolio de la violencia por parte del Estado y niegan el derecho de los explotados a utilizar su violencia revolucionaria contra el orden social existente.

Por cuestiones semejantes es negativa la consigna “muy antifascista” de ilegalizar los partidos fascistas depositando las esperanzas de la clase obrera en el Estado como un “árbitro” de la lucha de clases. Además de engañar a la clase obrera sobre las tareas de toda forma de Estado, y en concreto del Estado burgués, esta consigna deslegitima al propio movimiento antifascista como un movimiento revolucionario y anticapitalista, porque lo deja como un mero “denunciante” ante el Estado. El antifascismo consecuente, el antifascismo de verdad, no puede valerse de los instrumentos legales de la burguesía para exterminar al fascismo, consecuencia del régimen burgués, sino que debe basar su fuerza política en la propia clase obrera. No se puede olvidar en este caso que además hacemos apología de la Ley de partidos, una ley que consideramos dentro del movimiento como fascista o de fascistización de la sociedad, ¿Cómo se puede ser consecuentemente antifascista y utilizar leyes de excepción que permiten el encarcelamiento y la tortura de cientos de militantes antifascistas, comunistas, independentistas y anarquistas?. ¿También vamos a hacer propaganda para que el Estado burgués aplique las leyes antiterroristas al fascismo? Eso solo supone justificar nuestras detenciones ya que el Estado es considerado como un ente objetivizado y nivelador de las disputas políticas en vez de cómo un sujeto que apoya a una sola clase, la de los capitalistas. Debemos ser claros, debemos luchar contra estas leyes de excepción que la clase capitalista usa contra la clase obrera.

Las consideraciones legalistas no pueden tener cabida en el antifascismo de clase. La “victoria” en el juicio de nuestro compañero Carlos sobre el que se considerase el “agravante ideológico” para condenar más años al asesino fascista debería ser analizado con más frialdad. Es totalmente justo y comprensible que la compañera Mavi quiera que el asesino de su hijo pase el mayor número de años en prisión. Nosotros también podemos aplaudir porque Josué vaya a pasarse en prisión muchos años. Pero no se puede ocultar, que esa prisión ha sido construida por la burguesía para mantener su régimen de expropiación. Por lo que tenemos que luchar y hacer propaganda es porque se den algún día las condiciones subjetivas para que el proletariado derribe esas prisiones y sea él mismo quien ejerza la justicia directa contra los carniceros imperialistas y sus secuaces fascistas. No se quiere negar la utilización de la justicia burguesa para velar por la integridad física de militantes revolucionarios (a sabiendas de que es esta justicia la primera interesada en eliminarnos política y físicamente)pero caer en el posibilismo y trabajar de “cara a lo tangible” solo apuntala lo que hoy día es tangible y ya tenemos en frente: el capitalismo y el fascismo. Conectando con esto, al realizar nuestra propaganda entre la clase obrera no podemos advertirle para que se organice de cara a los peligros venideros, a la catástrofe que se nos viene encima (grupos fascistas, recortes de derechos…) porque la catástrofe ya está aquí. Es el actual régimen imperialista contra el que hay que luchar sin esperar a que vengan “tiempos peores”.



En cuanto a la represión, es bueno denunciarla, de hecho la propaganda del antifascismo debe dar cuenta ante la clase obrera de cómo trata la burguesía a quienes nos oponemos a su régimen social. Pero es mucho más importante que la denuncia, el pertrecharse para eludir esta represión desde nuestro trabajo fuera de los instrumentos del Estado. Porque desde el trabajo legal, democrático, posibilista, no se evita la represión de la burguesía, más bien al contrario se va a su paso y se justifica el uso de ésta por parte del Estadocuando alguien decide saltarse su legalismo. Y se justifica esta represión no ante los medios de propaganda y el Estado (estos ya tienen su propia maquinaria de criminalización) sino ante los trabajadores que amansados y acostumbrados al legalismo burgués verán con miedo y no seguirán al movimiento cuando este tenga que rebasar los legalismos y usar su violencia revolucionaria, ya sea en un contexto de resistencia o de ofensiva. En este sentido creemos que son mucho más positivas para la concienciación a medio plazo del proletariado acciones como las de Lavapiés en marzo de 2008, siempre que sean precedidas y seguidas de una fuerte agitación y propaganda política entre los trabajadores, que las peticiones de ilegalizar marchas fascistas que se hacen a las subdelegaciones del gobierno de la provincia de turno. Y si no se puede actuar como los compañeros de Madrid en Lavapiés, se debe hacer todo cuanto esté a nuestro alcance para que eso se pueda llevar a cabo lo más pronto posible sin conformarnos con la intermediación del Estado en los problemas de la clase obrera. Lavapiés, Vallekas o Euskal Herria son ejemplos de cómo las masas organizadas expulsan a los fascistas de barrios y ciudades sin necesidad de recurrir a la legalidad burguesa. Así mediante su experiencia propia, los trabajadores de estas zonas ya saben que solo su implicación directa sirve para acabar con los grupos fascistas sin esperar ninguna ayuda del Estado capitalista.

Las peticiones o reivindicaciones del antifascismo si no se toma este como un frente más de lucha insertado en la lucha general de la guerra de clases, quedarán como producto espontáneo de las luchas inmediatas y parciales que no cuestionan las premisas de las condiciones en las que se desenvuelven, el estado burgués y la división clasista de la sociedad, reproduciendo esas mismas premisas que debemos combatir y eliminar. Se cae entonces en la reforma parcial del sistema que no es sino la legitimación del sistema en su conjunto, obstaculizando su destrucción pues las reformas apuntalan lo viejo, la sociedad de clases, y obstaculizan lo nuevo, la Revolución Social por la que todos los antifascistas revolucionarios luchamos.



En los últimos años se han dado grandes avances en el movimiento antifascista tanto a los niveles locales como a nivel estatal. Pero estos avances han sido en muchos casos fruto de la espontaneidad de la juventud trabajadora y de distintas organizaciones anticapitalistas, convirtiendo lo inmediato en lo principal y cayendo en consignas reformistas. Ahora que el movimiento antifascista de los últimos años empieza a asentarse y a alcanzar cierto grado de madurez política debemosacabar con todo vestigio de reformismo pequeño-burgués que exista en nuestro interior.

En lo organizativo los encuentros estatales han dado cierta homogeneidad al movimiento, coordinándose convocatorias, materiales de agit-prop, y lemas de manifestaciones a nivel estatal. Esto es positivo. Ahora toca dar un paso más en la conformación de nuestro movimiento como un frente proletario enmarcado en la lucha de clases contra la burguesía. Toda nuestra propaganda debe ir encaminada a esclarecer el carácter clasista del Estado y del reformismo para acabar con las ilusiones pequeño-burguesas de la clase proletaria. No se puede caracterizar al Estado como árbitro en la lucha de clases. Ya hemos visto como multitud de movimientos parciales eran reconvertidos y asumidos por el Estado burgués para vaciarlos de contenido revolucionario y convertirlos en otro puntal del régimen capitalista (el No a la Guerra, el feminismo, el ecologismo, la memoria histórica…)

¡Que el antifascismo no se convierta en la hoja de parra de la democracia burguesa!

¡Que a las masas trabajadorasno se les engañe con cantos pacifistas y reformistas, solo con su violencia revolucionaria podrán convertirse en dueñas de su destino!


El imperialismo sea cual sea su forma, es el enemigo de la clase obrera y de los pueblos oprimidos del mundo. Contra él tenemos que dedicar toda nuestra propaganda y nuestra organización debe desarrollarse en base a la destrucción del Estado imperialista. Decirle lo contrario a los trabajadores, es ponerse del lado enemigo.


Plataforma Antifascista de Zamora.

Febrero de 2010.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Entrevistas con el Colectivo Comunista 27 de Septiembre y el Movimiento Anti-Imperialista (2)

Estas entrevistas se realizaron en agosto de 2009, coincidiendo con una Charla-Debate que organizamos desde la JC Zamora en la que participaron los camaradas del MAI, del PCPE y del CC 27 Septiembre. La entrevista, no obstante, se realizó vía e-mail. Por cuestiones ajenas a la Juventud Comunista de Zamora desde el PCPE no se nos contestó. Tras meses y meses esperando, hemos decidido publicar las entrevistas con los camaradas que si tuvieron a bien contestar.

ENTREVISTA CON EL MOVIMIENTO ANTI-IMPERIALISTA
http://www.nodo50.org/mai

Crisis.
¿Creéis que la llamada “crisis” está siendo bien enfocada por los distintos destacamentos comunistas del Estado español?

Evidentemente, no.
En primer lugar, está aún pendiente en nuestro movimiento una reflexión seria y madura sobre la capacidad del sistema para neutralizar los efectos de las crisis a través de la acción del Estado, capacidad notoria que ha quedado patente en el último periodo, y sobre las consecuencias que este fenómeno –nada nuevo, por otra parte, y que ha suscitado polémicas entre los marxistas desde hace ya varias décadas– acarrea para los comunistas desde el punto de vista de la estrategia y la táctica revolucionarias.
Igualmente, el propio desarrollo del capitalismo como Capitalismo Monopolista de Estado ha terminado de desmentir, ya de forma irrefutable, la fábula del Estado como aparato neutral por encima de las clases. El apoyo incondicional que han prestado todos los Estados a sus respectivas grandes corporaciones y su implicación para cargar sobre las espaldas de los trabajadores los costes de la crisis, al mismo tiempo que tratan de evitar la conflictividad social –sobre todo, con la connivencia de los sindicatos –, así lo ratifican. Sin embargo, los comunistas todavía siguen apelando al Estado capitalista, proponiendo nacionalizaciones, disposiciones fiscales y sociales y demás medidas reformistas, con la ingenua esperanza de que algún tipo de gobierno legalmente establecido (“republicano”, “obrero”…) pueda utilizar el aparato estatal para llevarlas a cabo; sin embargo, los comunistas todavía siguen alimentando la esperanza de “conquistar los sindicatos” amarillos mayoritarios con el fin de incentivar y dar contenido “de clase” a la lucha de los trabajadores, como si aún se tratase de instrumentos de la clase proletaria, su “forma natural” de organización (vieja tesis de la Internacional Comunista totalmente trasnochada), y no de instancias del aparato del Estado burgués diseñadas para el encuadramiento de la clase obrera en función de los intereses de la producción y reproducción del sistema capitalista.
Cada vez es más evidente que en el capitalismo los ámbitos económico y político están entrelazados de manera creciente, y que el problema de la crisis es un problema de naturaleza política, no económica Sin embargo, los destacamentos comunistas hablan de “salir de la crisis”, de que la crisis “la paguen ellos”, refiriéndose a los capitalistas, diseñando con tal fin estrategias resistencialistas de acción dirigidas casi exclusivamente al terreno económico, principalmente hacia la esfera del trabajo y de la relación del obrero con el empleo.
El desenfoque del problema es, por tanto, absoluto, no sólo porque este tipo de discursos otorga cobertura a líneas políticas de corte sindicalista y reformista que se olvidan de los acuciantes problemas de la revolución, sino sobre todo por la ideología que subyace en ellos. Domina una intención oportunista, la idea de que la posibilidad de la experiencia de la lucha de clases para las masas se remite a episodios puntuales del ciclo económico capitalista. Por eso, se habla de organizar la resistencia y de “aprovechar la oportunidad” que presenta la crisis para construir movimiento obrero consciente. La ideología de la resistencia frente a los ataques del capital no comprende la lucha de clases como sustrato básico de la sociedad, sino como conflicto coyuntural e intermitente, y la actividad de la vanguardia no como iniciativa consciente y sistemática del sujeto revolucionario, sino como espera pasiva sometida a las episódicas oscilaciones objetivas de la economía capitalista. En términos filosóficos, domina la idea de que, en las contradicciones de clase, la unidad es lo principal y la lucha secundaria (tendencia a la conciliación). La resistencia puntuada o intermitente es, por tanto, el caldo de cultivo idóneo para construir tanto el movimiento de vanguardia como el movimiento de masas. Pero, en esta estrategia, el capital impone su ley, decide el momento, el lugar y el modo del enfrentamiento; la vanguardia sólo puede ofrecer soluciones de expectativa (de retaguardia), y el movimiento sólo puede construirse como de resistencia, nunca como movimiento revolucionario.
Esta ideología exagera el valor de la lucha económica como base de la conciencia y como forma primordial de toda otra forma de lucha de clases. El aspecto teórico pasa a segundo plano en la construcción de la conciencia y toda planificación política se somete a esa estrecha y directa vinculación entre lucha económica de las masas y acción política de la vanguardia, sin siquiera plantearse la dificultad de cómo dar continuidad a un movimiento fundado en el conflicto social episódico provocado por la coyuntura del ciclo capitalista, cuando las reivindicaciones que promueve están destinadas a extinguirse precisamente con la superación de la fase de crisis económica.
Se trata, en definitiva, de una ideología de la evolución social (no de la revolución), que entiende el desarrollo de los procesos sociales y políticos como cambio gradual: el ascenso de las formas de lucha desde la resistencia espontánea se correspondería con el ascenso de las formas de conciencia, desde el sindicalismo al comunismo. La conciencia en sí se transformará en conciencia para sí de la clase obrera. En resumen, estamos ante un plan espontaneísta de construcción política basado en la táctica-proceso, en el principio de que el movimiento es lo principal y el objetivo secundario. Todo programa de Reconstitución del Partido Comunista fundado en este plan daría como resultado un partido obrero liberal, un partido para la reforma y el parlamentarismo, no un partido revolucionario.
Esta forma de pensamiento no está a la altura de las exigencias teóricas que impone el capitalismo moderno, en plena fase imperialista de su desarrollo, en plena fase de crisis general como modo de producción. Y es que se trata de esto, precisamente, de que el capitalismo se halla en crisis permanente, por lo que la dialéctica coyuntura favorable-coyuntura desfavorable característica de los ciclos económicos ha quedado relegada, ya no juega el papel determinante de la época del capitalismo concurrencial; ahora constituye sólo un síntoma más que se inscribe dentro del marco general de ocaso del capitalismo. Cuando el imperialismo ha extendido el dominio de las relaciones sociales capitalistas a todos los confines, cuando el capitalismo se ha convertido en el modo de producción efectivamente dominante en todo el planeta, la crisis cíclica ya no es el referente principal. La crisis del sistema ya no se manifiesta como ruptura del ciclo económico, sino como permanente y constante depósito de estratos de explotación, opresión, miseria, marginación… Las contradicciones y los antagonismos del sistema están en su máximo apogeo, el ciclo se rompe continuamente, aquí y allá, en un país o en toda una región del globo, en una rama de la producción o en otra, con el pertinente efecto dominó que facilita el alto grado de socialización del trabajo propiciado por el capitalismo monopolista; la cadena imperialista se rompe o amenaza con romperse sucesivamente por uno o varios de sus eslabones; la acción de la vanguardia y del Partido no necesita esperar su oportunidad, porque las posibilidades son constantes.
Por todas estas razones, la crisis actual no debe provocarnos ansiedad política, mal del que adolecen la mayoría de los comunistas, que se guían todavía por un paradigma de tipo decimonónico. La crisis no debe desviarnos del plan correcto de Reconstitución del Partido Comunista, que es la primera y principal tarea de los comunistas. No existe otra actividad revolucionario aparte de este plan. Sólo con Partido Comunista reconstituido se podrán utilizar en el futuro las crisis para la revolución. Las únicas condiciones consisten en que se debe actuar siempre en el plano de la política como lo principal, subordinándose el aspecto reivindicativo e inmediato de las luchas parciales, desde la forma superior de conciencia de la clase (para sí), y a partir de un movimiento político independiente, tanto de la burguesía como de las formas inferiores de conciencia de la clase (en sí), con el fin de incorporar y elevar a estas últimas.


Unidad Comunista.
La Revolución Proletaria pasa por la unidad de todos los marxistas-leninistas del estado español. ¿Cómo debe realizarse esta unidad, mediante la unidad en torno a unos cuantos puntos o mediante la lucha de dos líneas para deslindar con el revisionismo?


En sentido estricto, el primer enunciado no está formulado correctamente, porque se sitúa dentro de los parámetros estratégicos de la unidad comunista como método de Reconstitución.
El problema no consiste en demostrar quién es “marxista-leninista” antes de la existencia del Partido Comunista; éste sería un problema espurio, o, si se quiere, es un problema planteado en el plano individual u organizacional, niveles que no se corresponden con la perspectiva correcta que exige adoptar este asunto del partido proletario de nuevo tipo. Quién es comunista antes de la existencia del Partido no merece la pena ser discutido. En lo individual y en lo organizativo, “ser comunista” sólo puede significar voluntad de serlo: algo tan subjetivo que no supera el aspecto coloquial del término, aspecto completamente secundario en este punto. En definitiva, no hay “comunistas” cuando no existe un programa ni una línea comunistas que puedan ser aplicados por los militantes y por los grupos autodenominados “marxistas-leninistas”, cuando no existe todavía el Partido.
La razón es que la cuestión de la Reconstitución del Partido Comunista es un problema de naturaleza objetiva, que responde a necesidades y requisitos independientes de nuestra voluntad, de nuestras necesidades e incluso de nuestras expectativas personales. Es por esto que quienes presentan al Partido Comunista como fruto de la unidad entre los comunistas, no sólo incurren en una redundante tautología (la “unidad” dice que la suma de comunistas da comunismo, pero este resultado ya estaba incluido en la premisa de que se parte. No se trata, pues, de una cuestión de calidad, sino de cantidad, lo cual no tiene relevancia desde el punto de vista ideológico y político; sólo la tiene en lo organizativo), sino, sobre todo, incurren en un error de principio, al pretender que el Partido Comunista puede ser producto de un acuerdo intersubjetivo, de un pacto entre partes, pacto que, por otro lado, únicamente puede fundarse sobre mínimos.
En esto consiste, precisamente, el segundo gran error de los partidarios de la unidad comunista: que no comprenden que el Partido Comunista sólo puede ser posible sobre máximos, es decir, sólo puede reconstituirse a partir del máximo desarrollo alcanzado por la lucha de clases proletaria, por la teoría y la práctica revolucionarias del proletariado. Y aquí entra a jugar su papel el primer elemento objetivo sobe el que es preciso trabajar: el Balance de la experiencia histórica de construcción del socialismo. El comunismo hoy está en crisis porque esta experiencia, como primer gran ciclo histórico de la Revolución Proletaria Mundial, ha concluido en derrota; lo cual implica, a su vez, que todas las corrientes comunistas que nacieron y se desarrollaron dentro de ese ciclo y a partir de sus premisas materiales deben ser sometidas a la crítica y autocrítica de ese Balance histórico, porque ninguna expresa, ni abarca, ni alcanza a explicar todos los resultados políticos e ideológicos de esa experiencia. Por consiguiente, no hay comunismo hoy sin Balance histórico del Ciclo de Octubre.
En cuanto al método, naturalmente, somos partidarios de la lucha de dos líneas, y en primer lugar de la lucha de dos líneas en torno al Balance. Después, o simultáneamente, las necesidades del movimiento de Reconstitución exigirán que la lucha de dos líneas alcance las cuestiones de línea política, de línea organizativa, etc. No habrá Partido Comunista sin ideología refundida, sin línea política o aparte de un movimiento organizado a la manera revolucionaria profundamente enraizado entre el proletariado.
Pero, para esto, la lucha de dos líneas no es suficiente. Aunque ésta constituye el aspecto principal, también se precisa una línea de masas. El objetivo principal de la lucha de dos líneas es el deslinde ideológico y político con el revisionismo y el oportunismo; pero también es preciso definir la base social sobre la que hay que actuar en cada momento para cumplir con las tareas de cada fase del proceso de Reconstitución. Y aquí es preciso insistir, en relación con lo señalado al principio de este punto, en que el terreno práctico sobre el que debe apoyarse el proceso excluye, ya de por sí, que su resultado esté preestablecido, es decir, que al final del proceso nos encontremos “unidos” quienes en un primer momento ya nos definíamos como “comunistas” o como “marxistas-leninistas”. Muchos de los futuros comunistas, miembros efectivos del verdadero Partido Comunista, hoy no lo son, no se consideran o no creen serlo. Y a la inversa: muchos “marxistas-leninistas” de hoy, mañana estarán en el campo enemigo. Esto es así necesariamente por la naturaleza del proceso mismo, por el deslinde ideológico-político y también porque la aplicación de línea de masas requerirá la incursión de la vanguardia en ámbitos o sectores sociales que hoy están alejados de nuestro movimiento. La lucha por la hegemonía ideológica en toda la sociedad (no sólo en el movimiento obrero) frente a la concepción del mundo burguesa así lo exigirá. Qué masas necesitamos en cada etapa del proceso y cuál será el plan para abordarlas: definir la línea de masas será crucial para la Reconstitución del Partido Comunista. Éste es el segundo gran problema objetivo al que se enfrenta la vanguardia actualmente.
Todos los imponderables de orden objetivo a que nos podamos referir se resumen o sintetizan, o, si se quiere, encuentran su causa última, en una circunstancia excepcional de largo alcance que determina y modifica comparativamente hablando todos los aspectos de la actividad de la vanguardia, a saber, el hecho inusitado y absolutamente original de que nos encontramos en una época histórica de transición entre dos ciclos revolucionarios. Jamás el movimiento revolucionario debió enfrentarse a una circunstancia de esta índole. Es la primera vez que nos encontramos ante situación tan inaudita, que plantea problemas y condiciones nuevas ante las que no disponemos de experiencia previa. La vanguardia debe saber encarar, con inteligencia y creatividad, las tareas que impone este escenario novedoso para alcanzar los mismos fines revolucionarios.


Parlamentarismo.
Vuestra organización pidió la abstención en las últimas elecciones europeas, ¿por qué? ¿Cuál ha de ser la importancia del parlamentarismo para el Partido Proletario Leninista de nuevo tipo?


En las pasadas elecciones europeas el MAI pidió el boicot, algo parecido a la “abstención activa” que propusieron otras organizaciones. Sin embargo, elegimos esta consigna porque se corresponde mejor con la tradición del movimiento comunista internacional, en particular, con la tradición del bolchevismo. Además, presupone o lleva implícito ya el espíritu “activo” que otros reclaman cuando adjetivan su llamamiento al abstencionismo electoral, y, sobre todo –y esto es lo fundamental–, presupone, igualmente, la existencia de un plan político verdaderamente alternativo, ajeno y diferente de la línea proelectoralista y filoparlamentaria de la mayoría de los abstencionistas de hoy, quienes, en realidad, no se presentan ni piden el voto porque todavía no tienen preparada ellos su propia plataforma electoral; pero, cuando la tengan, solicitarán con vehemencia el sufragio activo de las masas. Los partidarios de la conjunción republicano-comunista que hoy cultivan la “abstención activa”, mañana cultivarán el cretinismo parlamentario.
Por otro lado, boicoteamos las elecciones porque, en la actualidad, la lucha en este campo no es útil para la revolución. Hoy, para la vanguardia, el centro de la lucha de clases está situado en la lucha ideológica, en la lucha de dos líneas por la Reconstitución del Partido Comunista. Esta lucha implica a un sector de la clase lo suficientemente avanzado en lo teórico como para que pueda decirse que, par él, el parlamento no sólo está superado históricamente, sino también políticamente. El debate y la lucha por la Reconstitución del Partido no incluyen, pues, el parlamentarismo.
Por lo que se refiere al parlamentarismo en relación con la línea general de la revolución proletaria, ¿es o será útil el parlamento para el proletariado revolucionario en algún momento? O, dicho en términos leninianos, ¿necesitan las masas atravesar un periodo de actividad parlamentaria de la vanguardia para adquirir conciencia de la caducidad de las instituciones políticas burguesas? En general, no se puede responder negativamente a esta pregunta. Sin embargo, en nuestra opinión, la vanguardia debería también reflexionar sobre otro elemento relativamente novedoso, a saber, la creciente tendencia a la abstención electoral en las denominadas “democracias maduras”, y, en lugar de simplificar el análisis del fenómeno achacándolo al apoliticismo, como hacen algunos para justificar su legalismo y su reformismo impenitentes, preguntarse si esa desilusión de las masas respecto del parlamentarismo y de la política burguesa no es trabajo adelantado en la labor comunista de combatir las ilusiones parlamentarias y, por consiguiente, si no es mejor diseñar políticas de clase independientes y articular instrumentos de participación que puedan devolver a esas masas su interés por la política, en lugar de ofrecerles recauchutados programas políticos pequeño burgueses.
En cualquier caso, desde nuestro punto de vista, la actividad parlamentaria de la vanguardia siempre será secundaria y estará sometida al plan general de actividad revolucionaria. Y esto –al menos, teóricamente– sólo durante un periodo muy concreto de la fase de Reconstitución del Partido Comunista (es decir, sólo en un momento de la fase prepartido). En la construcción revolucionaria hay dos grandes fases: la Reconstitución del Partido Comunista y la lucha del Partido Comunista por conquistar todo el poder desde Guerra Popular. Para esta segunda, no vale el parlamento, sino únicamente la lucha armada de las masas construyendo nuevo poder. Así lo han demostrado las últimas experiencias históricas de la revolución proletaria, principalmente, la del Partido Comunista del Perú (entre 1980 y 1992) y la del Partido Comunista de Nepal (maoísta) (entre 1996 y 2006). En cuanto a la primera fase, quizá, y sólo quizá, se deba recurrir a la propaganda desde el parlamento burgués para conquistar a un sector de avanzada de la clase, implicado en la dirección de las luchas inmediatas de las masas, más renuente a desembarazarse de las ilusiones reformistas, que necesita experimentar directamente y en carne propia el tránsito desde sus expectativas políticas legalistas hacia las posiciones políticas revolucionarias.


Internacional.
A nivel mundial nos encontramos en un momento de repliegue revolucionario como jamás había conocido el proletariado. En vuestra opinión, ¿dónde se encuentra actualmente la vanguardia de la Revolución Proletaria Mundial?


El “repliegue revolucionario” o “repliegue general” es uno de los síntomas que indican que nos hallamos inmersos en un periodo de transición histórica entre dos ciclos revolucionarios. Para el MAI, forma parte de la vanguardia internacional todo aquél que ha tomado conciencia de esto y de sus consecuencias y adopta una posición política revolucionaria coherente con ello. Pero es preciso entender la idea de “repliegue” en términos diferentes a como la mayoría de los destacamentos comunistas la interpretan.
En la historia de nuestro movimiento ha habido muchos momentos de repliegue tras derrotas dolorosas. Sin embargo, las fuerzas que iniciaban la recuperación eran, en lo fundamental, las mismas que habían sufrido esas derrotas: un proletariado en ascenso político y organizativo, que crecía en número acompañando a un capitalismo en plena expansión, y que incorporaba las lecciones de su experiencia sin solución de continuidad. A la derrota de la Comuna de París le siguió el triunfo del marxismo en casi toda Europa; a la derrota de la socialdemocracia alemana, arruinada por el socialchovinismo, le siguió el triunfo de la revolución bolchevique, y a la derrota de la revolución en la URSS a manos del revisionismo moderno, continuó la revolución cultural en China Cada paso dado por la Revolución Proletaria Mundial se apoyaba sobre el sólido escalón elevado que prestaba la experiencia anterior: la revolución cultural fue posible gracias a la instauración y consolidación de la Dictadura del Proletariado, logro del proletariado soviético; esta conquista fue posible por la incorporación del marxismo al movimiento obrero, logro del proletariado alemán, y el triunfo del marxismo entre las masas fue facilitado por la experiencia práctico-revolucionaria del proletariado parisino.
Pero nada de esto tenemos ahora, ni los logros del proceso ni el mecanismo del proceso. Toda ha cambiado para la revolución. El encadenamiento progresivo de acontecimientos revolucionarios de calidad cada vez más elevada ha sido cancelado, y todo el basamento material y cultural que ese desenvolvimiento y profundización históricos de la revolución proletaria fue construyendo ha sido liquidado. Hoy, la posición política del proletariado ha dejado de ser referente principal en las luchas de clases y condicionante de la posición adoptada por las demás clases; hoy, ni siquiera tiene el proletariado una posición de clase independiente. La obra de construcción revolucionaria debe ser comenzada desde el principio, sin ningún soporte material dejado por otros sobre el que auparnos y sin otro apoyo espiritual que el legado de la experiencia histórica de nuestra clase. Esto es lo que caracteriza la época que vivimos como periodo de transición y éste es el sentido que nosotros damos a ese término.
De este modo, el punto de partida no puede ser otro que la construcción de toda esa experiencia como discurso ideológico que sirva de punto de partida y de inspiración del plan político que permita acercarnos al próximo ciclo revolucionario. En relación con el pensamiento proletario del primer ciclo, en sus distintas variantes y matices, se trata de una reconstitución o, si se quiere, de una refundición de la ideología proletaria. Sin embargo, aún antes de la culminación de esta obra de reconstitución ideológica y lejos de toda pretensión liberal o ecléctica, pueden extraerse ya de aquella experiencia elementos válidos de la línea política general proletaria con el fin de comenzar a ensamblar el armazón político sobre el que los comunistas pueden iniciar la definición y aplicación de su Plan de Reconstitución.
En este sentido, podemos decir que, a nuestro entender, el segundo criterio válido para designar a la vanguardia actual consiste en señalar a aquellos destacamentos que han comprendido, al menos, que los dos ejes fundamentales sobre los que puede y debe construirse la política proletaria son la Reconstitución de partidos comunistas y la Guerra popular como instrumentos estratégicos imprescindibles de la revolución proletaria. En este terreno, podemos hablar de destacamentos de vanguardia internacional cuando nos referimos a partidos que están aplicando sobre la práctica esa línea general, como, por ejemplo, los naxalitas indios, la fracción proseguir del Partido Comunista del Perú, la fracción de maoístas nepalíes que combaten al prachandismo, así como todos los comunistas que han tomado conciencia de la importancia de combatir esta nueva versión del revisionismo… Sin dejar de insistir en que todavía ninguno de estos destacamentos maoístas cumple con el primer criterio de definición de la vanguardia internacional que hemos expuesto.
En cualquier caso, para el MAI, en las labores para la Reconstitución de la Internacional Comunista que deben encomendarse los destacamentos comunistas de vanguardia, deben incluirse, como punto de partida, ambos criterios: Balance y Línea General correcta.


La Charla-debate.
Actos como el que ha organizado la Juventud Comunista de Zamora, ¿os parecen necesarios para la vanguardia proletaria o no son más que una pérdida de tiempo?


Sí, son absolutamente necesarios. En primer lugar, frente a los “practicistas”, que no comprenden la necesidad de la lucha de clases ideológica, en general, ni de la lucha de dos líneas, en particular. Es importante crear escenarios para el desarrollo de esta lucha y este tipo de actos contribuyen a ello. Además, en la medida que cumplen el objetivo de deslindar con el revisionismo y desenmascararlo, y que contribuyen a definir y propagar la verdadera y correcta línea proletaria, son beneficiosos porque actúan como contrapunto de esos otros “encuentros”, “charlas” y “debates” que sólo buscan la unidad a cualquier precio, la rebaja del programa comunista y la presentación ante las masas de plataformas electorales republicanas, intenciones éstas que inspiran la mayoría de los “encuentros” que hoy realizan los comunistas.
En segundo lugar, estos actos contribuyen a que la vanguardia conozca, comprenda y se familiarice con los pormenores de las contradicciones en que se haya hoy envuelto el movimiento comunista. Frente a quienes desean ocultar estas contradicciones reales y relegar las controversias teóricas y políticas entre los comunistas a segundo plano, este tipo de actos es una excelente forma “practica” por medio de la cual los comunistas honestos pueden aprender a distinguir, desde su propia experiencia, quiénes son los amigos y quiénes son los enemigos de la revolución.

Entrevistas con el Colectivo Comunista 27 de Septiembre y el Movimiento Anti-Imperialista (1)

Estas entrevistas se realizaron en agosto de 2009, coincidiendo con una Charla-Debate que organizamos desde la JC Zamora en la que participaron los camaradas del MAI, del PCPE y del CC 27 Septiembre. La entrevista, no obstante, se realizó vía e-mail. Por cuestiones ajenas a la Juventud Comunista de Zamora desde el PCPE no se nos contestó. Tras meses y meses esperando, hemos decidido publicar las entrevistas con los camaradas que si tuvieron a bien contestar.

ENTREVISTA CON EL COLECTIVO COMUNISTA 27 DE SEPTIEMBRE
http://www.nodo50.org/cc27s

Crisis
¿Creéis que la llamada “crisis” está siendo bien enfocada por los distintos destacamentos comunistas del Estado español?

No tenemos la información necesaria para contestar a esta cuestión de manera precisa, por lo que nuestro punto de vista sobre este asunto sólo puede ser parcial.
Nuestro colectivo, dado que es eso, sólo un colectivo (muy pequeño), poco podemos hacer que sea realmente significativo frente a la crisis. Ahora bien, podemos decir algo de los demás; de aquellos que se llaman partido.
En los pocos lugares en los que nos movemos, la labor del PCE (solo o a través de IU) o PCPE, deja mucho que desear. Sinceramente, creemos que no están a la altura de sus posibilidades y de las necesidades de la clase obrera y de otros sectores populares.


Unidad Comunista
La Revolución Proletaria pasa por la unidad de todos los marxista-leninistas del estado español, ¿Cómo debe realizarse esta unidad, mediante la unidad en torno a unos cuantos puntos o mediante la lucha de dos líneas para deslindar con el revisionismo?

No creemos que se vaya a dar la unidad de todos los que se dicen m-l. En cualquier caso, no hay que esperar a la unidad de todos ellos para que pueda caminarse en la dirección de la Revolución Proletaria. Es suficiente con que exista un partido lo suficientemente fuerte m-l que conduzca a la clase obrera a esa revolución, aunque haya otros grupos más pequeños que se denominen m-l. La existencia de un solo partido comunista en España u otro país, creemos que es algo que pasó a la historia.
La unidad se llevará a cabo, fundamentalmente, mediante de la lucha de dos líneas para deslindar con el revisionismo, pero habrá que llegar a acuerdos concretos en lo ideológico, en lo político y en lo organizativo. Al final deberá de haber una Línea Política, un Programa y unos Estatutos.

Parlamentarismo
Vuestra organización pidió el voto en blanco en las últimas elecciones europeas (suscribiéndose al comunicado de la Plataforma de Ciudadanos por la República) ¿por qué? ¿Cuál ha de ser la importancia del parlamentarismo para el Partido Proletario Leninista de nuevo tipo?

No se trata de “parlamentarismo” sino de la utilización de las instituciones burguesas.
Ante las elecciones europeas cabían varias opciones: abstenerse, pedir el voto para IU, para el PCPE, para Iniciativa Internacionalista u otras.
Llamar a abstenerse significaba llamar al apoliticismo, abstenerse de política, tal como quieren fascistas, anarquistas,…. Hace mucha falta que las masas participen en política.
Votar a IU quedaba descartado, dada la actuación represiva de Saura contra las manifestaciones antibolonia y las declaraciones de Meyer respecto a Iniciativa Internacionalista.
Votar al PCPE, tampoco. Una candidatura comunista, tal cuál (como si fuera la del PCE u otro) no es lo que necesita la clase obrera en estos momentos. El promover ese tipo de candidatura, en España, obstaculiza el camino de la necesaria unidad de la izquierda (no sólo la unidad de los comunistas) por una alternativa política popular, unitaria, democrática y republicana. Tampoco consideramos acertada la consigna de República Confederal que propugna el PCPE.
Votar a Iniciativa Internacionalista significaba promover el independentismo de las nacionalidades históricas y de las inventadas; algo negativo para la necesaria unidad de la clase obrera en toda España.
Sólo nos quedaba ver qué proponían otras organizaciones o colectivos. Vimos que la Plataforma de Ciudadanos por la República llamaba a votar en blanco así como el nuevo PCE (m-l), MUP-R y otros colectivos con los que coincidimos políticamente. Vimos sus motivos y nos pareció lo mejor unirnos a ellos, y así fue. Satisfechos.
La utilización de las instituciones burguesas por los comunistas es algo que siempre se ha dado y se dará. La cuestión es cuándo y cómo hay que hacerlo. La no participación en elecciones municipales, autonómicas, estatales, o similares, puede ser un grave error de los comunistas; del Partido Proletario Leninista.

Internacional
A nivel mundial nos encontramos en un momento de repliegue revolucionario como jamás había conocido el proletariado. En vuestra opinión ¿Dónde se encuentra actualmente la vanguardia de la Revolución Proletaria Mundial?

Dentro de todo lo que vemos por ahí, consideramos que esa vanguardia se encuentra en la Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas (CIPOML).

La Charla-Debate
Actos como el que ha organizado la Juventud Comunista de Zamora, ¿os parecen necesarios para la vanguardia proletaria o no son más que una pérdida de tiempo?

Para poder contestar de la forma más certera posible a vuestra pregunta, tendríamos que saber qué es lo que os ha movido a organizar el acto; cuál es vuestro objetivo; la repercusión que pudiera tener. En principio, estamos seguros que vuestro acto ha tenido repercusión en el movimiento comunista español; varios partidos y organizaciones comunistas han fijado sus ojos en vosotros, expectantes.
Además de lo anterior, sobre todo, valoramos muy positivamente vuestra actitud; así como lo que vemos o intuimos de vuestra trayectoria.
El encuentro entre comunistas (organizaciones, partidos o comunistas sin partido) es imprescindible para lo que pudiéramos llamar “reconstitución del PC”. Vuestro acto es un paso positivo en ese sentido, aunque totalmente insuficiente. Es necesaria la máxima unidad de acción en el trabajo práctico, como comunistas, tanto entre las direcciones como en la base; lo cuál no se da ni creemos se va a dar a corto y medio plazo (estamos hablando de PCPE, PCE (m-l), UP, PCE,…)
Es necesario un desbroce en el movimiento comunista español. Que unas organizaciones se fortalezcan, que otras desaparezcan o que aparezcan otras nuevas más potentes. Este ha de ser el camino y no hay que tener miedo a desaparecer. Por poneros un ejemplo, el CC 27-S tiene vocación de desaparecer; lo lógico es que nos unamos a otros más grandes o con otros para formar algo más grande.
En definitiva, y a lo que vamos, vuestro acto favorece la unidad comunista y no es una pérdida de tiempo. Iniciativas como la vuestra, o parecidas, hacen mucha falta.

Saludos y hasta el sábado.

sábado, 2 de enero de 2010

Debate sobre la Unión Soviética. VII

CRÍTICA ENVIADA POR UN COMUNISTA DE SEVILLA A NUESTRA "RESPUESTA AL CAMARADA RED METAL"(publicada en este blog: http://espaciorojo.blogspot.com/2009/10/debate-sobre-la-union-sovietica-ii.html ) CON MOTIVO DEL DEBATE SOBRE LA UNIÓN SOVIÉTICA.

Decís al principio de vuestra respuesta -estoy totalmente de acuerdo- que“los bolcheviques PARTEN de una concepción correcta del Estado, pero esa concepción va degenerando con el tiempo (…) quien reinstaura el poder burgués en la URSS no es la generación que hizo la Revolución, sino la que se desarrolló ya bajo el poder de los Soviets”.
Abordando con el método científico de la dialéctica el análisis de la historia (sobre todo la de nuestra clase), es imposible no llegar a la conclusión de que la URSS, al igual que otros Estados de dictadura del proletariado, sufrió un proceso largo y sangrante en el que el proletariado fue desalojado del poder. La cuestión más importante no es con qué dirigente comenzó esto (la dicotomía trotskismo-estalinismo es cada día más absurda, tanto como la manía infantil del trotskismo de sostener de forma anticientífica que la URSS una noche se acuesta proletaria y socialista y al día siguiente se despierta burocrática y burguesa), sino qué condiciones hicieron posibles reinstaurar el poder de la burguesía en la URSS.

Hay una afirmación en vuestra respuesta que me parece un argumento fundamental para entender la evolución de los países donde el proletariado, junto con las capas explotadas no asalariadas, logró tomar el poder:

“El gran problema que se presenta a los bolcheviques es el atraso económico de Rusia, lo que obligó a que la Dictadura Proletaria se realizase en alianza con el campesinado pobre (asimilación del programa agrario eserista)”.

Esta cuestión, la del atraso económico de la Rusia de principios del siglo XX, ha sido una cuestión demasiado olvidada por muchos compañeros que han analizado la evolución del primer Estado proletario de la historia.

Evidentemente, los comunistas sabemos que el factor político e ideológico juega un papel determinante en el desarrollo de la conciencia de clase y de la preparación para la toma del poder. Pero también sabemos –o deberíamos saber- que no podemos saltarnos arbitrariamente pasos de la historia del desarrollo económico, que estamos sujetos en última instancia a las leyes objetivas del sistema que, aun después de derrocar a su clase dirigente, heredaremos. Y es que un país con el grado de atraso como el Imperio ruso, no podía sustraerse a la existencia de una inmensa pequeña producción (“la hidra pequeñoburguesa”, como la llamaba Lenin), de unas fuerzas productivas poco desarrolladas. Por eso Lenin dijo cosas tan certeras como estas:

“Para quien se detuviese a meditar sobre las premisas económicas de la revolución socialista en Europa, no podía sino resultar evidente que en Europa es incomparablemente más difícil iniciar la revolución, mientras que en Rusia es incomparablemente más fácil iniciarla, pero será más difícil continuarla” (V. I. Lenin: “Reunión del CEC de toda Rusia”, 29/06/1918. La negrita es mía).

Esta premisa histórica inevitable (vosotros, al referiros al “subdesarrollo social de Rusia”, habláis de “contratiempo para la Revolución”, para mí fue una tremenda dificultad objetiva acentuada por una mala comprensión de la teoría revolucionaria, por el lado, y la derrota de la revolución proletaria internacional, por otro) de la que partieron los bolcheviques para nada justifica los errores que después el Partido cometió en relación a la construcción socialista, pero desde luego explica en parte cuáles fueron las bases de ese fracaso que posteriormente se produciría. Con el aislamiento del resto del proletariado internacional y la presión y el acoso de las potencias imperialistas, como bien señaláis, se acentuó la brecha entre lo político y lo económico, cometiendo errores teóricos tan graves como igualar expropiación y socialismo, distorsionando los principios más elementales del comunismo al hablar de socialismo en un sistema de salariado.

Respecto al aislamiento internacional, algunos bolcheviques como Lenin entendieron a la perfección que los eslabones más débiles de la cadena imperialista podían comenzar con los asaltos proletarios, pero al mismo tiempo eran los que más dificultades tenían para iniciar el camino del socialismo. Por tanto, mientras no se desarrollaran las fuerzas productivas (en general, aquí ya se deja como secundario el terreno de lo político, de la participación real de las masas explotadas) no sería posible marchar por los raíles del socialismo; tampoco mientras el resto de los proletarios organizados internacionalmente no derribaran a sus propias burguesías.
En la misma “Reunión del CEC de toda Rusia”, Lenin expresó:

“Sabéis perfectamente, camaradas, que desde el comienzo de la Revolución de Octubre nos planteamos como principal objetivo poner fin a la guerra imperialista; pero jamás nos hemos hecho la ilusión de que con las fuerzas del proletariado y de las masas revolucionarias de un solo país –por más heroicas que sean, por más grandes que sean su organización y disciplina-, de que con las fuerzas del proletariado de un solo país, se pueda derrocar el imperialismo internacional: eso únicamente puede hacerse con el esfuerzo conjunto de los proletarios de todos los países” (la negrita es mía).

Estáis muy en lo cierto cuando decís que “aunque intervenga el Estado proletario en la economía aún puede mantenerse el capitalismo como relación social productiva”, verdad que es bastante poco comprendida aún por muchos compañeros. A este respecto hay una cita de Lenin que es de lo más esclarecedora:

Socialismo significa la abolición de las clases. La dictadura del proletariado ha hecho cuanto estaba a su alcance para abolir las clases. Pero las clases no pueden abolirse de golpe. Y en la época de la dictadura del proletariado las clases subsisten y subsistirán. La dictadura dejará de ser necesaria cuando desaparezcan las clases. Pero éstas no desaparecerán sin la dictadura del proletariado.
Las clases subsisten, pero en la época de la dictadura del proletariado cada clase sufrió un cambio y también cambiaron las relaciones entre las clases. La lucha de clases no desaparece bajo la dictadura del proletariado; lo único que hace es asumir formas diferentes. (...)

La clase de los capitalistas y de los explotadores, los terratenientes y capitalistas no ha desaparecido ni puede desaparecer de golpe bajo la dictadura del proletariado. Los explotadores han sido aplastados, pero no destruidos (como categorías sociales). Aún tienen una base internacional, el capital internacional del cual son parte integrante...” (V.I. Lenin: "Economía y política en la época de la dictadura del proletariado" 7 de noviembre de 1919)

¿De qué socialismo cabía hablar entonces, en una fase que sería la primera de la sociedad comunista, sin una participación efectiva de los trabajadores, manteniendo la relación salarial y la división social del trabajo y negando o enmascarando las diferencias de clase existentes en la URSS? Por otra parte, ¿cómo fue posible que la burguesía volviera a alojarse en el poder del Estado, habiéndose producido de la manera menos violenta posible? Si el Estado fue tomado por la burguesía al final sin apenas resistencia organizada, ¿cuál fue entonces el papel que jugó la clase obrera en ese proceso de degeneración?

Termino con estas preguntas que creo que debemos responder entre todos, sin el más mínimo miedo a la verdad histórica y con el respeto absoluto por los que dieron la vida por emancipar a la humanidad de toda forma de explotación y opresión.

martes, 29 de diciembre de 2009

El comunismo y la crisis (II)

BREVE RESPUESTA DE LA JUVENTUD COMUNISTA DE ZAMORA AL ARTÍCULO "EL COMUNISMO Y LA CRISIS"

Tras estudiar el artículo “El comunismo y la crisis”, desde la Juventud Comunista de Zamora queremos mostrar nuestros puntos de acuerdo y discordancia con dicho artículo, aunque de manera general lo valoramos como positivo y correcto.
El camarada de Sevilla critica la actual táctica del movimiento comunista con respecto a la crisis. Y estamos de acuerdo con dicha crítica. Seguimos anclados en las viejas tácticas sindicalistas que desde hace décadas nos vienen pregonando y que según nuestros “comunistas” es desde donde hay que crear el movimiento obrero, para “acumular fuerzas”. Pero la crisis del capital ha puesto en su sitio a todos aquellos comunistas que depositaban sus esperanzas en el espontaneísmo de las masas a las que guiarían como vanguardia entrenada en el estrecho practicismo sindical. Además, producto de esta estrechez sindical que deja en segundo término lo ideológico, los programas “anti-crisis” no son muchos más alentadores. El inmediatismo y el dogmatismo derechista que creé que el concepto de masas no ha cambiado para los comunistas desde que Lenin escribiera “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, lleva a los comunistas a pedir cosas como que el estado nacionalice la banca y los sectores estratégicos, haciendo apología del Estado burgués y escondiendo ante la clase obrera el carácter de clase del Estado.
En este sentido, el de los grandes errores que estamos cometiendo, no podemos ser tan condescendientes como lo ha sido el autor de “El comunismo y la crisis” que deja a gusto del lector la respuesta a ¿existe la ingenuidad en política? Nosotros contestamos que no, que no existe la ingenuidad ni la inocencia en el ámbito de la lucha de clases. Lo que si existe es ignorancia procedente de una formación alejada del marxismo-leninismo que ha sido adaptado por los ideólogos de la aristocracia obrera, o dicho más claro, por la burguesía. Aquí no queremos parecer unos lumbreras. Es difícil deshacerse de la morralla revisionista que domina tanto lo organizativo como los numerosos “textos adaptados y guías para el estudio de los clásicos”. Pero al igual que es difícil, es un deber de todo comunista y la “excusa” de la ingenuidad o la ignorancia no dura eternamente.

“A nuestro juicio, una de las consecuencias más graves del agotamiento del ciclo que inauguró la Revolución Proletaria de 1917 ha sido la pérdida de hegemonía ideológica y política de la clase explotada, lo que en parte ha conducido a que los comunistas hayamos perdido la capacidad de predicción que antaño tuvieron los grandes militantes y teóricos del Movimiento Comunista Internacional.”

Poco más puede añadirse a este párrafo pues encierra en sí mismo las tareas que la situación impone a los comunistas en la actualidad. Ante tal situación debemos retomar el estudio del materialismo dialéctico e histórico, el análisis teórico desde la concepción proletaria del mundo y la lucha de dos líneas para que el comunismo recupere su hegemonía ideológica y política. Sin este trabajo todos los programas que se presenten ante el proletariado no rebasarán el marco de la reforma del régimen burgués, aunque las palabras revolución y socialismo se mantengan como retórica en el discurso, al estilo de las cantinelas del s. XXI promovidas por el teórico H. Dietrich.


“Lo que no compartimos en absoluto es que el trabajo fundamental de los comunistas esté centrado en crear artificialmente un movimiento obrero (porque éste, mal que les pese a los fantasiosos obreristas, no existe actualmente en el Estado español) que sólo puede ser creado por la misma clase trabajadora”

También estamos de acuerdo con este planteamiento. El comunista no puede sustituir al sindicalista. Al contrario, el sindicalista debe elevarse, transformarse en comunista revolucionario. La clase obrera es autosuficiente para crear organizaciones que luchen por sus intereses inmediatos. Lo que hace falta es que los comunistas transformen esas luchas inmediatas dándoles un contenido político que las fusionen con la estrategia revolucionaria, es decir, con la toma del poder por parte de la clase. Pero para ello primero ha de existir dicha estrategia y para forjar esta estrategia es necesaria la lucha de dos líneas, la recuperación de los principios del marxismo-leninismo como la mejor concepción de las relaciones sociales que ha logrado alcanzar el ser humano, depurándola de toda concepción ajena para poder reconstituir el Partido obrero de nuevo tipo que fusione la teoría y la práctica en praxis revolucionaria. Actualmente nuestra principal labor no está en los tajos, sino fuera de ellos. Debemos elaborar la teoría sin atender a las disquisiciones tácticistas, que han de estar supeditadas en todo momento a lo estratégico:
"No se trata de saber qué es lo que tal o cual proletario, ni aun el proletariado en bloque, se proponga momentáneamente como meta. De lo que se trata es de saber que es el proletariado y que misión histórica se le impone por imperio de su propio ser". Carlos Marx