Línea Proletaria

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NUEVA WEB POR LA RECONSTITUCIÓN DEL COMUNISMO. ¡DESARROLLEMOS LA LÍNEA PROLETARIA! ¡VIVA LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA!

jueves, 25 de noviembre de 2010

¡¡¡La vida es lucha!!!

(EDITORIAL DEL Nº 9 DE "NI UN PASO ATRÁS", PUBLICACIÓN ANTIFASCISTA DE ZAMORA)
Ver en Kaos

La vida está llena de ejemplos. Para lo bueno y para lo malo. Pero no entendamos “lo bueno” y “lo malo” como un problema moralista, no. Entendámoslo como una cuestión de interés social, es decir, como algo ligado a unos intereses sociales, a una clase social. Y puesto que pertenecemos a la clase obrera observémoslo conforme a los intereses políticos y sociales de nuestra clase. Porque si nos confinamos a los estrechos márgenes de la hipocresía burguesa que impregna la moral dominante en todas sus formas (la religiosa, la filosófica, la militar…) acabaremos teniendo por “algo malo” la expresión política de la rabia del explotado y por “algo bueno” la defensa policial de las propiedades del banquero. Y esto es así porque la moral dominante es la moral de la clase dominante. El conjunto de actitudes frente a la realidad que la burguesía pretende pasar por “buenas”, por “correctas”, por “aceptables”… son aquellas que le permiten mantener su posición social. “Ser pacífico”, “ser tolerante”, “ser ecologista” o “ser un trabajador eficiente” son modelos a seguir que propaga la moral y la propaganda burguesa para que el obrero asalariado se mantenga firme y libremente en la cadena de producción, más preocupado por cumplir los mandamientos sociales que le vienen impuestos que por romper las cadenas, también impuestas, que le atan al patrón y al Estado.

En la articulación social de estas normas de comportamiento hay varias constantes, pero por escandalosa, la constante de la hipocresía que destacábamos arriba merece especial mención: El trabajador debe ser pacífico y alejarse de la tentación de usar la lucha armada porque el Estado burgués y de derecho es el único legitimado para ejercer la violencia democrática y eliminar a quienes estime oportuno. El trabajador debe ser tolerante y dejar hacer al patrón su reforma laboral y al Papa sus viajes por el mundo porque la burguesía tiene su propio aparato jurídico-policial para decidir que se tolera y que no, ilegalizando organizaciones políticas y expulsando del país a las razas que no merezcan nuestra tolerancia. El trabajador debe ser ecologista y preocuparse por no ensuciar el mundo porque para eso ya están los monopolios del petróleo o la siderurgia que con sus chimeneas humeantes apuntan desafiantes, pero dentro de la legalidad, al cielo y las estrellas. Y por supuesto, el trabajador debe ser productivo, tragar polvo y sudor en su puesto de trabajo, del que debería estar agradecido, porque para vivir sin producir, para ser perezosos y cínicos, ya están los burócratas de las administraciones, los mercenarios de la pasma, los liberados sindicales y la admirada clase empresarial.

Imágenes y palabras

Una imagen vale más que mil palabras. Y la ciencia se ha encargado de demostrarlo, utilizando factores probabilísticos y estadísticos que estudian la cantidad de información que contienen imágenes y palabras. Pero en los tiempos que vivimos esto no tiene mucha importancia. Imágenes y palabras pertenecen a los capitalistas. Las combinan a su gusto en su prensa, en su televisión, en sus webs, en su cine y en su publicidad comercial. En pequeñas dosis o en grandes bombardeos desinformativos. Forman parte de la superestructura social, es decir, que se asientan sobre la estructura de la sociedad basada en la división social del trabajo y la explotación del trabajo ajeno y sirven por ello para su mantenimiento. Son el vehículo de la moral burguesa. Y en ellas suben a sus modelos, a sus ciudadanos tipo, a sus ejemplos “buenos” y “malos” para llevarlos hasta nuestro cerebro que está tan atado como lo está nuestro trabajo.

Ficción y realidad, son utilizadas por los burgueses para hacer pasar a sus figurillas como hombres y para presentarnos a hombres de verdad como figurillas. He aquí una de sus figurillas: el patriota, el hombre de Estado encarnado por Adolfo Suárez. Presentado como bueno buenísimo, como demócrata de toda la vida, como hombre que con su buen hacer y la ayuda de otros cuatro héroes patrios (Fraga, Carrillo, el Rey, Sr. X y poco más) trajo esta maravillosa democracia a España. Un ejemplo del buen “hombre” que siempre actúa en consonancia con los intereses del país, que suelen ser los del capitalismo dominante. Una figurilla, un paniguado de la burguesía monopolista española que formó desde los años 50 parte del entramado fascista del Estado español y que se quitó la camisa azul cuando las ansias de poder económico de los capitalistas nacionales reclamaron transitar de la dictadura corporativa a la parlamentaria.

Cambian las tornas. Miguel Hernández, poeta revolucionario. Militante comunista, portavoz de los oprimidos que dedicó sus mejores versos a la lucha por la destrucción del capitalismo. ¿En qué lo han convertido de cara al público? En un inocente escritor y demócrata republicano, en un utópico luchador, en un precursor de la actual dictadura burguesa. Y con este hombre han hecho lo que con todos los hombres y mujeres antifascistas de los años 30. Amoldarlos a lo políticamente correcto de nuestros días para extirpar lo que en ellos había de hombres y de mujeres: su lucha revolucionaria, su vida militante contra el capital, su fuerza y su odio contra el fascismo brutal, que era la política burguesa de la época. Hombres y mujeres rebajados a la categoría de figurillas para que formen parte del bastardo teatro de la sociedad existente en donde el que vive, y vive porque lucha para ser libre, es tildado de terrorista o de loco soñador que “ya crecerá”.

Otro ejemplo de figurilla que intentan pasar por hombre: el elemento egoísta e individual hasta rayar la cobardía. El ejemplo de ciudadano medio que nos ofrecen los burgueses de Hollywood. ¡Quien no ha visto la película de El Pianista! Se nos presenta a un polaco, que existió en la realidad, que ve estallar la IIGM desde la tranquilidad de su hogar en Varsovia hasta que es encarcelado en el Guetto. Logra escapar con ayuda y siempre escondido oye desde su refugio la lucha sin tregua entre los nazis y la resistencia polaca y partisana. Hay un momento en que parece que, cansado de todo, el Pianista va a empuñar un arma, pero no. Prefiere salvar el pellejo mientras otros luchan para que el sea libre en un futuro. El Pianista existió hasta que falleció en 2000. Podrá argumentar algún escrupuloso defensor de los DDHH, podrido por la moral burguesa, que el pobre pianista tenía miedo, que sus condiciones concretas, que bla bla bla. Ante esta figurilla, un hombre: Missak Manouchian. Armenio. Emigró a Francia después de que el imperio Turco exterminase a un millón de los suyos siendo él un niño. Ya en el país galo vivió la invasión alemana de la II GM. Missak podía haberse escondido, ya había vivido un genocidio y estaba a miles de km de su hogar. Pero Missak no era una figurilla. Era un revolucionario, un proletario militante del Partido Comunista que participó en la guerrilla urbana de París. Fue fusilado en 1944 por el ejército nazi. A sus espaldas más de 100 bajas causadas al enemigo, la mayoría altos cargos y oficiales de la Wehrmacht. Y como Missak, millones de trabajadores de todo el mundo que no se escondieron de la muerte sino que salieron a su paso para demostrar que estaban vivos, al igual que lo están hoy los insurgentes que combaten a los terroristas de la OTAN en Beirut o Bagdad.

Para nosotros vivir y ser un hombre o una mujer requiere un acto consciente del sujeto. Un proceso de auto-transformación constante, de revolucionarización de la existencia, del que observa las injusticias y decide prestar su vida a acabar con ellas. Aquí reside la vida, en luchar por ella. Y aquí reside la libertad. En tomar decisiones que rompen con la monotonía de la esclavitud asalariada, con la comodidad de la vida que nos ofrece la burguesía en la Metrópoli, y nos llevan a ser algo más que un DNI. Lo demás es existir, pero no vivir. Porque deambular por el mundo intentando que no nos salpiquen las penalidades, escondiéndonos de la historia cuando pasa por nuestra puerta, es individualismo y egoísmo. Y en ello no hay ninguna decisión libre por muy libre que se crea el que nunca ha pensado en conquistar la libertad y se limita a ser un consumidor de la última mierda puesta en el mercado por una discográfica o una empresa vinatera.

Para la clase obrera, La vida es Lucha.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Con el Sáhara, contra el imperialismo


(Octavilla de la Juventud Comunista de Zamora repartida en los últimos días)

En las últimas semanas se vienen sucediendo noticias cada vez más trágicas relacionadas con el pueblo saharaui y la represión a la que es sometido por parte del Estado marroquí.
La situación de este pueblo hermano y todas las agresiones y atentados pertrechados contra él tienen su origen en el sistema imperialista de relaciones internacionales.

En Marruecos el Estado está dirigido por la burguesía burocrática junto con la oligarquía financiera e industrial del país, aliados todos ellos de los imperialistas de la UE y la OTAN que delegaron su poder en estas facciones de la burguesía marroquí durante la descolonización del pasado siglo. Bajo la dictadura parlamentaria los burgueses marroquíes ven acrecentar sus beneficios mientras los obreros, que tienen aun menos libertades políticas que en la UE, son torturados y encarcelados como ha ocurrido ya con decenas de comunistas pertenecientes a la Unión Nacional de Estudiantes Marroquíes (Caso del “grupo Zahra” en 2008 o más recientemente de lxs camaradas Youssef El Hamdia e Ilham Hassnouni).

Por otra parte, en el Sáhara Occidental los colonialistas españoles cesaron su ocupación militar, presionados por sus socios de la OTAN, para ceder el testigo al Estado marroquí que desde mediados de los 70 controla política y militarmente la zona. El objetivo del bloque imperialista de la OTAN era mantener el control sobre todo este territorio tanto por su posición geoestratégica como por sus posibilidades económicas. Hoy empresas como Iberdrola extraen a muy buen precio energía del Sáhara. Ni que decir tiene que el pueblo saharaui jamás ha sido consultado por sus invasores sobre si desean ejercer su soberanía y ser un pueblo libre o prefieren seguir siendo sometidos y exterminados por las políticas genocidas de los imperialistas de turno.

Y es que a la burguesía internacional no le interesa lo que opina un pueblo encadenado. Pero a los obreros del mundo si nos interesa y además estamos dispuestos y decididos a combatir a los enemigos de la República Árabe Saharaui Democrática, pues son los mismos que los nuestros: los imperialistas de todo pelaje, los mercenarios del capital y los oportunistas que haciendo el juego a la burguesía reducen el problema saharaui a una mala “gestión gubernamental” ocultando que son el sistema capitalista y todos sus puntales, empezando por la ONU, los culpables de las desdichas de este pueblo africano. Por eso los que luchamos por la Autodeterminación del Sáhara, luchamos por el Socialismo como única garantía de solidaridad efectiva entre los pueblos.

Los militares marroquíes no se irán del Sáhara mientras los capitalistas manden en Marruecos. Las empresas españolas no dejaran de esquilmar los recursos de otros pueblos mientras la burguesía ejerza su dictadura de clase en el Estado español. Y pensar lo contrario sería utópico y reaccionario. Porque nosotros, al igual que nuestros camaradas de Marruecos y la RASD, comprendemos que el único futuro posible para los pueblos del mundo es el futuro rojo que será forjado por el proletariado revolucionario elevado a la categoría de clase dominante como paso indispensable para la Paz y la Libertad.

¡AUTODETERMINACIÓN PARA LOS PUEBLOS OPRIMIDOS!
¡VIVA EL SÁHARA LIBRE Y SOCIALISTA!

¡Organizarse por el Comunismo es organizarse por la libertad de los Pueblos del Mundo!

JUVENTUD COMUNISTA DE ZAMORA
ujce_zamora@yahoo.es
http://ujcezamora.blogspot.com

viernes, 24 de septiembre de 2010

Espacio Rojo nº 18: Sindicalismo y clase obrera

Descargar Espacio Rojo 18

Un poco de historia

Los sindicatos obreros nacieron en el siglo XIX a la par que el capitalismo se desarrollaba. Ante la explotación a que los sometía la burguesía, los trabajadores se asociaron para defender sus intereses económicos y mejorar sus condiciones de vida. Unos intereses que eran comunes a todos los obreros pues su posición objetiva en el régimen social productivo capitalista era, y sigue siendo, la misma: desposeídos de los medios de producción los trabajadores nos vemos obligados a vender nuestro trabajo para poder subsistir.

Los sindicatos, como primeras asociaciones de la clase obrera, significaron un gran paso adelante pues certificaron la constitución del proletariado como clase en sí, es decir, como clase consciente de sus características comunes que lo definían como sujeto social obligado por la división social del trabajo a producir para las clases propietarias.

Pero con el paso del tiempo, los sindicatos encontraron sus límites en su propia esencia. El proletariado revolucionario fue adquiriendo experiencia en su lucha de clase contra la burguesía y sus aliados, y tomó la conciencia de que para acabar con su situación de clase explotada no le valía con mejoras económicas, debía subvertir el orden social revolucionando el sistema productivo y para ello era necesario tomar el poder, destruyendo la máquina estatal burguesa y erigiendo un nuevo poder basado en los intereses de las masas trabajadoras.

En este momento, solo posible gracias a la aprehensión de las leyes objetivas que rigen el movimiento social y a las luchas de la clase proletaria, los sindicatos y los partidos social-reformistas, son rebasados por la experiencia del movimiento obrero y nacen los Partidos obreros revolucionarios. La constitución de estos Partidos supuso un salto cualitativo en la conciencia de la clase obrera que ya no solo se observaba como clase con intereses inmediatos –económicos- comunes, sino como clase independiente con un mismo fin histórico: acabar con la sociedad de clases. Estos organismos sociales, los partidos comunistas, lograron fundir en un todo indisoluble la conciencia para sí de la clase, el socialismo científico, con el movimiento obrero para destruir el Estado capitalista y construir sobre sus ruinas el Socialismo y el Comunismo.

Con el Partido obrero de nuevo tipo o Partido Comunista, el proletariado alcanzó su máxima conciencia para comprender que es objeto y sujeto de transformación social. Estos Partidos surgen en una determinada época en que se concentran la madurez ideológica y política de la clase obrera y la fase superior del capitalismo, el imperialismo, que es a la vez la época de su decadencia: los monopolios y los Estados lo controlan todo, se agudizan las contradicciones entre obreros y burgueses, entre las mismas clases dominantes, entre unos cuantos países “ricos” –opresores- y la mayoría de los países “pobres” –oprimidos-.

En este contexto, desde finales del s.XIX hasta nuestro días, las burguesías de los Estados imperialistas aumentan sus plusvalías en el mercado internacional gracias a su posición privilegiada respecto a las naciones empobrecidas que militar y/o económicamente dependen del imperialismo y sus organismos generados (OMC,ONU,FMI,BM,UE,OTAN…). Y así en los Estados imperialistas surge una capa de obreros privilegiados, de obreros que se benefician de la posición que ocupa “su” burguesía nacional en el sistema económico internacional, que tienden hacia un supuesto apoliticismo, que reniegan de los intereses de su clase social y se alían con su antagonista, con la burguesía, a la que sirven como propagandistas y correas de transmisión política dentro del movimiento obrero. Esta capa social es la llamada aristocracia obrera.


El Estado burgués y el sindicato moderno

El Estado es un instrumento de opresión de una clase sobre otra, un instrumento clasista al servicio de los dueños de los medios productivos cuyo objetivo primordial es garantizar la reproducción constante de la explotación asalariada. Socializador de la explotación para la mayoría y socializador de las ganancias para la minoría, esa que bajo el Estado burgués goza de democracia y ejerce su dictadura contra la clase trabajadora. Entre esta minoría privilegiada se encuentran actualmente los sindicatos cuya posición respecto de la “crisis” en particular y de la lucha de clases en general merece una explicación que sobrepase el tan manido argumento de reducir la problemática sindical a “unos cuantos dirigentes” que “se han vendido”.


Los sindicatos son en la actualidad las organizaciones de la aristocracia obrera. La posición social de los sindicatos en los Estados imperialistas no se debe a complicados engaños urdidos por la clase dirigente. No son unas cuantas ideas falsas bien contadas las que han hecho de los sindicatos un puntal del Estado burgués. Solo ateniendo a las relaciones de la aristocracia obrera con el resto de clases sociales se puede determinar su posición objetiva dentro del régimen capitalista.

La fase superior del capitalismo, su fase imperialista, es a la vez la fase en que las crisis de producción aumentan y el Estado burgués tiende a la descomposición, aunque esto es tan solo una tendencia histórica, una ley objetiva del desarrollo capitalista que necesita de lo principal, la actividad subjetiva para que pueda suponer algún cambio sustancial (revolucionario) en las relaciones productivas ya que si algo caracteriza al Estado burgués es su adaptabilidad a las reformas que no lo erosionan sino que lo fortalecen. Como decíamos, esta tendencia objetiva obliga a la burguesía a buscar constantemente nuevos aliados en la dirección de su Estado el cual tiene cada vez más y más competencias por el aumento y agudización de las contradicciones que genera el desarrollo del capital.

Entre estos “aliados” los sindicatos y partidos reformistas, como representantes de la aristocracia obrera, juegan un importante papel como cooperantes directos del poder y cuadros ideológicos de la burguesía dentro del movimiento obrero. Pero entre estos “nuevos” compañeros de viaje, también existen contradicciones las cuales explican el porqué de la combatividad o no del sindicalismo moderno en determinados momentos y lugares.

La aristocracia obrera está formada en los Estados imperialistas por una amplia capa de la clase obrera que participa del poder burgués, que se aprovecha de la posición de su burguesía en la división internacional del trabajo, es una capa social que, en definitiva, es la base material de los sindicatos modernos y los partidos reformistas pues estas organizaciones son producto de la existencia de esta capa social y no al revés. Y como toda clase o grupo, ésta tiene unos intereses determinados por los cuales lucha y se organiza como son la mejora de su posición económica y acceso a una mayor cuota de poder dentro del régimen político burgués. Y si estos intereses son dañados por sus socios capitalistas ellos luchan y se defienden. Porque cuanto mejor sea la posición económica de la clase obrera de un Estado imperialista más crecerán las filas de “obreros privilegiados” aumentando así la base material del reformismo y la correlación de fuerzas dentro del Estado imperialista basculará a favor de sus representantes de clase (sindicatos, partidos revisionistas…) a quienes la burguesía monopolista se verá en necesidad de darle más poder en forma de subvenciones, de escaños en los parlamentos, de puestos de dirección en empresas públicas, en Cajas de Ahorros…
De ahí que los sindicatos “defiendan” al trabajador y que el reformismo sea la “izquierda” de la dictadura burguesa abanderando las posturas más “sociales” dentro de los estrechos márgenes del Estado capitalista. Y de ahí que estos enemigos de la clase obrera hayan despertado ¡precisamente ahora! de un profundo sueño que más de 4 millones de parados no fueron capaces de quitarle. Pues los proletarios que viajan en cayuco o los obreros parados no son clientes del sindicato, pero sí lo son una parte de aquellos a los que van destinados estos “recortes sociales” promovidos por el gobierno ZP.Y ahora sí, ahora que la alta capa de la clase obrera también es atacada, sus representantes –los Toxo, los Méndez …- moderadamente nos convocan a toda clase de huelgas y movilizaciones, aunque eso sí tomando por bandera la Constitución del 78, aquella de la que emana la legalidad capitalista que impone al obrero nativo ser un esclavo asalariado y al obrero extranjero ser un paria encadenado.

De todo lo expuesto podemos entresacar que los Pactos de Moncloa, paradigma de la paz social en el Estado español, más que una traición significaron la (re)afirmación de la aristocracia obrera como “grupo” separado de los intereses del proletariado. Un “grupo” que accedió al Poder, que se integró hace décadas en el sistema imperialista y que se acomoda, según el momento, en los sillones que le ofrece la burguesía monopolista en sus parlamentos y en las mesas de negociación de convenios colectivos y expedientes de regulación, a través de los cuales el sindicato participa en la planificación económica que realiza el Estado monopolista.
Los sindicatos se han convertido en órganos de encuadramiento de masas, en perfectas correas de transmisión de la política burguesa dentro del movimiento obrero pues es ésta la característica principal de la aristocracia obrera como clase: su concreción orgánica y política en sindicato reaccionario, en partido institucional y en definitiva en reformismo social.


Organización obrera y Revolución

Hasta aquí hemos expuesto las limitaciones del sindicalismo tanto por su posición objetiva como organización dispuesta para las luchas económicas del proletariado como por su posición subjetiva en el contexto de los estados imperialistas en los que son un instrumento del reformismo burgués.


Pero entonces, ¿qué debemos hacer los trabajadores para combatir al capital?
Los trabajadores debemos organizar nuestras luchas económicas fuera de las estructuras burocráticas de los sindicatos reaccionarios -CCOO, UGT, USO, corporativistas…- y contra ellas. La unidad de clase, fundamental para conquistar nuestros objetivas políticos, solo puede sentarse sobre la base de la lucha intransigente contra los aliados de la burguesía, los sindicatos reaccionarios y los partidos de la reforma. Es fundamental que en cada lucha que se dé en cada centro de trabajo los enemigos de la clase obrera sean señalados y sus ideas de colaboración con la patronal y el Estado desenmascaradas como producto de la ideología dominante. La unidad del proletariado solo puede ser verdadera si se realiza empuñando la bandera del Comunismo como teoría revolucionaria que resume la práctica histórica de la lucha de clases del proletariado y que en otro tiempo fue elevada a concepción proletaria del mundo dirigiendo los procesos sociales que durante el último siglo se encaminaron a liberar a la humanidad de las cadenas del capitalismo y el terrorismo burgués.

La clase obrera no puede ser carne de cañón en las disputas de otras clases. Los obreros no tenemos que elegir entre aristocracia obrera o burguesía monopolista, debemos elegir el futuro de nuestra clase que pasa de forma ineludible por la destrucción del Capital y la construcción del Socialismo. No debemos seguir como un rebaño a los que un día muestran una sonrisa a los mineros y al siguiente se manifiestan junto a las asociaciones de pistoleros al servicio del Estado como el SUP y la AUGC.

En estos difíciles momentos para la clase obrera, la única forma en la que el proletariado puede ponerse a la altura como contrincante de su enemigo de clase exige de alguna forma derribar todas esas ideas preconcebidas que se nos han legado durante estos casi cien años de revolución proletaria. Es deber de los comunistas estudiar el marxismo-leninismo para poder comprender el actual momento histórico en el que se encuentra este movimiento obrero desideologizado e incapaz de hacer frente a los cada vez más furibundos ataques por parte del capital, lo que demuestra que los sindicatos si ya hace mucho tiempo habían sido sobrepasados por la organización obrera de Nuevo Tipo es decir el Partido Comunista, hoy además de perpetuar al obrero en su posición subalterna de depositario de la explotación y la miseria con su línea de acción se han convertido en uno de sus mayores enemigos y en el mejor aliado de la burguesía.

A este proceso de deshacernos de los lastres políticos legados por interpretaciones perversas e interesadas de la teoría, de la táctica y la estrategia le corresponde la formación sobre las bases sólidas e intransigentes del marxismo-leninismo la creación del movimiento consciente revolucionario que cree las condiciones políticas y sociales de crisis general del Estado imperialista, exacerbando sus contradicciones intrínsecas y solucionándolas mediante la toma del Poder por parte del proletariado organizado política y militarmente en torno al Partido Comunista.


JUVENTUD COMUNISTA ZAMORA, SEPTIEMBRE 2010

Ver Espacio Rojo en Kaosenlared

jueves, 15 de julio de 2010

El fútbol, otra cruz sobre las espaldas del proletariado

Una religión ha vuelto a dar un balón de oxígeno a la burguesía española. Pero esta vez quienes acompañan bajo palio a los gobernantes de turno no son señores con sotanas negras y cruces sino unos tipos con chándal rojjgualda y un balón pegado al pie.
En esto que se empeñan en llamar mundo civilizado, el fútbol ha venido ocupando de manera sistemática todos aquellos períodos de nuestra rutina existencial que ha ido abandonando aquella religión de monjas y legionarios de Cristo. Ni mucho menos quiere esto decir que el fútbol moderno excluya a la religión pues ambos son como la Ertzaintza y la Guardia Civil, se complementan a la perfección para servir al capital, y al igual que los cipayos en Euskal Herria, el fútbol ofrece un toque moderno y de normalidad a una sociedad que necesitaba disimular con urgencia su oscurantismo, religioso y policial.

La sustitución de religión por fútbol, dos modos distintos de mantener entretenido al proletario entre el fin y el principio de la jornada de trabajo (o las 24 horas si está en el paro), ha convertido nuestro tiempo de descanso en algo más terrenal, más cercano al “pueblo” o como diría algún demócrata convencido en algo más conectado con “la ciudadanía en su conjunto”. Porque antaño para ver la estatua de un Santo, el feligrés de turno debía ir a la Iglesia dedicada a su hacedor de milagros favorito que podía estar en el pueblo de al lado o en Santiago de Compostela con los problemas que eso conllevaba. Pero hoy las estrellas del fútbol pueden ser vistas en cualquier valla publicitaria y han sido dotados con el atributo de la omnipresencia estando en un mismo día posando en Milán para anunciar un champú, jugando en Lyon un partido de Champions después de firmar autógrafos en un hotel de cinco estrellas y para acabar tomando unas copas en una discoteca de Madrid.

El paraíso ya no es algo intangible para el mortal, ni un lugar al que solo llegarán las buenas personas. El Edén es hoy un estadio de fútbol al que como mínimo se puede acceder un día de cada siete y en el cual ser un ladrón de trabajo ajeno da derecho a una tarjeta VIP, a un palco VIP, a azafatas VIP y si tras ellas aun se tiene hambre, a unos canapés VIP. Mientras tanto el proletario, al que la beatiful people le ha robado el producto de su trabajo, tendrá suerte si le dejan meterse en el Fondo Norte de alguno de estos paraísos. Se convierte así el estadio de fútbol en una reproducción de la sociedad clasista en las cuales hace tiempo empezó a extenderse, por necesidad más que por otra cosa, la utilización del Parlamento para solucionar las contradicciones de la clase dirigente. Y ¡qué sería de una sociedad parlamentaria sin libertad de expresión! (*)

El fútbol ha conquistado la libertad de expresión frente al trasnochado monoteísmo occidental. ¿Quién podía debatir sobre Yavéh? Nadie ¿Quién debate sobre balompié? Todo dios. Es más como miembros de la comunidad estamos obligados, so pena de exclusión social, a tomar posición en cualquier cuestión futbolera. Y no vale la excusa de no tener idea del tema pues al igual que existen creadores de opinión para justificar la figura del monarca español, para insultar a los obreros en huelga de Metro Madrid o para vender bien la alianza interimperialista europea, la burguesía tiene en nómina a gran cantidad de auténticos periodistas-ultra y sagaces juntaletras que crean sofisticadas argumentaciones deportivas para ser reutilizadas hasta la saciedad en la barra del bar y en la programación de media noche.
No obstante como en toda democracia parlamentaria, la libertad tiene sus limitaciones pues hay temas demasiado escabrosos para que puedan ser tratados por “cualquiera”. En la política española son innombrables palabros como “GAL” o “tortura”. En el fútbol el dinero es tabú, salvo que sea para adularlo. Y eso nos vino a decir el capitán de la selección española cuando afirmó que hablar del sueldo de los futbolistas en tiempos de crisis era propio de oportunistas. Y es que en nuestra época lo censurable no es que unos cuantos ganen millones mientras la mayoría del mundo se muere de hambre. ¡Lo criticable hoy día es que aun quede alguien que se oponga al circo burgués y a sus payasos! Y quizás este portero hasta tenga razón, porque si algo sobra a un futbolista de élite es conciencia social: leen manifiestos contra el racismo, nos indican que ahorremos energía apagando los interruptores de nuestros bienes de consumo, nos recomiendan comprarnos unas Nike hechas en Tailandia… o nos aconsejan sobre la cerveza a elegir para emborracharnos moderadamente. Porque para elegir birra o deportivas, equipo de fútbol o hito religioso favorito, si existe libertad… de mercado.

“Gracias a la selección la crisis se ha olvidado” ha comentado más de un “internacional” (como graciosamente llaman a los futbolistas de un equipo Nacional) como si quisiesen recordar al Estado imperialista los servicios prestados. Y es que gracias a los goles de estos ¿héroes? el nacionalismo español está viviendo sus mejores años desde los tiempos de la “Reconciliación Nacional” carrillista y las alianzas con las burguesías nacionales periféricas. Y con millones de parados debe ser más que reconfortable para nuestra burguesía ver desfilar por las calles sus banderas fascistas y/o constitucionales en vez de las, para ellos, temibles banderas rojas que portará el proletariado revolucionario cuando les pida cuentas.

Hoy día, un chaval ya no juega al fútbol sino está federado en un equipo infantil en el que le darán un uniforme y un carné de pequeño deportista para juridificar su relación con sus amigos, siguiendo ese empeño que tiene la burguesía monopolista por eliminar todo recodo que quede entre el Estado y el hombre, aunque este tenga tan solo 9 años. Recodo en el que estaba aquello que algunos aun llegamos a disfrutar: el fútbol de la calle como pasatiempo colectivo, como relación social en la que las instituciones del Estado no se inmiscuían. El deporte verdadero antes de que lo castrase la burguesía y lo convirtiese en “Deporte Base” destinado a seleccionar a los que más beneficios puedan reportar en el futuro y colocando al resto en el sector productivo que más convenga atendiendo a las necesidades de la división social del trabajo de la cual surgen las clases y el Estado.

Y es que a cada paso, y sin quererlo, el fútbol moderno se muestra como lo que es, como lo única cosa que puede ser y será en una sociedad clasista. Otra relación social más en la que el sujeto explotado es alienado por la sociedad burguesa. Otro instrumento al servicio de la clase capitalista para impregnarnos con su ideología y con su propaganda clasista: todas las clases unidas bajo un himno, una bandera, unos colores…adoctrinamiento puro y duro, política al fin y al cabo, que por las condiciones del Estado español adquiere unas connotaciones de carácter nacional que vienen a unirse a lo principal, la cuestión de clase. Porque no son los colores de la bandera nacional los que determinan el carácter alienante del fútbol moderno, como tampoco lo es si la forma en que el jefe del Estado llega a su puesto es mediante elección o por sucesión. El problema del fútbol es que como parte integrante de la superestructura de la sociedad capitalista, está manejado por quienes se benefician de la estructura social que son los dueños de los medios de producción. Y el fútbol, el deporte en general, se integra en nuestra vida en base a los intereses de la clase dominante tanto en su aspecto económico desde los millones que se mueven en un fichaje estrella hasta la tienda deportiva; como en el político-ideológico con el culto al individuo, la exaltación nacional…
El deporte no supera lo político. No es una válvula de escape frente a la sociedad. Es un tentáculo más del Estado que perpetúa nuestra posición en esta sociedad: como consumidor, como hincha, como obrero, como espectador. Siempre en actitud pasiva observando lo que un grupo de privilegiados decide y hace. Exactamente igual que ante la política burguesa.

En la sociedad feudal los oprimidos poco podían esperar de sus señores, por eso les daban religión como única perspectiva de futuro. En la sociedad imperialista las masas no creen en la clase política, por eso le dan fútbol como una cuerda a la que agarrarse para seguir sobreviviendo semana tras semana.

La lógica de la clase dirigente es sencilla: Si creemos que en la vida real no sirve luchar porque dios nos juzgará a todos, buena gana tenemos de luchar ahora por la libertad. Mientras depositemos nuestras esperanzanas de futuro en un campo de fútbol, no pensaremos en conquistar el futuro. Si los explotados seguimos creyendo que el mañana depende de lo que se decrete en el parlamento de un Estado burgués jamás nos organizaremos en base a la destrucción del orden social existente, que es apuntalado por cada decreto salido de las entrañas de uno de esos parlamentos de oro y sangre.

Liberar al deporte del mercado. Convertirlo en una relación social ajena al comercio, solo es posible mediante la eliminación del mercado, del comercio, y en definitiva de todos los condicionantes que lo rodean actualmente y que lo convierten en una mercancía como sucede con el producto de la fuerza de trabajo. Y esta eliminación pasa por la revolucionarización de las relaciones sociales, por la Revolución Socialista.


(*)La libertad de expresión mientras las imprentas y demás medios de producción estén en manos de una minoría, será tan solo libertad de expresión para esa minoría y palabra vacía para la mayoría: La Biblia sigue siendo el libro más traducido en la historia de la humanidad. En el Estado español es un periódico deportivo el nº 1 en ventas. Son dos datos que dan que pensar.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Esto solo lo derribamos entre todxs

(ARTÍCULO PUBLICADO EN EL Nº 8 DEL "NI UN PASO ATRÁS" DE LA PLATAFORMA ANTIFASCISTA DE ZAMORA)

http://antifascistaszamora.blogspot.com


La cosa se ha puesto seria. Cuatro millones de parados después de que se iniciase esto de “la crisis”, la maquinaria propagandística nacional se ha puesto en marcha. Las Cámaras de Comercio han lanzado una ofensiva ideológica en forma de “inocente” campaña ciudadana a la que han tenido el gusto de llamar “Esto solo lo arreglamos entre todos.org”.



La campaña consiste en convencer al “conjunto de la sociedad” de que el sistema capitalista y la dictadura burguesa son lo mejor de lo mejor y de que no es el momento ni de la lucha de clases ni de buscar culpables (no siendo que los encontremos), sino de la unidad del País para salvarlo de los peligros que lo acechan. Esta campaña solo pretende dar a la sociedad un aire de cambio pero sin que se ponga en tela de juicio el sistema político y económico vigente, que “casualmente” es el origen material de la situación que vivimos.
La farsa de la campaña consiste en negar la lucha de clases y presentar al Estado español, eso que algunos nostálgicos dan en llamar nación, como una sociedad armónica en la que los intereses sociales no están determinados por la situación respecto a los medios de producción (lo que nos divide a grosso modo en proletarios y burgueses) sino que estos vienen dados por nuestro lugar de nacimiento, en este caso un trozo de la Península Ibérica. Así todos somos iguales y podemos llamarnos sin complejos ciudadanos españoles: El obrero parado y el patrón que lo despidió, el estudiante anti-bolonia y el policía antidisturbios, la prostituta y el proxeneta, el proletario hipotecado y el banquero usurero , la trabajadora que se mata a hacer horas extras y el cabrón que nunca se las pagará, el que no llega a fin de mes y el diputado de turno… todos sin excepción debemos unirnos como buenos ciudadanos e ir fraternalmente hacia un futuro que nos mantendrá a la mayoría hipotecados, explotados, parados, o mendigando pero que al menos podrá devolver las estadísticas nacionales a los altos puestos de la clasificación mundial para orgullo y satisfacción de los Emilio Botín y los Amancio Ortega. Y es que quienes se preocupan por la “unidad de toda la sociedad” y han pagado esta campaña de Cruzada en defensa del Sacrosanto Capital son: Telefónica, Iberia, El Corte Inglés, BBVA, Banco Santander, La Caixa, Caja Madrid, Repsol, Cepsa, Endesa, Iberdrola, Red Eléctrica, Mapfre, Renfe, Abertis, Mercadona, Indra y la patronal de la construcción, Seopan.

Para la puesta en escena de su propaganda, nuestros burgueses han preparado una ensalada en la que mezclan a unos cuantos emprendedores de esos que se han hecho a sí mismos, a empresarios como Andreu Buenafuente (productor televisivo) y Ferrán Adriá (empresario hostelero que ya ha colaborado en otras campañas de propaganda de la OTAN), a ultraderechistas como el también empresario Carlos Sainz y a intelectuales de la talla de Pau Gasol y Fernando Romay. Pero lejos de ser una campaña “inocente” el trasfondo político de la mentira, que niega la lucha de clases y antepone la unidad de la patria a cualquier lucha obrera, es el del nacionalsocialismo que aquí impusieron los burgueses de antaño de la mano de los terroristas con camisa azul. La base de la ideología fascista era la negación de la lucha de clases y la concepción de la nación como una unidad inquebrantable y en la que no podían existir contradicciones. Goebbles propagandista oficial del régimen nazi plasmaba en su propaganda una Alemania en la que todos debían remar en la misma dirección animando a “toda la sociedad” a que trabajase por ese “idílico” Tercer Reich en el que nadie debía quedar al margen pues todo era por el bien de la patria. La realidad es de sobra conocida por todos. Mientras Goebbles y sus perros hablaban de la raza superior y de la unidad de obreros y patrones, millones de trabajadores alemanes eran exterminados por el gobierno nazi; los rojos, los judíos y los gitanos eran enviados a los crematorios y el Estado Mayor del Reich preparaba su ofensiva sobre los trabajadores del mundo que para la primavera del 45 ya habían reducido a escombros ese imperio ario que iba durar mil años.

En la actualidad, aunque las formas que reviste la bestia capitalista difieren de la Alemania nazi, nos venden igualmente el cuento de la unidad social en torno a los valores y principios del imperialismo mientras encierran a los “sin papeles” en prisión, persiguen y torturan a los independentistas vascos, coartan nuestros derechos civiles y políticos, desatan odiosas guerras de rapiña en los países oprimidos y son los responsables directos de la muerte de millones de personas por hambre y enfermedades de fácil curación.

¿Pero la historia no se había acabado?


La campaña “Esto solo lo arreglamos entre todos.org” de la patronal española resuena como una señal de SOS de un barco a la deriva, algo que no deja de ser curioso porque hasta hace poco el triunfo capitalista era incuestionable para esos curas con traje y corbata que se autodenominan periodistas y “creadores de opinión”. Cuando a principios de los años 90 el bloque del Este se fue a pique por sus contradicciones internas, la burguesía internacional (incluidos los burócratas del Este) gritó al unísono que la historia había llegado a su fin y que la lucha de clases se había acabado. El capitalismo y la dictadura burguesa bajo careta parlamentaria eran, según los dirigentes, el culmen del desarrollo de la humanidad. Como Hitler en los años 30, los demócratas de Washington y Bruselas dieron el máximo volumen a sus altavoces para dar la buena nueva de que su Imperio iba a durar mil, dos mil o tres mil años, lo que hiciese falta, porque como sistematización de la perfección del hombre no habría nada ni nadie que lo pudiese hacer tambalear.

Pero pocos años después de que los demócratas se tirasen este farol sus cartas se han destapado por sí solas. Todo era mentira y la partida, la lucha de clases, sigue adelante: Le petit Sarkozy dijo en 2008 que el capitalismo debía refundarse, aunque desde arriba claro como los cánones de la dictadura burguesa imponen. La UE hace aguas, Gran Bretaña no quiere saber nada del euro y Alemania quiere olvidarse de sus amigos del Mediterráneo. Grecia es hoy una ruina política y económica en la que la policía ha sido rearmada con armas de asalto para defender la democracia de los peligrosos trabajadores que se han cansado de obedecer al patrón y al Estado. La Revolución Proletaria y Campesina en la India hace temblar a la “mayor democracia del mundo”. El imperialismo norteamericano se ha visto obligado a darle un toque multirracial a la fría y desprestigiada Casa Blanca. El despliegue internacional de tropas sigue creciendo y los yanquis aumentan sus contingentes en Latinoamérica (en especial Colombia y Perú donde combaten la Guerra Popular) y Afganistán. Los gobiernos del mundo han tenido que romper la hucha estatal para que el sistema financiero no se fuese a pique y con él todo el sistema imperialista mundial. Y todo esto mientras la mayoría de las masas explotadas del mundo siguen creyéndose la trola de que la lucha de clases acabó y no han movido un solo dedo contra el sistema.
Pero como los capitalistas siguen teniendo las mejores cartas se han vuelto a tirar un farol: “o nuestro sistema o ninguno” repiten a los cuatro vientos. Ya sea por la amenaza militarista contra los pueblos en lucha o mediante apocalípticas predicciones para los explotados de los países civilizados (la gripe A, la gripe aviar, la guerra química, el islamismo, el terrorismo internacional, el desastre ecológico…) el capitalismo intenta mantener una psicosis general que paralice a las masas y las lleve a conformarse e incluso a ser agradecidas con lo que ya tienen. Al rebelde le dicen “pórtate bien, no nos jodas el invento o iremos a por ti” y al conformista “no te quejes, más vale pájaro en mano que ciento volando”. Lo que sea, con tal de posponer en el tiempo ese momento en que los trabajadores adquieran conciencia revolucionaria y la plasmen en praxis revolucionaria para destruir el régimen social burgués.

El capitalismo es la crisis, solo existe una salida

Con la campaña “arreglarlo entre todos” nos dicen que no es el momento de pensar, ni siquiera de indignarse, sino de trabajar y callar como siempre para no generar una crisis social que ponga en duda su modelo político. Nos piden en definitiva que tomemos partido. Y eso debemos hacer pero no junto a ellos sino contra ellos porque la Rebelión se justifica. Las clases dominantes siempre han justificado la represión, la opresión y la explotación y es lógico que así lo hiciesen, como también es lógica la rebelión de los dominados. Lxs trabajadorxs no tenemos que arreglar un sistema que nos condena a vivir para trabajar sino que debemos organizarnos en todos los ámbitos sociales para derribar al sistema capitalista y al Estado burgués. Para acabar con nuestros problemas lxs obrerxs no necesitamos empresarios emprendedores ni salvadores de la patria, no tenemos que esperar las soluciones de quienes dirigen nuestras vidas. “Simplemente” necesitamos esfuerzo, conciencia, organización y lucha.

“No esperar más, es, de una u otra manera, entrar en la lógica insurreccional. Es escuchar de nuevo, en la voz de nuestros gobernantes, el ligero temblor del terror que nunca les abandona. Pues gobernar nunca fue otra cosa que aplazar con mil subterfugios el momento en el que el pueblo les colgará, y todo acto de gobierno no es más que un modo de no perder el control de la población”
Comité invisible, "La insurrección que llega"

jueves, 6 de mayo de 2010

Garzón investiga los crímenes del franquismo, la zorra se pone a guardar a las gallinas

(ARTÍCULO PUBLICADO EN EL Nº 8 DEL "NI UN PASO ATRÁS" DE LA PLATAFORMA ANTIFASCISTA DE ZAMORA)
http://antifascistaszamora.blogspot.com/

No deja de ser curioso, que una persona que ha causado tanto dolor como lo hizo el innombrable señor de los Pantanos, que ha aplicado una legislación de excepción en teoría tan parecida a la que se promulgaba en la posguerra española para juzgar delitos políticos, se haya convertido para algunas personas en el defensor de todos aquellos que precisamente hace cuarenta años estaban en una situación que ahora sufren todas las víctimas de este señor.

Esta situación surrealista se ha convertido en el nuevo divertimento de la progresía española. La cosa no pasaría de ser una mas de las innumerables chanzas orquestadas por los “puntales rojos del Capital” para realzar su perfil oportunista maquillado de radical de no ser por la gravedad que tiene el tema. El auto judicial dictado por Garzón y el ataque de la extrema derecha parece haberles hecho sentir una especie de aldabonazo en sus conciencias que les ha descubierto de forma espontánea que el actual Estado es la continuación de la estructura burocrática franquista y que los miembros de la judicatura y por ende las instituciones judiciales son herederas directas de los tribunales inquisitoriales que condenaron a muerte y participaron de forma activa en la tortura y la represión de miles de obreros y campesinos. Algunos miembros del gobierno tras el procesamiento de Garzón han visto la oportunidad de sacar a pasear su lado mas demócrata y como tal se atreven a poner en cuestión el Estado de las cosas, mientras tanto, muchos de los que veían en el proyecto republicano la salvación nacional han corrido rápidamente a desmarcarse de la “causa general” que el magistrado superstar se ha sacado de la manga, desgraciadamente esto se veía venir.

Algunos ya advirtieron que el movimiento republicano podría ser fagocitado (aunque en realidad ya nacía un poco con esta enfermedad) por la fracción de la burguesía que representa el PSOE y sus grupos de presión mediáticos y económicos que en este caso se han hecho profundo eco de todo lo que rodeaba a este asunto. Los que hace tan solo un par de años se hacían cruces ante las peticiones de declarar nulas las sentencias de los tribunales de excepción franquistas han afirmado en un lapso de tiempo bastante corto y sin ruborizarse la continuidad de las instituciones judiciales del Estado respecto de los tribunales fascistas. ¡Qué gran maniobra! Desde luego ni el mismo Nicolás de Maquiavelo lo hubiese urdido mejor, tocar sentimentalmente a los familiares de los asesinados y desaparecidos para que se puedan dar situaciones como la de la foto haciendo bueno el refrán “a río revuelto ganancia de pescadores” de aquellos que su miseria moral les permite pescar con el mas dañino de los anzuelos los anhelos de justicia y dignidad de los allegados de unos muertos que desde hace setenta años permanecen en las cunetas de nuestros campo y en los márgenes de la memoria de los poderosos.

Los crímenes del franquismo aparecen y desaparecen cuando a determinados personajes pueden obtener réditos políticos y distraer la atención del verdadero problema que supone la opresión burguesa para el proletariado y los pueblos de el Estado español y cuya destrucción es la única forma de poder honrar a los miles comunistas, anarquistas y demócratas revolucionarios que fueron víctimas del genocidio fascista.

PLATAFORMA ANTIFASCISTA DE ZAMORA

miércoles, 7 de abril de 2010

El campo castellano y la Revolución Socialista

ARTICULO PUBLICADO CON MOTIVO DE LAS II JORNADAS ANTICAPITALISTAS , EN LAS CUALES DESDE LA JUVENTUD COMUNISTA DE ZAMORA REALIZAMOS UNA EXPOSICIÓN SOBRE LOS CAUSAS Y CONSECUENCIAS DEL DESARROLLO DEL CAPITALISMO EN NUESTRO CAMPO. (PRÓXIMAMENTE PUBLICAREMOS LA PONENCIA AL COMPLETO)

“el capitalismo trata de mantener una confusión sumamente cómoda entre propiedad privada basada en el trabajo propio y propiedad privada capitalista basada en el trabajo ajeno”
Carlos Marx

El campesino tipo del campo castellano-leonés es el pequeño productor individual. Trabajador, pero sin ser un proletario; dueño de los medios de producción, pero sin ser un explotador de trabajo ajeno. Este sujeto adquiere un papel secundario o indirecto en la lucha de clases entre explotadores y explotados, es decir, en las contradicciones entre capital y trabajo. Pero eso no le convierte en un sujeto social “neutro” ajeno a esta lucha pues los intereses de todas las clases sociales acaban identificándose en última instancia con una de las dos grandes clases antagónicas de la sociedad capitalista: el proletariado o la burguesía.

El pequeño campesino forma parte de la base material del Estado burgués en calidad de propietario de los medios de producción, que formalmente no está sometido como lo está el trabajador asalariado. Se identifica con un Estado al que defiende pues sus intereses de clase pasan por perpetuar su posición de privilegio en el proceso productivo. Dicho de otro modo, el pequeño campesino de los Estados imperialistas, como los Estados de la UE, es objetiva y subjetivamente reaccionario. Teme y odia el cambio, pues como clase social rémora de la etapa de transición entre el feudalismo y el capitalismo lleva siglos sintiendo en sus carnes su descomposición como clase.

El capitalismo al dividir a la sociedad en dos grandes bloques, productores y expropiadores, no hace excepciones en las relaciones productivas de nuestro campo: una parte de los campesinos, como toda clase pequeñoburguesa, se convierten en capitalistas acumulando terrenos y contratando, para explotarlo, trabajo ajeno. La otra parte del campesinado, la mayoría, cae en las garras del mercado de trabajo, se proletariza y tiene que vender sus tierras por lo que queda desposeído de los medios de producción y se ve obligado a vender su fuerza de trabajo. En todos nuestros pueblos vemos a muchos campesinos que para subsistir tienen que trabajar para un capitalista a la par que laboran las tierras que en muchos casos ya no son suyas. Con sus tierras en manos de un capitalista, el pequeño productor se ve abocado a emigrar a la ciudad donde ya no será un “hombre libre” y se confundirá con una masa de millones de esclavos asalariados. Pero ni mucho menos esto es nuevo, sino que es el desarrollo objetivo del sistema de producción capitalista sistema que pone en cada vez menos manos la propiedad sobre los medios de producción y a la vez socializa la producción, una contradicción que ya advertiría Carlos Marx en “El Capital” y que se une a la contradicción de que es el desarrollo de la pequeña propiedad la que ha creado las condiciones para su propia extinción.

La situación del campesinado es bien conocida por la burguesía monopolista, clase dirigente de los Estados imperialistas cuya principal característica es que el grado de desarrollo del capitalismo ha convertido al capital financiero en el puntal base del régimen social. Así la burguesía sabe que el pequeño campesinado está bajo su influencia, no solo por la propaganda dominante sino porque la situación objetiva del campesinado lo coloca bajo esta, y por ello dedica ingentes cantidades de dinero para mantener la forma de vida de esta clase social a pesar de hacerlo en contra de la historia. Y es que esta es otra de las contradicciones del sistema social capitalista: El desarrollo capitalista arruina al pequeño productor que se ve obligado a venderse como obrero, pero a la vez la burguesía pretende que esta clase perdure en el tiempo lo máximo posible pues es una clase aliada en su lucha contra el proletariado.

La burguesía monopolista utiliza medidas como la PAC para homogeneizar el mercado europeo y hacerlo competitivo respecto al de otros países (con el único fin de mantener a la pequeña burguesía agraria pues esta política económica es nociva para los intereses mercantiles de la burguesía europea a la que le sale más rentable explotar el campo en Asia o Latinoamérica que en Europa), impone aranceles a los productos extranjeros, ofrece compensaciones a las exportaciones de productos europeos para rebajar sus precios en el mercado exterior, realiza inversiones para la mejora de las fuerzas productivas y de los productos… Todas estas medidas demuestran hasta que nivel el Estado burgués planifica el mercado e impone tanto la producción como el consumo de los productos que le interesa. Esto evidentemente está en contra del liberalismo, pero esa teoría económica y política existe solo en los libros de historia y fue superada por el propio desarrollo de la “libre propiedad” hasta tal punto que hoy la economía es un monopolio que se reparte una pequeña parte de la población, la burguesía monopolista, en alianza con otras clases como la pequeña burguesía, el pequeño campesinado, la burocracia estatal o la aristocracia obrera, capas sociales todas ellas que por su posición objetiva en los Estado imperialistas son reaccionarias.

La situación del campo es el producto lógico del desarrollo del capitalismo en su fase imperialista. La pequeña producción individual choca con la constante socialización de las fuerzas productivas. Las tierras de cultivo cada vez pertenecen a un grupo más reducido de la sociedad que ya no conforma como antaño una clase aparte, la clase de los terratenientes, ya que la mayoría de los grandes propietarios pertenecen a la clase monopolista y sus negocios agrícolas son uno más dentro de su gran cartera de negocios.

Las tareas pendientes en el campo son las propias de la Revolución Socialista y la Dictadura del Proletariado. El proletariado en el poder acelerará el proceso iniciado por la dictadura burguesa, pero a la inversa.
Si el desarrollo del capitalismo consiste en desposeer a la clase productora para darle más propiedades a los capitalistas, el proletariado erigido en clase dominante socializará no solo la producción sino las fuerzas productivas convirtiendo a los productores en dueños efectivos de los medios de producción que explotarán conforme al interés general y no como hasta ahora bajo los intereses de una minoría.

La Revolución Socialista deberá imponer en el campo el cooperativismo socialista. Esto chocará con los intereses pequeñoburgueses del campesinado que actualmente para no proletarizarse se une en cooperativas capitalistas. La cooperativa bajo el Estado burgués es una empresa más que compite y que se convierte en explotadora de trabajo ajeno y que ni mucho menos soluciona el problema del pequeño campesino. De hecho el que se unan en estas cooperativas ya muestra el grado de descomposición al que ha llegado esta clase que ve la única solución a la proletarización en su unión como productores, unión que a su vez se convierte en defensora del capitalismo al que pretendía “combatir”. Y en cierto sentido no van mal encaminados, pero estas actuaciones que son producto de la conciencia social del campesinado que se plasma en sus organizaciones de clase (ASAJA, COAG, UPA…) todas ellas reaccionarias, no van contra las contradicciones del régimen capitalista, no van a las causas del problema que es el desarrollo del capitalismo. Son tan solo reformas y por tanto contrarrevolucionarias pues la justa solución a estas contradicciones del sistema pasa por la revolucionarización de la sociedad, algo que solo puede llevar a la Praxis el proletariado por su situación objetiva dentro del sistema productivo siempre que logre dotarse de Conciencia Revolucionaria y pueda plasmarla orgánicamente en Partido Comunista como fusión del Socialismo Científico y el movimiento obrero.

“no hay que disimular las contradicciones del régimen capitalista, sino ponerlas al desnudo (…) no es apagar la lucha de clases sino llevarla a cabo hasta el fin” “… hay que ser revolucionario y no reformista” José Stalin

Si en otras partes del Estado español como en Andalucía, donde existen miles de obreros del campo, las tareas de la Revolución Socialista pasan por la apropiación de los obreros de los medios de producción, aquí la tarea de la clase obrera será socializar la producción mediante el cooperativismo socialista. Y es que el campesino castellano-leonés no quiere tierras como puede quererlas el jornalero andaluz. El pequeño propietario quiere mantener su producción y su propiedad individual algo que es imposible dado el desarrollo de las fuerzas productivas.
Pero aun siendo objetiva y subjetivamente una clase reaccionaria, el campesino al no ser explotador de trabajo ajeno no puede ser observado como observamos a los capitalistas. En este sentido la Revolución Socialista debe procurar en el campo con cautela amortiguando en lo posible los golpes a esta clase que es una clase trabajadora (aunque privilegiada) y que por tanto deberá ponerse del lado de la clase obrera cuando esta ejerza su dictadura de clase.

No obstante esta será una ardua tarea que será imposible llevar a término con la propaganda política y deberá ser un movimiento práctico (la dictadura del proletariado) quien arranque al pequeño productor campesino de su posición objetiva y subjetiva y le haga entender que su lugar está junto a los obreros revolucionarios y no junto a sus explotadores.
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Imagen 1: La policía nacional detiene a un ganadero castellano durante una manifestación en Valladolid. Los estratos más bajos de la clase campesina defienden por cualquier medio su posición en el sistema social productivo.
Imagen 2: Representantes de ASAJA, COAG, UCCL y UPA reunidos con el presidente de la Comunidad Autónoma Castellano-Leonesa. Los campesinos mejor acomodados y adaptados al desarrollo del capitalismo monopolistas pactan con las clases dirigentes, de las que son aliados políticos.
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La Génesis del Capital
Tendencia histórica de la acumulación capitalista


(En estos párrafos extraídos de la obra de Carlos Marx “El Capital”, hemos querido resumir la síntesis marxista del desarrollo de la propiedad desde el pequeño productor hasta el futuro socialismo pasando por la etapa capitalista. Para una mejor comprensión de la cuestión recomendamos el estudio de “La Génesis del Capital”)

“La acumulación originaria (capitalista) significa solamente la expropiación del productor directo, o lo que es lo mismo, la destrucción de la propiedad privada basada en el trabajo propio”

“Este modo de producción* supone el fraccionamiento de la tierra y de los demás medios de producción (…) solo es compatible con unos límites estrechos y primitivos de la producción de la sociedad. Querer eternizarlo equivaldría, como acertadamente dice Pecqueur, a “decretar la mediocridad general”. Pero al llegar a un cierto grado de progreso, él mismo crea los medios materiales para su destrucción”

“La propiedad privada fruto del propio esfuerzo es desplazada por la propiedad privada capitalista que se basa en la explotación de la fuerza de trabajo ajena (…) una vez que el modo capitalista de producción se mueve ya por sus propios medios, el rumbo ulterior de la socialización del trabajo y de la transformación de la tierra y demás medios de producción en medios de producción explotados socialmente, es decir, sociales, y por tanto, la marcha ulterior de la expropiación de los propietarios privados, cobra una forma nueva. Ahora ya no es el trabajador que gobierna su economía el que debe ser expropiado, sino el capitalista que explota a numerosos obreros”

*Marx se refiere a la pequeña propiedad campesina como la que aún pervive en nuestro campo.

JUVENTUD COMUNISTA DE ZAMORA. ABRIL 2010