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lunes, 2 de mayo de 2011

Paz Social: Nos aprietan las cadenas

Editorial del Ni Un Paso Atrás nº 10, órgano de difusión y propaganda antifascista

La Paz Social por fin ha llegado, pero ¿alguna vez se fue? El tímido “Así no” que encabezó la huelga general de CCOO y UGT fue tan solo un anticipo del nuevo brindis al sol con el que se han deleitado sindicatos, gobierno y patronal. Supuso un guiño insinuante, un luego quedamos, una muestra inequívoca de que los sindicatos oficiales querían tema para poder gemir y gritar “Así sí”.

Y vaya si lo han conseguido pues el pacto orgásmico entre Toxo y Zapatero, entre Méndez y Rosell, trae consigo unas más que embarazosas consecuencias para el proletariado del estado español: Trabajar hasta los 67 años; el cálculo de la pensión sobre los 25 últimos años cotizados a la Seguridad Social; la liberalización del negocio del desempleo a través del fomento de las Agencias Privadas de Colocación; las cláusulas de descuelgue de los convenios colectivos legalizando el incumplimiento de los mismos por parte de la patronal; la ampliación de las causas objetivas de despido para así abaratar las indemnizaciones, que en gran parte serán costeadas por el Estado a través del FOGASA…

Todas estas medidas, y las que están por venir (el Contrato de Primer Empleo o el fin del Salario Mínimo Interprofesional), son un ataque directo de las clases dominantes contra la clase obrera. Los burdos argumentos sobre los cuales justifican estos recortes los politicuchos y los autodenominados periodistas, como que vivimos mucho y trabajamos poco, han sido bien esclarecidos y desmentidos por organizaciones como la CNT en diversos documentos (Ver “El falso debate sobre la crisis del sistema de pensiones”). Referenciadas estas justas críticas a las reformas anti-obreras, nosotrxs vamos a centrarnos en algunos de los que por el bien común aprietan nuestras cadenas, los sindicatos.

Ni traidores, ni vendidos, hace décadas que son nuestros enemigos


El principal problema del proletariado en nuestro tiempo es que carece de conciencia revolucionaria y por ello de independencia política y orgánica, las cuales deberá obtener en incesante lucha contra la burguesía y todas sus formas de reproducción sociopolítica. Así, los proletarios arrastramos prejuicios burgueses que nos enajenan la correcta visión de la realidad material en que nos hallamos insertos. Y, por poner un ejemplo, nos conformamos con ver a los sindicatos oficiales como “unos traidores”, como elementos que son “malos” pero que podrían ser “buenos”. Pero para convertirse en traidores, los sindicatos deberían defender los intereses de la clase obrera, y eso hace décadas que es historia marchita del movimiento obrero del Estado español. Como mínimo desde que la Constitución de 1978 sancionó el “Estado social y de derecho” para que los sindicatos se integrasen en el bloque dominante, cogestionando la dictadura de clase de la burguesía y convirtiéndose en nuestros enemigos, en nuestros enemigos de clase.

El sindicato surgió en su día como unión de obreros para defender sus intereses económicos, lastrados ya de inicio por la reforma social: subidas salariales, mejoras sanitarias… mejoras sin duda alguna para los obreros, pero tan solo mejoras dentro de la esclavitud asalariada. Pues el sindicalismo nace como respuesta a la posición objetiva del proletariado dentro del marco de las relaciones de producción capitalista y solo se mueve en los espacios que esa misma posición le deja. El sindicato fue pues la primera herramienta de la clase obrera, pero estaba limitada por su marco económico y social. El movimiento obrero se desarrolla en una lucha constante contra la sociedad capitalista que le ha visto nacer. Y a comienzos del s. XX, superará desde distintos prismas y en diverso grado esta limitación inherente a la lucha económica: el anarcosindicalismo y el consejismo lo harán de forma contradictoria y más coherentemente lo logrará el marxismo-leninismo.

Esto provocará la escisión del movimiento obrero en dos grandes bloques irreconciliables: de un lado los reformistas que mantendrán como eje de sus luchas el sindicalismo y toda reforma política que mejore la situación del proletariado, pero siempre dentro de los márgenes de la legalidad burguesa y, sobretodo, de la producción social capitalista. De otra parte quedarán los revolucionarios que proponen que solo cuando el obrero rompa consigo mismo, es decir, que comprenda que sus intereses de clase pasan por eliminar su subordinación social y que ello solo puede hacerse desde la revolucionariación de las relaciones de producción y la destrucción del poder político y social erigido para mantenerlas, el Estado burgués. Es decir que el obrero no puede contentarse con la reforma que lo mantiene como obrero sometido al patrón sino que debe transformarse, elevarse como clase social, a sujeto y objeto de la Revolución.

Decimos que el m.o. se desarrolla. Pues mediante su experiencia en la lucha de clases contra la burguesía lo que en un primer momento fue su mejor arma, el sindicato, se convierte con el tiempo en su contrario, en arma de la clase capitalista. ¿Por qué decimos esto? Porque cuando el capitalismo avanza se convierte en un sistema económico mundial haciendo que las clases sociales, que las relaciones productivas, transciendan las fronteras nacionales y todo, la lucha de clases, debe ser observado desde el Mundo y no desde el Estado. Bajo estas condiciones nace la aristocracia obrera como sector del proletariado que se aprovecha de la posición de su país en la economía mundial. Esta capa social, difícil de concretar, hace de la reforma social su interés de clase y del sindicato, como vieja forma orgánica de los trabajadores, el mejor vertebrador de estos intereses junto al partido obrero reformista. Es decir que la escisión política de la clase proletaria (reformistas vs revolucionarios) proviene en origen de su división económica entre los obreros asalariados que sufren la dictadura de clase y los obreros bien retribuidos que participan de esta dictadura de la minoría contra la mayoría. Esta última clase utiliza las reformas para apuntalar su posición dentro del imperialismo, no por engaños de las clases dominantes, sino porque su situación es tal que para ella la dictadura de los bancos, de los policías, de los burócratas y de los patronos es realmente el Estado del Bienestar, mientras para la mayoría ese concepto es una broma de mal gusto que significa paro, miseria, explotación y violencia.
Una posición económica de privilegio, una línea de acción política basada en el reformismo y una conciencia imperialista y reaccionaria, tales son las características de la aristocracia obrera. Conciencia que vemos a diario en los informativos, en las universidades, en los centros de trabajo y como no podía ser de otro modo en el cine.

Apocalypse Now narra las hazañas del imperialismo norteamericano en Vietnam y en cierto sentido muestra como el “inocente” bienestar de la Metrópoli es una apisonadora que pasa sobre los pueblos oprimidos del mundo: A un grupo de militares yankees les encanta hacer surf. A su alrededor está la guerra y la muerte que ellos provocan, pero insisten en hacer surf por lo que necesitan construir una campana de cristal en la que disfrutar de un bienestar democrático sin que la realidad les moleste. Y ¿cómo lograr aislarse de lo que les rodea generando esa relajante irrealidad? Bombardeando todas las aldeas alrededor de la zona donde quieren surfear, es decir, que todo les vale para mantener su posición de privilegio y no les importa sobre quien deben pasar. Y esa es la moral imperialista propia de los sindicalistas liberados y toda clase de socialfascitas y chupatintas que parasitan libremente por nuestra sociedad: ellos no se plantean porque pueden surfear, tampoco les interesa. Solo quieren seguir haciéndolo y si para ello son necesarias guerras imperialistas o recortes de derechos pues ellos serán los primeros en utilizar los medios que alegremente la burguesía monopolista pone a su disposición para que se puedan cumplir sus intereses. En Apocalypse Now el pobrecito soldado imperialista utiliza napal para procurarse sus intereses. En las campanas de cristal de la Unión Europea la aristocracia obrera utiliza el corporativismo que desarrollan participando de la dictadura del capital desde sus puestos directivos en Cajas de Ahorro, en firmas de Convenios Colectivos, en los Pactos de Toledo o en los grandes Comités de Empresa.

Frente a estos elementos debemos poner la organización de la clase obrera y su unidad en base a la lucha por sus intereses en un nivel particular (en las luchas económicas) pero supeditado e insertado en un nivel general (la Revolución Social). Y para ello es indispensable señalar a quienes están del otro lado de la barricada, CCOO, UGT, USO…, pues la lucha contra el capital pasa por la lucha contra todas sus organizaciones que encuadran a las masas y las guían hacia el inmovilismo. Y a los primeros que nos encontramos es precisamente, a los sindicatos oficiales, que pretenden llevarnos como ovejas por el Eterno camino del reformismo, que no multiplica panes ni convierte el agua en vino.

Zamora, abril de 2011

Una aclaración respecto de nuestro artículo sobre la Guerra Popular en India

Recientemente desde la Juventud Comunista de Zamora publicamos un artículo, “La Revolución en India: ¡ejemplo para los proletarios y pueblos oprimidos del mundo!” suplemento del número 20 de Espacio Rojo, en que tratábamos la cuestión de la Guerra Popular en India para hacer propaganda de este importante movimiento silenciado por el revisionismo y la burguesía y para brindar nuestro apoyo al EGPL y la Revolución India.

Numerosas organizaciones comunistas de todo el Mundo, maoístas o no, se han posicionado a favor de la Guerra Popular en India aunque no de manera monolítica, generándose así un debate en el que M. Alonso, colaborador de los camaradas maoístas de Correo Vermello, utiliza nuestro artículo para posicionarse en el debate suscitado (véase el artículo “Oportunismo de traficantes. Un artículo de M. Alonso para Correo Vermello”) surgiendo así para nosotros la necesidad de hacer alguna aclaración:

El colectivo de la Juventud Comunista de Zamora no apoya la Guerra Popular en India como reflejo de la lucha de dos líneas desarrollada por núcleos marxista-leninista-maoístas. Si bien la encomiable labor publicitaria y de traducción que algunos de estos núcleos hacen sobre los acontecimientos en India nos llevan a conocer cuestiones concretas (acciones armadas puntuales, comunicados…) nuestro apoyo a la Guerra Popular viene dado por el estudio de las experiencias de esta estrategia proletaria que al demostrar su validez para transformar el estado de las cosas obliga a todo obrero consciente a apoyarla en India, en Filipinas, en Perú y allá donde las masas oprimidas estén en lucha.

Sacar otras conclusiones de nuestro apoyo a la Guerra Popular, es por un lado sobreestimar la labor de algunos de estos colectivos del Estado español y por otro subestimar la labor de los jóvenes comunistas en Zamora. Utilizar así nuestro artículo para atacar a una organización como el Movimiento Anti-Imperialista es hacer demagogia a nuestra costa, pues son precisamente organizaciones como el MAI las que desarrollan consecuentemente y sin ambages la lucha de dos líneas en el seno del Movimiento Comunista y las que nos han permitido, por ejemplo, conocer de primera mano la realidad de Nepal gracias a un estudio crítico de los documentos del PCN(m) (reunidos en el “Dossier Nepal”) que estos camaradas editaron en 2005 mientras la mayoría del movimiento comunista o bien se desentendía de lo que acontecía en Nepal o bien ocultaba las carencias de la Revolución nepalí y aplaudía sin crítica alguna a Prachanda y sus secuaces.

Aclarada nuestra postura respecto a India, una vez más mostramos nuestra solidaridad para con los camaradas naxalitas y reconocemos que el mejor apoyo que se les puede brindar pasa por dotarnos de los instrumentos para realizar la Revolución Socialista en el Estado español y convertir así a nuestro país en otra base de apoyo de la Revolución Proletaria Mundial. Labor para la cual nosotros intentamos aportar nuestra militancia revolucionaria y nuestro trabajo dentro del movimiento obrero y comunista en España.

Colectivo de la Juventud Comunista en Zamora.
Abril de 2011

martes, 19 de abril de 2011

Espacio Rojo 20: Teoría, Vanguardia y Partido Revolucionario

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En el número 20 de Espacio Rojo, vamos a sintetizar el estudio de una de las obras fundamentales de V.I. Lenin: “¿Qué Hacer?”. A ningún joven trabajador se le pueden escapar las enormes similitudes existentes entre nuestro tiempo y el de inicios del siglo XX en Rusia, al menos en lo que se refiere a la vanguardia de la clase obrera: fragmentada y dividida, postrada ante las prácticas sindicalistas, copada de reformistas y de elementos oportunistas que se desentendían de los objetivos revolucionarios del Socialismo y pretendían convertir al movimiento socialdemócrata (hoy comunista) en uno más dentro de la amalgama de movimientos parciales que tenían como perenne objetivo reformar la dictadura del capital manteniendo así a las clases proletarias y oprimidas en una posición subordinada a los intereses de clase de la burguesía. Contra aquellos postulados políticos Lenin y su grupo iskrista, embrión del bolchevismo, desarrollaron una encarnizada lucha ideológica que tuvo su pistoletazo de salida en la obra antedicha y que abrió el período de conformación del primer Partido Obrero de nuevo tipo de la historia: el Partido Comunista (bolchevique).

La teoría revolucionaria, base de la organización obrera revolucionaria

A finales del siglo XIX el marxismo se abre paso como ideología hegemónica dentro del movimiento obrero internacional. En el Congreso de Erfurt, en 1891, el Partido Socialdemócrata Alemán -SPD- principal partido obrero de Europa, adoptó el marxismo como teoría oficial partidaria. Pero diversos factores harían que esta asunción, por parte del SPD en particular y de la socialdemocracia en general, estuviese plagada de incorrecciones: las obras de Marx ni siquiera se habían publicado por completo (algunas se editarían por primera vez en los años 20 en la URSS) y los socialdemócratas no habían comprendido que el marxismo suponía la elaboración de una nueva visión de la realidad material, de una cosmovisión general y totalizadora de las relaciones sociales que de la mano del materialismo dialéctico e histórico permitían el desarrollo de una conciencia revolucionaria entre la clase obrera. Así las obras de Marx eran observadas como un gran montón de papeles de entre los cuales extraer consignas para acoplarlas a los movimientos de lucha parcial de la clase obrera. A todo esto se unía que el movimiento obrero aun carecía de la experiencia necesaria para comprender qué tipo de organización era necesaria para aplicar estos principios que se intentaban encorsetar dentro del viejo partido obrero, del partido/sindicato, presto para las luchas parciales del proletariado, para la reforma del aparato estatal burgués, pero no para su destrucción. Y así el marxismo se convertía en la justificación teórica de los reformistas que hacían del movimiento el todo y dejaban de lado los objetivos revolucionarios de la clase obrera.

Contra este oportunismo los iskristas, ala izquierda de la socialdemocracia rusa, se plantean la labor de recomponer la ideología marxista, de reconstituir la teoría revolucionaria en base a la lucha contra el oportunismo para así acometer la constitución del Partido obrero revolucionario. Lenin pone todo el peso de esta lucha contra el oportunismo en la teoría, es decir, que convierte a la ideología revolucionaria en el núcleo alrededor del cual construir el Partido. Pone la teoría de vanguardia al mando en el proceso de construcción del Partido Comunista. Según el mismo Lenin se trata de “Reanudar el trabajo teórico”, es decir, acometer el estudio del marxismo como arma para combatir por el socialismo elaborando una táctica-plan en que la vanguardia revolucionaria ha de combatir al oportunismo, desarrollando la lucha teórica o lucha de dos líneas (como la llamarán en otro período de la Revolución Proletaria Mundial los comunistas chinos) y convertiéndose en el garante de que la práctica se encamina hacia el objetivo del Socialismo.

En este contexto Lenin acuña su famosa frase “Sin teoría revolucionaria no puede haber tampoco movimiento revolucionario…”, apuntillando la importancia del devenir del movimiento revolucionario en la justa solución de los problemas teóricos. Algo solo comprensible desde la óptica leninista de la acción partidaria, entendida como fusión del socialismo científico y del movimiento obrero, dando a entender que los problemas teóricos en una etapa en que la vanguardia revolucionaria se haya disgregada se tornan en las contradicciones principales a resolver para que esa vanguardia se desarrolle en su labor de construir el Partido de nuevo tipo.
En la insistencia de Lenin sobre la importancia de la teoría para el proletariado revolucionario, el ruso recupera lo que Engels había afirmado, y es que el movimiento obrero tiene tres frentes o direcciones: el económico, el político y también el teórico. Al desarrollar esta visión de Engels en un período en que el movimiento obrero está ya maduro para unirse a la teoría de vanguardia, Lenin está ya plasmando la visión del Partido leninista, del movimiento revolucionario organizado, superando a la organización sindical y al viejo partido obrero de masas: al re-introducir el elemento teórico, la ideología revolucionaria, se supera la visión propia de la conciencia en sí del obrero. La economía se torna en el frente de resistencia de las masas en el cual éstas luchan por mantener o mejorar sus condiciones de vida dentro del marco de las relaciones sociales capitalistas. El frente teórico sería aquel en que el proletariado ha de forjarse como intelectual colectivo, conocedor de la realidad y de las leyes objetivas que la rigen y determinan para así poder revolucionarlas. Y el frente político pasa de ser un mero reflejo de las luchas económicas, a ser una unidad dialéctica de estos contrarios (teoría y práctica), transformándose a sí mismos. Pues la teoría en conexión con la realidad material se convierte en praxis revolucionaria, en el programa político de la clase obrera para llevar a cabo la transformación social que eleve a la materia a un nuevo estadio social: la Dictadura revolucionaria del proletariado.
Pero para llegar a este estadio se necesita de la recomposición del marxismo en la que los iskristas primero y los bolcheviques después pondrían a trabajar a sus mejores militantes. Para Lenin el militante comunista, el cuadro revolucionario no era como para los sindicalistas ni el mejor de los huelguistas ni el simple agitador de masas ante sus luchas económicas. Para los comunistas el militante revolucionario es en primer lugar el portador de la ideología de vanguardia, la que permite concebir todas las relaciones sociales desde una nueva esfera, el socialismo científico, superador de las distintas ciencias burguesas que atomizadas dan una visión parcial e inconexa de la realidad. Desde esta conciencia revolucionaria que ha de portar cada militante y en cuya aprehensión reside el verdadero proceso de auto transformación del obrero militante en revolucionario, se cimenta el Partido Comunista y así sucede que la conciencia es la base del Partido y el motor de la Revolución.

La lucha contra el oportunismo


Históricamente el movimiento obrero empieza a dar sus primeros pasos desde actos de espontaneísmo, de resistencia de las masas ante la acción del capital. Estos actos espontáneos fueron formas “embrionarias” de la lucha revolucionaria. Pero este “embrión” necesita de una dura y compleja transformación para convertirse en expresión revolucionaria del movimiento de la clase obrera. Necesita negarse a sí mismo. Necesita fusionarse con la conciencia revolucionaria “introducida desde fuera” del movimiento mismo. Es decir una conciencia generada desde fuera del marco de las relaciones sociales burguesas en que los trabajadores reproducimos nuestro modo de vida. Como instrumento de análisis social con carácter integrador, el marxismo logra convertirse en esa conciencia para sí del proletariado, capacitada entonces para fusionarse con ese movimiento obrero de masas. Labor para la cual es necesario el trabajo de la vanguardia como mediación entre esa ideología y el resto de la clase obrera a cuyas posiciones políticas ha de elevar.
Sin embargo para el oportunismo de corte sindicalista, tanto hace un siglo como en la actualidad, el papel de motor de la conciencia es inexistente. Se niega el papel de vanguardia del movimiento comunista y se observa a éste como uno más dentro del maremágnum de organizaciones obreras, contentándose así (y remitiéndose de forma oportunista) con lo esbozado por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, escrito en un período en que la lucha de clases todavía no había mostrado como debían plasmarse en la realidad las enormes tareas encomendadas al proletariado como última y nueva clase social: destruir la máquina estatal burguesa y erradicar la división social del trabajo a través de su dictadura revolucionaria encabezada por el Partido Comunista.
El salto cualitativo del economismo o sindicalismo (entendido como conjunto de formas parciales de la lucha obrera) a la organización revolucionaria leninista se resume en: “La socialdemocracia es representante del proletariado en sus relaciones con todas las clases sociales, relaciones que cristalizan o que son dirigidas por las clases dominantes a través del Estado como fuerza política organizada.” V.I. Lenin, “¿Qué hacer?”

La justa solución de todas las problemáticas derivadas de las relaciones burguesas solo puede establecerse desde la subversión del conjunto de esas relaciones, y ello solo puede realizarse desde la destrucción del aparato clasista que las gestiona, ampara y defiende: El Estado burgués. Por ello la socialdemocracia no contempla que las reformas y el sindicalismo puedan suponer socavar el régimen capitalista pues con sus luchas sindicales los obreros no adquieren conciencia revolucionaria, simplemente “aprender a vender en mejores condiciones su fuerza de trabajo”, sancionando, al carecer de objetivos revolucionarios, su posición como mercancía dentro de la producción capitalista. Por eso ante las luchas espontáneas de las masas obreras y excluidas los comunistas no deben ir a la rastra, si no que con su iniciativa deben dar contenido revolucionario a esas luchas para sacarlas de ese marco de resistencia ante la burguesía y oponerlas directamente como una fuerza social revolucionaria que pretende conquistar el Poder. Carecer de un plan elaborado desde lo consciente e ir al calor del espontaneísmo, es renunciar a la labor del PC, a la labor de la vanguardia revolucionaria y postrarse ante las masas e ir a su zaga como panfletarios que se solidarizan con lo que ya está en marcha y en lo que no pueden incidir de un modo revolucionario.

El Partido Comunista, la organización leninista, ya no es una simple “asociación” de obreros, sino que es la unidad objetiva, dialéctica, de dos contrarios (la conciencia y el ser social) que se transforman y elevan dando como resultado ese PC que genera las necesarias “correas de transmisión” comprendidas dentro del movimiento revolucionario organizado, cuyo núcleo y dirección consciente es la vanguardia marxista-leninista. Para establecerse como dicha vanguardia hay que empezar por comprender el marxismo-leninismo y ponerlo a la altura de las circunstancias teniendo en cuenta que en la etapa previa a la conformación del Partido Comunista la contradicción principal reside en que ideología va a revestir y dirigir al movimiento obrero.

En este contexto en que se hallaban los iskristas y en el que de alguna forma nos encontramos hoy, la lucha teórica se convierte en una labor práctica de la máxima importancia. En juego está la lucha entre las dos únicas ideologías que existen: la burguesa y la socialista, como reflejo de las dos grandes clases sociales de nuestro tiempo, burgueses y proletarios.

Juventud Comunista de Zamora. Abril de 2011

lunes, 18 de abril de 2011

De la supervivencia a la vida

PUBLICAMOS ESTE INTERESANTE ARTÍCULO QUE NOS HA REMITIDO UN COMPAÑERO COMUNISTA NO ADSCRITO A NINGUNA ORGANIZACIÓN. ES UNA LLAMADA A LA REFLEXIÓN SOBRE LA "VIDA" QUE NOS OFRECE LA SOCIEDAD BURGUESA Y LA ÚNICA FORMA QUE TENEMOS DE SOBREPONERNOS A ELLA: LA MILITANCIA REVOLUCIONARIA.


Las palabras que a continuación vais a leer merecen la pena: tratan de ser una radiografía de la situación actual y, sobre todo, una incitación a remover los cimientos de cuanto nos rodea.
Si sois de los que pensáis que no tenéis tiempo para leer este breve artículo, os pediría que reflexionarais sobre las horas que podemos dedicar a ver la última nominación de Gran Hermano o a leer el MARCA desde la primera hasta la última página. Además, ¿qué época es esta en que no tenemos tiempo siquiera para reflexionar sobre nuestras vidas y nuestra sociedad?
Nos han inducido a pensar, gracias a una publicidad machacona y omnipresente y unos medios de comunicación al servicio del actual orden criminal, que no hay más formas posibles de organizar la sociedad humana que esta.
El capitalismo, ese sistema que sobrevive rumiando su propia decadencia, coloniza todos los espacios posibles de la sociedad; peor aún, coloniza nuestras propias mentes, nos mantiene en el cada uno a lo suyo, en la competitividad fratricida, en la codicia patológica, en la estupidez inducida; les interesa que seamos estúpidos porque así nadie osará cuestionar su orden.
No nos engañemos: hace ya tiempo que en este país nos tienen paralizados, aislados, angustiados. (Una última encuesta sociológica nos sonroja llegando a la conclusión de que 6 de cada 10 españoles no se fían de los demás: es la consecuencia de haber convertido al otro en un enemigo y un competidor.) Somos presas del miedo fabricado por ellos mismos.
Nos han convertido en unos cobardes, en unos incapaces de repeler siquiera las agresiones constantes de la clase dominante. Nos hemos acostumbrado a caminar durante demasiado tiempo por la cuerda floja. Nos han dicho que lo normal es que haya paro, crisis y desigualdades sociales, y nos lo hemos creído sin rechistar. Nos han convencido de que no merece la pena luchar: ¿para qué vamos a pelear contra la Reforma que nos niega las pensiones, si el Gobierno no va a ceder? Digerimos con una naturalidad asombrosa la noticia del fraude fiscal de las grandes fortunas españolas, o que el número de ricos haya aumentado exponencialmente en 2010, el mismo año en que precisamente más pobres y parados hay. Pero que nadie se atreva a decir que lo uno es causa de lo otro, porque enseguida será tachado de comunista trasnochado y sometido a escarnio público.
A la mayoría nos han hundido en el pánico, la inacción y la hipocresía: caminamos como animales asustados. Tenemos miedo de que el Gobierno (el Consejo de Administración de la burguesía, como decía el sabio y denostado Marx) nos imponga el mayor ataque a los derechos de trabajadores y pensionistas de las últimas décadas, pero somos incapaces de manifestarnos masivamente para mostrar al menos nuestro digno rechazo; reprobamos moralmente la sangría de despidos, pero cuando el tsunami del capital llega a nuestra empresa lo primero que pensamos es “espero que no me toque a mí”; no nos movilizamos mediante huelgas o manifestaciones porque las promueven las mafias sindicales parasitarias, pero nuestra alternativa es no hacer nada: quedarnos en casa o hacer de esquiroles; nos quejamos de que nadie protesta en España, pero cuando la huelga más auténtica de los últimos años sacude el Metro de Madrid, nos desgañitamos como subnormales por no haber podido llegar a tiempo a nuestro precario trabajo.
Nos hemos tragado la burda mentira de que lo que nos cuentan los mass media es verdad (sin ser conscientes de que, en una sociedad de clases, las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante). Nos hemos creído que vivimos en una sociedad democrática porque podemos elegir quién va a empobrecernos y saquearnos cada 4 años. Nos han convencido con la falacia de que hay pluralidad de información porque podemos elegir entre La Sexta o Intereconomía. (¿Os habéis parado a pensar que el 99% de las tertulias políticas televisivas están copadas por la derecha más rancia y españolista? ¿Os habéis percatado de que, si no queremos ver bazofia de prensa rosa, o pura propaganda de la facción del capital ahora en el Gobierno, la del Partido ¿Socialista? ¿Obrero? Español, no nos queda más remedio que sintonizar Intereconomía, Veo7, Libertad Digital o La 10?)
Somos receptivos a la evidencia de que los atentados del 11S fueron organizados por los servicios secretos estadounidenses para justificar ante la opinión pública mundial los planes de guerra del imperialismo, pero tachamos de conspiranoicos a los que, con datos e indicios en la mano, apuntan también al aparato del Estado español en la responsabilidad de la masacre del 11M (¿quién -y por qué motivo- mandó desguazar los trenes sólo dos días después de los atentados?, ¿cómo es posible que se hallaran explosivos de tipo militar en los andenes?, ¿qué decir de los altos mandos policiales implicados por colaboración con los autores del atentado?). Nos horrorizamos cuando oímos la palabra guerra, pero no queremos saber que la guerra es consustancial al capitalismo, primero porque es una forma inevitable y extrema de resolver las contradicciones por mercados y recursos entre los distintos capitales, y segundo porque los monopolios militares necesitan dar salida constante a su armamento para obtener así jugosas ganancias. ¿Qué mejor que una “guerra humanitaria” para conseguir esto? ¿Cuántos de nosotros hemos caído en la cuenta de que los dos accionistas mayoritarios de los principales medios de comunicación de Francia, país especialmente beligerante en la guerra de Libia, pertenecen a las empresas armamentísticas Lagardère y Dassault? ¿Entenderemos mejor entonces por qué los buitres mediáticos no se dedican a cubrir la guerra, sino a promoverla y venderla?
Y es que nos han lobotomizado, sobre todo, gracias a esa arma de destrucción masiva que es Falsimedia. Nos bombardean durante horas y horas con estupidez y mediocridad. Nos destruyen la capacidad de crítica y discernimiento. Nos dan a elegir entre Belén Esteban o Paqui “la coles”, entre Lady Gaga o Justin Bieber, entre Ronaldo o Messi, entre El Hormiguero o el Intermedio. El espejo que nos ponen en nuestras narices es el de los personajes ricos y presuntuosos carentes de la más mínima inteligencia y sensibilidad.
Nos atiborran con una publicidad siniestra que, con el objetivo de ganar cuota de mercado a la competencia, determina quién es guapo y quién no, traumatiza a la mayoría de las mujeres (y a no pocos hombres) con estereotipos absolutamente artificiales (“¿Quieres dejar de estar gordo?”, nos espeta una voz en un anuncio de Teletienda) y, peor aún, nos alimenta la ilusión de que podemos ser felices si compramos en ZARA o si nos rendimos ante él último 3x2 de Carrefour.
Nos ocultan y distorsionan intencionadamente lo que no les interesa. Nos ocultan las luchas masivas de estudiantes y trabajadores que sacuden Europa, desde Portugal hasta Grecia pasando por Francia o Islandia (¿cuántos de los medios empresariales han sacado en primera plana las manifestaciones sin precedentes de miles de jóvenes precarios y parados portugueses?). Nos televisan en directo las “revueltas democráticas” del mundo árabe –tildando de sátrapas a los dirigentes de Libia, mientras reciben con honores a los de Arabia Saudí o Bahrein- para justificar las guerras de rapiña por petróleo, pero callan o tildan de terroristas y criminales a las masas explotadas que luchan contra la miseria y la opresión en India, Colombia, Turquía o Grecia.
Yo lo digo claramente le pese a quien le pese: ni vivimos en una democracia (etimológicamente, “poder del pueblo”) ni saldremos de esta situación sin luchar. ¡Claro que hay futuro, y este pasa justamente por la conciencia y la lucha! Cuando me preguntan si soy optimista o pesimista yo respondo que depende: si vamos a seguir malviviendo bajo este sistema de explotación soy muy pero que muy pesimista; si, en cambio, vamos a transformar profundamente las raíces de esta sociedad sobre criterios de bien común, solidaridad y racionalidad, soy el más optimista del mundo.
Nos acostamos todas las noches con una certeza: nuestros hijos vivirán peor que nosotros. Viviremos, si no se cambian las cosas a través de una Revolución más necesaria que nunca, en un orden de nueva servidumbre aún más atroz al servicio de las élites económicas. Esta vez, en vez de rendir pleitesía a amos y señores de la gleba, nos someteremos al capital financiero y a todos sus tentáculos de medios de comunicación y Estados a su merced.
¿Cómo podemos seguir así, a pesar de la que está cayendo? Parafraseando a Manuel Cañada, ¿cómo se explica que, con miles de desahucios y camino de los 5 millones de parados, se vayan de rositas los botines, las koplowitz, los florentinos, los zaplanas y bonos, los amos y los perros de los amos? ¿Cómo es posible que no le estallen las costuras a este sistema, irracional e injusto hasta el escándalo? ¿Dónde arraiga la conformidad, la mansedumbre suicida, dónde se asienta nuestra impotencia?
Las respuestas a tantas preguntas (que en el fondo se reducen a una sola: ¿por qué tenemos que vivir como vivimos?) las plantearán, como no puede ser de otra manera, las mayorías sociales de explotados, parados, hipotecados, desahuciados, estudiantes sin futuro y hambrientos de todo el mundo, los únicos capaces de poner orden a este caos, los únicos en condiciones de reorganizar las bases de la sociedad para que sirva a los intereses colectivos de los que generamos la riqueza.
Esta lucha es el único camino que nos puede hacer sentir verdaderamente humanos; la única que nos puede hacer descubrir que hay vida tras la supervivencia miserable de esta guerra social no declarada; la única que nos puede hacer entender la diferencia entre existir y vivir.

Javier V. B.,
Madrid, abril de 2011

viernes, 1 de abril de 2011

La Revolución en India: ¡ejemplo para los proletarios y pueblos oprimidos del mundo!

ARTÍCULO SOBRE LA REVOLUCIÓN EN INDIA QUE SE INTEGRA EN EL SUPLEMENTO DEL ESPACIO ROJO Nº 20, QUE PUBLICAREMOS EN LAS PRÓXIMAS SEMANAS


La Revolución Comunista en la India avanza imparable. Pero ¿saben algo los trabajadores del Mundo de este proceso revolucionario en que las masas explotadas de la India se han hecho dueñas de su destino empuñando el fusil bajo la bandera roja del Socialismo?

Los medios de comunicación, que solo atienden a los intereses de sus dueños, callan sobre los acontecimientos que día tras día protagonizan los soldados rojos en la India. Esto no debe extrañar a nadie pues las empresas de comunicación están para mantener el orden social existente.

Pero no solo la propaganda oficial del imperialismo nos esconde la verdad. La izquierda occidental, civilizada y presta siempre a los intereses de la democracia burguesa y la gestión romántica de la dictadura del capital, no solo no se solidariza con los comunistas indios, sino que incluso llega a criminalizarlos, mostrándonos que lo que no quieren para la India, el poder de la clase obrera, tampoco lo quieren para nuestra tierra. Porque la Revolución en India no es solo un azote para los capitalistas locales, sino que es un problema para la burguesía internacional, en todas las formas que esta pueda revestir: desde la OTAN y la ONU, hasta muchos de los partidos autoproclamados “obreros” y “de izquierdas”, representantes de la aristocracia obrera, integrados en el régimen vigente con el único objetivo de apuntalarlo.

Pero volvamos a la Revolución India. ¿Qué está pasando a miles de kilómetros de aquí?

A finales de los años 60 en la localidad de Naxalbari se inició un movimiento armado de obreros y campesinos, el Trueno de Primavera, que declaró la guerra al Estado y al reformismo. Este movimiento desarrollado posteriormente por el PCI (M-L) fue aplastado por la reacción. A pesar de la derrota las organizaciones revolucionarias no arriaron la bandera roja y se mantuvieron en pie hasta el 2004, momento en el cual se unificaron el “Centro Comunista Maoísta de la India” y el “Partido Comunista de la India [Marxista-Leninista] [Guerra Popular]”, dando nacimiento al Partido Comunista de la India (maoísta), que a través del Ejército Guerrillero Popular de Liberación (EGPL) dirige hoy la Guerra Popular que se desarrolla fuertemente extendiéndose por casi 1/3 del Estado Indio (el 2º más poblado del Mundo, con 1.100 millones de habitantes). En este territorio, que se denomina zona liberada, la dirección revolucionaria instala sus Bases de Apoyo, es decir, su fusión con las más hondas y profundas masas de obreros y campesinos, que ejercen por primera vez su dictadura de clase, la dictadura democrática proletaria y campesina, en confrontación directa contra el viejo y podrido Estado reaccionario, para así adquirir la experiencia revolucionaria necesaria para transformar la realidad.

La burguesía india, incapaz para contener el avance del pueblo armado, lanzó en 2010 la campaña contrainsurgente “Cacería Verde” en la cual, utilizando tropas regulares y paramilitares (un total de 100.000 soldados), exterminó a varios cientos de campesinos. Sin embargo esto no detuvo el avance popular y solo hizo que más y más campesinos ingresasen en las filas del EGPL. Los intelectuales y demócratas indios son perseguidos por no jurar su fidelidad a la violencia del Estado. Y las masas obreras sufren los disparos de la policía en cada una de sus huelgas, que complementan y combinan con la lucha del EGPL y el PCI(maoísta). Incluso el Ejército indio hubo de reconocer que utilizó armas químicas contra los campesinos comunistas, con el aplauso de la democrática comunidad internacional y el silencio de todos esos defensores de los DDHH que también cierran los ojos ante el lanzamiento de uranio empobrecido en Libia.

El EGPL, organismo generado por el PCI (maoísta), está conformado por miles de hombres y mujeres, desterrando así la exclusión que sufre la mujer india bajo la esclavitud capitalista. Igualmente el sistema de castas, que mantiene relaciones sociales de tipo feudal, está siendo derribado allí donde se ha instalado el Nuevo Poder.
Los campos de cultivo, expropiados a los pobres por los distintos gobiernos burgueses para ponerlos en manos de grandes capitalistas indios y norteamericanos, son devueltos a los que los trabajan una vez que los comunistas controlan un territorio. Las empresas son socializadas y se expulsa a los explotadores. Los cuerpos represivos del Estado son abolidos y sustituidos por las masas revolucionarias armadas reproduciendo así el mejor de los legados que nos dejaron los comuneros de París y los bolcheviques rusos.

Y es que a pesar de los cambios operados en la lucha de clases desde que los comuneros osasen colgar la bandera roja en París y los bolcheviques tumbasen el gobierno provisional, la Revolución en India tiene todo lo que temen los burgueses y debemos aplaudir los trabajadores del Mundo: tiene a las masas armándose con fusiles y con la ideología revolucionaria, el marxismo. Tiene la generación de zonas rojas en las cuales el poder de los explotados, el Estado de Nueva Democracia, empieza a tomar forma haciendo realidad la consigna revolucionaria de destruir lo viejo para construir lo nuevo. Y tiene todas sus acciones armadas y políticas dirigidas hacia el único camino que puede acabar con la explotación entre los hombres: el Socialismo.

Por ello, porque vemos reflejada en la Revolución India las esperanzas y aspiraciones de los obreros y los pueblos oprimidos, aprovechamos estas líneas para mandar un saludo a los camaradas naxalitas e instamos a toda la juventud y a la clase obrera a que difunda las noticias que hacen temblar a nuestros explotadores aquí y en Nueva Delhi.

¡Viva la Revolución Comunista en la India!
¡Viva la Revolución Proletaria Mundial!
¡Naxalbari Zindabad!


Suplemento de Espacio Rojo Nº 20,
Juventud Comunista de Zamora,
Abril de 2011

martes, 8 de febrero de 2011

Espacio Rojo 19: Revolución y Cuestión nacional (5/5)

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Una Clase, Un Estado, Un Partido


Pues el error más grave del nacionalismo, por cuanto niega la experiencia histórica de la lucha de clases, es la incomprensión total del lugar objetivo que ocupa el proletariado en la sociedad y en la historia y de lo que mediante su práctica subjetiva ha logrado desarrollar: el partido obrero de nuevo tipo, el Partido Comunista, que es el único organismo social capaz de dirigir la Revolución Socialista, la revolución pendiente en el Estado español. Porque el Partido Comunista es el instrumento superior de la clase obrera. Es un órgano que no solo ejerce la labor de Estado Mayor de la clase sino que muestra el movimiento constante de las masas hacia su vanguardia, la unidad dialéctica de la vanguardia y las masas como movimiento organizado en base a los principios del marxismo-leninismo (unión de teoría y práctica) que se plasman en su Programa Revolucionario (Praxis revolucionaria) de destrucción del viejo orden burgués. Organización garante de la independencia política de la clase obrera y por tanto de que el proceso revolucionario se dirige hacia el Comunismo.

Frente al Partido obrero de nuevo tipo, órgano superior de la clase revolucionaria, los nacionalistas presentan un frente común interclasista negando al Partido como tal y reduciéndolo, en el mejor de los casos, a un mero apéndice de tal o cual Movimiento de Liberación Nacional para arrastrar al proletariado bajo las banderas de la burguesía. Pero el proletariado tiene su propia bandera probada en mil y una batallas y no puede ir a la zaga de ningún movimiento nacional. Así pues los revolucionarios luchamos por la reconstitución del Partido Comunista marxista-leninista para todo el Estado español, mientras que el nacionalismo, siempre reaccionario en última instancia, se empeña en difuminar esa tarea fundamental para los trabajadores a los que pretende empantanar en la forja de su nación, poniéndolo bajo sus filas en un movimiento interclasista como una facción nacional más subordinada al interés general de la patria, que es en realidad el interés particular de la burguesía. Y esto no solo ocurre con los distintos MLN del Estado español, sino que es común a todo el nacionalismo incluido el del republicanismo de corte españolista que busca en la República burguesa el Estado redentor de todos los males de las Españas y al que pretenden arrastrar al proletariado alejándolo de su Partido y llevándolo al pantano del interclasismo pequeñoburgués en nombre de la Unidad del pueblo, demostrándose así que todos los nacionalistas, los grandes y los pequeños, acaban dándose la mano en su labor de desviar la atención del proletariado sobre su verdadera liberación que pasa por la destrucción del Estado burgués con independencia de a que burguesía nacional defienda.

Haciendo una recapitulación sobre todo lo expuesto, diremos que los comunistas apoyamos el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Fraseología huera si no se le da contenido basado en una propaganda a favor del derecho democrático de los pueblos a decidir su futuro y en una denuncia de la represión a que son sometidos los distintos MLN. Pero esto ni mucho menos significa que la clase obrera tenga que postrarse ante los intereses nacionales y pequeñoburgueses o que tenga que adscribirse y dedicarse a engrosar las filas de verdaderos o ficticios movimientos nacionales. El marco de actuación para la revolución no es ni la región, ni el feudo ni la nación. Es el Estado. Aquí la consigna proletaria e internacionalista no es independencia y socialismo, sino Un Estado, Una clase un Partido. La dictadura del proletariado garantiza la libertad y el pleno desarrollo de los pueblos. La independencia nacional no garantiza la dictadura del proletariado.

La clase obrera debe cuidarse ante todo de luchar por sus intereses que solo pueden cristalizar a través de la Revolución Socialista y de la toma del poder político. Hoy esos intereses, esos objetivos, pasan por retomar el marxismo-leninismo y ponerlo al frente del Partido Comunista que sea no solo vanguardia de la clase, sino la suma de organizaciones que desde el marxismo unifiquen a éste con el movimiento obrero. Lo demás es engañar a los trabajadores con el dulce nacional.

jueves, 3 de febrero de 2011

Espacio Rojo 19: Revolución y Cuestión nacional (4/5)

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Revolucionarios y Reaccionarios

“[…]la tarea de la gran reforma socialista del futuro no será la nacionalización, es decir, separar a las masas según fronteras nacionales, sino por el contrario desbrozar el camino para una única cultura internacional y universal donde desaparezcan las distintas nacionalidades.”

Rosa Luxemburgo. “La cuestión nacional y la autonomía.”

Los nacionalistas que nos han acusado de reaccionarios han tenido la ocurrencia de citar al mismísimo Lenin para hacernos ver que desde la Juventud Comunista de Zamora defendemos el centralismo opresor. Nos sorprende para bien que estos nacionalistas hayan utilizado una cita de Lenin en vez de una de Sancho I o alguno de esos héroes que en el siglo X luchaban por la patria leonesa. Aunque lo más destacable de la cita leniniana es que para acusarnos de centralistas, acusación contra la JCZ para la cual nuestros particulares fiscales no han aportado más prueba que el guión entre Castilla y entre León, ellos se han tenido que destapar como nacionalistas burgueses, algo que dicho sea de paso está en consonancia con la posición subjetiva que han adoptado (reformismo) consecuente con los intereses sociales que representan, los de la pequeña burguesía leonesa:

“El error de la izquierda centralista reside en el hecho que por temor a hacer el juego al nacionalismo burgués de las naciones oprimidas ha beneficiado no solamente al nacionalismo burgués, sino también al nacionalismo ultrarreaccionario de la nación opresora” (Cita de V. I. Lenin que utilizó “Zurriellu” en la crítica a la Juventud Comunista)

Porque ¿quiénes son los reaccionarios? Los comunistas trabajamos por y para la Revolución Socialista. La Revolución Socialista tiene como punto cardinal la cuestión del Poder, es decir, la toma violenta del poder por parte del Proletariado Revolucionario para establecer su dictadura de clase, la Dictadura Proletaria, que es la única forma política que puede revestir el Socialismo como ha demostrado la práctica, ese criterio de la verdad. Las tareas de los comunistas por tanto pasan por organizarse en base a la destrucción de los organismos generados por la burguesía para mantener su dictadura de clase. En nuestro caso debemos organizarnos por y para la destrucción del Estado burgués español que es el marco político creado por la burguesía para oprimir a la clase obrera, generando para ello nuestros propios instrumentos de clase siendo indispensable la constitución del Partido Comunista, así como de todos aquellos que demande la marcha del movimiento revolucionario del proletariado . La base material de la Revolución Socialista en el estado español es el proletariado, indistintamente de su nacionalidad ya que el instrumento clasista que lo oprime es el mismo, el Estado burgués español y su posición objetiva en la sociedad también es la misma, ya sea proletario en Zamora, en Ponferrada o en Barakaldo. La destrucción de este Estado no consiste en crear nuevos estados burgueses como dice pretender, por ejemplo, Esquerra Republicana de Catalunya o el actual pacto firmado por la Izquierda Abertzale y Eusko Alkartasuna para la formación del Estado vasco, pues eso solo reproduciría el modelo social de la producción capitalista, que en el fondo es lo que pretenden todos los socialchovinistas que a pesar de su palabrería no ponen en cuestión al “Estado burgués” sino al “Estado español”. La destrucción de este Estado consiste en crear Nuevo Poder, en generar un poder de Nuevo Tipo basado en la “sustitución” de la dictadura burguesa por la dictadura del proletariado.

A nuestro modo de entender la creación de un único Frente Nacional interclasista en el cual converjan los intereses de la Pequeña burguesía radical antimonopolista y de la clase obrera es un debate que quedó zanjado ya y que se manifiesta en la actitud intransigente de los comunistas respecto a la preservación intacta de la independencia política del proletariado que con la flexibilidad táctica necesaria debe pelear solamente por llevar a cabo su programa político, es decir, el Socialismo.
Lo cierto es que no solo este tipo de leones iluminados han caído en este error sino que dirigentes de la talla de Rosa Luxemburgo creían de alguna forma que era posible la conciliación de la lucha por la liberación social de Polonia con los intereses de la burguesía no germanizada. Por 1908 la revolucionaria espartaquista escribía: “La autonomía nacional persigue los mismos objetivos que se encuentran en el programa político del proletariado polaco: acabar con el absolutismo y alcanzar una amplia libertad política en todo el país; pero esto es sólo una parte del programa que emana de las tendencias progresivas del desarrollo capitalista y de los intereses de clase del proletariado”. En su obra “La cuestión nacional y la autonomía” reproducía este razonamiento como una fase intermedia provechosa para los intereses del proletariado polaco valiéndose de un velado oportunismo respecto a la cuestión nacional, viendo de un modo práctico la conformación de un Estado polaco que pondría las bases necesarias para la preparación de la Revolución Socialista, el necesario paso previo para la liberación social de Polonia. Pero no sólo la camarada Luxemburgo incurría en este error, en el cual se subordinan los intereses del proletariado a los de la burguesía, sino que más adelante en el tiempo el dirigente etarra Txabi Etxebarrieta redactaba con motivo del Aberri Eguna de 1968 el siguiente documento respecto al Frente Nacional Vasco: “ETA ha desarrollado su estrategia revolucionaria a través de la idea del BATASUN (Batasun Eguna, Batzar del Pueblo, etc.) como paso primero cara a la formación de un Frente Vasco de Liberación Nacional. Este Frente Nacional lo ve ETA como la reunión, bajo un programa mínimo, de todas las capas populares vascas cara a la obtención de la liberación nacional. Ahora bien, como sólo interesa a las capas populares la liberación nacional desde el momento en que la alta burguesía vasca esté totalmente integrada con el capitalismo español e internacional el paso que demos hacia la liberación nacional es al mismo tiempo un paso hacia los intereses populares vascos, un paso, por tanto, hacia el socialismo vasco. De esta manera, la Liberación Nacional de Euskadi no es sino un paso previo y necesario para el establecimiento del socialismo vasco.” En este caso la vanguardia política y armada del Movimiento Nacional de Liberación Vasco, a la que en aquel momento se situaba ETA, incurría no solo en el error de subordinar los intereses del proletariado a los de la burguesía sino que le otorgaba el papel a la clase obrera vasca de constituirse en clase nacional, asumiendo la independencia de Euskadi como el paso necesario para la liberación social haciendo gala de un mecanicismo descabellado y que se ha erigido en el Estado español en un auténtico dogma de fe para las izquierdas periféricas bajo la consigna de “Independencia y Socialismo”. Es decir acumulación de fuerzas en torno a la cuestión independentista para decidir luego si el socialismo llega en forma de regalo revolucionario. Esta característica de la fase intermedia no es exclusiva de las llamadas izquierdas independentistas pues Partidos y organizaciones de izquierda de implantación estatal o de carácter español, salvo honrosas excepciones, la reproducen en torno al modelo republicano que vendría a resolver precisamente el problema nacional mediante una democratización de los mecanismo jurídico-institucionales del Estado e incluso sobre la independencia nacional española por la cual se da a entender que la patria se ve sometida a la dominación militar y económica del capital norteamericano.

Desde la óptica de un militante comunista la postura respecto a la cuestión que nos ocupa es esta: “(…) la clase obrera es la que menos puede hacer un fetiche del problema nacional, porque el desarrollo del capitalismo no despierta necesariamente a todas las naciones a una vida independiente. Pero, una vez surgidos los movimientos nacionales de masas, desentenderse de ellos, negarse a apoyar lo que en ellos hay de progresivo significa caer, en realidad, bajo la influencia de prejuicios nacionalistas, es decir: considerar a "su propia" nación como "nación ejemplar" (o, añadiremos nosotros, como nación dotada del privilegio exclusivo de organizarse en Estado)” Lenin, “El derecho de las naciones a la autodeterminación”. Así el dirigente bolchevique sintetizaba el pensamiento de Marx, legándonos lo que en sí significa el internacionalismo proletario uno de los principios irrenunciables e intocables del marxismo-leninismo. Nuestra organización lejos de ser pancastellana, negacionista o reaccionaria asume la posición que debe asumir todo aquel que se tenga por marxista y es la subordinación de la cuestión nacional a la cuestión obrera, aun reconociendo la importancia estratégica que tiene para nuestro movimiento en el Estado español.

Reconocemos sin ambages el sufrimiento que desde hace mucho tiempo está provocando en Euskal Herria la guerra de exterminio que el Estado burgués español ha desarrollado contra el MLNV. Sufrimiento del cual nunca nos hemos olvidado mostrando interna y públicamente nuestra solidaridad con el MLNV. Pero no por ello creemos que debamos asumir una posición política que como comunistas no nos corresponde, pues la solidaridad no puede en ningún momento chocar con los principios.
Nuestra ideología asume la cuestión democrática del derecho de Autodeterminación de las naciones que viven bajo el marco estatal, pero no nos cansaremos de señalar las desviaciones que muchos honestos y abnegados militantes de la izquierda radical (a los que desde estas páginas llamamos compañeros) y a las que están prestando sus fuerzas.

Y todo esto es lo que Lenin y el bolchevismo, con el que se suelen llenar la boca los socialchovinistas centrales y periféricos para justificar la reforma bajo el Estado burgués, supo comprender y lo que se realizó en Rusia durante la Gran Revolución Socialista de Octubre. Primero el proletariado y el campesinado de las distintas naciones que formaban el Estado ruso, destruyó el Estado burgués y luego las distintas naciones ejercieron su derecho a la autodeterminación, haciendo certera la premisa marxista de que en la era de la revolución proletaria todas las reivindicaciones democráticas deben estar subordinadas al derrocamiento del poder burgués.

No quiere decir esto que el derecho a la autodeterminación sea un derecho que solo pueda resolverse en el socialismo, error en el que cayó el “internacionalismo trotskista” puesto que el Socialismo no es la solución del problema nacional, sino su superación. Precisamente por ser este un derecho democrático-burgués, se presenta aquí para los comunistas una contradicción (internacionalismo-independentismo) que los bolcheviques solventaron acertadamente: El proletariado es, objetivamente, una clase internacional puesto que sus intereses son los mismos y no chocan entre sí por ser de distintas naciones algo que si les ocurre al resto de clases sociales por muy internacionalistas que se declaren. Esto significa que la clase obrera debe aspirar a su unidad política internacional en la medida en que es un ente económico y social universal que se reproduce en todas las naciones, que parte de unas condiciones objetivas comunes, la explotación asalariada, y que tiene unas aspiraciones comunes, la emancipación del trabajo. El internacionalismo no es entonces una unidad de diversas naciones que desde el voluntarismo deciden cooperar. El internacionalismo proletario es la superación dialéctica del agregado plurinacional al que lo relega la burguesía y parte de condiciones objetivas ligadas íntimamente a la condición universal del proletariado como clase social. Sin embargo ante la Revolución Proletaria se alzan los problemas de la vieja sociedad burguesa entre ellos el problema nacional. Y como el proletariado revolucionario basa su práctica en el materialismo dialéctico e histórico debe solucionar todos estos problemas. Los bolcheviques resolvieron la cuestión nacional conforme al internacionalismo proletario: unieron a los obreros de todas las naciones bajo el socialismo científico para destruir el Estado burgués y reconocieron a las naciones su derecho a la autodeterminación.

La táctica Revolucionaria para el Estado español ha de ser la misma, pues la incapacidad de la burguesía para solventar el problema nacional ha dejado esta cuestión en el aire en el período histórico de la Revolución Socialista la cual debe liquidar todos los problemas que la revolución democrático-burguesa dejó pendientes sin que, en el caso del Estado español, sea necesaria una etapa intermedia. En el Estado español los revolucionarios deben trabajar por unir a los proletarios de las distintas naciones para destruir al enemigo común, el Estado burgués.

Frente a esta línea revolucionaria está la línea socialchovinista, una línea reaccionaria. Rara vez se plantea la Revolución Socialista desde el ámbito nacional aunque ya no queda casi ningún “ala izquierda” de los movimientos nacionalistas que no haya introducido la palabra “socialismo” en su programa. Pero este “socialismo” poco tiene que ver con el marxismo y la dictadura del proletariado, es decir, un Socialismo que destruya lo viejo y construya lo nuevo. Es por el contrario un “socialismo” reaccionario que oculta la lucha de clases y habla constantemente del “conjunto del pueblo” o del “pueblo trabajador” para presentarse como redentor y único garante de las aspiraciones nacionales en vez de como liberador de la clase proletaria y solo así de toda la humanidad.

Se vuelve otra vez sobre la premisa de partida del movimiento nacional vista en la expresión “capitalismo pucelano”, reproducida y adaptada a los intereses de cada movimiento nacional y a través de la cual se da entender que el problema cardinal de la nación viene del exterior, de la opresión española o como en nuestro caso de la opresión “castellano-pucelana” y no de la reproducción de la explotación capitalista en su seno como una nación más dentro del sistema imperialista mundial, que además en este caso ocupa una posición de privilegio en dicho sistema. Se obvia que la burguesía nacional forma parte de la “alianza estatal española” y se le caracteriza como sujeto válido para la revolución nacional en alianza con la clase obrera nacional. Así el proletariado leonés (en el ejemplo) no es aliado del proletario castellano para acabar con el Estado burgués, sino que primero debe ser aliado del resto del pueblo leonés (léase burguesía) para acabar con la opresión “castellana” o “española”. Esta táctica de alianza de la clase obrera con la burguesía nacional para posteriormente luchar contra ella y hacer la Revolución social trae consigo sus errores. Uno de ellos es creer que porque las burguesías nacionales se separen (disgregación, que no destrucción, del Estado español) estas estarán más debilitadas y el proletariado “tendrá más fácil” hacer la revolución. Parece olvidar quien defiende esta postura que su burguesía nacional está más que preparada para dirigir su Estado-nación (la leonesa, la castellana, la vasca, la catalana…) y si no lo hace es porque la alianza “española” le permite una cuota de ganancia y de poder en el sistema imperialista internacional que no tiene asegurada por sí sola. Y el mejor ejemplo de lo que planteamos nosotros frente a este abstracto nacionalista e idealista del “divide y vencerás” lo tenemos en Catalunya.

¿Si mañana Catalunya formase un Estado-nación Joan Saura y sus Gossos d´Escuadra o Artur Mas y sus socis perderían las capacidades adquiridas durante siglos por la burguesía catalana para seguir ejerciendo su dictadura de clase contra el proletariado catalán? No, ya que las crisis que se generan por las contradicciones internas de la clase dominante ya sea sin romper su marco estatal, o incluso como podría pasar con la independencia de Catalunya o Euskal Herria, rompiendo el marco estatal español, no generan una situación de crisis general del capitalismo y el estado burgués que los lleve a derrumbarse. Esa crisis solo puede ser generada por el movimiento revolucionario organizado, es decir, por el Partido Comunista de cuya problemática se desentienden todos los nacionalistas, desentendiéndose por ello de la Revolución.