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miércoles, 18 de noviembre de 2009

La lucha por la Internacional Comunista (2)

ESPACIO ROJO Nº16 (NOVIEMBRE 2009)
SEGUNDA PARTE DEL ARTICULO "LA LUCHA POR LA INTERNACIONAL COMUNSITA"

Los cimientos de la Revolución Proletaria Mundial
El I Congreso de la Comintern supuso la constitución orgánica y política del Comunismo como ala revolucionaria del Movimiento Obrero. La vanguardia comunista era entonces una minoría a nivel internacional por lo que su Línea de Masas debía encaminarse a ganarse al resto de la vanguardia obrera, sobretodo, al ala izquierda de la socialdemocracia que veía en la Rusia Soviética el camino a seguir. Pero este acercamiento o paso a la Unidad debía ser precedido por la Lucha ideológica que permitiese la Transformación o el salto cualitativo de socialdemócratas a comunistas. La Revolución Socialista de Octubre genero simpatía en las masas oprimidas de todo el mundo, por lo que los partidos socialistas, en bancarrota tras sus posiciones chovinistas en la Gran Guerra, querían subirse al carro de la Revolución manteniendo sus tesis revisionistas y su “libertad” o “autonomía” respecto de la Nueva Internacional (6*). Esto suponía un problema para la Internacional Comunista pues abrir las puertas de par en par, es decir, llegar a la Unidad pasando por alto la relación dialéctica Lucha-Transformación-Unidad, significaría a corto plazo abandonar los principios marxistas, cuya defensa había supuesto precisamente la ruptura con la vieja Internacional Socialista. Este problema sería resuelto en el II Congreso de la IC en el que se darían las famosas 21 Condiciones de ingreso en la Comintern (Las 21 Condiciones están en el anexo de este articulo) que pueden resumirse en: Utilizar la propaganda para elevar a las masas proletarias hacia el comunismo, haciendo especial hincapié en la necesidad de la dictadura del proletariado. Centralismo democrático en los partidos y en la IC cuyos acuerdos son obligatorios para todas las organizaciones. Compaginar el trabajo legal con el clandestino existiendo siempre este ultimo en paralelo al anterior pues es imprescindible para que el partido lleve a cabo sus tareas revolucionarias. Trabajo entre los soldados y las masas campesinas que son la clase en la que debe apoyarse el proletariado para realizar su Revolución. Lucha por la liberación de los pueblos oprimidos… y por supuesto ruptura total con el reformismo y lucha contra el amarillismo encarnado en Ámsterdam. En el II Congreso se constituye la Internacional Sindical Roja, que agrupaba a millones de obreros de toda Europa. Si bien esta sufriría numerosos cambios pues en un principio acudieron a ella sindicatos de tipología anarquista como la C.N.T. que en este Congreso estaba representada por el sindicalista revolucionario Ángel Pestaña.
El crecimiento de la IC es impresionante. El Comité Ejecutivo realiza una enorme labor de propaganda ideológica enviando delegados a todos los continentes para que se formen partidos comunistas. La constitución de estos adolecía muchas veces de la experiencia bolchevique en la forja del Partido de Nuevo Tipo, pero esta experiencia era subsanada por la propia IC que actuaba como Estado Mayor de la RPM.
Entre el I y II Congreso, en Baviera, Eslovaquia y Hungría el proletariado tomo el poder aunque fue expulsado por la reacción como le ocurriera en 1918 a los obreros y campesinos finlandeses. La ola revolucionaria se extendía por toda Europa pero la inexistencia de Partidos Comunistas forjados como el Bolchevique, es decir, con años de experiencia en lo ideológico y lo político y fusionados con las masas, hacia que esta ola se quedase en intentonas insurreccionales.
En el terreno de la lucha ideológica, no solo a la derecha y al centro tenía que hacer frente la Comintern. En casi todos los países surgieron grupos izquierdistas cuyo sectarismo imposibilitaba a los comunistas crecer y fundirse con las masas proletarias. Estos problemas se constataron en Alemania y otros lugares donde se produjeron escisiones izquierdistas en los PC debido a la falta de claridad en cuanto a la línea política a seguir. De aquí que la Comintern dedique su III Congreso a crear la línea de Frente Único Proletario para atraerse a las masas mediante la consigna de “Ir a las masas”. El Frente Único sirve como defensa frente al izquierdismo, demostrando que hay que contactar con las masas para poder elevarlas, pero también como lucha contra el reformismo pues precisamente el F.U. trata de desenmascarar a los dirigentes reformistas. La premisa del Frente Único es esta: La vanguardia comunista ya ha sido creada demostrando que el proletariado es ideológica, política y orgánicamente una clase independiente. Pero las masas siguen atrapadas en las mentiras del revisionismo y la burguesía por lo que los comunistas deben realizar un frente con los obreros desenmascarando al reformismo, para incorporar a las masas a la Revolución Proletaria, fusionándose así la vanguardia ideológica con el movimiento obrero, con la práctica de las masas y pudiendo conformarse en un verdadero Partido Comunista que lleve a termino la praxis revolucionaria.
Esta táctica fue refrendada en el IV Congreso y en el V en el que se utilizaría la consigna de “bolchevizar los partidos comunistas” con el fin de que estos se templasen en la lucha ideológica y política hasta convertirse en verdaderos partidos de masas, que uniesen el socialismo científico al movimiento obrero. La táctica de F.U. se desviaría a izquierda y derecha, pero no sufriría grandes cambios hasta el VII Congreso cuando se adopta la táctica de Frente Popular que se caracteriza por ser un frente interclasista contra el fascismo que en su aplicación se fue desviando hacia la derecha cediendo terreno a la burguesía progresista y supeditando los intereses y la iniciativa proletaria a los de la burguesía y los reformistas. Ejemplo de ello es la actitud del PCE en la Guerra Civil, que mantuvo siempre la misma línea colaboracionista con la burguesía republicana desde el 36 hasta el 39 a pesar de los grandes cambios operados durante la contienda, ya que al final de la Guerra era el mayor Partido de la zona republicana. Y un ejemplo aun mayor de esta desviación es la disolución de la propia Comintern a la vez que se pasaba del Frente Popular al Frente Nacional con el plan de establecer gobiernos con la burguesía tras la derrota del fascismo en toda Europa, como en Francia, haciéndole el juego a los fascista que amenazaban con el “peligro comunista” para romper la unidad antifascista. Así se liquida la organización internacional del proletariado revolucionario y se pone otro granito de arena para que el revisionismo gane la partida al proletariado a ambos lados del “telón de acero”: Al Este el kruschevismo, al Oeste el Eurocomunismo.


La reconstitución de la Internacional Comunista, tarea fundamental de la RPM


“Es deber de los comunistas no silenciar las debilidades de su movimiento, sino criticarlas abiertamente para desembarazarse de ellas lo antes posible y de la manera más radical.” Lenin
La situación actual del Movimiento Comunista Internacional es fruto de su propio desarrollo interno. La vanguardia esta hoy en el atolladero, como demuestra la impotencia de esta frente a la actual “crisis” del capitalismo. Los comunistas no podemos esconder nuestras debilidades sino al contrario, ponerlas en la mesa y analizarlas. Frente a la disyuntiva a la que nos enfrentamos hay solo dos caminos: Permanecer en el letargo persistiendo día tras día en los errores que nos han traído hasta aquí (cretinismo parlamentario, frentes interclasistas, tradeunionismo, reformismo, entrismo, socialpacifismo, socialchovinismo…) o levantarnos con la bandera del marxismo-leninismo para comenzar un nuevo proceso revolucionario.
Esta última opción es la que creemos correcta y la que nos lleva a luchar contra quienes escogen la primera. Y es que en la actualidad la lucha de dos líneas es el punto de partida para reconstituir los partidos proletarios de nuevo tipo y por supuesto para reconstituir el organismo de la Revolución Proletaria Mundial, la Internacional Comunista.
La Comintern se forjo desde la escisión, la ruptura en el seno del movimiento obrero. Y su consolidación no se produjo desde la unidad organicista en torno a unos mínimos, sino desde la defensa intransigente de los principios marxistas, en especial, de la dictadura del proletariado. La IC surgió pues de la lucha ideológica, luchando contra oportunistas de distintas tendencias, que no eran sujetos “casuales”, sino que eran tendencias que podían explicarse de un modo científico, como hizo el revolucionario holandés Anton Pannenckoek. Lenin recogería los argumentos de Pannenckoek en su artículo “Las divergencias en el movimiento obrero europeo”:
“…No es posible explicarse estas desviaciones como meras casualidades o equivocaciones de tales o cuales personas o grupos y ni siquiera por la influencia de las particularidades o tradiciones nacionales, etc. Tiene que haber motivos fundamentales, inherentes al régimen económico y al carácter del desarrollo de todos los países capitalistas, que engendren constantemente estas desviaciones” (7*)

Estos factores que hacen que surjan tendencias anarquistas, revisionistas… en el movimiento obrero son varias: el desarrollo desigual del capitalismo, el carácter dialectico del desarrollo social y sobretodo la asimilación correcta o no del marxismo. Pannenckoek pone un ejemplo de cómo la burguesía incide en las corrientes del movimiento obrero, aunque tal vez este ejemplo peque de metafísico pues lo principal en el desarrollo dialectico de las cosas son sus circunstancias internas y no las externas. No obstante, este es el ejemplo: Cuando la burguesía ejerce su dictadura de modo “liberal” facilita el crecimiento de la aristocracia obrera y del reformismo, cuando la burguesía ejerce su dictadura “violenta” surge con mayor facilidad la lucha armada terrorista. Aunque insistimos en que estas circunstancias se deben más al propio desarrollo del movimiento obrero que a lo que desde fuera pueda hacer la burguesía. Lo que hay que rescatar de este trabajo del consejista holandés, más que la anécdota del ejemplo, es el afán por encontrar una explicación materialista de la situación del movimiento revolucionario, una explicación que solo se puede encontrar mediante el estudio constante de las experiencias del proletariado para extraer de ahí las enseñanzas que nos permitan avanzar hacia la conquista del Partido y la Internacional.
Los obstáculos de hoy no son nuevos. Lo que es nuevo es que en la etapa actual están presentes todas las desviaciones del proletariado por lo que la lucha ha de llevarse a cabo con mayor fuerza:
El socialchovinismo que bajo la careta del internacionalismo actúa en realidad como agente “plurinacionalista” que divide a los proletarios en su lucha común. El interclasismo, presentado como el mana que reeditara un régimen republicano. El cretinismo parlamentario por el cual se apuntalan los prejuicios burgueses del proletariado al que se le da alas para que piense que con su voto puede cambiar algo. El tradeunionismo que pretende que el proletariado adquiera conciencia revolucionaria apuntalando su situación como sujeto subordinado y que en realidad solo hace que la vanguardia vaya siempre a rebufo de las masas. El espontaneismo, viejo conocido, que lleva a la idea de que una situación concreta puede llevar a las masas a la insurrección, ya sea por una huelga general o por la independencia de un pueblo, aun sin existir el Partido Leninista de Nuevo Tipo. El socialpacifismo que lleva a muchos “revolucionarios” a condenar la violencia y ponerse del lado del Estado cuando este es atacado, olvidando que los revolucionarios debemos precisamente destruir el Estado burgués, etc. Todos estos son viejos males que nos dividen y que hay que vencer antes de llegar a la unidad de los comunistas.
Y es que no puede ponerse la unidad por delante de la lucha en un momento de graves diferencias, y deficiencias, ideológicas que son causa principal de la disgregación orgánica. No puede pregonarse la Unidad de los Comunistas sino es sobre la base de la lucha de dos líneas, “la unidad no hay que predicarla, sino conquistarla”. Estamos de acuerdo en que la unidad es necesaria, pero esta solo será posible cuando los comunistas nos hayamos deshecho de todos los elementos revisionistas y oportunistas con los que cohabitamos en nuestro movimiento. En este camino de lucha quedan todavía muchas rupturas antes de la unidad. Y no nos vale el romanticismo de la unidad, una forma de voluntarismo que antepone los deseos objetivos a la situación objetiva del movimiento. No es un “Congreso de Unificación” lo que hace falta a los comunistas, como predica Unión Proletaria, pues si de este Congreso saliese un “Partido Comunista Unificado” este solo sería un engendro de Partido obrero de nuevo tipo unido sobre unos mínimos, cuando ya sabemos lo que le pasa a un gigante con pies de barro. Lo que nos hace falta es plantearnos la lucha de dos líneas como motor de la futura unidad, no sobre unos mínimos sino sobre unos máximos, los del marxismo-leninismo. Un “partido de mínimos” solo sería un partido sin cabeza que iría, como nos pasa ahora, a la zaga del movimiento obrero dependiendo de las luchas economicistas del momento.
Plantear todas las cuestiones ideológicas y programáticas que nos separan actualmente y luchar por que triunfe la línea proletaria revolucionaria, reconociendo principios marxistas como la necesidad de la lucha armada para llegar al poder, caracterización en cada caso de la revolución pendiente y sobretodo de la base socioeconómica de esta, necesidad de la dictadura del proletariado, centralismo democrático en el partido, defensa (sin eludir la critica) de los procesos revolucionarios dirigidos por partidos comunistas (Perú, India). Reconocimiento de la necesidad de hacer un verdadero balance de la experiencia histórica de nuestra clase, como hicieron Pannenckoek o Lenin, para saber porque estamos en esta situación y cuáles son los instrumentos políticos imprescindibles con los que salir de ella…
Esta es para nosotros la verdadera tarea del momento, no solo en el Estado español, sino en todo el mundo para reconstituir la Internacional Comunista y sus secciones que transformen la Línea General Revolucionaria en Línea política concreta para aupar al proletariado al poder y acabar con la esclavitud capitalista. La historia del bolchevismo nos muestra el camino.

NOTAS:
6* Muchos partidos socialistas pedían la incorporación a la IC pero manteniendo su autonomía para así no cumplir el programa revolucionario de esta y seguir con sus planteamientos reformistas. Esto le ocurría al PSOE al que la IC respondió de forma crítica: “…Perdiendo completamente de vista la revolución mundial, os es necesariamente imposible comprender el carácter y significación de la Internacional Comunista. Os la representáis como una especie de club destinado a “unificar las fuerzas sociales que aspiran a vivir teniendo el mismo ideal”. No, camaradas, la Internacional Comunista no es eso: es una organización de lucha, es el ejército del proletariado universal el que sostiene el combate en todos los frentes de la revolución mundial. He aquí porque deben ser expulsados de sus filas todos los elementos dudosos, vacilantes y oportunistas. He aquí por que las decisiones de nuestro Comité Ejecutivo deben ser obligatorias para todos los destacamentos de este ejército universal, para todos los partidos aislados que entren en la III Internacional. En vez de las tres condiciones que presentáis para vuestra entrada en la III Internacional, nosotros os proponemos las “Veintiuna Condiciones” adoptadas por su segundo Congreso.” Comunicación del Presídium de la III Internacional al PSOE (El Socialista, 17 de Enero de 1921)
7* Las divergencias en el movimiento obrero europeo, Contra el dogmatismo y el sectarismo en el movimiento obrero, Progreso, p. 59

lunes, 16 de noviembre de 2009

La lucha por la Internacional Comunista (1)

ESPACIO ROJO Nº16 (NOVIEMBRE 2009)
PRIMERA PARTE DEL ARTICULO "LA LUCHA POR LA INTERNACIONAL COMUNSITA"

Introducción
La Internacional Comunista ha sido, hasta el momento, el mayor organismo social creado por el proletariado para conseguir la emancipación del género humano. Constituida en 1919, la Comintern se explica en la necesidad que los obreros revolucionarios han tenido siempre de estar organizados internacionalmente. Ya los predecesores del proletariado revolucionario discutían sobre ideología y estrategia a nivel internacional. Derrotado el Terror y la Conspiración de los Iguales en la Revolución Francesa, los revolucionarios que lograron escapar se unieron en torno al programa comunista de Babeuf, ejecutado en 1797, que sería el embrión de la Liga de los Desterrados creada en 1834 por demócratas alemanes exiliados. El desarrollo ideológico de la línea más radical dio origen en 1836 a la Liga de los Justos cuya militancia seguía siendo de origen alemán aunque con una mayor atracción hacia obreros de otros países. La lucha ideológica en el seno de esta Liga, en la que ya participaban activamente Marx y Engels, permitió a esta dar un salto cualitativo y transformarse en Liga de los Comunistas, en 1847, presentando en sociedad el primer programa liberador de los oprimidos del Mundo, el Manifiesto del Partido Comunista, toda una declaración de intenciones sobre los objetivos revolucionarios del proletariado: "Los comunistas consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el orden social existente." En 1864 se constituyó la I Internacional o AIT que supuso un nuevo salto cualitativo, esta vez en el aspecto organizativo, frente al salto ideológico representado en la Liga de los Comunistas. Si las anteriores formas de organización no eran más que círculos conspirativos de revolucionarios, la AIT era ya una organización en la que se unía la conciencia de la necesidad de tomar el poder por parte del proletariado (si bien es cierto que los anarquistas negaban el poder como tal y los marxistas no definirían correctamente esta idea hasta la experiencia comunera de Paris) con una militancia formadas por decenas de miles de obreros de Europa y Norte América, cuya influencia era cada vez mayor entre los obreros como demostró la Guerra Franco-Prusiana y la subsiguiente Comuna de París, pues en plena guerra asociaciones obreras de Francia y de Alemania se lanzaron mensajes de solidaridad internacionalista oponiéndose a luchar entre sí por los deseos de las dinastías patrias. Y la Comuna de París, donde estuvo presente la AIT, se conformo, por medio de los hechos, como un poder proletario e internacionalista declarando la guerra a toda formulación chovinista que dividiese a los obreros.
Tras la gesta proletaria de París llegaría la II Internacional en la cual el marxismo iría cogiendo cada vez mayor peso, aunque eso sí un “marxismo adaptado” por el SPD que se alejaba del marxismo revolucionario y que luego daría lugar a la Internacional Comunista.
Casi un siglo desde la Liga de los Desterrados hasta la Komintern. Numerosos saltos hacia adelante en lo organizativo, lo ideológico, lo político… y en definitiva en la conformación del proletariado como clase, la única verdaderamente revolucionaria en la época del imperialismo. La Comintern supone un antes y un después en la historia de la humanidad. Por vez primera el proletariado internacional (el ruso ya lo había conseguido) era independiente políticamente y no tenía que supeditar su lucha de clase a los intereses de esta o aquella facción de la burguesía.
La historia de la Internacional Comunista está unida a la historia del bolchevismo, a la lucha dentro del Movimiento Obrero entre revolucionarios y revisionistas. Primero contra los centristas y después contra los izquierdistas, la Comintern conformó la Línea General Revolucionaria basándose en la experiencia acumulada por el proletariado en su lucha de clase contra los explotadores y sus lugartenientes dentro del movimiento obrero.


La lucha por la Internacional Comunista
A finales del s. XIX la II Internacional se reclamaba marxista. Pero del marxismo solo reconocían su aspecto negativo, el revisionismo, que es la antítesis del marxismo revolucionario. El SPD de Kautsky y compañía era el gran valedor de este marxismo, adoptado en el Congreso de Erfurt en 1891, que estaba basado en innumerables desviaciones oportunistas respecto de la línea revolucionaria. La lucha del proletariado era concebida por Kautsky, Bernstein... como una lucha de reformas, concepción acorde con el mecanicismo y el determinismo con el que observaban el desarrollo de la lucha de clases. Utilizando el Estado burgués los trabajadores solo tendrían que esperar a que las premisas económicas estuviesen maduras para llegar al comunismo. El Partido obrero debía ser un Partido de masas que poco a poco fuese conquistando libertades para el proletariado desde el Parlamento y sus luchas económicas. Los Partido socialdemócratas lejos de luchar por la independencia política del proletariado se aliaban con cualquier facción de la burguesía a cambio de unas migajas. Y no importaba si estas facciones burguesas estaban en el poder o en la oposición. Ejemplos de ello son el pacto de los socialdemócratas alemanes con Bismark, de los socialistas españoles con los republicanos en 1909 y luego con el fascista Primo de Rivera, o la práctica ministerialista del socialismo francés.
A pesar de mantener el nombre de socialistas, los partidos de la II Internacional se alejaron de la lucha de clases hasta abrazar el conciliacionismo con la burguesía. La huelga política era desechada de los programas reformistas, la Revolución quedaba como recurso retórico en los mítines y el tradeunionismo se establecía como rutina diaria en el Partido. La Revolución, cada vez más lejos en el horizonte de la socialdemocracia, se cambiaba por el objetivo de un sillón en los parlamentos de oro y sangre.
La ideología proletaria parecía sucumbir ante el revisionismo, pero ante este no tardarían en alzarse los verdaderos revolucionarios desarrollando la lucha de dos líneas en el seno de la socialdemocracia internacional. Rosa Luxemburgo en 1899 en su ¿Reforma o Revolución? atacaría a los oportunistas, pero los que con mayor fuerza y repercusión lanzaron la ofensiva fueron los “iskristas”, antecesores del bolchevismo, que implementaron la línea roja frente al revisionismo oficial de la II Internacional:
“La socialdemocracia debe transformarse, de partido de la revolución social, en un partido democrático de reformas sociales, Bernstein ha apoyado esta reivindicación política con toda una batería de "nuevos" argumentos y consideraciones bastante armoniosamente concordados. Ha sido negada la posibilidad de fundamentar científicamente el socialismo y de demostrar, desde el punto de vista de la concepción materialista de la historia, su necesidad e inevitabilidad; ha sido negado el hecho de la miseria creciente, de la proletarización y de la exacerbación de las contradicciones capitalistas; ha sido declarado inconsistente el concepto mismo del "objetivo final " y rechazada en absoluto la idea de la dictadura del proletariado; ha sido negada la oposición de principios entre el liberalismo y el socialismo; ha sido negada la teoría de la lucha de clases, pretendiendo que no es aplicable a una sociedad estrictamente democrática, gobernada conforme a la voluntad de la mayoría, etc. ” (1*)
Lenin extiende en su ¿Qué Hacer? la crítica a las viejas formas organizativas de la socialdemocracia internacional ancladas en el economicismo, poniendo al desnudo la bancarrota ideológica de los líderes de la II Internacional, lo que unido a su crítica al tradeunionismo y al terrorismo, deja clara la necesidad que tenía el proletariado de generar un nuevo organismo internacional acorde con sus intereses de clase. Pero Lenin y los marxistas rusos todavía seguirán luchando dentro de la vieja Internacional. Una lucha que se recrudece tras la derrota de la Revolución en 1905, pues esta hace que la II Internacional bascule más a la derecha y niegue con mayor energía las posibilidades de la Revolución proletaria. Así el oportunismo aprovecha la derrota revolucionaria y se extiende en forma chovinista por toda Europa y sobretodo en Rusia donde socialchovinistas de distinto pelaje pretenderán dividir al proletariado del Estado ruso para que se dedique a luchar por su patria y contra las demás. Para combatir estas desviaciones Stalin escribió “El marxismo y la cuestión nacional” una obra que muestra la lucha ideológica entre el internacionalismo consecuente y el nacionalismo disfrazado de rojo.
Pero esta resaca de oportunismo que trajo la derrota de 1905 se quedó en nada respecto a lo que supuso la I Guerra Mundial. Al estallar la guerra todo el internacionalismo pregonado por los oportunistas se esfumó. Los partidos socialistas se unieron a sus burguesías nacionales para mandar a morir al proletariado a la guerra imperialista y se convirtieron en traidores confesos de la clase. Los bolcheviques que desde 1912 se habían constituido en el primer Partido proletario de Nuevo Tipo de la historia, se pusieron al frente de la línea internacionalista lanzando la consigna de transformar la Guerra Imperialista en Guerra civil revolucionaria. Para ganarse al resto de la socialdemocracia los internacionalistas, o marxistas, participaron en la Conferencia de Zimmerwald en 1915 en la que desarrollaron la lucha contra el chovinismo belicista y contra el centro kautskiano. Los resultados para los bolcheviques serían positivos: se demostró la ineficacia de los centristas y derechistas de Zimmerwald, y se hizo que “madurasen” las condiciones para que distintos grupos socialdemócratas fundasen una Nueva Internacional. Antes de la citada Conferencia Lenin avisaba:
“...No ofrece la menor duda de que para crear una organización marxista internacional es indispensable que en los distintos países haya fuerzas dispuestas a formar partidos marxistas independientes. En este sentido, Alemania, el país de movimiento obrero más antiguo y vigoroso, reviste una importancia decisiva. El futuro próximo nos dirá si han madurado ya las condiciones para constituir una nueva Internacional marxista. Si han madurado nuestro partido ingresará con alegría en esa III Internacional, depurada de oportunismo y chovinismo” (2*)
En abril de 1917 ya se había constatado la ineficacia de Zimmerwald, controlada por los kautskianos o centristas y era inminente la constitución de una Internacional Comunista como base de la Revolución Proletaria Mundial:
“No puede tolerarse por más tiempo la charca zimmerwaldiana. No podemos permitir que por culpa de los “kautskianos” de Zimmerwald sigamos aliados a medias con la Internacional chovinista” (…) “No “esperar”, sino proceder inmediatamente a fundar la III Internacional: tal es la misión de vuestro partido.” (3*)
Rompiendo con el revisionismo Lenin y los bolcheviques muestran cual es el camino para conquistar la unidad del proletariado: no vale con prometer la unidad orgánica, hay que defender los principios del marxismo-leninismo: “ lo importante no es el numero, sino que expresen de un modo justo las ideas y la política del proletariado verdaderamente revolucionario”(…) “Antes quedarnos solos, como Liebknecht – y quedarse solo así significa quedarse con el proletariado revolucionario– que abrigar, aunque solo sea un minuto, la idea de la unión con el partido del Comité de Organización” (4*)
Los marxistas, consecuentes con sus ideas, rompieron definitivamente con los revisionistas y se lanzaron a la conquista de la dictadura del proletariado.
"De hecho la III Internacional se fundó en 1918, cuando el largo proceso de lucha contra el oportunismo y el socialchovinismo, sobre todo durante la guerra, condujo a la formación de partidos comunistas en una serie de naciones. Oficialmente la III Internacional se ha fundado en su I Congreso, celebrado en marzo de 1919 en Moscú.(…) La importancia histórica universal de la III Internacional, de la Internacional Comunista, reside en que ha comenzado a poner en práctica la consigna más importante de Marx, la consigna que resume el desarrollo del socialismo y del movimiento obrero a lo largo de un siglo, la consigna expresada en este concepto: dictadura del proletariado." (5*)

NOTAS
1* Lenin ¿Qué Hacer? Progreso, p. 8
2* El Socialismo y la Guerra, Acerca de la Unidad en el MCI, Progreso, p. 44
3* Las tareas del proletariado en nuestra Revolución, Acerca de la Unidad en el MCI, Progreso, pgs. 45
4* Ibídem
5* La Tercera Internacional y su lugar en la historia. Acerca de la Unidad en el MCI, Progreso pg. 119

Debate sobre la Unión Soviética. VI

La Conciencia
Nuestra carta de respuesta se está convirtiendo en un viaje cada vez más lejos en el tiempo, pero se hace del todo necesario, y más en este caso, ante la argumentación planteada por el camarada che_jca en el foro de la Unión de Jóvenes Comunistas de Madrid:
“En la URSS de 1936 en el plano económico es evidente que las clases explotadoras habían desaparecido como tales en aquel momento, sin embargo en cuanto al plano ideológico la burguesía seguía manteniendo su influencia en el seno de la unión soviética, tanto a nivel del Estado, como a nivel del Partido.”
“PD: El tener presente la necesidad de la lucha de clases para mi indica que se considera que las clases siguen vigentes en el socialismo por lo menos en el concepto de "clase para sí", me explico: la burguesía como "clase en si" no existía en la URSS de aquellos años al no tener los medios de producción, pero si como "clase para sí" ya que no hay que olvidar la influencia de la ideología burguesa tanto por el factor internacional (un país socialista rodeado de países capitalistas) como por la infiltración en los aparatos del partido y del estado de elementos con una conciencia de clase burguesa.


Nuestro camarada viene a decir que “existía burguesía para sí, pero no en sí” que “había ideología burguesa sin burguesía”. Esto se nos antoja bastante difícil salvo que se argumente desde el idealismo filosófico, obviando así los siglos de lucha entre este y el materialismo. Si existe ideología burguesa es porque existe burguesía, no a nivel internacional, sino en el propio marco social en el que está presente esta ideología pues la conciencia del hombre es un reflejo de la realidad objetiva y no al revés. Si la ideología burguesa pervivía en la Unión Soviética es porque todavía persistía una relación social capitalista, de otro modo eliminada toda relación propia de la sociedad burguesa estaría eliminada la burguesía y así su ideología. El problema no es que perviviese la burguesía como clase en sí dentro de la URSS, sino que se negase la mayor facilitando la labor enemiga de reinstauración capitalista. Y es que para que exista “conciencia para sí” es indispensable que exista “conciencia en sí”. Estos párrafos de Lenin nos parecen lo suficientemente claros como para no tener que seguir ahondando en el tema:
La diferencia fundamental entre el materialista y el prosélito de la filosofía idealista, es que el primero considera a la sensación, la percepción, la representación y, en general, la conciencia del hombre, como una imagen de la realidad objetiva. El universo es el movimiento de esa realidad objetiva, reflejada por nuestra conciencia. Al movimiento de las representaciones, de las percepciones, etc., corresponde el movimiento de la materia exterior a mí. La noción de materia no expresa otra cosa que la realidad objetiva que nos es dada en la sensación. Por lo cual separar el movimiento de la materia es equivalente a separar el pensamiento de la realidad objetiva, separar mis sensaciones del mundo exterior, es decir, pasar al idealismo. El juego de prestidigitación que se hace ordinariamente al negar la materia, al admitir el movimiento sin materia, consiste en callar las relaciones entre la materia y el pensamiento. Se presentan las cosas como si esas relaciones no existiesen, pero en realidad se introducen subrepticiamente, no se las menciona al principio del razonamiento, pero luego aparecen más o menos imperceptiblemente.
La materia ha desaparecido, se nos dice, queriendo sacar de ahí deducciones gnoseológicas. Y el pensamiento, ¿perdura?, preguntamos nosotros. ¡Si no perdura, si con la desaparición de la materia ha desaparecido también el pensamiento, si con la desaparición del cerebro y del sistema nervioso han desaparecido también las representaciones y las sensaciones, entonces quiere decir que todo ha desaparecido, que ha desaparecido también vuestro razonamiento, como una de las muestras de un "pensamiento" cualquiera que sea (o de una insuficiencia de pensamiento)! Más si perdura, si suponéis que el pensamiento (la representación, la sensación, etc.) no ha desaparecido con la desaparición de la materia, quiere decir que adoptáis a escondidas el punto de vista del idealismo filosófico. Eso es precisamente lo que les sucede a aquellos que, por razones de "economía", quieren concebir el movimiento sin la materia, puesto que sólo por el hecho de continuar su razonamiento admiten tácitamente la existencia del pensamiento después de la desaparición de la materia. Y esto quiere decir que se adopta como base un idealismo filosófico muy sencillo o muy complicado: muy sencillo cuando se llega abiertamente al solipsismo (yo existo, todo el mundo es sólo mi sensación); muy complicado si se reemplaza el pensamiento, la representación, la sensación del hombre viviente por una abstracción muerta: pensamiento de nadie, idea de nadie, sensación de nadie, pensamiento en general (idea absoluta, voluntad universal, etc.), la sensación considerada como "elemento" indeterminado, lo "psíquico", colocado como base de toda la naturaleza física, etc., etc.(11*)

Lo cierto es que la lucha contra las desviaciones idealistas es bastante sencilla cuando se tienen claros unos cuantos conceptos del materialismo dialéctico. Esperemos que esta crítica no enturbie a nuestro camarada sino que lo anime al estudio del materialismo pues la crítica, es decir, la dialéctica nos ha de servir a los comunistas como motor de estudio.

NOTAS:
11* V. Lenin. Materialismo y empirocriticismo. Ed. Progreso, p. 278, 279.

viernes, 23 de octubre de 2009

Debate sobre la Unión Soviética. V

Para ver intervenviones de nuestrxs camaradas:
http://ujc-madrid.org/Foro/index.asp?seccion=verpost&id=2134&idref=2&pagina=2
http://www.nodo50.org/gaztekomunistak/foro/viewtopic.php?t=489

APOLOGIA DEL MADE IN CHINA
En el desarrollo del debate del Espacio Rojo nº 14 surgió en el foro de Gazte Komunistak una pequeña polémica en torno a China. Y decimos pequeña en cuanto a extensión pues nos parece una de las grandes cuestiones pendientes del movimiento comunista, sobretodo del europeo, que es 1º el estudio de las aportaciones al marxismo-leninismo de la China revolucionaria, la Guerra Popular y la Revolución Cultural Proletaria y 2º el estudio revolucionario, es decir alejado de toda línea oportunista, de la China revisionista.
La cuestión de la actual China es simple, no hay mayor ciego que el que no quiere ver. China es un Estado en el que a 60 años del triunfo de la Revolución las relaciones capitalistas son cada vez mayores y en todos los niveles. En nuestra última aportación al debate, mencionábamos a Mao y a su crítica a Stalin y a la URSS, de la que por cierto desconfía el camarada “Kaich” puesto que “Mao y Stalin eran amigos” (curiosa forma de entender la lucha ideológica). Mao indicaba que lo primordial era desarrollar la lucha de clases frente al excesivo acento que ponían en la URSS al desarrollo de las fuerzas productivas. Al igual que en la URSS esta teoría de las fuerzas productivas tuvo sus defensores en China que tras desaparecer Mao y de la mano de Deng Xiaoping se apresuraron a instaurar el capitalismo hasta convertir, en nuestros días, a China en una potencia imperialista. En China impera ahora el capitalismo salvaje, con un retroceso inmenso de los derechos de los trabajadores, que ya no son observados como sujeto revolucionario sino como objeto, como mercancía. Buscar el socialismo en China es como buscar una aguja en un pajar, es engañarse a uno mismo y sobre todo y lo que es peor a los demás. Intentar defender a los enemigos del proletariado chino desde las obras escritas por Lenin, Marx o cualquier comunista es caer en lo más bajo del oportunismo. El compañero “Kaich” se remite incluso a nuestro Espacio Rojo para la defensa de la China capitalista, pues mentamos la defensa que Lenin hace del capitalismo de Estado en la Rusia de 1918. Extrapolar la situación de la Rusia de 1918 a la China de los años 70 solo demuestra dogmatismo y pereza mental.
En 1966 comienza en China la Gran Revolución Cultural Proletaria cuyo fin era eliminar todos los elementos políticos, ideológicos y culturales “de la superestructura que no corresponden a la base económica del socialismo, a fin de facilitar la consolidación y el desarrollo del sistema socialista”. Esto suponía poner en manos de las masas la construcción del socialismo algo que ya se tenía claro en 1960, fecha en que Mao escribe sus “Notas de Lectura acerca del Manual de Economía Política de la Unión Soviética” y en el que, acerca de la situación del campo sostiene que: “Un gran desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad no es posible si no hay previamente transformación de las relaciones de producción”. Esta idea es la contraria a la que se seguía en la Unión Soviética, que ya expusimos en nuestra anterior carta donde el aspecto principal del desarrollo se puso en las fuerzas productivas y no en la lucha de clases. Pero en China la educación de las masas se situó en primer término como muestran las distintas campañas emprendidas por los revolucionarios para contrarrestar el crecimiento de los dirigentes que querían la vuelta al capitalismo: En 1960 el Ejército Popular de Liberación retorna a su concepción guerrillera de unión con las masas poniendo sus energías en la elevación ideológica y política del combatiente frente a la forma tradicional de los Ejércitos burgueses en los que priman las grandes unidades alejadas de las masas y puestas contra ellas. (Esta “vieja” forma de Ejército es la que tiene hoy China). En 1963 se inició el Movimiento de Educación Socialista, en el 64 la campaña aprender del ejército popular en la que saldría a la luz la famosa recopilación de citas de Mao denominada “Libro Rojo”, que tras la subida al poder de Deng Xiaoping y su tropa de usurpadores, caería en el ostracismo. Pero a pesar de todo esto, del énfasis que se puso en la lucha de clases, los revisionistas acabaron subiendo al poder al igual que en la URSS demostrando que, por desgracia, la URSS y China han seguido el mismo camino aunque al camarada “Kaich “le parezca que este camino es correcto.
En China el proletariado no ejerce su dictadura de clase, la política imperialista de ese país no es subscrita por su proletariado que es el principal sufridor de esta. Mentando el concepto de imperialismo aconsejamos a este camarada a que repase lo que Lenin escribió al respecto puesto que el imperialismo no es simplemente invadir países, también consiste, e incluso él lo dice, en “colonizar con sus empresas” algo que China si hace a pesar de que “Kaich”, y otros muchos, no lo vean o no lo quieran ver. El último ejemplo del carácter imperialista de China es esa especie de alianza o intercambio accionarial entre los ladrones de Telefónica y China Unicom, para repartirse el saqueo de los países oprimidos. Y como seguro que muchos todavía no lo ven pondremos como ejemplo el empeño que China tiene en explotar los recursos naturales de América Latina y África al igual que hace Repsol: Zijin Mining empresa minera China pretende instalarse en Perú para explotar oro. CrownAmeric Development empresa minera de capital chino extraerá bauxita en Paraguay. La CNPC, petrolera estatal china, extraerá petróleo en Costa Rica y Venezuela etc. etc. etc. El Estado chino en alianza junto con varios gobiernos africanos creó hace unos años el Fondo China-África que además de servir para el desarrollo de las infraestructuras en estos países servirá para la extracción de petróleo, gas y minas en el continente africano para beneficio de la burguesía china y africana.
China que en tiempos de la Revolución liberó a Tíbet del feudalismo, utiliza ahora una política internacional más acorde a sus intereses socialimperialistas. Hace tan solo unos años, cuando el Partido Comunista de Nepal (Maoísta) estaba en Guerra Popular contra el Estado nepalí, China se declaró a favor del Estado nepalés mientras ambos afianzaban sus relaciones comerciales: “China apoya los esfuerzos de Gyanendra y del gobierno nepalés para vencer a los rebeldes anti-gobierno, dijo Jiang (dirigente del gobierno chino), agregando que su país se opone y condena toda la violencia y las actividades terroristas.” (10*)La Guerra Popular siguió avanzando, el poder semi-feudal decaía en Nepal y los chinos bascularon hacia el neutralismo declarando que su oposición a la Guerra Popular se basaba en que esta provocaría una mayor presencia militar de los EEUU en la zona. El tiempo pasó, el gobierno fue derrocado, eso sí los maoístas cambiaron la Guerra Popular por la alianza interclasista, y China era ya animosamente aliada del nuevo gobierno nepalés pues este no pensaba cambiar los tratados con China sino ampliarlos. Esta es la vieja táctica de la “accidentabilidad de las formas de gobierno” de los imperialistas y de las castas privilegiadas de otros tiempos, como la Iglesia católica en España: les da igual quien gobierne mientras no toquen sus intereses, no dudarán en derrocar a un gobierno si este trastoca sus planes.
Pero tras esta breve y simple argumentación tal vez se nos espete que esto son chorradas o incluso que muestran la solidaridad internacionalista del PCCh que además dice ser marxista-leninista, (en concreto “pensamiento Mao y teoría Deng Xiaoping”, que es como decir pensamiento Lenin y teoría Jruschov).
Pero los hechos son testarudos y demuestran que en China no hay marxismo-leninismo, sino una dictadura burguesa contra el proletariado. A pesar de sostener una bandera roja, también la tenían Breznev y cia en la URSS, es el terror blanco del imperialismo chovinista el que domina en China. El que la mayoría de organizaciones comunistas dejen la puerta abierta al “haber que pasa”, como si no fuesen suficientes 30 años de ataques contra el proletariado, e incluso mantengan buenas relaciones (como nuestra propia organización) con los “camaradas chinos” es solo una muestra de hasta qué punto es necesaria la lucha de dos líneas dentro del Movimiento Comunista para eliminar todo el revisionismo que durante décadas llevamos cargando a nuestras espaldas. Conectando con este debate un camarada del foro de Gazte Komunistak colgó un texto del tan respetado PTB editado por Etudes Marxistes en 2003. Se trata de un informe realizado por el PTB tras visitar China en 2003. En él los belgas eluden la crítica a China argumentado la falta de conocimientos sobre la realidad del país, aunque llegan a mostrar su temor porque ¡en el futuro! la ideología burguesa pueda ganar terreno en China. Postura aun más clara en cuanto a la cuestión china la encontramos en el Mundo Obrero del PCE. En él, el marxista español José Sarrion dedica una oda al desarrollo de las fuerzas productivas en China que “ha sustituido al debate sobre el socialismo”. Mientras, carga tintas contra la Revolución Cultural Proletaria a coro con la burguesía internacional y sobre todo con el revisionismo gubernamental chino. Y es que es natural que el revisionismo chino y la ONU odien esa etapa de la historia china en la que las masas tomaron el poder y ejercieron su dictadura revolucionaria bombardeando el Cuartel General. Lo que nos sorprende es que quien se autoproclama marxista reniegue, cual burgués, de esta experiencia proletaria y se venda al pragmatismo, contrastado en el mercado internacional, del Made in China.
Este es tan solo un ejemplo de la hipocresía de los comunistas occidentales para salvaguardar a los traidores chinos.

NOTAS
10* Extraído del “Diario del Pueblo” portal de noticias de China en castellano. http://spanish.peopledaily.com.cn/spanish/200207/11/sp20020711_55947.html

Debate sobre la Unión Soviética. IV

Para ver intervenviones de nuestrxs camaradas:
http://ujc-madrid.org/Foro/index.asp?seccion=verpost&id=2134&idref=2&pagina=2
http://www.nodo50.org/gaztekomunistak/foro/viewtopic.php?t=489

PARTIDO COMUNISTA Y DICTADURA DEL PROLETARIADO

Definir a estas alturas al Partido y a la Dictadura de clase puede parecer un retroceso en el debate, pero nos parece primordial hacerlo pues estamos totalmente en contra del argumento base utilizado por nuestros camaradas del foro ujc-m, a la hora de hablar del burocratismo:
“También está el error de la falta de separación entre el Partido y el Estado, que acabó convirtiéndose en una base fundamental para el surgimiento de una capa importante de burócratas acomodados. En Stalin y la lucha por la reforma democrática se ilustra bastante bien cómo Stalin trató de llevar a cabo esta separación entre el Partido y el Estado por medio de la Constitución Soviética de 1936, así como la derrota de Stalin en dichos intentos”
El Partido Comunista es el Partido Proletario de nuevo tipo. Representa la unión dialéctica de la vanguardia con el resto de la clase de la que el Partido forma parte y con la que está íntimamente vinculada con todas las raíces de su existencia. El Partido Comunista es la forma superior de organización de clase del proletariado, es su máximo representante, su “Estado Mayor”, una suma de organizaciones…Pero el Partido no es sólo la suma de sus organizaciones. El Partido es, al mismo tiempo, el sistema único de estas organizaciones, su fusión formal en un todo único, con organismos superiores e inferiores de dirección, con la subordinación de la minoría a la mayoría, con resoluciones prácticas, obligatorias para todos los miembros del Partido. Sin estas condiciones, el Partido no podría formar un todo único y organizado, capaz de ejercer la dirección sistemática y organizada de la lucha de la clase obrera. (3*)
El Estado, cualquier Estado, es una máquina para la represión de la clase en el poder contra el resto de clases. La clase que detenta el poder ejerce su violencia de modo sistemático contra las otras clases, para hacer prevalecer sus intereses de clase. Todo Estado tiene dos aspectos, el democrático y el dictatorial, la cuestión es saber quien goza de democracia y contra quien se ejerce la dictadura. En el caso que nos compete ahora, el “Estado” proletario, es el proletariado quien ejerce su violencia revolucionaria contra las otras clases dejando de lado los prejuicios burgueses de que en los Estados es posible que las relaciones de clase se desarrollen de modo pacífico. La Dictadura del Proletariado es el instrumento del que se dota la clase obrera para poder elevar a las masas al nivel de su vanguardia, es decir, al nivel del Partido Comunista. El Partido Comunista es la forma superior de organización, la Dictadura del Proletariado es el instrumento de la revolución proletaria, el organismo en que se apoya lo mejor de la clase, el Partido, para atraer a sus posiciones al resto de la clase, para elevarla al comunismo.
Cuando el proletariado triunfa en un país e instaura su dictadura contra sus enemigos de clase, conquista la más amplia democracia conocida, la democracia proletaria. Y esta nueva democracia que surge en el proceso de destrucción del orden burgués, no puede mantener las viejas formas sino que impone unas nuevas, las de la democracia socialista. En la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas estas nuevas formas adquirieron el nombre de Soviets que eran: las únicas organizaciones de masas que engloban a todos los oprimidos y explotados, a los obreros y los campesinos, a los soldados y los marinos, y que en consecuencia, permiten a la vanguardia de las masas, el proletariado, ejercer con la mayor sencillez y la mayor plenitud la dirección política de la lucha de las masas. (…) Los Soviets son organizaciones directas de las mismas masas, es decir, las organizaciones más democráticas y, por tanto, las que gozan de mayor prestigio entre las masas. Los Soviets facilitan al máximo la participación de las masas en la organización del nuevo Estado y en su gobernación y abren el máximo campo de acción a la energía revolucionaria, a la iniciativa y a la capacidad creadora de las masas en la lucha por la destrucción del antiguo orden de cosas, en la lucha por un orden de cosas nuevo, por un orden de cosas proletario. (4*)
Los Soviets como nueva forma de organización estatal se unían como Estado de nuevo tipo proletario y se estructuraban y unificaban como Repúblicas de Soviets. Lo novedoso de los Soviets es que en ellos confluían todos los poderes de clase (legislativo, ejecutivo, judicial) desde los cuales el proletariado podía ejercer directamente su violencia revolucionaria contra sus enemigos, por ello los soviets significaban la destrucción del aparato burocrático burgués: La República de los Soviets es, por lo tanto, la forma política buscada, y al fin descubierta, dentro de cuyo marco puede alcanzarse la liberación económica del proletariado, el triunfo completo del socialismo. (5*)
Tras esta breve exposición cabe preguntarse ¿Bajo la dictadura del proletariado, bajo la forma estatal soviética, cual es el lugar del Partido Comunista?
Para contestar a esto, primero debemos plantearnos cuál es nuestra visión del Estado y de la democracia, si la visión proletaria que exponíamos arriba o la visión burguesa. Porque a nosotros tras estudiar la obra de Grover Furr “Stalin y la lucha por la reforma democrática” nos asaltan las dudas al respecto y es que la obra del profesor norteamericano está recubierta de los prejuicios burgueses del concepto de democracia, de la teoría de la democracia “pura” propia de la aristocracia obrera, más que del concepto de nueva democracia, de democracia socialista. Se desprende de la obra de G. Furr que anteriormente a 1936 no había en la URSS democracia sino una dictadura. Y efectivamente las masas proletarias ejercían su violencia revolucionaria contra los kulaks, los guardias blancos, los antiguos terratenientes… pero para Furr esto no era democracia (niega el doble sentido que tiene todo Estado) y para que se diese esta se necesitaba una “reforma democrática”. Esta “reforma” consistiría en darle la oportunidad “a los ciudadanos ajenos al Partido” a acceder al Poder. Esta reforma se puede identificar con la teoría del fin de las clases sociales en la URSS y por tanto de la dictadura del proletariado que ya definimos en nuestros anteriores artículos como origen ideológico de la derrota del proletariado en la Unión Soviética. Esta teoría, que por desgracia la asumían Stalin y los suyos, la defiende el historiador Yuri Zhukov, (citado por Furr) cuando dice refiriéndose a los primeros años de los 30 que: “… los explotadores de trabajo ajeno ya no existían. Los trabajadores, que ahora dirigían el país en su propio interés a través del Partido Bolchevique, no eran ya el clásico proletariado. Por tanto, la "dictadura del proletariado" ya no era un concepto pertinente. Esas condiciones nuevas suponían un nuevo tipo de estado”. (6*)
La nueva visión del Estado que tienen los dirigentes bolcheviques está conectada con su lucha por acabar con el burocratismo. Pero ¿Cómo se pretende acabar con este burocratismo? ¡Separando al Partido proletario del Estado proletario! Una postura que nos parece un claro error ideológico en cuanto a las tareas del Partido y una concesión al revisionismo, sobre todo cuando el propio Stalin habla en “Los Fundamentos del Leninismo” de la dictadura del proletariado como apoyo del Partido para atraerse a las masas y como dirigente principal del conjunto de organizaciones del proletariado:
“… todas estas organizaciones tienen que desplegar su actividad en una misma dirección, pues sirven a una sola clase, a la clase de los proletarios. ¿Quién -cabe preguntarse- determina la línea, la orientación general que todas estas organizaciones deben seguir en su trabajo? ¿Dónde está la organización central que no sólo sea capaz, por tener la experiencia necesaria, de trazar dicha línea general, sino que, además, pueda, por tener el prestigio necesario para ello, mover a todas estas organizaciones a aplicar esa línea, con el fin de lograr la unidad en la dirección y excluir toda posibilidad de intermitencias? Esta organización es el Partido del proletariado.”(7*)
No queremos convertir nuestra carta y el debate en una mera “guerra de citas”, pero la claridad de los bolcheviques en cuanto al Partido la deja tan clara Stalin en 1924 que no podemos por menos de echar mano de ello:

El Partido no sólo es la forma superior de unión de clase de los proletarios, sino que es, al mismo tiempo, un instrumento del proletariado para la conquista de su dictadura, cuando ésta no ha sido todavía conquistada, y para la consolidación y ampliación de la dictadura, cuando ya está conquistada.(8*)

El que debilita, por poco que sea -dice Lenin-, la disciplina férrea del Partido del proletariado (sobre todo en la época de su dictadura), ayuda de hecho a la burguesía contra el proletariado.(9*)

Y podríamos rellenar folios con citas muy bien traídas sobre el Partido, por eso para acabar con este “recetario” nos remitimos a “Los fundamentos del leninismo” y en particular al apartado 4 del Capítulo sobre el Partido.
Tras las citas de Stalin volvamos a Furr y a la “reforma democrática”. La reforma se basaba en 1º) “sacar al Partido Comunista de la dirección directa de la Unión Soviética” poniendo “límites de forma sustancial al papel del Partido en la vida del país” y dejando al Partido Comunista como “arma de propaganda”. Y 2º) ampliando la participación electoral a los sectores que sufrían la dictadura, que se daba por liquidada, dando la posibilidad de que los enemigos del proletariado entrasen en el aparato estatal soviético.
La idea de Furr proviene de una visión liberal de lo que debe ser un Partido político, por tanto ve al PC como un simple partido de una parte de la clase que debería estar bien separadito del Estado democrático, de “todo” el pueblo. Pero esta separación más que una lucha contra la burocracia nos parece una apertura a la burocracia. Si el Partido se separa del Estado, se puede generar con mayor facilidad una inmensa capa de técnicos, de funcionarios, de burócratas estatales, alejados del Partido, de las masas, de la dirección política del proletariado (que al fin y al cabo ya estaba llegando a su fin) y que serían los primeros interesados en un Estado per secula seculorum. Además se dejaba al Partido como una simple “arma propagandística” olvidando que es la forma superior de organización que tiene el proletariado como clase dirigente del proceso revolucionario.
La “apertura electoral” no deja de ser una relajación de la lucha de clases en favor de los enemigos de los proletarios del campo y la ciudad. Y utilizar esta apertura como al parecer quería Stalin, es decir, como un “purgatorio” o “peaje” que la Revolución ha de pagar por los errores cometidos es aún más grave. Es como si el enemigo esperase tras una muralla para entrar la ciudad y nosotros pudiendo perfectamente atacarles fuera los dejásemos entrar para luchar dentro y que puedan unirse a los que ya han entrado. Este error podría verse como un error táctico, y de hecho lo es, pero tiene su origen en las desviaciones ideológicas de los bolcheviques.
Esta crítica a la lucha contra el burocratismo, no significa que nosotros neguemos la evidencia del problema de la burocracia, que era pasto para el revisionismo en la URSS. Pero frente a esta “reforma democrática” creemos que se tendrían que haber puesto los principios del Marxismo-Leninismo. Basándose en el centralismo democrático la lucha de clases debió haberse realizado desde la base, recuperando ese “tiempo perdido durante la NEP”, llevando la ideología a las masas en su proceso de auto-emancipación para que fuesen estas las que decidiesen quienes eran unos burócratas revisionistas. Y para “decidir” en una democracia socialista no basta con el voto directo al Soviet Supremo, como si de un parlamento burgués se tratase. Para decidir y ejecutar su violencia revolucionaria los obreros de la URSS tenían los Soviets, como base del Poder Socialista. Y esta lucha de las masas no podía hacerse relajando su dictadura, con el “voto abierto al ciudadano” sino con el recrudecimiento de la guerra de clases. El ejemplo de “que hacer” ante esta situación lo podemos observar en el estudio, que la mayoría de los comunistas de hoy tenemos pendiente, de la Gran Revolución Cultural Proletaria China en la que las masas dirigieron la lucha contra sus líderes revisionistas.
La burocracia y el revisionismo no nacen de la íntima relación entre el Partido Comunista y la Dictadura del Proletariado sino por la relajación de ésta última proveniente de aquella teoría odiosa del fin de las clases en la URSS y que proviene del socialismo determinista de Kautsky.

NOTAS
3* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 114
4* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 53 y 54
5* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 56
6* Yuri Zhukov, citado por Grover Furr en “Stalin y la lucha por la reforma democrática”
7* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 117
8* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 118 y 119
9* José Stalin. Los Fundamentos del Leninismo. Ed. Pekín, p. 122

Debate sobre la Unión Soviética. III

A CONTINUACION PUBLICAMOS LA CARTA QUE DESDE LA JC ZAMORA DIRIGIMOS A VARIOS CAMARADAS DE LOS FOROS DE UJC-MADRID Y DE GAZTE KOMUNISTAK EN RESPUESTA AL DEBATE SOBRE LA URSS QUE CON ELLOS MANTENEMOS EN LOS CITADOS FOROS.

Para ver intervenviones de nuestrxs camaradas:
http://ujc-madrid.org/Foro/index.asp?seccion=verpost&id=2134&idref=2&pagina=2
http://www.nodo50.org/gaztekomunistak/foro/viewtopic.php?t=489

Antes de empezar queremos mostrar una vez más nuestro agradecimiento a estos camaradas por haber contribuido a este honesto y sencillo debate. Nos alegra ver que nuestro trabajo no cae en saco roto y que, vistos los resultados, seguimos una línea correcta en el modo de entender nuestro Espacio Rojo. Este pequeño debate generado entre unos cuantos militantes comunistas muestra la necesidad de hacer un serio Balance de nuestra trayectoria y de nuestras experiencias históricas a fin de enmendar los errores y perseverar en los aciertos. Debate y Balance que los obreros conscientes de hoy no podemos eludir puesto que forma parte de nuestra tarea histórica (una de tantas) en el camino hacia la Revolución Socialista y al Comunismo.
Este debate no se cierra aquí, pero aun así en esta carta no hemos querido seguir ahondando en el debate originario, enriquecido por numerosas citas del camarada Stalin. Por contra y a modo de síntesis hemos preferido mostrar nuestros puntos de vista sobre varias cuestiones planteadas al calor del debate central y que nos parecen de vital importancia aclarar. Estas cuestiones son las relacionadas con ideología y praxis; Partido proletario y Estado proletario; Las clases y su conciencia y la República Popular de China.

IDEOLOGIA Y PRAXIS

“El que sea correcta o no la línea ideológica y política lo decide todo. Cuando la línea del Partido es correcta, lo tenemos todo: si no tenemos hombres, los tendremos; si no tenemos fusiles, los conseguiremos, y si no tenemos el Poder, lo conquistaremos. Si la línea es incorrecta, perderemos lo que hemos obtenido”. Mao Tse-tung
Lo que nos lleva a plantear aquí la cuestión de la ideología y de la praxis es el argumento que el camarada Kalashnikov (Foro UJC-Madrid) utiliza para negar o edulcorar los errores ideológicos en la URSS:
“debemos dejar bien claro que los errores de principio o ideológicos y los errores de táctica son de carácter bien distinto” “nos encontramos ante errores de táctica, de maniobra, de gestión, no ante errores ideológicos o de principio.”

La táctica está supeditada a la estrategia, y esta se realiza conforme a un objetivo. Nuestro objetivo es la emancipación del proletariado y, por ende, de la humanidad. Desde esta perspectiva es desde la que los comunistas debemos trabajar combinando todas nuestras acciones tácticas en base al objetivo estratégico, que se supone es la toma del Poder por parte del proletariado revolucionario. Jamás podemos reducir la lucha de clases al instrumento táctico que se emplee en cada momento concreto, sino que esta ha de ser observada de un modo más amplio, con la vista puesta en el fin perseguido. La táctica y la estrategia del Partido obrero de nuevo tipo son la unión de la práctica y la teoría, son la plasmación de la teoría en la realidad social concreta. O dicho de otro modo son la Praxis revolucionaria, una unidad de contrarios en la que la práctica se conforma como el aspecto principal de la contradicción.
Con lo dicho, ya tenemos que al objetivo (el Comunismo) se llega desde una estrategia claramente definida a la que se somete la táctica (Praxis Revolucionaria). Pero para llegar aquí, a la praxis revolucionaria hace falta una teoría revolucionaria (sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario…) que surge con la conciencia revolucionaria o para sí de la clase obrera. Una conciencia que surge tras el estudio de la dialéctica, de sus leyes universales aplicadas al desarrollo social, y que muestran que el Comunismo es hacia donde se encamina este desarrollo social cuyo motor es, según la dialéctica, la lucha de clases en la que el proletariado al coincidir su práctica social subjetiva con la tendencia del proceso social objetivo es la clase revolucionaria que va a transformar la realidad, empezando por la adquisición de la conciencia de ser ella quien ha de llevar a cabo tal tarea.
El comunismo observado por la dialéctica materialista no es un objetivo voluntarioso (1*) de unos individuos o incluso de una clase social, sino que es la consecuencia del desarrollo histórico de las sociedades de clases. Y lo mismo que pasa con el objetivo final, pasa con la estrategia o la táctica, es decir, que no puede basarse en los deseos subjetivos de las personas sino que ha de estar basada en las necesidades objetivas del momento concreto. Cuando los portadores del comunismo científico realizan su táctica con respecto al resto de clases (cuando ya ha pasado de crítica a praxis) lo hacen tras haber comprendido la práctica social que les corresponde, lo cual se refleja en la conciencia. Esto es lo que diferencia al comunismo del resto de concepciones o ideologías que han pretendido liberar a los oprimidos: Los socialistas utópicos pretendían acabar con las injusticias del capitalismo pero no eran materialistas ni dialécticos, o al menos no lo demostraron. Así su práctica no podía por menos de acabar siendo un fracaso pues su teoría se basaba en el idealismo y en la voluntad de cambio, sin atender a las necesidades del desarrollo social ni al contenido histórico de su lucha. Por ello los falansterios y todas sus maravillosas y honradas ideas resultaron un fracaso en la práctica. Por eso Engels en su libro “Del socialismo utópico al socialismo científico” expondría, haciendo una crítica del socialismo utopista, que “Para convertir el socialismo en una ciencia, era indispensable, ante todo, situarlo en el terreno de la realidad” que viene a ser lo mismo que la frase de Mao sobre “integrar la verdad universal del marxismo-leninismo en la práctica concreta”. Y de lo que carecían los utópicos, por falta de experiencia de el por aquel entonces jovencísimo movimiento obrero, carecen también los anarquistas. Estos alejados de toda ideología basada en la dialéctica materialista prefieren centrarse en la voluntad individual, en lo espontáneo para llegar al objetivo. Así, como su teoría de partida es equívoca se acaban estrellando con la realidad que ya ha demostrado lo que el materialismo histórico advertía: que el proletariado para llegar a su objetivo necesita una organización superior a todas, el Partido, y un instrumento, la Dictadura, que son dos de las mediaciones indispensables para alcanzar el Comunismo. Pero sus fallos ideológicos les ciegan y les impiden ver esto.
Por contra, los marxistas si “aciertan” en la concepción del mundo y en su estudio de las relaciones sociales, del materialismo y de la dialéctica. Así consiguen armarse con la teoría revolucionaria marxista que se traduce en la intransigente crítica revolucionaria del Mundo y que aplicada a la realidad concreta, a la relación capital-trabajo (entre otras muchas) muestra el camino a seguir para llegar al objetivo: El Partido leninista, la Dictadura del Proletariado… Pero el marxismo, elevado hace mucho a marxismo-leninismo, como teoría anclada en la realidad corre siempre el peligro de “contaminarse de esta” en el sentido de agrupar en su seno ideas pre-marxistas o de contenido burgués que se traducen luego en la praxis que por sus nuevos añadidos ya no es revolucionaria (revisionismo, reformismo, oportunismo, socialchovinismo…). Y esto, como ya hemos dicho anteriormente, es un factor determinante en la caída de la Unión Soviética. En los bolcheviques afloran las viejas ideas de Kautsky y del revisionismo socialdemócrata en cuanto a “socialismo, propiedad privada y medios de producción”. Estas ideas erróneas se llevan luego a la praxis contaminando la táctica bolchevique hasta el famoso XX Congreso en el que la burguesía toma las riendas de la Unión Soviética.
Con todo lo afirmado, nuestra postura es clara en este tema: todos los errores en la ideología se reproducen en la praxis al ser esta fusión de la teoría y la práctica. Y todos los errores en la práctica de los revolucionarios, en su táctica y su estrategia, no pueden por menos de tener su origen en errores ideológicos, errores de principio. Las numerosas citas que aportan nuestros camaradas en el foro de la UJC-Madrid no eliminan el error ideológico. De poco nos sirve que José Stalin tuviese claro las tareas si este no supo llevarlas al resto de la clase, porque es la clase la que realiza la praxis revolucionaria desde su organización superior, el Partido Leninista en el que hay que tener en cuenta no las ideas de un individuo sino las ideas de todo el Partido. Y el PCUS de los años 30, y el propio Stalin, era ya muy partidario del fin de la dictadura del proletariado por lo que cuenta en su obra el profesor Grover Furr (2*), al que citaremos más adelante.

NOTAS
1*. Respecto a la voluntad de los hombres y el comunismo habría que puntualizar, para desterrar cualquier confusión mecanicista y determinista, que solo se llegará al comunismo cuando el proletariado tenga la voluntad de alcanzarlo. Pero esta voluntad ha de ser revolucionaria, es decir, ha de ceñirse a lo que planteen las tareas objetivas concretas y no a los deseos subjetivos de los individuos: “Los comunistas alemanes son comunistas porque, a través de todas las etapas intermedias y de todos los compromisos creados no por ellos, sino por la marcha del desarrollo histórico, ven claramente y persiguen constantemente su objetivo final: la supresión de las clases y la creación de un régimen social en el cual no habrá ya sitio para la propiedad privada de la tierra y de todos los medios de producción. Los 33 blanquistas son comunistas por cuanto se figuran que basta su buen deseo de saltar las etapas intermedias y los compromisos para que la cosa quede ya arreglada, y que si -- ellos lo creen firmemente -- 'se arma' uno de estos días y el Poder cae en sus manos, el 'comunismo estará implantado' al día siguiente. Por consiguiente, si no pueden hacer esto inmediatamente, no son comunistas.
¡Qué ingenua puerilidad la de presentar la propia impaciencia como argumento teórico!"
(F. Engels, "Programa de los comuneros blanquistas", en el periódico socialdemócrata alemán "Volksstaat", 1874, núm. 73)” Citado por Lenin en “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”
2*. Grover Furr es el autor de “Stalin y la lucha por la reforma democrática” en el que se nos presenta a un Stalin defensor de una línea democrático-burguesa.

martes, 13 de octubre de 2009

El Frente Unico Proletario, origen del Frente Popular

ARTICULO PUBLICADO EN EL NUMERO ESPECIAL DE ESPACIO ROJO (AGOSTO 2009)

Origen del Frente Popular: El Frente Único Proletario
En 1919 se creó la Komintern. Era la expresión político-organizativa a nivel internacional de la Gran Revolución Socialista de Octubre. La Revolución bolchevique despertó a la extrema izquierda de la socialdemocracia europea que pronto se dispuso a crear Partidos Comunistas en todo el continente con el fin de realizar en sus países la gloriosa gesta que el proletariado ruso había llevado a cabo. Pero para lograr la emancipación de la humanidad los Partidos estatales debían unirse internacionalmente para organizar la Revolución Proletaria Mundial y así nació la III Internacional con el objetivo de instaurar Repúblicas Soviéticas en todo el Mundo hasta alcanzar el Comunismo.
En el I Congreso (1919) los comunistas proclamaron sus objetivos revolucionarios ante el mundo. En el II Congreso (1920) se realizó el trabajo interno, la puesta a punto del instrumento para la RPM: se elaboraron los estatutos y se dieron las condiciones de entrada en la organización, las famosas 21 condiciones, para deslindar del reformismo creando “las condiciones para la separación verdadera de los centristas, de los agentes directos e indirectos de la burguesía dentro del Movimiento Obrero” (Lenin, Carta a los comunistas alemanes).
Expuesta la nueva concepción proletaria del mundo Weltanschaaung y creado el Partido Internacional, se daba por hecho la independencia ideológica y política del comunismo por lo que en el III Congreso (1921) se pasó al trabajo práctico para idear la táctica de los comunistas que les llevaría a encabezar la Revolución en Europa y el mundo entero.
“Tenemos un ejército de comunistas en todo el mundo. Está aún mal preparado, mal organizado. Olvidar esa verdad o temer reconocerla sería extremadamente perjudicial para nuestra causa. Sometiéndonos a prueba con mayor cuidado y rigurosidad y estudiando la experiencia de nuestro movimiento, debemos instruir convenientemente a este ejército, debemos organizarlo correctamente, probarlo en todo género de maniobras, en combates diversos, en operaciones de ofensiva y retroceso. Sin esta larga y ruda escuela, la victoria es imposible” (Carta a los comunistas alemanes).

En este pasaje Lenin expresa la base de la táctica comunista: la Revolución no es lineal si no que tiene saltos y retrocesos por eso el ejército de comunistas ha de estar preparado para todas las situaciones por lo que en cuanto a táctica se refiere se muestra esa riqueza o, si se prefiere, flexibilidad que ha de tener el Partido de la Revolución, sin olvidar que toda táctica se supedita a una estrategia y a unos principios: el marxismo-leninismo.
Esta riqueza táctica se muestra en el III Congreso, en el cual se adopta la táctica del Frente Único Proletario que Lenin defendería en su discurso ante el Congreso de la Internacional Comunista, frente al dogmatismo izquierdista, como nueva táctica para ganarse a las masas explotadas para la conquista del poder. Queremos resaltar el concepto de masas, algo en lo que Lenin insistió en el citado Congreso: El concepto de masas cambia según cambia el carácter de la lucha, así la I.C. entendía por masas a la mayoría de la clase puesto que el marxismo en esos momentos era independiente ideológica y políticamente. Sin embargo en momentos de gran repliegue revolucionario y cuando el revisionismo hegemoniza el MCI (como en la actualidad), tenemos que preguntarnos ¿son las amplias masas explotadas las “masas” a las que debe dirigirse primeramente la vanguardia revolucionaria? ¿Acaso está ya conquistada la mayoría de la vanguardia proletaria para el marxismo-leninismo y está unida orgánicamente?
Tenemos pues que el comunismo se ha conformado en organización independiente (IC y sus secciones) pero ahora ha de incorporar a las masas, fusionarse con ellas en su movimiento práctico produciéndose así esa unidad de contrarios que es el Partido Leninista de nuevo tipo: vanguardia y masas. La táctica del F. U. consistía en conquistar a las masas sobre la base de sus reivindicaciones concretas e inmediatas para a través de su experiencia propia la clase obrera viese que solo los comunistas satisfacerían sus necesidades desde su dictadura de clase frente a los centristas y oportunistas que no hacían sino apuntalar la explotación asalariada. Se trataba de elevar la conciencia de la clase hasta la compresión de la necesidad el comunismo y la dictadura del proletariado desde sus luchas inmediatas donde la perspectiva de la emancipación de la clase ocupaba un papel relevante, rebasando la “conciencia en sí” para llegar a la “conciencia para sí” que es la conciencia verdadera, revolucionaria.

El Frente Único por la base o proletario consistía en esto:
“El fin y el sentido de la táctica del frente único consiste en atraer a la lucha contra el capital a una masa cada día mayor de obreros, sin vacilar en hacer llamamientos reiterados incluso a los líderes de la II Internacional y de la Internacional II ½ con la propuesta de sostener conjuntamente esta lucha. Cuando la mayoría de los obreros ha establecido ya su representación de clase, es decir, soviética, y no nacional, es decir, común con la burguesía, y ha derrocado ya la dominación política de la burguesía, naturalmente la táctica del frente único no puede exigir ya llamamientos a partidos del tipo de los mencheviques (“POSDR”) y de los eseristas (partido de los socialistas revolucionarios), pues han resultado enemigos del Poder soviético. Instaurado el Poder soviético, hay que ampliar nuestra influencia entre las masas obreras por el camino indicado más arriba y no haciendo llamamientos a los mencheviques y eseristas” Finalmente esta táctica fue desarrollada por el Comité Ejecutivo de la Komintern a finales de 1921 aprobando las 25 tesis sobre el F.U. La contradicción con la que juega el F.U. es la siguiente: (conciliación) concesiones a las direcciones reformistas para lograr la unidad y poder acceder a sus masas; y lucha contra las direcciones reformistas para desarrollar la política revolucionaria. En España como en casi todos los países, esta contradicción se rompió a favor de la lucha cayendo en un izquierdismo que alejaba al Partido de las masas pues se centraba todo en la consigna “clase contra clase” olvidando que la mayoría de los obreros estaban con los anarquistas pequeñoburgueses y con los “socialfascistas” por lo que se necesitaba cierto acercamiento, como propugnaba la consigna de Frente Único Proletario, para poder acceder a esas y atraerlas al campo de la Revolución.
Un ejemplo lo tenemos en el Manifiesto emitido por el Radio Zamora del Partido Comunista, que figura en el ANEXO. Así funcionó el PCE en los años 20, lo que se afianzó tras el VI Congreso de la IC (1928), hasta bien entrados los años 30 cuando la ofensiva de la burguesía en forma de fascismo hizo que la Komintern acometiese un viraje histórico en su táctica (que acabaría con la propia IC). Ese viraje se llamó Frente Popular.


El VII Congreso de la Internacional Comunista

El VII Congreso de la IC fue el congreso del Frente Popular. La burguesía lanzó en los años 30 su ofensiva contra el proletariado bajo la máscara del fascismo. En Alemania, Austria e Italia las dictaduras liberales habían sido transformadas en dictaduras fascistas para eliminar el peligro rojo y de paso liquidar contradicciones en el seno de esa clase parasitaria llamada burguesía.
Dimitrov decía lo siguiente acerca del fascismo: “El fascismo en el poder, camaradas, es como acertadamente lo ha caracterizado el XIII Pleno del CEIC, la dictadura terrorista abierta de los elementos reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”. Dimitrov tenía razón pero este tipo de caracterización del fascismo era bastante simple (Evidentemente la caracterización del fascismo hecha por Dimitrov y la IC es mucho más completa pero destacamos esta pequeña cita porque está muy en boga dentro del movimiento antifascista –tanto ayer como hoy- y por sí sola denota un planteamiento pequeñoburgués y reaccionario de la cuestión que deja intacta la estructura del estado burgués) pues a la burguesía no le hace falta el fascismo para llevar el terror a las masas explotadas como demostraron los sucesos de Casas Viejas, la Semana Trágica, la revuelta espartaquista en Alemania, el exterminio de los comuneros de París… pues como ya sentenciara Marx: “La civilización y la justicia del orden burgués aparecen en todo su siniestro esplendor dondequiera que los esclavos y los parias de este orden osan rebelarse contra sus señores. En tales momentos, esa civilización y esa justicia se muestran como lo que son: salvajismo descarado y venganza sin ley. Cada nueva crisis que se produce en la lucha de clases entre los productores y los apropiadores hace resaltar este hecho con mayor claridad.” (La Guerra Civil en Francia)
Ahí va pues un sencillo análisis de clase de lo que es el fascismo:
Todo Estado es una forma de dictadura de clase. Tanto la II República española como el posterior Estado fascista eran dictaduras burguesas en las que la burguesía gozaba de la democracia mientras que el proletariado y el resto de masas explotadas sufrían la dictadura. La gran diferencia es que bajo la II República los sectores que disfrutaban de democracia era más amplia: la oligarquía, la burguesía periférica, la pequeña burguesía y la aristocracia obrera encarnada por el PSOE y la UGT. Estos últimos, como buenos oportunistas y reformistas, traicionaron a la clase obrera (como ya hicieron en la etapa de Primo de Rivera) acudiendo a la llamada de socorro de la burguesía que necesitaba ayuda ante la descomposición de su clase y de su Estado. (Esto no es algo nuevo en la historia de la lucha de clases: cuando la nobleza agonizaba se alió con sectores arribistas de la burguesía para mantenerse en el poder. Lo mismo le pasa al capital en su fase imperialista. El Estado burgués necesita a la aristocracia obrera -CCOO, UGT…- para dominar a la creciente masa de trabajadores asalariados, a pesar de que en la actualidad estos carezcan del organismo social capaz de derribar a dicho Estado.
Sin embargo bajo el Estado fascista los sectores que gozaban de democracia eran menores: la oligarquía y la gran burguesía unidas, en el caso español, a la Iglesia y el Ejército. Mientras, la pequeña burguesía y la aristocracia obrera pasaban de nuevo al campo de los sometidos, por lo que se convirtieron en aliados tácticos de la clase obrera.
Volviendo a la época del VII Congreso, todo el proletariado revolucionario de los países capitalistas tenía sobre su cabeza la espada del fascismo. Y no solo ellos, sobre la Unión Soviética estaba la amenaza de la Guerra con los Estados fascistas y los imperialistas occidentales (Francia e Inglaterra) por lo que ante esta situación la Internacional Comunista decidió pasar de la ofensiva a la defensiva pasando de izquierda a derecha bajo la táctica de Frente Único.
Hasta 1935, el Frente Único Proletario se había observado como frente único por la base o “frente desde abajo” manteniendo el enfrentamiento con “los de arriba” (fusionarse con las masas y desenmascarar a sus líderes reformistas). Pero tras el VII Congreso el Frente Único se hace como “frente desde arriba”, es decir, se va directamente a la unidad de acción con las direcciones socialdemócratas (hasta entonces amarillos y socialfascistas) para detener la ofensiva del fascismo.
“La Unidad de acción del proletariado en el plano nacional e internacional, he aquí el arma poderosa que capacita a la clase obrera no solo para su defensa, sino para una contraofensiva victoriosa contra el fascismo, contra el enemigo de clase.” Dimitrov
El “nuevo” Frente Único se va ampliando respecto al “viejo”; del proletariado revolucionario y las masas enredadas por los socialdemócratas, a toda la clase trabajadora:
“Pero las acciones conjuntas de los partidos de ambas Internacionales contra el fascismo no se limitarían a ejercer una influencia sobre sus afiliados actuales, sobre los comunistas y los socialdemócratas, ejercerían también una influencia poderosa en las filas de los obreros católicos, anarquistas y no organizados, incluso sobre aquellos que momentáneamente son víctimas de la demagogia fascista”. Dimitrov
Y al final esta ampliación sobrepasa las barreras de las clases y se convierte en un frente interclasista con la burguesía bajo la consigna de Frente Popular Antifascista.
Del frente proletario Dimitrov y la Komintern saltan al frente interclasista. Pero Dimitrov no hablaba de cualquier forma de frente interclasista sino de un Frente Popular basado en la unidad y la hegemonía del proletariado revolucionario. El búlgaro propugnaba que el Frente Popular debía crearse desde la base del Frente Único Proletario, donde los comunistas debían situarse en primera línea y ser los dirigentes de dicho Frente: el Frente interclasista debía estar nucleado por el frente clasista combinando las reivindicaciones de campesinos o pequeñoburgueses con las aspiraciones del proletariado. El mejor ejemplo de ello lo encontramos en la aplicación del programa agrario eserista por parte de los bolcheviques. O en la táctica revolucionaria en Rusia donde la clase obrera rusa hubo de situarse a la cabeza de la Revolución (tanto en 1905 como en 1917) fuese esta democrática o socialista. En la Europa prebélica, ante la amenaza del fascismo eran los revolucionarios quienes tenían que estar al frente de la lucha evitando que otros sectores la controlasen pues esto desvirtuaba al Frente Popular como táctica válida para los intereses del proletariado, como ocurrió en España:
La Rusia atrasada, bajo la influencia de una serie de factores históricos completamente originales, dio al mundo el primer ejemplo, no sólo de un salto brusco de la actividad espontánea en época de revolución de las masas oprimidas (cosa que ocurrió en todas las grandes revoluciones), sino también de la significación de un proletariado que desempeñaba un papel infinitamente superior a su importancia numérica en la población; mostró por vez primera la combinación de la huelga económica y la huelga política, con la transformación de ésta en insurrección armada, el nacimiento de una nueva forma de lucha de masas y organización de las masas de las clases oprimidas por el capitalismo, los Soviets. (Lenin, La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, Ediciones Lenguas Extranjeras Pekín, p. 97)

El Frente Popular en España

La constitución del Partido Comunista en España correspondió al modelo tipo de constitución de los nuevos Partidos que ingresaban en la IC. Ante la Revolución Socialista en Rusia el ala izquierda del PSOE abrió un debate en el seno del viejo Partido obrero que llevaría a este a plantearse su entrada en la Komintern. El centro y la derecha del PSOE se oponían, sectores ocupados por elementos pequeñoburgueses y sindicalistas profesionales. Así en 1920 acudieron al II Congreso de la Internacional los socialistas Anguiano (a favor del ingreso) y de los Ríos (en contra). Ante este “empate técnico” el PSOE, que ya había pospuesto dos Congresos sobre la cuestión, convocó un tercer Congreso, en 1921, en el que por poco ganan los reformistas. Sin embargo solo unos pocos miles de militantes se pasa al nuevo partido nacido de ese Congreso: el PCOE, que acudiría al III Congreso de la IC en 1921. Junto a este Partido, del Estado español también acudieron al Congreso el PCE (escisión del PSOE de 1920, el partido de los cien niños) y la CNT ya que en 1920 se había unido a la Profintern o Internacional Sindical Roja. La historia es bien sabida, la CNT se salió finalmente de la ISR. El PCOE y el PCE se unieron a instancias de la Sección latina de la Internacional, con la participación de hombres como Jules Humert Dorz o el italiano Graziadei. El Partido Comunista queda pues constituido en Noviembre 1921 justo cuando la IC aprueba la táctica del Frente Único Proletario.
La política de Frente Único Proletario no le fue muy bien al PCE debido a su exagerado izquierdismo de corte economicista que lo alejaba de las masas, a las que la justa táctica de la Komintern llamaba a ganarse para la Revolución Proletaria Mundial. El PCE y la CGTU apenas tuvieron repercusión en la agitada lucha de clase de los años 20 y en los 30 no cambiaría mucho la situación (el PCE crece pero sigue siendo minoritario) hasta 1934, a raíz de la Revolución de Asturias cuando los socialistas renegaban de la gesta proletaria mezclándola con esa estúpida defensa de la legalidad burguesa y la CNT simplemente hacia oídos sordos ante la cuestión asturiana. Solo el PCE mantuvo una línea proletaria y consecuente y eso le hizo ganarse el respeto de las masas revolucionarias. Así el PCE empezó a hacerse hueco entre las opciones del proletariado y justo en este momento la amenaza del fascismo y el viraje del VII Congreso hicieron que los comunistas pasasen de la lucha intransigente contra los socialfascistas del PSOE a enarbolar la unidad con la burguesía republicana frente a la burguesía fascista. Paradójicamente el PCE empezó a ganarse a las masas a costa de ir alejando el comunismo de sus objetivos, pero a pesar de este avance cuantitativo, los comunistas llegaban tarde a 1936.
El PCE de José Díaz, ya pedía en 1935 la unidad en torno a la Concentración Popular Antifascista, sin embargo tuvo un papel secundario en su creación, es más, solo por empeño de los largocaballeristas (oportunistas y demagogos izquierdistas del PSOE) entró el PCE en dicho Frente electoral pues los republicanos y la derecha socialista no querían mezclar su República capitalista con el bolchevismo. Por esto, desde sus comienzos, el Frente Popular español chocaba con el Frente Popular de Dimitrov. En su discurso ante el VII Congreso el búlgaro insistía que el F.P. debía ser producto del Frente único Proletario y que además el Partido Comunista no debía conformarse con esa alianza electoral del F.P. sino que debía desarrollar órganos de clase independientes desde los que desarrollar la táctica revolucionaria del proletariado que se llevaría a cabo desde el Frente Popular.(Sobre estos órganos de clase trataría Antonio Pertejo en sus artículos de La Revolución Proletaria) Estos órganos de clase recuerdan a los Soviets que surgieron en Rusia en 1905 y que actuaron como doble poder frente al Estado burgués, entre febrero y octubre. Así, la clase obrera del Estado español abría rebasado las podridas instituciones del régimen republicano:
Las revoluciones de febrero y octubre de 1917 determinaron el desenvolvimiento de los Soviets hasta el punto de extenderse a todo el país, y, después, su victoria en la revolución proletaria socialista. Menos de dos años más tarde, se puso de manifiesto el carácter internacional de los Soviets, la extensión de esta forma de lucha y organización al movimiento obrero mundial, el destino histórico de los Soviets consistente en ser los sepultureros, los herederos, los sucesores del parlamentarismo burgués, de la democracia burguesa en general. (Lenin, La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, Ediciones Lenguas Extranjeras Pekín, p. 97).
Otra de las políticas que se traslada desde el VII Congreso a la línea del Frente Popular en España y que ponía en entredicho un principio revolucionario, era la cuestión organizativa de la clase obrera. Como hemos venido repitiendo uno de los principios leninistas que puso en el tapete la IC en sus primeros pasos, fue la de la independencia política y organizativa de los comunistas. Esa independencia se refleja en la creación del Partido Comunista, el Partido Proletario de nuevo tipo que fusiona a la vanguardia y a las masas, que es la solución a las contradicciones entre movimiento teórico y movimiento práctico, único organismo social capaz de transformar el orden existente dando contenido material a la teoría e induciendo una dirección consciente al devenir histórico y que empezó a constituirse por todo el Mundo tras la Revolución de Octubre.
La unidad de acción que propugnaba la táctica del FUP fue reducida con el frentepopulismo a unidad orgánica, hecho que se demuestra en el “caso español”. Un ejemplo lo tenemos en Catalunya donde se unieron entre otros, el Partido Socialista y el Partido Comunista. A nivel estatal, y aún más significativo, está la creación de la Juventud Socialista Unificada a partir de la unión entre la Juventud Comunista y la Juventud Socialista. Se olvidaba ya la necesidad de la lucha ideológica en la creación del máximo sujeto revolucionario, el PC, y se creaba una organización sin principios supeditada a lo más inmediato, es decir, a la táctica. Se cambian los principios del Partido marxista-leninista por una serie de condiciones concretas (así las definía el propio Dimitrov) que quedaban bastante lejos de ser un Programa o Línea General Revolucionaria por lo que los posibles partidos que de esa unión naciesen (la JSU y el PSUC en este caso) se dedicarían a dejarse arrastrar por las necesidades del momento a falta de ese programa revolucionario.


Guerra y Revolución


El 18 de Julio del 36 estalló la Guerra Civil. Los bandos estaban ya marcados por los acontecimientos de los años anteriores. La gran burguesía quería ejercer su dictadura en solitario apartando a la pequeña burguesía y a la aristocracia obrera, reestructurar el Estado burgués para la futura reestructuración del sistema imperialista mundial (La II GM era un secreto a voces desde hacía algún tiempo). Así estos expulsados del poder se convirtieron para ese momento concreto en aliados tácticos del proletariado. Tras el golpe la II República se desmoronó en ambos lados. En la parte fascista exterminio del proletariado y sustitución de la “democracia liberal” por el fascismo. En el lado republicano, sin embargo, eran los obreros quienes tenían las armas, organizados en sus Partidos y sindicatos y fueron ellos quienes pararon el golpe fascista como en Madrid con el grandioso asalto al Cuartel de la Montaña por parte del Quinto Regimiento. Se produjeron colectivizaciones en el campo, los sindicatos impusieron el control de los obreros en gran cantidad de industrias. La legalidad republicana había sido rebasada por las masas explotadas, en pueblos y regiones se instauraban Consejos formados mayoritariamente por obreros que sustituían a las instituciones burguesas. Había pues una situación revolucionaria en el campo republicano, sin embargo la contrarrevolución aplastaba a los proletarios al otro lado de las barricadas y estaba en marcha para aplastarlo en la zona en que este podía triunfar con más facilidad. Ante el P.C. se alzaba como un muro el dilema ¿Guerra o Revolución?. A la izquierda del PC los pseudotrotskistas del POUM y la CNT (junto a la FAI) eligieron la Revolución Social como forma para ganar la Guerra. Estos pretendían luchar contra toda la burguesía sin tener en cuenta la situación de Guerra y la posibilidad de alianzas concretas y temporales con la pequeña burguesía. La posición de estas organizaciones era una posición reaccionaria pues enfrentaba a la clase obrera con sus aliados temporales (la pequeña burguesía, el campesinado medio).
El PCE optó por ponerse justo enfrente de esta táctica, apostando por hacer primero la Guerra y luego la Revolución. Pero ¿acaso esta postura era menos reaccionaria que la citada anteriormente?. El PCE con esta táctica no hizo sino apuntalar la deriva derechista a la que había sometido a la ya de por sí defensista línea del Frente Popular. Durante toda la Guerra el PCE renegó del poder, ocultó la necesidad que tenía el proletariado por hegemonizar el Frente Popular y todo su trabajo lo puso siempre a disposición de la burguesía, como ejemplo de ello está el Quinto Regimiento y el Ejército Popular. Aunque según las fuentes las cifras varían, todas coinciden en que al menos 60.000 combatientes fueron adiestrados por el Quinto Regimiento, creado y comandado por el Partido Comunista. La mayoría de estos 60.000 héroes antifascistas eran obreros y campesinos y más de la mitad (del total) eran comunistas. Sin embargo estos, y otros tantos, fueron puestos luego a disposición de un Estado Mayor formado por republicanos (algunos arribistas se afiliaron al PCE por puro oportunismo) cuya visión militar era netamente burguesa (al igual que los intereses por los que luchaban). De la implicación de las masas en la Guerra, la defensa de Madrid es un ejemplo histórico, se pasó a conformar un Ejército burgués alejado de las masas y centrado solo en lo bélico marginando lo político. Respecto a esto, en 1938, el Gobierno prohibió el proselitismo dentro del Ejército, una clara medida en contra del PC, precisamente el Partido que había creado dicho Ejército.
Otro ejemplo más de que el Ejército Popular Republicano era un instrumento de la burguesía fue la expulsión de las mujeres que fieramente habían defendido a la República, que ahora las traicionaba y las mandaba tras las trincheras, algo parecido a la situación de las mujeres de los falangistas que se quedaban cuidando a los niños. Y más de lo mismo con la lucha guerrilla, que no se organizaron tras las líneas enemigas, algo que el Ejército Rojo si hizo durante la II GM.
El abandono de la línea revolucionaria en pro del interclasismo hacía derivar también el contenido de la propaganda: la guerra se exponía ante el proletariado como una defensa de la legalidad burguesa y de la patria atacada por potencias extranjeras, como muestra un texto del camarada Vicente Uribe: Al mismo tiempo que los más consecuentes internacionalistas somos los más fieles luchadores y defensores de la República española; los más entusiastas defensores de la Patria española; los más fieles ardientes patriotas de la España democrática; los más decididos enemigos de toda tendencia separatista; los más convencidos partidarios de la Unidad Nacional, del Frente Popular, de la Unidad popular.( El problema de las nacionalidades en España a la luz de la guerra popular por la independencia de la República Española [1938])
En este texto Vicente Uribe defiende el derecho a la autodeterminación de los pueblos, pero para ello se empantana el solo en un exagerado chovinismo democrático.
Más arriba citábamos a Lenin que hablaba de “la significación de un proletariado que desempeñaba un papel infinitamente superior a su importancia numérica en la población”. El PCE era ya en 1938 la principal fuerza de la zona republicana. Tenía más de 300.000 afiliados, más de la mitad en el frente. A estos hay que sumarle los 60.000 del PSUC y la militancia de las JSU similar a la del Partido. Sin embargo el PC no modificó nunca su política de guerra, dejando para mucho después de ésta la Revolución Socialista: “hay algunos que dicen que en esta etapa debiéramos luchar por la Revolución Socialista, que lo que hacemos es un fraude… sin embargo, camaradas, estamos luchando por una república democrática, y más aún, por una república democrática y parlamentaria… sabemos que si cometiéramos el error de luchar en este momento por la Revolución Socialista en nuestro país –e incluso después de un tiempo considerable luego de la victoria- veríamos en nuestra patria no solo a los invasores fascistas, sino junto a ellos a los gobiernos democráticos-burgueses del mundo, que ya han afirmado explícitamente que, en la presente situación europea, no tolerarán una dictadura del proletariado en nuestro país” Esta cita es de Santiago Carrillo, líder de las JSU, que ya apuntaba maneras de revisionista en sus años mozos. Parece que el FP no era una alianza táctica para un momento concreto sino una estrategia a largo plazo. Pero lo peor es lo que dice al final cuando parece ser que la Revolución Socialista en España dependía de la situación europea, y más aún, de los deseos de los imperialistas del continente. Esto de “la situación internacional” era más propia de la trotskista Revolución Permanente que del marxismo-leninismo, defensor del socialismo en un solo país. Sin embargo esta tesis era aceptada por toda la IC a pesar de que en 1931 el CEIC enviaba una carta al PCE-SEIC en la que decía que: “conquistaría (el PCE) a la mayoría de la clase trabajadora mediante la dirección organizacional de las luchas reivindicativas en curso del proletariado; estas luchas, en especial la lucha económica, conducirían directamente al derrocamiento del “gobierno de burgueses y terratenientes” y al establecimiento de una “dictadura democrática revolucionaria de obreros y campesinos”. (Cita de M. Ercoli en Las Peculiaridades de la Revolución en España).

El PCE era en 1938 el Partido mejor organizado, el que mayor apoyo tenía de las masas y el que mejor había demostrado su capacidad para adaptarse a la guerra, con el ejemplo de la ya citada creación de todo un Ejército en apenas unos meses. Pero el PCE siempre esperó a que moviesen ficha sus aliados burgueses no solo dentro del Estado español sino a nivel internacional. Pues la táctica de Frente Popular se puede trasladar a la realpolitik de la URSS pues esta ante el peligro de la Alemania fascista, buscaba una alianza con las burguesías de Inglaterra y Francia. Sin duda esta cuestión influyó no solo en Komintern sino en todas sus secciones incluida la española. El PCE se mantuvo en segundo plano en cuanto al poder porque esperaba que Inglaterra ayudase a la República por lo que tenían que demostrar al imperialismo británico que el PC no iba a hacer una Revolución que trastocase los intereses británicos. Como muestra las palabras del traidor Carrillo o el olvido de la cuestión marroquí durante la Guerra ya que la independencia de Marruecos hubiese sido un golpe para la burguesía británica y también para la republicana.


Conclusiones

La táctica del Frente Popular fue una táctica justa, sin negar su trasfondo defensista y derrotista, pero fue mal gestionada por el PCE y la IC que se supeditaron a los interese de la burguesía nacional e internacional traicionando la política leninista del Frente Único Proletario. En cuanto a la cuestión Guerra o Revolución, ya hemos resumido ambas posturas y absolutizar cualquiera de las dos (como hicieron el PCE o el POUM y la CNT) fue erróneo. Cierto es que lo que primaba era la Guerra, pero la tarea de la Revolución era posible en aquel momento en que la lucha de clases llegó hasta tal punto que se convirtió en Guerra abierta entre clases. El PCE debió seguir una política militar propia aunque manteniendo su alianza provisional con la burguesía, al igual que Partido Comunista Chino era aliado del Kuomintang en su lucha contra el Japón, pero ambos hacían la Guerra conforme a sus intereses: El Partido Comunista Chino no se dejó arrastrar por la burguesía y mientras hacía la Guerra creaba Nuevo Poder en las zonas liberadas, en vez de mantener el régimen de explotación como estaba haciendo el PC en España.