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lunes, 12 de septiembre de 2011

Espacio Rojo 21: London´s burning



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Londres arde, London`s burning. Los barrios proletarios han estallado ante el último crimen de las fuerzas del orden, que asesinaron durante una persecución a Mark Duggan, un joven vecino de Tottenham. Es en estos barrios de las metrópolis imperialistas donde los proletarios son hacinados por la burguesía como materia prima almacenada para ser consumida por la producción. Fuerza de trabajo explotada y moldeada a base de palos por las injusticias que el capitalismo monopolista proyecta sobre sus huesos. Y esto ocurre en Londres como ocurre en París, Estocolmo o Barcelona.  

¿Por qué “estamos como estamos”?

Junto al capital crece la miseria, las masas se proletarizan y las contradicciones sociales aumentan. Por muchos subsidios y migajas que deslice el capital hacia sus subordinados, la pauperización hace acrecentar al ejército de los proletarios. El Estado del bienestar no da para más.
El imperialismo europeo en proceso de crisis y pérdida de hegemonía económica y geopolítica desde el fin de la Segunda Guerra Mundial intentó escapar de su particular tendencia histórica amarrándose a la consigna reaccionaria de los Estados Unidos de Europa -la UE- asentada sobre la alianza de las distintas burguesías monopolistas a nivel “comunitario” y la asimilación en su democracia de las pequeñas burguesías y la aristocracia obrera a nivel estatal.  Elementos sociales éstos últimos que vivieron su edad de oro de la mano del revisionismo entre los años 50 y 70 (PCI, PCF, PCE, etc.) gestionando, bajo pretexto de “acumular fuerzas para el socialismo”, las dictaduras capitalistas contra  los proletarios y los sectores excluidos que acudían en masa a los centros imperialistas para venderse como esclavos asalariados y cuyas plusvalías eran repartidas entre los patronos y las mayorías sindicales que negociaban su precio/salario.   
            Políticamente el proletariado europeo pierde en esos años su independencia política, organizativa e ideológica. Los PC´s de Europa se adscriben a las tesis revisionistas de Jruschov, del PCUS y de la Kominform frente a la línea revolucionaria de los comunistas chinos.  Las organizaciones que un día parió la Komintern se convierten en su contrario y se transforman en trinchera de la burguesía. Y así los programas reformistas, el cretinismo parlamentario y la práctica sindicalista se apoderan del movimiento comunista para sancionar los intereses de la aristocracia obrera y dilapidar los de la Revolución Socialista. Reproducción de lo ocurrido en la URSS tras el XX Congreso del PCUS donde el proletariado certificó su derrota en pro de la burguesía burocrática. Y todo bajo el pretexto del avance pacífico desde las mismas instituciones del Estado burgués hacia el “socialismo y el comunismo”, formulación programática interclasista y revisionista, que dicho sea de paso, ya había sido teorizada y practicada por la IC de los años 30 sentando las bases para la liquidación de la misma como organización de combate del proletariado revolucionario internacional.
            En este panorama que asola a los explotados en Europa, la conflictividad social y política se reduce, casi desde la segunda mitad del s. XX, a momentos en que el proletariado implementa la lucha desde la conciencia en sí (mediante el sindicalismo combativo y el terrorismo) o simple y directamente instrumentalizado por otras clases que lo encuadran en sus órganos de masas, los sindicatos preferentemente, como medio para encuadrarlos en la planificación económica, política y social del Estado imperialista.
            La clase obrera por tanto queda subordinada a ser arma arrojadiza entre los distintos sectores de las clases dominantes. Las masas del proletariado se separan de la política mientras las problemáticas de su vanguardia se separan del movimiento obrero. Es decir que las cuestiones teóricas, los principios ideológicos del marxismo-leninismo que un día permitieron armarse al proletariado en movimiento revolucionario, se hayan en crisis. 

Luchar contra el revisionismo es luchar contra el capital

Los comunistas concebimos el Partido obrero en sentido leninista. Como movimiento revolucionario organizado, como un complejo organismo en que se fusionan distintas organizaciones partidarias bajo una sola dirección. Y, sobretodo, como un organismo social en que se fusionan la teoría revolucionaria, el socialismo científico, y las masas hondas de la clase generando así una praxis revolucionaria que permite al proletariado elevarse en clase para sí con sus propios intereses políticos, que pasan por transformar el sistema capitalista y revolucionar sus propias condiciones objetivas y subjetivas hasta alcanzar el Comunismo.
En la inexistencia de la organización de nuevo tipo, del Partido Comunista, producto de la crisis de nuestro movimiento generada por el revisionismo  y que se hallaba ya inserta en las premisas históricas y políticas en que se conformó el propio M.C.I. (y quien no lo observe así se está olvidando del materialismo dialéctico), se explica esa disociación entre el comunismo existente y la actividad de las masas proletarias. Y los disturbios de Londres son la última piedra de toque que la historia de la lucha de clases pone ante nuestros ojos al respecto.
  Si el Partido Comunista es la mediación a través de la cual el proletariado adquiere conciencia revolucionaria y se empodera de sus intereses de clase, el revisionismo genera todo lo contrario. Alienación en la conciencia burguesa a través de la parcialización de las problemáticas que atenazan a las masas oprimidas, evitando que el obrero se plantee la sociedad como un conjunto a revolucionar y se contente con reformar y lijar sus aspectos más punzantes. Deconstrucción del proletario para convertirlo en un género, en una raza, en una orientación sexual, en una nacionalidad, en un consumidor, en un individuo. Ciertamente, el revisionismo arranca al sujeto de sus condiciones objetivas, a las que contradictoriamente las mantiene encadenado, y lo embarca en la alienación feminista y ecologista, pacifista y republicana, sindicalista y nacionalista, para separarlo de su conciencia comunista a través de la cual no solo “soluciona” las problemáticas anteriores sino que las revoluciona, las transforma, las supera como muestra, en mayor o menor grado, la práctica de la Revolución Proletaria Mundial (RPM).
Ante la práctica hegemónica del revisionismo, correa de transmisión de la burguesía en el seno de la clase obrera, el proletariado pierde o se ve incapacitado para adquirir su conciencia de clase revolucionaria. Las masas proletarias excluidas por el capital y sin referente antagónico con lo existente, lo más hondo y profundo de la clase obrera que solo recibe miseria por parte del capital reproduce esa miseria material, en falta de consciencia, en pobreza ideológica y cultural, en miseria organizativa que llamamos indisciplina. Se observa así mismo como un pobre, como un negro o una rumana gitana, como un precario o un eventual perdiendo en esas parcialidades su substancia proletaria y su potencialidad revolucionaria.
En los disturbios de Londres encabezados y accionados por la clase proletaria se aúnan todas estas problemáticas y dan como resultado una violencia nihilista y una falta de objetivos, no concretos como reclama la prensa burguesa al movimiento 15M, sino clasistas y rupturistas con el poder existente. Una violencia desorganizada y descabezada, aunque no por ello condenable como penosamente ha hecho nuestra Federación Mundial de la Juventud Democrática. Una violencia espontánea que no va a dotar a nuestra clase de conciencia revolucionaria, pues eso es tarea de la vanguardia, pero que no puede servir a la clase ya organizada para alinearse con la pequeña burguesía y su “honrado trabajo” acumulador de capitales y defensor de la propiedad privada.
Los disturbios en Londres y las hogueras de agosto que se extendieron a Liverpool, Birmingham, Manchester, Nottingham… son un toque de atención al proletariado organizado y al comunismo revolucionario.
Para el revisionismo estas algaradas no son más que unas revueltas protagonizadas por el “lumpen”, como si ese sector social fuese capaz de movilizar a 16.000 policías para pacificar la capital inglesa. El revisionismo desprecia la rabia proletaria y la criminaliza junto a la burguesía por sus “excesos” o por sus “faltas de respeto” a la pequeña burguesía. El oportunismo acusa a nuestros hermanos de clase de no tener conciencia cuando ha sido, y sigue siendo, su actividad en el seno de la clase una de las principales causantes de tal circunstancia. Pero sobre todo el revisionismo desprecia a los proletarios de Inglaterra porque en esta ocasión no podrán instrumentalizarlos para hacer variar la correlación de fuerzas en el seno de la democracia burguesa en favor de la aristocracia obrera de la que son, los revisionistas, su fruto político. De esta revuelta popular de las masas proletarias no podrán sacar rédito electoral ni sindical, no les valdrá para conformar un nuevo programa de mínimos en torno al Estado del bienestar. A los proletarios que no tienen nada que perder ni quieren nada del sistema no los pueden “acumular” como masa de afiliados ni de votantes.
No hay nada como la violencia de los obreros, aunque no tenga una dirección consciente, para sentar diferencias entre reforma y revolución. El reformismo no odia nada tanto como la violencia proletaria ya sea nihilista, terrorista o revolucionaria. Dañar la grande o la pequeña propiedad burguesa genera en la aristocracia obrera el mismo estupor que para el gran burgués francés creó la destrucción de los edificios públicos y privados por parte de los obreros durante la última semana de la Comuna de París allá por 1871; o de la chusma y la racaille de los banlieues en 2005. Desprecio, represión y crítica destructiva es lo que tiene reservado el revisionismo para el proletariado cuando intenta romper sus cadenas.
Mientras tanto los revolucionarios expresamos nuestra crítica al espontaneísmo a la vez que analizamos el estado de nuestro movimiento, pues es tarea de los comunistas saber dotar al movimiento obrero de conciencia y elevar al resto de la clase a su posición de vanguardia. La crisis del movimiento comunista evidencia que son necesarias resolver distintas mediaciones para poder incidir de un modo revolucionario en el movimiento de masas. En primer lugar se pone la cuestión de nuestra propia ideología, su recuperación y revivificación a través de la lucha contra el revisionismo como paso necesario para unir esa conciencia revolucionaria con el movimiento proletario y así poder desarrollar una Praxis revolucionaria que nos encamine a enterrar al capital y forjar el Comunismo.
Los incendiarios de Londres, como hace unos años los de París, muestran que hay sobradas bases objetivas para tamaña tarea y que la autocrítica y la lucha ideológica en el movimiento comunista son necesarias para lograr avanzar hacia nuestro firme objetivo, pasando por encima de renegados y reformistas.  Los obreros de Inglaterra evidencian en su agónica violencia que es necesario forjar el sujeto colectivo revolucionario, que es necesario el Partido Comunista de nuevo tipo.

Juventud Comunista de Zamora
Septiembre 2011

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